Mira telescópica de visión nocturna NSPU 1PN34 (НСПУ 1ПН34)   2 comments

Principios de Agosto de 1914.

La Gran Guerra entre las potencias europeas, que lleva un década anunciándose (por unos con fervor, por otros con horror), finalmente ha estallado. La temible maquinaria bélica alemana ha iniciado su marcha con la precisión y disciplina que se espera de ella.

Siguiendo planes tiempo atrás establecidos, el formidable ala derecha alemán pisotea ya los campos belgas en su camino hacia Francia, violando así la neutralidad del joven reino en nombre de la necesidad militar, y empujando por ello a la contienda de forma definitiva a una vacilante Inglaterra.

Mientras avanzan a sangre y fuego por Bélgica, un terrible recuerdo de la anterior guerra franco-prusiana obsesiona a los soldados alemanes, lleva el miedo a sus corazones y les lleva a cometer y justificar desproporcionadas atrocidades contra la población civil allí por donde pasan: los franc-tireurs, los francotiradores.

Captura de un Franc-Tireur , por Carl Johann Lasch (fuente: Wikipedia)

Captura de un Franc-Tireur , por Carl Johann Lasch (fuente: Wikipedia)

Pueblos incendiados hasta los cimientos, fusilamientos indiscriminados de parroquianos e incluso de sacerdotes con el único objetivo de castigar a la población civil y evitar que, en cualquier momento, desde cualquier ventana o esquina, granjeros en defensa de sus tierras o ciudadanos inflamados de justa ira y patriotismo hagan uso de escopetas y fusiles contra las tropas invasoras.

Con una mentalidad típica del viejo mundo que está a punto de terminar para siempre, y cuyo tremendo acto final ponen en marcha en esos precisos momentos, los ejércitos del Kaiser se saben preparados, deseosos aún, para enfrentarse y luchar contra los ejércitos regulares del resto de estados europeos principales. Por contra, aborrecen la idea de enfrentarse a combatientes irregulares, civiles sin ejército ni uniforme ni disciplina alguna que actúan por cuenta propia y que pueden llevarle a uno a una muerte sin honor, fuera del campo de batalla, cuando menos te lo esperes.

El concepto ha ido evolucionando al compás de la historia y de los avances en tecnología, no obstante siempre evoca la imagen de un tirador solitario que se enfrenta a un enemigo superior. Originalmente significa “tirador libre”, refiriéndose a un combatiente que no es soldado, un civil que de forma espontánea empuña un arma y combate al invasor, más fuerte y organizado. Lógicamente, eso implica el uso de tácticas de guerrilla y del factor sorpresa, cosas para las que la mentalidad bélica germánica no estaba preparada y por ello la existencia (o simple posibilidad) de franc-tireurs llenaba a los alemanes de temor e indignación a partes iguales.

Saltando al presente hoy suele utilizarse el término en un sentido más profesional, ya que los ejércitos modernos han terminado por incluir en sus filas cuerpos de tiradores de élite debido a las ventajas que presentan en diversos entornos de combate, magnificadas sus posibilidades por las armas mejoradas y complementos ópticos. Películas y videojuegos han popularizado este concepto de francotirador entrenado más asociado al término inglés sniper.

NSPU 1PN34

Una cosa es imprescindible en el equipamiento de cualquier francotirador profesional, y es su arma; después de eso raro será que no venga acompañada de una mira telescópica que ayude a fijar el objetivo con unos buenos aumentos (y de paso, poder estar lo más lejos y a cubierto posible).

Si además, el tirador pertenecía a los ejércitos del Pacto de Varsovia durante la segunda mitad de la Guerra Fría, pudiera ocurrir que el complemento de su rifle fuese un NSPU 1PN34 de fabricación soviética como este:

Kit NSPU 1PN34 completo.

El NSPU (mira nocturna para rifles unificada – НСПУ. Ночной Стрелковый Прицел Унифицированный) 1PN34 tiene la particularidad de ser también, como indica el acrónimo, un aparato de visión nocturna lo que proporciona un factor extra de sorpresa y cobertura.

