Armas y vehículos delirantes de la Guerra Fría   Leave a comment

En la competición sin cuartel de las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo pasado, nada podía ser dejado al azar. Lo mismo al día siguiente te tenías que partir la cara sobre un tablero de ajedrez, que sobre las ruinas humeantes de Centroeuropa. Había que estar preparado para todo, y uno nunca podía saber qué clase de añagazas se habría inventado el adversario para sacudirnos más rápido y más duro. El caso era estar siempre un paso por delante del enemigo: si éste pone un hombre en órbita, yo envido más y pongo uno en la Luna. Y así.

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Esto ya era de la temporada pasada.

Por supuesto, esta contienda infinita donde con más fiereza se desarrollaba era en el terreno del armamento, y produjo algunos de los ingenios más tremendos y terribles de la historia. ¡Ah!, qué maravillosa época para ser ingeniero malvado o científico loco. Uno solo tenía que acudir a los militares con una idea X, por extravagante que fuese, con el potencial de putear de alguna manera al adversario (lo que usualmente se traducía en unos cuantos cientos de miles de muertos más), para que comenzaran a llover rublos o dólares, laboratorios e instalaciones secretas donde llevar a cabo sus retorcidos sueños. ¿Por qué? Bueno, quizás al enemigo se le había ocurrido primero y ya tenía un X, o cientos, o miles, preparados para ser arrojados contra nosotros; y entonces, también queremos tenerlo. Igual es un truño que falla como una escopeta de feria y cuesta una fortuna de mantener; pero lo queremos igual.

Y si sabemos que no se les ha ocurrido antes y que no lo tienen… ¡mucho mejor! ¡Ventaja táctica! ¡Ventaja estratégica! Lo queremos, aquí tiene usted los fondos que necesita.

Un contexto tal no podía dejar de producir unas cuantos proyectos de armas y vehículos curiosos, extravagantes, inútiles, cómicos, terroríficos, o todas esas cosas a la vez. Muchos no pasaron de las mesas de diseño (lo que hoy llamaríamos powerpointismo); otros llegaron a la fase de prototipo, donde se dieron de bruces con la dura realidad de su propio absurdo o de su megalomanía. Unos pocos llegaron a fabricarse y funcionar pero nunca fueron puestos a prueba en condiciones reales, por suerte, puesto que estaban pensados para un escenario de III Guerra Mundial que por momentos pareció inevitable: cuando solo tienes un martillo (y EEUU y la URSS los tenían por decenas de miles), todo te parece un clavo.

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¡Los teeengo de todos los tamaños señora!

Muchos fueron hijos únicos, en el sentido de que no se llegó a construir más que un solo ejemplar de su clase; y casi todos quedaron huérfanos y olvidados una vez la tensión competitiva que los había hecho posibles (la Guerra Fría), cedió. Unos pocos sobreviven en la leyenda o amenazan con regresar en formas más modernas.

Vamos a ver ahora una selección de ejemplos destacados de cómo la imaginación humana se empeña incansable en encontrar formas nuevas y delirantes de irnos todos a tomar por culo.

La Bomba del Zar

La forma más sencilla de diseñar un arma absurda es tomar algo que ya existe y fabricarlo con unas dimensiones desmesuradas. Este es el concepto que subyace a lo que podríamos denominar técnicamente como “la Bombaka”, es decir, tenemos las bombas termonucleares, pues vamos a hacer una que sobrepase todo lo imaginable. Y así lo hicieron los soviéticos en 1961.

Los rusos tenían ya experiencia en esto de construir cosas a lo grande. Los casos más típicos son la campana del Zar y el cañón del Zar, ambos ejemplares gigantes de sus respectivas categorías, tanto que sus dimensiones colosales llegaban a hacer que fuesen inutilizables en la práctica. De esa costumbre de llamar “del Zar” a los objetos desmesurados le viene su apodo más conocido a la Bombaka, que no es otro que “Bomba del Zar” o Tsar Bomba. Su denominación oficial era en realidad РДС-220 (RDS-220), nombre en clave ИВАН (Ivan).

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Hola, me llamo Iván y estoy mu loco.

Era tan destructiva, que una vez la construyeron se dieron cuenta de que era demasiado peligrosa y modificaron el diseño original para rebajar su potencia a la mitad; no fuera que la liasen demasiado y acabaran contaminando de radiactividad la mitad de la Unión Soviética al probarla. Y siendo la Unión Soviética precisamente quien la construyó, rápidamente llegamos a la conclusión de que tal desenlace no era el deseado.

Igual que ocurría con la campana y el cañón del Zar, tal y como fue concebida no tenía utilidad verdadera: era demasiado grande y pesada y tuvieron que modificar el bombardero que la transportaba especialmente para ella. En el caso de una guerra real, lo más probable es que ese bombardero, cargado con semejante peso, fuera derribado a placer mucho antes de llegar a acercarse a su objetivo.

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Una digestión pesada: la bomba ni siquiera cabe dentro del fuselaje.

La única razón de la existencia de la RDS-220 y para lo que fue construida era hacerla estallar en un test para dar un puñetazo sobre la mesa y decir al mundo: “mirad lo que somos capaces de hacer. ¡Mucho cuidadito de no tocarnos las narices!” Naturalmente, el destinatario de este mensaje con la firma de Nikita Jruschev no era otro que los Estados Unidos, que eran el oponente a batir en el Concurso Mundial de Construcción de Bombas Absurdamente Grandes.

Hasta 1961, año en que la Bombaka estalló, dicho concurso era liderado por los EEUU. Sobre todo desde que en 1954 detonaron su propia Bombaka, que tenía una potencia de nada menos que de 15 megatones, que ya es una animalada. Lo gracioso es que ellos esperaban que fuese de entre unos 4 a 8 megatones, así que podemos decir que se les fue la cosa un poco de las manos.

La potencia de la bomba Tsar fue, en cambio de unos 50-57 megatones de nada (la cifra exacta depende de las fuentes), y el diseño original, antes de que lo capasen, se esperaba que llegase hasta 100, es decir, casi 7 veces más potente que la americana.

Con cifras tan grandes la verdad es que es difícil hacerse a la idea… veamos, en 1965 la Armada estadounidense realizó una serie de tests denominados Sailorhat para estudiar los efectos de la onda de choque de una explosión nuclear en sus barcos. Pero lo hicieron sin utilizar explosivos nucleares, que ya estaban mal vistos por aquel entonces, así que para simular la explosión se limitaron a apilar hasta 500 toneladas de TNT, lo que representaría un mísero medio kilotón. Si te preguntas qué apariencia tiene una pila de explosivo de ese tamaño (yo lo hice), es esta:

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Powered by Minecraft!