Este visor, con tubos pasivos de generación 1 y 3,5 aumentos, se fabricó y mantuvo en uso desde finales de los años setenta a principios de los 90. En su momento supuso un gran avance frente a modelos anteriores de este tipo en el arsenal del Ejército Rojo que eran de generación 0 y por tanto “activos”. Como comentaba en una entrada anterior la generación 0 precisaba de iluminadores de infrarrojos para ser efectivos, lo que amén de añadir peso y volumen al conjunto, presentan un grave problema añadido cuando lo que importa es permanecer indetectado. Si tu contrincante cuenta también con equipos sensibles a luz infrarroja, toda la ventaja inicial que te proporciona tu flamante visor nocturno se torna en tu contra y pasas a ser una especie de árbol de navidad con patas :)

Spetsnaz

Spetsnaz con miras telescópicas y cara de pocos amigos. El segundo monta una 1PN34.

A día de hoy están completamente desfasados, lo que no impide que estos aparatos sean unas magníficas reliquias de la época del Telón de Acero para un coleccionista, o incluso para caza o airsoft si uno no es muy exigente. Si los spetznaz se apañaban con ellos ¿cómo no vas a hacerlo tú? :-P Son relativamente sencillos de conseguir, incluso en forma de kit completo con caja de transporte y accesorios como el de la foto. Parece ser que hubo un lote importante de ellos que fue vendido en su tiempo por la URSS a Alemania del Este, posteriormente pasó a Finlandia como complemento a una compra de tanques, para finalmente acabar sus días de servicio como excedentes militares a la venta en los sitios habituales de internet.

Aún así, algunos han seguido en activo más allá de los años 90 y es posible que incluso continúen en uso en algún lugar del mundo.

Francotiradores Ccbanos con el fusil de precisión Alejandro

Francotiradores cubanos con el fusil de precisión Alejandro y visor 1PN34.

El tamaño de esta mira es considerable, debido en parte a que para aumentar su efectividad en condiciones de poca luz, concatena 3 tubos en serie cada uno recogiendo y amplificando la salida del anterior. Como efecto secundario presenta un acusado efecto de ojo de pez en los bordes de la imagen, aunque es fácil acostumbrarse a él.

Pensado para poder ser utilizado con las armas de fuego unipersonales más comunes en la infantería soviética, usa un sistema de acople estándar y puede montarse en distintos tipos de rifles, ametralladoras e incluso lanzacohetes portátiles. Así, uno de los accesorios incluidos en el kit es una colección de ballistic cams (podría traducirse como leva balística, desconozco si hay un término técnico más adecuado en castellano) para el uso con diferentes armas: AKM, PK, RPK, RPG-7 y por supuesto con el rifle de precisión ruso por excelencia: el SVD Dragunov.

Ballistic cams

Ballistic cams para RPG-7 (РПГ-7), AKM (АКМ), RPK (РПК) y SVD (СВД)

Las ballistic cams se utilizan para ajustar la elevación de la retícula a las características de cada arma y del tipo de munición que ésta emplea. El dibujo de la retícula es muy característico y está pensado para permitir al tirador calcular la distancia al objetivo en función de su tamaño aparente y de cómo éste encaja entre las diferentes líneas de la retícula. En el libro de instrucciones de mantenimiento y uso que acompaña a la mira se detallan las correspondencias entre distancias, tamaños y líneas del dibujo e incluso una práctica tabla con ejemplos para hacerse una idea.

Tabla de cálculo de distancias del manual

Tabla de cálculo de distancias del manual

Una vez calculada la distancia se hace necesario ajustar la elevación de la mira para compensar la caída del proyectil, que por mucho que sea una bala no va en línea recta y sigue una trayectoria balística como cualquier otro objeto que no supere la velocidad de escape. Para ello se gira un control en forma de tambor situado en la parte delantera de la mira, y es en ese mando donde se encastra la ballistic cam  correspondiente al arma y tipo de munición que estemos utilizando. Esta pieza tiene una serie de muescas, cada una correspondiente a un rango de distancia, de manera que solamente hay que girar el mando hasta encajar en la muesca correcta y la retícula queda desplazada hacia arriba o hacia abajo en la medida adecuada a las circunstancias.

Otro mando similar permite desplazar la retícula en el eje horizontal para compensar el viento o por cualquier otra circunstancia que introduzca una desviación lateral.

Mirando a través del NSPU 1PN34

Mirando a través del NSPU 1PN34. La foto está tomada de día con el diafragma puesto, tiene muy poca calidad (es más brillante en la realidad) y está tomada con el visor tumbado de lado, pero da una idea del efecto de ojo de pez y del aspecto de la retícula.

La retícula en sí está impresa en un pequeño disco translúcido, cubierto de pintura opaca de forma que solo queda sin pintar la plantilla que forma el diseño. Una pequeña bombilla LED aplicada a un lado del disco proyecta el dibujo de la retícula que es recogido por un complejo sistema de lentes y prismas y superpuesto a la imagen que ve el observador a través del visor. Un mando giratorio sirve para regular la intensidad de la retícula (o lo que es lo mismo, del LED que la proyecta), así como para encender y apagar el equipo.

Un defecto bastante común que aparece en las unidades 1PN34 que aparecen de vez en cuando por internet es que el dibujo de la retícula se ve incompleto, mal delineado. Se debe a suciedad o exceso de adhesivo o pintura en el disco y afortunadamente es algo muy fácil de solucionar :) No hace falta tener equipo especial ya que la propia mira incluye, entre sus accesorios, una útil y pequeña multiherramienta preparada para todas las tareas de mantenimiento aplicables.

Desmontando el LED

Desmontando el LED con la multiherramienta.

Pieza del zócalo del LED desmontada.

Pieza del zócalo del LED desmontada.

En primer lugar, se debe extraer el LED que ilumina la retícula, y cuya parte inferior sobresale de la sección de ajustes del telescopio y es fácilmente reconocible. La multiherramienta tiene un agujero circular que sirve precisamente para eso, encajándolo y girando desmontamos la pequeña bombilla.

Disco de la retícula y anilla de sujeción.

Disco de la retícula y anilla de sujeción.

Disco de la retícula en su posición.

Disco de la retícula en su posición.

La pieza de donde hemos sacado el LED tiene cuatro tornillos, que se deben quitar. La pieza se soltará pero quedará colgando del cable de alimentación. Al apartarla, queda a la vista una pieza en forma de disco con dos tornillos. Se trata de una anilla de sujección debajo de la cual está otro disco que es la propia retícula. La anilla de sujección tiene un par de agujeros alargados que se alinean con otros agujeros similares del disco de la retícula: es importante recordar de forma precisa cómo se alinean para, al volver a montar todo el conjunto, queden exactamente igual (ver foto). Al quitar estos dos últimos tornillos ambas piezas circulares quedan libres y se pueden sacar. Ahora solamente es cuestión de limpiar suavemente la retícula (cuyo dibujo no supera los 2 milímetros) con un bastoncillo de algodón humedecido en agua para eliminar posibles restos de adhesivo o suciedad que puedan estar distorsionando el diseño.

Detalle de la retícula.

Detalle de la retícula.

Una vez terminada la limpieza, se trata simplemente de volver a colocar todo en su lugar (una vez más, prestando atención especial a la colocación de los dos discos; yo usé un par de palillos para sujetar y alinear ambas piezas) y comprobar si ahora la retícula se ve correctamente.

El tener tres tubos amplificadores en línea además de provocar el efecto de ojo de pez, implica también que el equipo es muy sensible a la luz y hay que tener bastante cuidado para no quemarlos. La primera precaución es tener siempre puesto el diafragma de uso diurno colocado y en posición de cerrado. Es una especie de tapa que se coloca sobre la lente frontal, con un cristal tintado como filtro y además un diafragma que permite regular la cantidad de luz que se deja pasar. De esta forma la mira telescópica también es útil durante el día.

A poco que estemos en una zona con iluminación urbana se hará necesario colocar este diafragma incluso de noche. Si no lo hacemos así, entrará en funcionamiento un mecanismo de protección incorporado al aparato, que en base a una fotorresistencia limita el voltaje que la unidad eléctrica hace llegar a los tubos amplificadores, desvaneciéndose parcial o totalmente la imagen y evitando así la sobreexposición y quemado de los tubos. Por experiencia, sé que este mecanismo de protección funciona al menos en mi unidad. ¡Y menos mal! Un par de veces olvidé comprobar que el diafragma estuviese completamente cerrado al encender el aparato de día…

En entornos con iluminación artificial no podremos comprobar el verdadero nivel de visión nocturna que podemos alcanzar con el 1PN34, bien porque tenemos el diafragma colocado, bien porque se activa la fotorresistencia. Como aparato de generación 1 que es, resulta también bastante sensible a destellos y los puntos de luz dejan estelas en la imagen durante varios segundos.