Fíjate que en la parte derecha, parcialmente tapado por la pila, hay un hombre, para dar una idea de la escala. El resultado de hacer petar todo esto fue el siguiente (se ve mejor a partir de 00:07):

El cráter que dejó es este:

He buscado en Google Maps el lugar, pero parece que está tapado por una inoportuna nube. Afortunadamente en esta página alguien ya se tomó el trabajo de localizarlo hace años, cuando sí aparecía, y medirlo con la utilidad de medir distancias. Tiene unas dimensiones aproximadas de 76 x 86 metros, que no está nada mal. Allí se pueden ver muchas fotos y en una aparece una persona al borde del cráter, donde se aprecia un poco mejor su escala.

Bueno, pues la explosión de la Bomba Zar fue nada menos que 100.000 veces más potente que eso, si asumimos que estalló con una potencia de 50 Mt. Para hacer una estimación de lo que supondría, vamos a utilizar la herramienta Nuke Map de Alex Wellerstein (si no la conocías, ya tienes juguete nuevo) y situar una explosión de esa potencia sobre el mismo crater de Sailorhat.

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Fuente: Nukemap

Que se puede ver en el propio mapa pinchando en el enlace de la fuente. Vemos que sólo la bola de fuego (círculo amarillo), con un radio de unos 6 kilómetros se come media isla y la engulliría casi entera si se detonase la bomba en su centro… es imposible precisar el tamaño del crater pero podemos dar a la isla de Kahoʻolawe, en Hawaii, por borrada del mapa. La radiación térmica llegaría hasta la cercana isla de Maui con energía suficiente para causar quemaduras de tercer grado a buena parte de sus habitantes. Y si la dirección del viento fuese la correcta, cubriría la isla de Hawaii entera con un manto de cenizas radiactivas.

Dejo como ejercicio al lector el jugar un poco con el Nuke Map y situar el epicentro de la explosión en cualquier ciudad que le resulte familiar de su elección.

Crónica oficial soviética sobre la bomba (imágenes del lanzamiento y detonación a partir de 7:15):

Muchos más detalles en Nuclear Weapon Archive: Big Ivan, The Tsar Bomba (“King of Bombs”).

Un auténtico cabrón: el Proyecto Pluto

La bomba Zar no está nada mal, pero en el fondo su concepto es algo muy sencillo. Vamos a ver ahora algo realmente retorcido. El llamado Proyecto Pluto fue lo más cerca que estuvo el mundo de hacer realidad un arma digna del más loco científico y supervillano salido de la mente alucinada de un guionista de comics de la Marvel.

Veamos cómo podemos resumirlo en pocas palabras… se trata de un misil de crucero que volaría a baja altitud (o SLAM: Supersonic Low Altitude Missile), del tamaño de una locomotora, e impulsado por un motor ramjet alimentado por un reactor nuclear, lo que le haría capaz de funcionar durante semanas a velocidad supersónica. La criatura transportaría varias cabezas termonucleares que podría ir arrojando durante su vuelo allí donde interesara… y esa no sería la única manera en la que podría desatar el caos y la destrucción a su paso. ¡Conozcamos un poco mejor a este gamberrete!

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Esquema del Proyecto Pluto y sus partes. Ilustración de Damon Moran

El diseño de semejante juguetito incorporaría varias tecnologías punteras para la época, comenzando en 1957 por encargo de la fuerza aérea estadounidense.

La primera de ellas sería el motor ramjet, un tipo de motor jet en el que el aire es introducido en una tobera y comprimido por la propia velocidad de la nave cuando esta es suficientemente alta. Se simplifica mucho el diseño al eliminar la necesidad de partes móviles como el compresor y la turbina que sí usan los motores turbojet convencionales, pero solo comienza a funcionar a velocidades supersónicas. Para alcanzarlas hay que contar por tanto con medios auxiliares que proporcionen el empuje inicial, por ejemplo unos boosters o cohetes aceleradores de combustible sólido (partes señaladas con el número 31 en la figura anterior).

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Prototipo funcional de ramjet nuclear Tory IIC-AF

Otro elemento necesario para este tipo de motores es el de algo que caliente este aire comprimido y que será después expulsado por la tobera trasera, proporcionando el empuje. Normalmente esto se conseguiría a base de quemar fuel, pero las mentes preclaras detrás del proyecto Pluto pensaron que, para qué, si total le podemos incrustar un reactor nuclear al diseño que le dará una autonomía mucho mayor, como para dar unas 4 vueltas alrededor de la Tierra. Mejor que sobre que no que falte ¿no?, y además así está tó flama vaya. No olvidemos que esto se estaba diseñando a caballo entre los años 50 y los 60, una época en la que la energía atómica partía la pana y nos prometía una era dorada de energía barata, segura e ilimitada, capaz tanto de llevarnos a las estrellas como de proporcionar horas de entretenimiento sin fin gracias a los juguetes radioactivos.

¿He oído segura? Bueno, sí, por aquel entonces se consideraba muy segura, siempre que se adoptasen las medidas necesarias: blindaje suficiente para evitar que la radiación de los reactores escapase al exterior, por ejemplo. Pero, ¡uf!, el blindaje pesa y abulta, qué coñazo y claro, aquí estamos hablando de meter un reactor nuclear dentro del motor que impulsa a un misil: necesitamos uno que sea mucho más ligero y pequeño que cualquiera otro existente hasta el momento… y eso es algo que en gran parte se consigue tirando por la borda todo aquello que tenga que ver con la idea de seguridad.

De manera que lo que expulsaría el motor ramjet nuclear de nuestro flamante misil de crucero, cargado de bombas termonucleares no lo olvidemos, sería una mezcla de aire caliente cargado de partículas radioactivas y material fisionable, dejando un reguero de contaminación nuclear letal allí por donde pasara. Todo esto mientras vuela a velocidad supersónica a baja altitud, durante semanas enteras, sobre las cabezas de atónitos ciudadanos soviéticos (pues obviamente el destino de semejante engendro no era otro que la URSS) que verían aterrados como, de tanto en tanto, soltaba un pepino nuclear, ¡pop! sobre una u otra ciudad o instalación militar comunista. Bueno, eso si no morían directamente por causa de la onda de choque producida por el vuelo supersónico del misil, algo que los diseñadores calculaban que podría suceder, en plan bonus kill.

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Voy, caminando por la vida, sin pausa pero sin prisas… ¡pop!

Cuando, después de semanas dando vueltas a velocidad supersónica por el territorio de la Union Soviética soltando regalitos termonucleares como un Santa Claus demente, sembrando la muerte de cualquiera de las formas disponibles en su catálogo, el reactor comenzara a agotarse, se podía estrellar el misil allí donde causase un mayor regocijo. El combustible nuclear remanente se encargaría de contaminar el lugar durante una buena temporada.