El kit completo incluye los siguientes elementos:
• Caja de transporte y almacenaje.
• NSPU 1PN34.
• Bolsa de transporte en campaña.
• 3 baterías húmedas Níquel-Cadmio 2НКБН-1,5.
• Diafragma para uso diurno.
• Filtro rojo para aumentar contraste.
• Cápsula con 4 ballistic cams más una quinta colocada en la mira.
• Multiherramienta.
• 4 bombillas LED de repuesto en un soporte.
• Cartucho desecante de repuesto más otro insertado en la unidad.
• Libreto de instrucciones de uso y mantenimiento de la unidad.
• Libreto de instrucciones de uso y mantenimiento de las baterías.

Puedes encontrar una copia del manual completa en inglés, con esquemas e imágenes incluidas, al final de esta entrada.

En conjunto, es un magnífico objeto de colección y por añadidura totalmente funcional, siempre que cuentes con un arma que use el mismo sistema de acople. Además, a aquellas unidades provenientes del famoso lote finlandés (todas las múltiples referencias que he podido encontrar en foros y webs de estos aparatos, provienen de allí) les han acoplado un adaptador para poder usarlo con dos pilas AA estándar y no tener que complicarse con las baterías húmedas originales. Es una modificación no invasiva que se puede deshacer muy fácilmente aflojando un par de tornillos y, si prefieres el sabor de lo original, el electrolito es el mismo que el utilizado para las baterías de radios soviéticas de la época y que expliqué cómo fabricar en una entrada anterior :)

Tiradores de leyenda

¿Y qué puede llegar a conseguir un buen tirador con un equipo similar a éste? Bien, hagamos un repaso de algunos que han pasado a la historia, ¡incluyendo algunos del siglo XIX, es decir, que no contaban con ninguna otra ayuda que su buena puntería!

Thomas Plunkett

La referencia más antigua que he podido encontrar acerca de un disparo célebre a larga distancia se remonta nada menos que a Enero de 1809, precisamente durante la Guerra de Independencia Española.

El ejército británico del general Moore se encuentra en retirada hacia La Coruña desde León, y es perseguido por tropas francesas al mando del mariscal Soult, mientras Napoleón permanece en la cercana Astorga.

Durante la persecución, amén de incidentes de pillaje, borracheras y falta de disciplina por parte de los desmoralizados soldados ingleses, se producen algunos choques con la avanzadilla francesa uno de los cuales es conocido como la batalla de Cacabelos, por tener lugar en esa localidad berciana el día 3 de Enero.

Moore decide tratar de detener a los napoleónicos en el puente sobre el río Cúa. Los regimientos del general Auguste-Marie-Francois Colbert hacen un primer intento de atravesar el puente, pero son rechazados por un intenso fuego inglés. El propio general francés encabeza la carga y es en ese momento cuando Henry Paget, Duque de Uxbridge lanza una apuesta por el contenido de su monedero a la compañía 95 de fusileros para alcanzar a Colbert. Thomas Plunkett, soldado de origen irlandés, se adelanta entonces para tomar posición, se tumba sobre su espalda al modo Creedmoor y dispara con éxito, derribando al general enemigo de un tiro en la cabeza desde una distancia que varía según versiones entre las 150 y las 600 yardas (de 130 a 550 metros), pero muy estimable para la época y el arma utilizada.

A continuación, para demostrar que es su destreza y no la suerte la que le permite ganar la apuesta, hace un segundo disparo que alcanza al ayudante de campo del general que había acudido en su auxilio. Otros testimonios de la época apuntan a que fue otro fusilero de la misma compañía quien realizó este segundo disparo a la vez que Plunkett el suyo.

Plunkett y la muerte del general Colbert

A pesar de resistir y rechazar con éxito los embates franceses durante el resto del día, el general Moore tomará la polémica decisión de continuar con su retirada, dejando expedito el paso del río a las tropas napoleónicas. Moore no llegará muy lejos sin embargo, resultando finalmente muerto en La Coruña donde pretendía alcanzar el puerto.

Toda la historia está envuelta en una gran controversia, debido a que los testimonios disponibles no son de primera mano, y los detalles acerca de la posición de Plunkett y de su objetivo, la distancia, etc. o son imprecisos o varían de una versión a otra. En cualquier caso, leyenda cierta o no Plunkett ganó gran fama por ello y así ha llegado hasta nuestros días.

Y, no obstante, la tradición local de Cacabelos afirma que Colbert fue en realidad abatido por gente del pueblo que disparaba desde un árbol…

Simo Häyhä

La guerra de Afganistán no fue la única ratonera donde se metieron los soviéticos con un alto coste personal, material y moral. Mucho antes del Vietnam soviético los rusos tuvieron un notable precedente en la Guerra de Invierno contra Finlandia que comenzaron el 30 de Noviembre de 1939, cuando Stalin decidió que era tiempo de incorporar a los fineses a la gran familia comunista. La URSS ganó esa guerra, según los libros de historia, pero como un general del Ejército Rojo dijo, “Ganamos 57.000 km² de territorio. Justo lo suficiente para enterrar  nuestros muertos”. En total, unas pérdidas de 320.000 hombres entre muertos y heridos, frente a unas 70.000 del bando contrario.

El caso es que la Unión Soviética contaba con una mayoría aplastante tanto en efectivos materiales como humanos y, pesar de ello, no fueron capaces de conquistar más que un 10% del país.  Históricamente se considera que una de las causas de esta debacle rusa fueron las famosas purgas de Stalin, que entre otros sectores de la población diezmaron también la oficialidad del ejército y redujeron notablemente la efectividad del mismo.

Simo Häyhä

Parece un tipo simpático ¿verdad?

La otra causa de su victoriosa derrota fue que tuvieron enfrente a un pueblo luchador y orgulloso y que no dudó en defender su independencia frente a un enemigo superior: el espíritu original del francotirador. Uno de los máximos exponentes de todo esto fue Simo Häyhä.

Para bien o para mal, este hombre ostenta el record absoluto de muertes por un francotirador de todos los tiempos. En un periodo de apenas 3 meses, fueron 542 las víctimas confirmadas (otras fuentes hablan de 505) en disparos a una distancia muchas veces superior a 360 metros. La cosa no se queda aquí, ya que parece ser que ya llevaba una cuenta previa de 200 muertes más en acciones encuadradas dentro de un pelotón.

A esto hay que añadir que Simo rechazaba usar visores telecópicos como ayuda en su tarea: podían empañarse y también comprometer y revelar su posición al enemigo al aumentar su perfil al descubierto o producir reflejos no deseados. Utilizaba un rifle Mosin-Nagant M28 o M28/30 y también una ametralladora Suomi KP31, usando nada más que la simple mirilla incorporada en el propio arma para apuntar.

Con estas credenciales no es de extrañar que los soviéticos le apodasen como la Muerte Blanca y que enviasen cada vez más y más hombres en su caza, que Simo iba diezmando de forma inexorable. Lo intentaron también con ataques de artillería, pero cuando los proyectiles llegaban, Simo ya no se encontraba allí (en una ocasión, por los pelos, llevándose algo de metralla en la espalda como recuerdo).

La clave para semejantes niveles de destreza y letalidad eran un profundo conocimiento del terreno, gran conocimiento y experiencia en el uso de las armas (adquirida tanto en el servicio militar como en su vida de cazador) y seguir con disciplina una serie de prácticas que lo ayudaban a ser prácticamente indetectable por el enemigo. Por ejemplo, cuando estaba en posición se metía nieve en la boca y respiraba a través de ella, y de esa manera evitaba que el vaho del aliento pudiese delatarle.

Y por supuesto, además de eso contaba con la determinación de estar luchando para defender a su país de una agresión injustificada.

Simo Häyhä

¿Y ahora?

Todas esas características son aplicables en general al resto de sus compañeros y conciudadanos durante la guerra, ya que no hay que olvidar la gran diferencia en recursos de ambos bandos. La región en la que Simo luchó permaneció en poder de los finlandeses durante toda la guerra en lo que se llamó el milagro de Kollaa y, en un momento dado, 32 soldados finlandeses contuvieron en una colina a unos 4.000 rusos.

En Marzo de 1940, un tirador soviético consiguió alcanzarle con una bala explosiva que, según sus compañeros, “le voló la mitad de su cabeza”. Pero no fue suficiente para acabar con él. Despertó del coma 11 días después, justo el día en  el que se firmó la paz. Perdió parte de su mandíbula y mejilla izquierda, pero llegó a los 96 años y tuvo la muerte apacible que arrebató a tantos hombres que tuvieron la mala fortuna de cruzarse con él como enemigos.