Como vemos el Proyecto Pluto ofrecía una interesante variedad de formas chungas de morir, y como decía al principio es digno de la mente criminal más sádica salida de las páginas de un comic o de una película de ficción de serie B. ¿Porqué oh porqué no hemos visto nunca entonces funcionar  una de estas maravillas del mal? En fin, hay una multitud de aspectos prácticos que hicieron que la creación de un prototipo viable de este proyecto nunca llegase a realizarse. Sí que se probaron en tierra un par de prototipos del motor en el desierto de Nevada, y con bastante éxito lo que confirmaba la viabilidad inicial del proyecto. Pero claro, pruebas más elaboradas de un ejemplar funcional del sistema causarían ciertos problemillas al esparcir residuos radioactivos sin ton ni son en las inmediaciones de Las Vegas o Los Angeles.

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¡Al loro que hay maqueta! (fuente: Fantastic Plastic)

Las complicaciones técnicas eran considerables (guiado y detección de obstáculos automáticos, desarrollo de nuevos materiales resistentes a las altas temperaturas, etc. etc.) y las políticas ya ni te cuento. Es de suponer que aquellos países intermedios en la ruta del misil hacia su objetivo final no estarían muy felices de ver a sus ciudadanos irradiados por el aliento fatal que el SLAM expulsaba por su tobera, por mucho que el espectáculo de verlo pasar, ramjet nuclear rugiendo a toda potencia, fuese algo memorable. Tampoco el desarrollo de un arma tan hija de puta era la mejor manera de presentarse como el defensor del bien y la libertad ante de la opinión pública.

Así que finalmente alguien en el Pentágono entró en sus cabales, vio que la cosa era jodidamente insana, y canceló el proyecto en 1964 argumentando que era demasiado “provocativo”. Pero también influyó (y quién demonios sabe que fue más determinante en realidad) que mientras tanto la aparición y mejora constante de los ICBM hizo que éstos se convirtieran en un medio más barato, sencillo y efectivo de depositar cabezas nucleares en la puerta misma de tu enemigo. No todo el esfuerzo fue en vano, muchas de las tecnologías desarrolladas fueron reaprovechadas más adelante para otras formas de matar más y mejor. Pero el Proyecto Pluto como tal dejó de tener sentido, si es que alguna vez lo tuvo.

Y sin embargo, lo que hubiese molado…

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Visto así, es bonico.

Podéis encontrar información con mucho detalle en inglés en Project Pluto. También en The Flying Crowbar: The Insane Doomsday Weapon America Almost Built y en la página de Vought, una de las compañías que participaron en su desarrollo.

БЖРК, missiles on rails

Esto, la verdad, donde mejor está contado es en el magnífico artículo de Rusadas El tren de la Muerte, que es donde hallé por primera vez a este curioso sistema de lanzamiento nuclear y de donde he sacado la mayor parte de la información. Podéis leer sobre ello allí, pero no podía dejar de incluir esto en un artículo sobre armas locas de la Guerra Fría.

Bombarderos, cañones, silos subterráneos, camiones, barcos, submarinos, torpedos, bazookas, minas terrestres. Mochilas e incluso maletines… muchos son los medios de transporte y entrega de cabezas nucleares diseñados durante las largas décadas de la Guerra Fría.

Alguien, en algún oscuro buró de alguna apartada ciudad secreta de la Unión Soviética, debió pensar “¡Maldita sea! ¡No es suficiente! Aquí me falta algo… veamos… ¡Ah sí! ¡El tren! ¡Demonios, no tenemos nada que vaya sobre raíles!“. Y así nació el proyecto БЖРК, Боевой железнодорожный ракетный комплекс o Sistema Ferroviario de Misiles de Combate. No se puede negar que es un nombre con mucho punch, caramba.

El БЖРК (BZhRK en alfabeto latino) comenzó a operar a partir de 1987, y para 1991 constaba de 12 convoyes de trenes, cargados con 3 misiles ICBM RT-23 “Molodets” (РТ-23 УТТХ «Молодец», denominación OTAN SS-24 “Scalpel”) cada uno de ellos. Estos convoyes se distribuían en 3 áreas estratégicas situadas en diferentes partes de la URSS, así que tenemos un total de 36 misiles de este tipo montados en trenes. Si consideramos que cada RT-23 transportaba 10 ojivas MIRV termonucleares de 550 kilotones de potencia cada una, una rápida multiplicación nos da que tenemos una potencia total de unos 198 megatones (unos 16,5 por tren) de nada dando vueltas rutinariamente por la red ferroviaria soviética de la época. Suficiente para arrasar a más de un país hasta los cimientos.

Como hemos dicho cada convoy incluía 3 vagones modificados para albergar un tubo lanzador eréctil cargado con un RT-23 cada uno. Estos tubos son similares a los más habituales montados sobre camiones , y la mayor parte del tiempo permanecían replegados y ocultos dentro del vagón, diseñados para parecer externamente un inocente vagón refrigerado de transporte de mercancías cualquiera. Pero dentro…

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¡Sorpresa! No eran arenques congelados

En caso de que se desatara la III Guerra Mundial, ocurrirían varias cosas que harían que la verdadera personalidad del tren asomase detrás de su inofensivo aspecto de convoy de mercancías. Lo primero de todo es desplegar unos apoyos laterales mediante un sistema hidráulico para estabilizar el vagón. Estamos hablando de que se va a lanzar un misil nuclear que pesa unas 100 toneladas, con lo cual nos interesa tener la plataforma lo más segura posible no sea que se mueva o vuelque y la liemos parda… De hecho, solamente con estos apoyos no es suficiente. Cuando el lanzador con el misil se encuentre en posición vertical, todo el peso del conjunto se apoyará en los ejes traseros: demasiado para un único vagón, así que los diseñadores idearon un sistema para repartirlo entre el resto de unidades del convoy, como se ve en la siguiente imagen:

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Sistema de distribución del peso entre los vagones, en la parte central inferior de la imagen.

Vale, una vez estabilizado todo el conjunto, ya podríamos erguir el misil, lanzarlo, y desatar el infierno a una distancia de hasta 11.000 kilómetros en otro continente… pero se nos olvida un pequeño detalle, y es que encima de todo tren suele haber una catenaria, y no nos interesa para nada romper a las bravas unos cables por los que pasa una corriente de varios miles de voltios justo encima de un misil nuclear. Así que una vez más, los constructores del БЖРК le dieron al magín e idearon un sistema hidráulico retráctil que alzaba unos mástiles para apartar a un lado la catenaria sin romperla, dejando el paso libre y seguro para erigir el lanzador:

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Si no le importa echarse un momentito a un lado…

Ahora sí que ahora ya está todo listo para mandar un recadito a los malditos imperialistas. Los RT-23 eran misiles de lanzamiento en frío. Esto significa que la eyección inicial del cohete la realiza un mecanismo externo al mismo, usualmente gracias a un generador de gas a presión que expulsa el misil del tubo lanzador. Los motores del misil solo se encienden entonces, una vez está en el aire.