Vasily Zaytsev

Si eliminásemos a Simo Häyhä de la clasificación por muertes de los francotiradores de la 2ª Guerra Mundial, pongamos que por considerar que participó en una guerra relacionada pero distinta, veríamos que los 10 primeros clasificados son todos tiradores de la URSS encabezados por Ivan Sidorenko, con 500 muertes (es posible que algunas cifras y nombres varíen según la fuente consultada). Este siniestro top ten se mueve en cifras de entre 400 y 500 bajas, lo que aparte de producir un total escalofriante, no es de extrañar dada la magnitud y brutalidad del conflicto en cuestión.

Sin embargo, es probable que ninguno de esos nombres te resulte familiar hasta llegar a los puestos undécimo y duodécimo de la lista: Erwin König y Vasily Zaytsev. Si te suenan, entonces lo más seguro es que hayas visto el film Enemigo a las puertas donde se dramatizó el particular duelo que mantuvieron estos dos francotiradores de élite durante la que podría ser la batalla más dura de la guerra más terrible de la historia: Stalingrado, donde “… los animales huyen de este infierno de ciudad… las piedras más duras no aguantan mucho tiempo. Solo los hombres permanecen.

La historia tiene todos los ingredientes para ser recordada y convertirse en leyenda (y película). Y eso a pesar de que muchos aspectos de la misma son discutibles e incluso es muy posible que König ni siquiera existiese, y todo fuese un producto de la maquinaria propagandística soviética para mantener la moral de las tropas.

En cualquier caso, al menos uno de sus protagonistas existió realmente.

Vasili Zaytsev

Feo, sí. Pero no se lo dirías a la cara, ni tampoco a 800 metros.

Vasily Zaitsev nace en 1915 en la región de Chelyabinsk Oblast, fronteriza con Kazajstán, en pleno Sur de los Urales. Desde bien joven aprendió a cazar ciervos y lobos y no cabe duda que esta habilidad le resultaría útil años después. Muchos tiradores famosos estaban familiarizados con las armas a través de la caza desde jóvenes.

Como a tantos de sus contemporáneos le tocó sufrir la maldición china ojala vivas tiempos interesantes: nació escasos años antes del alumbramiento de la Unión Soviética, luchó por ella en su madurez en la Gran Guerra Patria, y murió diez días antes de que cayese derrumbada, en 1991.

El estallido de la 2ª Guerra Mundial le pilló alistado en la Marina, con 26 años y destinado cerca de Vladivostok en funciones de administrativo. Cuando Hitler decidió pasarse el pacto Ribbentrop-Mólotov por el Arco del Triunfo (algo que podía hacer en propiedad, ya que lo había conquistado previamente) y comenzó su campaña rusa que habría de llevarlo a la ruina, Zaitsev se ofreció voluntario como muchos de sus compañeros para ir al frente del Oeste a contener y rechazar a los alemanes.

Inmediatamente se le destina a Stalingrado, donde ambos bandos intentan deshacer el nudo gordiano de la guerra en el Este a su favor. Tan crucial es para los alemanes romper la desesperada resistencia soviética como para los rusos mantenerla a toda costa de recursos y vidas. Desde la perspectiva que da la historia es fácil enfatizar la importancia de esta batalla en el curso de toda la guerra. Pero ya en el mismo momento en que se desarrollaba, todos los actores que participaban en ella, desde Hitler o Stalin hasta el último soldado que sobrevivía en la trinchera, eran conscientes de una u otra forma de que lo que allí sucediese sellaría el destino del mundo.

Lucha en las calles de Stalingrado

Lucha en las calles de Stalingrado

A semejante escenario llega Zaitsev el 22 de Septiembre de 1942, tras recibir entrenamiento de infantería y cambiar su uniforme de marino por el de sargento del ejército de tierra. Inicialmente participó en la batalla como un soldado más, pero pronto su comandante no dejó de notar que manejaba muy bien el rifle. En una ocasión, le señaló a un soldado alemán situado en una ventana a una distancia de 800 metros. Zaitsev apuntó con su rifle Mosin-Nagant estándar, y lo mató. El mismo destino sufrieron dos compañeros que acudieron en su ayuda.

Los francotiradores eran muy apreciados en el Ejército Rojo, un solo hombre podía causar un gran número de bajas y además bajas valiosas, por ejemplo eliminando oficiales o a los ocupantes de nidos de ametralladoras u otras posiciones difíciles. Este reconocimiento hacía que el puesto estuviese rodeado de cierta aureola heróica que la propaganda soviética no duda en difundir y ensalzar. No faltaban voluntarios, deseosos de liderar la cuenta de enemigos abatidos.

Tener buena puntería, saber acechar a una presa y ser habilidoso con las armas (cualidades que un buen cazador, como había sido Vasili en su tierra natal, debe poseer) podía ser suficiente para que los mandos nombrasen a un soldado como “francotirador”. Así ocurrió con nuestro protagonista y parece que sus acciones y tácticas de sniper fueron muy celebradas y que la propaganda soviética y el boca a boca en el frente lo hicieron muy popular entre los suyos.

Se le encargó entrenar a otros soldados en lo que llamaban en broma “escuela de francotiradores”: más bien se trataba de algo como “coge a esos soldados con heridas de poca gravedad de ahí, y trata de que hagan algo útil”. En cualquier caso, parece que a partir de ahí se desarrolló cierto orgullo de grupo y competitividad entre esos tiradores de élite. Se hacían llamar zaichata, “lebrato“, y es que el apellido Zaitsev deriva de la palabra rusa para liebre.

Prisionero alemán

Prisionero alemán

Es en este contexto donde la historia de nuestro protagonista se desliza por la pendiente del mito y aparece el famoso duelo. Todo comienza con un prisionero nazi que, interrogado, cuenta que los alemanes están preocupados por la efectividad de los francotiradores rusos en  Stalingrado, que causan muchas bajas y minan la moral de las tropas.  Así que han enviado desde Berlín a su mejor sniper, el Mayor König, a “cazar a la liebre mayor”, lo cual no podía ser más que una referencia al propio Zaitsev.

Poco tiempo después dos compañeros de Vasili son alcanzados. Ambos son tiradores experimentados así que éste enseguida decide que se trata del “enviado especial” alemán comenzando a actuar. Junto con su asistente y spotter Nikolai Kulikov se traslada a la zona donde han localizado a su oponente, y así comienza una guerra de nervios y engaños que dura cuatro días.

Durante el primer día los dos rusos vigilan la zona. Estudian cada calle, cada edificio, cada ruina humeante y resto de vehículo donde un francotirador podría elegir camuflarse. Al caer la tarde, König intenta un truco y hace asomar un casco encaramado a un palo. A la liebre y su compañero no se la dan con queso: el casco se balancea de forma poco natural y no caen en la trampa.

El segundo día transcurre lentamente y ambas partes ponen a prueba su paciencia. Los rusos rastrean minuciosamente la zona con sus binoculares y les llama la atención una plancha de acero que forma un hueco que les parece una guarida ideal para un tirador. Es su turno de tratar de engañar a su oponente para que revele su posición. Usan el mismo truco que él pero alzando un guante. ¡König traga el anzuelo y dispara! pero Zaitsev no logra verle, así que cambia cuidadosamente de posición.

El tercer día termina en maniobras y desplazamientos intentando lograr que el enemigo se revele.  Durante parte del día deben ocultarse y no hacer nada, ya que los rayos de sol les iluminan directamente y arrancarían destellos delatores de sus miras telescópicas. Pero por la tarde la posición del sol les favorece, y al cuarto día vislumbran un reflejo que proviene de aquella plancha de acero. ¿Podría ser el francotirador nazi?

Kulikov alza su casco de forma cuidadosa; König dispara inmediatamente, y Kulikov se levanta por un momento, grita y cae fingiendo haber sido alcanzado. Es todo lo que Zaitsev necesita, pues el alemán cae en la trampa y asoma la cabeza para mirar en su último gesto: el ruso pone una bala entre sus cejas y acaba con él.

Esa noche, los soviéticos barren la zona con fuego de mortero y bajan hasta donde yace el cuerpo de König. Zaitsev, que posteriormente fue herido por metralla y nombrado Héroe de la Unión Soviética, toma la mira telescópica de su enemigo como trofeo y recuerdo del drama. Hoy en día se exhibe en el museo de las Fuerzas Armadas en Moscú.