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Lanzamiento de un RT-23, justo antes de encender sus motores.

Antes de llegar hasta ahí, eso sin embargo, los ingenieros tuvieron que enfrentarse a otro problema de diseño particular y para el que, una vez más, aplicaron una solución realmente original. Uno de las principales motivos para montar un sistema de lanzamiento de misiles balísticos en un tren es la de mantenerlo oculto y a salvo de un posible primer ataque enemigo de tipo counterforce, es decir, dirigido a inutilizar la capacidad propia de contraataque y represalia. Escondidos en la inmensa red ferroviaria de la URSS, entre miles de otros convoyes normales de mercancías y pasajeros, los trenes БЖРК pasarían desapercibidos al constante escrutinio que los satélites norteamericanos realizaban sobre las fuerzas soviéticas.

Otros sistemas de lanzamiento serían más fáciles de localizar y destruir por parte de los americanos si decidieran lanzar un ataque por sorpresa. Los silos son duros de matar, pero tienen ubicaciones fijas y fáciles de conocer. Los misiles autotransportados tipo Topol-M, aunque móviles, también son detectables: suelen operar en zonas aisladas donde destacan del entorno visualmente y por sus emisiones de calor y electromagnéticas, y su radio de acción es limitado. Están los submarinos nucleares claro… más elusivos, pero que no obstante, operaban alejados del territorio propio y que podían estar controlados y localizados por el enemigo gracias a SOSUS (SOund SUrveillance System), la red de puestos de escucha submarinos que los occidentales tendieron en amplias zonas del Atlántico y Pacífico justo con ese objetivo.

Los trenes en cambio, en teoría serían muy difíciles de encontrar. Podrían moverse en medio de zonas industriales o residenciales, cerca de estaciones, terminales y otros grandes enclaves ferroviarios, indistinguibles entre otros muchos convoyes. Su autonomía es mayor que la de los camiones, capaces de recorrer unos mil kilómetros en un solo día y de operar de manera autónoma hasta 28 días. Los americanos tendrían muy complicado neutralizarlos y, en caso de que planeasen llevar a cabo un first strike, se arriesgarían a dejar intacta una parte importante de la capacidad de represalia soviética. Así, el БЖРК no era un arma ofensiva sino un elemento más de la estrategia de disuasión.

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¿Dónde está la bolita?

Como hemos dicho, los componentes de los que constaban (que incluían tres locomotoras diésel DM62, puestos de comando y control de lanzamiento, tanques de combustible, suministros, maquinaria hidráulica, comunicaciones, alojamiento de tropa y comedor etc.) se “disfrazaban” para que luciesen idénticos a coches de pasajeros y de transporte de mercancías diversas. En su conjunto, el convoy debía aparecer como uno más a ojos de cualquier mirada indiscreta, especialmente en las fotos por satélite. Para lograr esto, los vagones debían tener las mismas medidas estándar que el resto, pero ¡ay!, los misiles RT-23 resultaban ser un poco demasiado largos para caber enteros dentro del tubo lanzador que va dentro del coche…  Los diseñadores solucionaron esto con dos ingeniosos mecanismos: por un lado, las toberas de la 2ª y 3ª etapas eran extensibles, reduciendo así la longitud del cohete. En segundo lugar, lograron hacer que la punta superior del cono del misil fuese retráctil. Compuesta de una serie de anillos concéntricos de acero, al ser lanzado el misil se extendía mediante un sistema pirotécnico similar al de los airbags.

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Detalle del sistema de cono retráctil del RT-23, replegado.

La punta cónica es necesaria para que el misil posea la aerodinámica suficiente para operar a las altas velocidades que alcanza un ICBM. Con este original sistema, consiguieron meter todo el conjunto en un vagón de las dimensiones habituales. Si hubiese sido más grande, los servicios secretos occidentales hubiesen podido localizarlos analizando con detenimiento las fotografías de los satélites espía.

El siguiente vídeo, que recomiendo ver completo, nos muestra los entresijos de estos mortíferos trenes. Podemos apreciar muchos de los detalles mencionados anteriormente, incluyendo los estabilizadores hidráulicos (min 2:23), mástil para la catenaria (min 2:10), erección (1:30) y lanzamiento (mins 2:00 y 3:00) del misil, y los citados sistemas de toberas (0:50) y punta extensibles (1:05). Y no solo eso, además a partir de 4:20 nos muestra unas impresionantes imágenes de un test realizado para comprobar la resistencia del tren a un ataque, a base de detonar nada menos que unas 1.000 toneladas de TNT en las inmediaciones del tren como imitación de una explosión nuclear cercana (un Sailorhat á la soviet vaya). Solo por ver como estalla semejante pila de TNT ya merece la pena.

El invento también tenía sus problemas y detractores, no obstante. Aparte de las múltiples dificultades y retrasos en el desarrollo (se aprobó en 1969, y no fue hasta 1987 que los primeros trenes fueron operativos), sus particulares características hacían que no pudiese operar exactamente como un tren normal, abriendo la puerta a su detección. El principal problema era el peso del conjunto, mucho mayor del habitual en otro tipo de convoyes. Por esta razón, las vías de tren tuvieron que ser reforzadas en un área de unos 1.500 kilómetros de radio alrededor de las bases donde estacionaban, y debían ser mantenidas y reparadas con frecuencia. Todo esto suponía un alto coste añadido al de un sistema que ya de por sí engullía millones de rublos del presupuesto como si fuesen kvas. No solo eso, los vagones que contenían los misiles llevaban 8 ejes en lugar de los 4 habituales. Tanto los ejes del coche como las vías debían soportar el peso del misil en posición vertical, como el empuje generado por su lanzamiento.

Este detalle hacía que un observador atento pudiese darse cuenta que algo olía a chamusquina en ese convoy que parecía transportar nada más que pasajeros, correo  y pescado congelado. Pero el principal problema eran las locomotoras: como hemos dicho, para contar con la potencia suficiente un БЖРК contaba 3 de ellas, lo cual no era en absoluto lo usual – y esto se podría distinguir en las fotografías aéreas. Así, se intentaban disimular mediante redes de camuflaje o cambiándolas de lugar dentro del convoy.

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Tren nuclear circulando, se aprecian las 3 locomotoras DM62 en cabeza.

El alto coste de mantenimiento hizo que tras la caída de la URSS a finales de 1991 (precisamente se han cumplido 25 años hace poco) los trenes fueran estacionados en sus bases, el rublo es el rublo y no estaban las cosas para muchas alegrías financieras en esos momentos. No dejaban de ser peligrosos allí, ya que convenientemente los hangares donde se guardaban tenían techos abatibles de manera que aún era posible lanzar los misiles estando en esa situación si llegaba el caso.

Finalmente, fue la aplicación del tratado START-I (Strategic Arms Reduction Treaty, Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) la que acabó con estos trenes nucleares. 10 fueron desmantelados y otros 2 se mantienen en exhibición, desmilitarizados.

Este podría ser el fin de la historia de los trenes nucleares… Pero no es así. Recientemente Rusia ha recuperado la idea de contar con ICBMs sobre raíles en su arsenal con el proyecto Barguzin, que sería básicamente una versión moderna de la misma idea. Cargaría con misiles de nueva generación RS-24 Yars y el conjunto sería más ligero y efectivo, solucionando los problemas descritos para la versión anterior. Una búsqueda rápida en Google nos da cientos de resultados al respecto y parece que se han realizado pruebas muy recientemente (Noviembre de 2016) y se espera que esté operativo entre 2018 y 2020. ¡Todo un fantasma de la Guerra Fría que regresa del desguace!

Y a mi, que todo esto de un tren cargado de misiles nucleares me da para un guión cojonudo de película de James Bond…

Como comentaba al principio, la mayor parte de la información la he sacado de El tren de la Muerte, en Rusadas. También de este artículo en ruso, Боевой железнодорожный ракетный комплекс (сокращённо БЖРК), sobre todo fotos y también algún que otro dato jugoso Google Translator mediante. En inglés, aquí y aquí se ofrecen también más detalles interesantes sobre el sistema.

El bazooka atómico: Davy Crockett

Si encargasen a Disney o a la Warner Bros. el diseño de una bomba nuclear, seguramente harían algo como esto:

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Solo le falta que ponga “ACME” en el lateral.

Esto, que parece una bomba salida de una tienda de artículos de coña, es un proyectil M-338 con una cabeza nuclear Mk-54 en su interior. Hasta el día de hoy, el dispositivo nuclear más pequeño que han fabricado los Estados Unidos. En la siguiente foto podemos apreciar lo realmente pequeña que era la jodía.

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Mira, y si tocas en este botón de aquí…” DABOOOM!! (Wikimedia commons)

Vale, para ser un dispositivo nuclear, con ese tamaño da para poco más que un petardo con una potencia explosiva de entre 10 y 20 tones (0,01 o 0,02 kilotones). Pero es que eso significa que equivale a unas 10 o 20 toneladas de TNT en un artefacto que pesa apenas 25 kilogramos… no deja de ser una buena forma de entender el salto cualitativo que las armas nucleares suponen respecto a los explosivos convencionales en cuanto a destrucción. Por ejemplo, la famosa bomba GBU-43/B MOAB de la que tanto se habló durante la 2ª guerra de Irak, pega un petardazo de unos 11 tones, comparable al de una Mk-54… pero claro, pesa algo más de 10 toneladas y tiene que ser lanzada desde la compuerta trasera de un avión de transporte Hércules. Con ese mismo peso tienes hasta 412 ejemplares de este pequeño cabrón.

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Cara de estar pensando “yo no toco esto ni con un palo” (Fuente: Nuclear Secrecy)

El proyectil M-388 en cambio, estaba pensado para ser montado y lanzado con un curioso sistema portátil de rifle sin retroceso (recoiless gun), más parecido a un bazooka o un mortero que a un rifle (ver foto superior), que podía ser transportado, armado y disparado por una pequeña unidad de infantería de 5 hombres o sobre un jeep. Es decir, un arma táctica pensada para su uso en el campo de batalla, en combate cercano con tropas de infantería y mecanizadas del enemigo. El curioso nombre que dieron a este sistema es Davy Crockett, quien fue un héroe del folklore americano, soldado y politico que murió durante el asalto mejicano a El Álamo.

En 1961, cuando el Davy Crockett comenzó a ser desplegado, contar con bombas nucleares portátiles preparadas en el campo de batalla parecía una buena idea como medio de frenar un supuesto avance soviético a Europa Occidental, o de Corea del Norte sobre su vecino meridional. No dejaba de tener ciertos problemillas no obstante, y ciertamente había algo entre cómico y grotesco en su forma de operación.

Aquí tenemos a un grupo de 5 valerosos soldados portando un Davy Crockett a sus espaldas en prácticos y cómodos port-a-packs (así los llamaban). El fortachón del medio es quién transporta la cabeza nuclear, mientras que el que está a su derecha, que carga con el lanzador, se pregunta que porqué no le habrá tocado a él llevar una radio (que tienen toda la pinta de ser unas AN/PRC-10 como las que ya hemos visto por aquí).

De repente…

  • – ¡Oh! ¡Soldado, dígame que es eso que levanta tanto polvo allá a lo lejos!
  • – ¡Que me llevan los demonios sargento, parece un batallón de infantería soviético apoyado por tanques T-62 que avanza a toda mecha hacia nosotros!
  • – No hay problema, caballeros, ¡monten el Davy Crockett y enseñemos una lección a esos jodidos comunistas que no podrán olvidar!
  • – ¡Señor sí señor! (uf, ya estaba harto de cargar con este dichoso trasto).

Una vez colocado el trípode y el tubo lanzador sobre él, se introduce en el cañón un cilindro que contiene el propelente, puesto que el proyectil no tiene forma de impulsarse a si mismo. Mientras tanto, los ruskies se siguen acercando…

  • – ¡Dígame a qué distancia se encuentran esos malditos rojos, soldado!
  • – ¡A unos 3 kilómetros mi sargento!
  • – ¿Llegamos?
  • – ¡Llegamos mi sargento! Afortunadamente el cañón de nuestro Davy Crockett es un M29 con alcance de hasta 4 kilómetros, y no un modelo M28 de los que solo llegan a 2…
  • – ¡Estupendo soldado! A ver, muévalo así un poquito más hacia la derecha…

Vale, una vez todas las piezas del lanzador están montadas en su sitio sería hora de encasquetar la cabeza nuclear en el extremo del tubo. Será el cartucho propulsor el que la lance en trayectoria balística. Pero antes de eso…

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What the fuck!? (Fuente: Nuclear Secrecy)

  • – ¡Aaaatención! ¡Monten la cabeza nuclear en el cañón! ¡Ar!
  • – Ehhh perdone mi sargento, primero tenemos que poner el temporizador…
  • – ¿El temporizador? ¡Pero qué me está usted contando soldado! ¿¡Esto que es, una bomba nuclear o un jodido reloj de cocina!?
  • – Pues es que verá, sargento, el caso es que dice el manual que antes de dispararlo hay que poner marcar en el temporizador un intervalo de seguridad… para que no explote el bicho antes de tiempo…
  • – ¡Jodidos ingenieros sabelotodos! Me gustaría ver aquí a esos malditos batas blancas… En fin soldado, ponga el tiempo de cocción… digoooo el temporizador, no sé, a 35 segundos, y que sea lo que Dios quiera. ¡Y por la gloria de mi madre, asegúrese de que no lo pone a menos de 5 segundos que la liamos parda!
Kitchen egg timer

Tecnología de grado militar en tu cocina

Sí amigos, efectivamente el proyectil nuclear tenía un temporizador no muy diferente de ese en forma de huevo que tienes en la cocina. El temporizador ayudaba a controlar el momento en el que la bomba explotaría, pero no se trataba de algo tan simple como que estallase al llegar a cero. En realidad, eso dependía de la altitud. El proyectil M-388 tenía una especie de interruptor donde se podía seleccionar la altura a la que estallaría: High o Low (Alta o Baja). La altura concreta de cada configuración estaba predeterminada de fábrica y los soldados que operaban el Davy Crockett no podían cambiarla. Y para utilizarla en modo Low era necesario solicitar un permiso especial, imagino que porque al estallar a baja altura produciría una cantidad mucho mayor de polvo radiactivo y de fallout.