Carlos Hathcock

Si te preguntas por qué Carlos Hathcock aparece en todas las listas de francotiradores célebres, un dato: el ejército norvietnamita puso un precio récord de 30.000 dólares a su cabeza. Un buen puñado de dinero, teniendo en cuenta que fue a finales de la década de los 60 y que las recompensas típicas ofrecidas en casos similares variaban entre 8 y 2.000 dólares.

Semejante distinción no se consigue sin hacer buenos méritos para ello, y las mismas razones por las que los Vietcongs deseaban con tanto empeño verlo muerto son las que han convertido a Carlos Hathcock en todo un icono entre los suyos, el Elvis de los snipers para los norteamericanos.

En uno de los episodios que forjaron su leyenda, Hathcock y su spotter intentaban acorralar a un francotirador norvietnamita que estaba causando estragos en las filas americanas y además, según creían, había sido enviado específicamente con la misión de acabar con el propio Carlos. En un momento de la cacería divisó un destello: la luz reflejada en la lente del visor de su enemigo. Hathcock no dudó e hizo entonces su disparo mítico. La bala surcó el espacio entre ambos hombres, entró directamente a través de la mira del tirador vietnamita y de su ojo, matándolo en el acto. Sin duda un tiro entre un millón y que, según razonó después su protagonista superviviente, solo fue posible si ambos snipers se tenían el uno al otro en el punto de mira en el mismo instante. Hathcock disparó primero.

Letal y arrojado, no dudó en ofrecerse voluntario para todas las misiones posibles por peligrosas que fuesen. Durante sus 13 meses de servicio en Vietnam lo hizo en tantas ocasiones que sus superiores llegaron a obligarle a permanecer en el cuartel para descansar y reponerse. Pero cojones y puntería no bastan para llevar a cabo con éxito misiones más allá de las líneas enemigas, muchas veces en solitario. Si no van combinados con nervios de acero y una excepcional capacidad de concentración pueden ser no más que un billete de vuelta a casa metido en una bolsa de plástico.

En una de sus más famosas hazañas, se arrastró, centímetro a centímetro, un kilómetro de selva en territorio enemigo para acabar con un general del NVA en una misión de la que no supo ningún detalle hasta después de haber aceptado llevarla a cabo. Así dicho quizás no parece para tanto; pues le llevó nada menos que cuatro días y tres noches sin dormir y, tras liquidar con éxito a su objetivo, rodeado de furiosas patrullas enemigas que lo buscaban. En una ocasión un soldado de una de ellas estuvo a punto de pisarle, la bota a escasos centímetros de su cara. Solo su camuflaje  y su sangre fría le libró de terminar sus días allí mismo o como prisionero en manos del NVA. En otra, casi le muerde una venenosa víbora del bambú. Una vez más tuvo que echar mano de un temple excepcional para no moverse y delatar su posición.

Ni suquiera necesitó alcanzar el récord de muertes confirmadas en Vietnam. Su cifra fue de 93, mientras que es Charles ‘Chuck’ Mawhinney quien ostenta el primer puesto de la macabra clasificación con 103. Sin embargo, su bravura y sus acciones espectaculares lo convirtieron en mito incluso entre sus enemigos, que lo apodaban Pluma blanca (Lông Trắng) por la pluma que acostumbraba a llevar sujeta al casco. Así, cuando los vietnamitas enviaron un grupo de francotiradores entrenados a por la cabeza de Carlos, los Marines de la zona comenzaron a colocarse plumas blancas en sus cascos para despistarlos, con el consiguiente riesgo de llevarse el balazo en su lugar.

Carlos Hathcock

¡Piummm, piummm!

Solo ese detalle ya nos da la medida de su leyenda.

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RECURSOS

  • Manual técnico y de servicio en inglés, OCR / NSPU 1PN34 –  Technical description and Service manual in english, OCR – PDF | Word

Publicado 13 junio, 2012 por bravido en Coleccionismo

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2 Respuestas a “Mira telescópica de visión nocturna NSPU 1PN34 (НСПУ 1ПН34)

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  1. Esto no es una entrada, ¡Es un puto libro! ¡La leche!

  2. Así que de ahí viene la palabra “francotirador”… Buena entrada :)

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