En su trayectoria balística, el proyectil pasaría por su altura de detonación 2 veces… una al subir y otra al bajar. En la parte trasera del proyectil había una antena que funcionaba como un radar primitivo que le permitía “sentir” o localizar dónde estaba el suelo. El temporizador era una medida adicional de seguridad, de forma que la bomba solamente explotaba cuando se cumplían las siguientes condiciones:

  1. El temporizador había llegado ya a 0. Importante notar que solo comenzaba a funcionar al disparar el proyectil.
  2. La antena ya no recibía el eco del suelo: esto significaría que el proyectil se encontraba en la fase descendente de su trayectoria.
  3. Se alcanzaba la altura definida para la detonación correspondiente a la configuración High o Low elegida.

Por tanto el objetivo del temporizador no era otro que evitar la detonación prematura del dispositivo, cuando aún se hallaba en fase ascendente y si por algún motivo la antena trasera no era capaz de determinar correctamente la posición del suelo, debido a una orografía particular del terreno, fallo o cualquier otro motivo.

No dejaba de ser un método un poco crudo de asegurarse que no estallaba demasiado cerca de quien lo lanzaba. Todos los cálculos relativos a cuánto tiempo poner y el ángulo de elevación en el que había que colocar el lanzador venían resueltos ya en el manual de instrucciones, en tablas donde el operador buscaba los valores adecuados en función de la distancia al objetivo. Y esta distancia se medía gracias a munición trazadora específica utilizada a ese efecto.

Una vez establecida la altura High o Low y el temporizador al valor que corresponda, ya podemos colocar el proyectil en su lugar…

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No hay forma digna de cargar un Davy Crockett

Pues nada, una vez listo y apuntado según especifican las tablas del manual, ya solo hay que dispararlo. Mejor nos apartamos un poco del tubo no sea que nos chamusque las cejas…

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¡Fuego!

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  • – ¡Chupáos esa, comunistas de mierda! ¡Yeeee-haw!
  • – ¡Mi sargento mi sargento!
  • – ¡Demonios soldado, espérese un poco! Estoy tratando de ver si les hemos atizado bien… no hay manera de ver nada con todo ese jodido polvo y humo…
  • – Pero es que mi sargento, el viento…
  • – ¡Que viento ni que niño muerto! ¿Ha comenzado la III Guerra Mundial y usted me quiere hablar del tiempo? ¿Se ha vuelto usted loco, soldado?
  • – ¡No mi sargento! Es que resulta que hemos disparado contra el viento… y estamos justo en el camino de la nube radiactiva causada por la explosión… ¿ve como ya viene hacia aquí?
  • – ¡Y por qué diantres no me ha dicho esto antes soldado! ¡Retiradaaaaa!

Los Davy Crockett estuvieron en activo hasta 1969 en diversas partes del Asia, el Pacifico y en Alemania Occidental. Se llegaron a construir 2.100 cabezas nucleares para su uso en este sistema, con lo que podemos decir que esta arma fue bastante exitosa en cuanto a su aplicación y despliegue – evidentemente no en cuanto a su uso real ya que nunca entró en combate, claro. De haber sido así es muy posible que su efectividad resultara limitada por sus dos principales defectos.

Uno, una preocupante falta de precisión, según los informes realizados al respecto en su momento. Cabe preguntarse cómo de grave sería la cosa si estamos hablando de un pepino semejante, que tampoco importará mucho si le das 100 metros más acá o mas allá, vaya. El caso es que según las pruebas realizadas, el mayor efecto del proyectil sería su alto poder de contaminación radiactiva, con dosis fatales en un radio de unos 400 metros. Lo que nos lleva al segundo problema.

Dos, que teniendo en cuenta su escaso alcance (de 2 a 4 kilómetros) y al ser utilizado de forma táctica en zona de combates, en medio de una presencia significativa de tropas aliadas, había bastantes posibilidades de que la contaminación radiactiva provocada por la explosión ¡acabara siendo llevada por el viento hacia unidades de tu propio bando!

Por ende, el desarrollo continuo de nuevas armas y las estrategias y tácticas asociadas a ellas, el Davy Crockett dejó de tener un lugar en los planes de guerra occidentales. En el vídeo podéis ver imágenes y explicaciones acerca de su funcionamiento así como metraje tomado en diversas pruebas. La mayor parte de la información e imágenes las he sacado del artículo King of the Wild Frontier del blog Nuclear Secrecy. Si os apañáis con el inglés os recomiendo su lectura y sobre todo, el prestar atención a los comentarios donde varias personas que sirvieron en destacamentos Davy Crockett en su época aportan detalles muy jugosos y de primera mano acerca de su operativa. Y es que no todo el mundo puede decir que ha tenido entre sus manos un bazooka atómico.

Los Autos Locos: vehículos extravagantes

La presión de la dinámica de la Guerra Fría por estar preparado para cualquier eventualidad y dominar cada rincón del planeta produjo no solo armas demenciales, sino también todo tipo de vehículos (terrestres, marinos o aéreos) de lo más variopinto y extravagante. Vamos a ver algunos ejemplos dignos de participar en cualquiera de las carreras de los Autos Locos.

El Objeto 279 (ОБЪЕКТ 279)

Tras este misterioso nombre se esconde un proyecto soviético de 1957 para desarrollar un tanque super pesado capaz de operar en las condiciones más difíciles, e incluso de soportar sin despeinarse la onda de choque de una explosión atómica.

Diseñado para moverse por todo tipo de terrenos difíciles como zonas pantanosas, arboladas, nevadas, barrizales, e incluso podría superar muchos de los típicos obstáculos artificiales para tanques utilizados en la época. Si la disputa por el dominio de Europa llegaba a desencadenarse al fin entre los bloques comunista y capitalista, como parecía probable en cualquier momento de las décadas de los 50 y 60, poder llegar con potencia de fuego cuanto antes, sin importar las condiciones del terreno y en medio de un yermo radioactivo suponía una ventaja clave que los soviéticos tenían en mente a la hora de realizar este proyecto. Para ello contaba con características avanzadas como protección NBQ, calefacción y refrigeración del habitáculo de la tripulación (algo bastante inusual para la época), sistemas de visión nocturna y de guiado automático. Pero para llegar donde otro tipo de tanques no llegaban contaba con dos características principales y que lo convertían un vehículo único en su clase: el diseño redondeado de su chasis que le da una peculiar apariencia como de tortuga o anfibio, y sus 4 orugas en lugar de las 2 habituales. He aquí el aspecto del Objeto 279:

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Ese oscuro objeto 279 del deseo

Gracias a estos dos elementos obtenía sus habilidades primarias de ser capaz de moverse por terrenos vedados a otros tanques, y (supuestamente) de soportar la onda de choque de una explosión nuclear sin volcar. Las 4 orugas le proporcionaban mayor estabilidad, potencia y tracción, además de distribuir el elevado peso de todo el conjunto más uniformemente. Las formas curvas de su chasis ayudaban a desviar la fuerza del impacto, y también proporcionaban protección contra impactos de proyectiles HEAT (High Explosive Anti-Tank), así como su grosor, que alcanzaba nada menos que 30 centímetros en algunas zonas.

Y sin embargo ¡oh! nunca tuvimos la fortuna de ver a este coloso mecánico recorriendo, por cientos y a toda mecha, las humeantes ruinas radioactivas de Centroeuropa arrasando todo a su paso. La III Guerra Mundial nunca estalló (por ahora), pero además el desarrollo de nuestro simpático Objeto 279 fue cancelado antes de entrar en producción, quedando nada más un solo prototipo reducido a pieza de museo.

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Jubilación anticipada en el museo de tanques de Kubinka.

¡Pobre Objeto 279! La culpa fue de Nikita Jruschev, que decidió que este tipo de tanques tan pesados eran ya obsoletos y que el futuro pertenecía a tanques que disparasen misiles guiados. En fin. Y así terminó la historia de este tanque que parecía diseñado a propósito para un videojuego… oh wait!

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El Objeto 279 librando su última y única batalla en Metal Gear Solid 3

Información en inglés en Object 279 (Obyekt 279) Super Heavy Tank (1957), y algo más en ruso con galería de fotos en «Объект 279» ОПЫТНЫЙ ТЯЖЕЛЫЙ ТАНК

Amigos inseparables: ZIL-29061 y ZIL-49061

La mejor forma de presentar a nuestra siguiente pareja de vehículos extravagantes es mediante el siguiente vídeo:

Mi primera reacción al verlo por primera vez fue what… the… fuck! La segunda fue la de entregar la mitad de mis órganos vitales a la primera persona que pudiese conseguirme uno. La oferta sigue en pie.

Porqué no vamos hoy todos montados en uno como este es algo que no me termina de entrar en la cabeza. Propulsión a tornillo: yo digo sí. Gracias a ese ingenioso diseño locomotriz es posible atravesar casi cualquier tipo de terreno imaginable: agua, nieve, arena, zonas pantanosas, barrizales en los que sucumbirían manadas de elefantes, placas de hielo puro, bosques… bosques pantanosos… todo obstáculo natural quedaba superado, y toda flora y fauna local aplastada, bajo el poder de sus dos inmisericordes tornillos. Поехали!

Hay que decir que este tipo de propulsión era muy anterior al ZIL-29061. En los Estados Unidos ya habían experimentado con este tipo de vehículos tan pronto como en 1868 para trabajos agrícolas, y en 1920 para desplazarse por terreno nevado (ojo que el vehículo que aparece en el vídeo enlazado, llamado Armstead Snow Motor también es para tenerlo en el garaje y sacarlo para ir a comprar el pan).

Aún así el ZIL-29061 mola más aún por varios motivos. El primero está claro, y es que es soviet. Los diseños soviets tienen ese je ne sais quoi que los hace diferentes y mucho más chanantes que los demás, y si no entendieras eso no habrías llegado hasta esta página.

La segunda es que cuando el ZIL-29061 no estaba dando vueltas por ahí rompiéndolo todo, iba montado encima de esto:

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Esto es un ZIL-49061 Blue bird (ЗИЛ-49061 Синяя Птица) de carga

Que, vaya, ya de por sí tiene una pinta rara, mezcla de una barca de las del estanque del Retiro con un camión de los del París-Dakar, y de ser capaz de moverse por sitios bastante jodidos (ni que decir tiene que es anfibio y que sus ejes delantero y trasero giran de forma independiente) sin necesidad de ninguna ayuda ni de llevar un ZIL-29061 en el lomo de esta guisa:

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Pues sí, estos dos vehículos que ya por separado parten bastante la pana, resulta que además trabajaban en tandem.

¿Y para que demonios servía esta extraña pareja? Bien, al contrario que lo habitual estos vehículos no eran militares. Es posible que el ZIL-49061, el grandote, te resulte familiar, ya que siguen en activo hoy en día. Si te interesa la exploración espacial y lees noticias e informaciones al respecto, es fácil los hayas visto alguna vez en vídeos y fotos como estas:

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¿Un botellón en la tundra? Se aprecian 4 Blue birds, dos en la parte superior y otros dos a la derecha del palote luminoso.

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Ahora vemos tres de ellos desde arriba dirigirse hacia una explosión, ¿pero no decíamos que no eran militares?

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Ahora la cosa ya está más clara… una cápsula Soyuz churruscada por la reentrada yace en la nieve de lado. Al fondo a la derecha, un par de ZIL-4906 de transporte de pasajeros.

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¡Me lo llevo!

Así que ahora ya está claro: estos vehículos se crearon, en 1975, para formar parte principal de los equipos de rescate de las tripulaciones de las cápsulas Soyuz cuando estas regresan a tierra. El ZIL-49061 es la versión de carga, la que lleva la grúa, y actúa junto con su gemelo ZIL-4906 que en vez de grúa en la parte trasera incorpora un habitáculo acondicionado para transportar pasajeros. En las operaciones de rescate van acompañados de unos 8 o 10 helicópteros Mil Mi-8 y un numero variable de otros vehículos terrestres.

¡Un momento! ¿Y que pasa entonces con nuestro tornillopropulsado amigo? Bien, el caso es que las Soyuz aterrizan habitualmente en las despejadas estepas Kazajas, donde los Blue Bird son suficientes. Pero en caso de alguna emergencia o problema durante el descenso, una cápsula podría llegar a desviarse cientos de kilómetros y tocar tierra en alguna zona apartada y de difícil acceso incluso para los duros ZIL-4906… sería ahí donde entraría en acción el pequeño pero matón ZIL-29061, capaz de llegar donde nadie más es capaz, como ya hemos visto en el vídeo anterior.

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En muchas páginas se llama a este vehículo indistintamente ZIL-2906 y ZIL-29061. La confusión viene porque el ZIL-29061 es la versión mejorada de un vehículo anterior, muy similar y creado con el mismo propósito, que es el denominado ZIL-2906, pero que adolecía de falta de potencia y estabilidad (y de una cabina cerrada para soportar mejor el pelete de la estepa vaya).

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Este es el ZIL-2906

El siguiente vídeo es un poco largo pero recomiendo verlo entero a los interesados en el tema, ya que describe el funcionamiento y proceso de una operación completa de rescate de una Soyuz con un equipo formado por estos vehículos: como se comunican entre sí, con los aviones de control y reconocimiento y con la propia cápsula para localizarla; descarga del ZIL-29061 desde un Blue Bird de carga, cómo funciona la propulsión a tornillo, se muestra como operan en distintos terrenos a ambas versiones del pequeño vehículo, y finalmente una simulación de recuperación de una cápsula Soyuz. En definitiva muy interesante y aporta muchos detalles. Todo en perfecto ruso eso sí.

Aquí otro vídeo, más corto y este centrado en las habilidades de los hermanos mayores, los ZIL-4906 Blue Bird:

Luego ya buscando en internet información sobre ellos he encontrado fotografías de otros vehículos soviéticos raros y que usan el mismo tipo de propulsión, así que parece que en algún momento se exploró el uso de este sistema con prototipos para funciones diversas en terrenos difíciles.

Lo que no he encontrado es nada sobre el destino de los pequeños ZIL-29061, si siguen en activo o se pudren en almacén abandonado como tristemente hacen tantas otras maravillas técnicas de la extinta Unión Soviética (y no quiero acordarme del Burán porque me llevan los demonios). Tampoco he visto ninguna referencia a que se utilizasen en ninguna operación real de rescate donde no pudiesen llegar los helicópteros o los camiones, así que es posible que simplemente se abandonasen por falta de uso… quién sabe si un día no llegaremos a ver uno, por sorpresa, en caso de que una de esas Soyuz que vuelven de la ISS se desvía de su curso previsto y acaba aterrizando en un bosque alejado o en medio de un pantano.

En cualquier caso: es poco probable que lleguemos a ver uno, mucho menos en persona. Pero atención, frikis, porque existe una manera de poseer uno de estos maravillosos vehículos y llevártelo a tu casa:

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Bueno, sí, son unas miniaturas de plástico, pero menos da una piedra ¿no? Hay una compañía rusa, DIP, que fabrica miniaturas de vehículos de alta calidad y como veis uno de los cientos de modelos que tienen es un conjunto ZIL-49061/ZIL29061… tienen también la versión de pasajeros y hasta una cápsula Soyuz en miniatura. No son ni baratos ni fáciles de encontrar, aviso, pero os dejo con un enlace a una galería de fotos que muestra lo que se puede llegar a hacer con una miniatura de estas:

Шнекороторный снегоболотоход ЗиЛ-29061 (DiP Models). Фото

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¡Es casi tan real como los de verdad!

Hay bastante información sobre estos vehículos en internet, aunque a veces se confunden las denominaciones 2906 y 29061, y 4906 y 49061. En inglés tenéis algunas características técnicas de los Blue Bird en Trucks Planet y Old Russian Cars, con sus correspondientes galerías de fotos. En español hicieron un articulo sobre ellos en Gizmodo: Estos son los extraños camiones rusos que transportan a los astronautas cosmonautas.

En ruso, pues hay bastantes cositas y fotografías, dejo aquí dos enlaces a una página donde detallan bastante las características y diferencias entre el ZIL-2906 y el ZIL-29061.

Ekranoplano, el Monstruo del Mar Caspio

Este pájaro es posiblemente más conocido que el resto de vehículos de la lista. Su fantástico aspecto y características han capturado el interés de Occidente desde hace tiempo y existen ya muchos artículos sobre él en internet. No podía dejar de estar en esta lista sin embargo.

El ekranoplano es un tipo peculiar de avión, aunque técnicamente se consideran una clase diferente de vehículos, que se aprovecha de algo llamado “efecto suelo” para volar a muy baja altura, casi llegando a rozar la superficie. Es por ello que se utilizaba para moverse principalmente sobre el agua, ya que cualquier irregularidad del terreno o perturbación del vuelo acabaría con él desparramado en cachitos por un área de muchos metros cuadrados.

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¡Corred insensatos! (Ekranoplano clase Lun)

Esta combinación de barco y avión (pero sin llegar a ser un hidroavión sino algo distinto) presentaba algunas características muy sugerentes para los militares. Por un lado, una enorme capacidad de transporte:la sustentación extra conseguida al aprovechar el efecto suelo permitía una capacidad de carga un 50% superior que la de una aeronave del mismo tamaño, consumiendo menos combustible (si te extraña esto viendo tanto motor, es porque la mayor parte de ellos solo se utilizaba para el arranque y despegue). A la vez podía desplazarse a altas velocidades de hasta 500 km/h, a una altura de entre 5 y 10 metros sobre la superficie. Mucho más difícil de interceptar que un barco, prácticamente invisible al radar y, al menos mientras estaba en movimiento, invulnerable a los torpedos y a otro tipo de armas diseñadas para neutralizar objetivos más lentos.

Estas ventajas tácticas hicieron salivar a los altos mandos de la Armada soviética que los encargaron a puñaos, aunque después las previsiones se rebajaron mucho ya que podemos imaginar que no era precisamente barato construirlos y mantenerlos. Pero se llegaron a fabricar unos cuantos y en diferentes modelos.

El primero y más grande, el KM, se construyó en 1966, medía 92 metros de longitud por 36,7 de envergadura y soportaba un peso máximo al despegue de 544 toneladas: hasta que llegó al Antonov An-255 Mriya, la aeronave más grande jamás construida. Si el peso en vacío eran unas 240 toneladas, eso significa que la capacidad de carga teórica sería de 304 toneladas… seguro que sería menos en la práctica pero para hacernos una idea, equivale a unos 15 Hercules C-130 llevando 20 tn cada uno. Todo un monstruo vaya, y eso mismo pensaron los americanos cuando comenzaron a ver aparecer a este extraño artilugio en sus fotografías de satélite, surcando el Mar Caspio a toda mecha propulsado por sus impresionantes turbinas:

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El KM peinando el Mar Caspio.

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No se puede negar que tenía un aspecto impresionante.

En las fotografías se veían letras KM en el fuselaje del aparato. Su significado era Корабль-макет (Korabl Maket, o Nave Prototipo) pero claro, eso los americanos no lo sabían y las aprovecharon para apodarlo Kaspian Monster, y así es como se le suele llamar: el Monstruo del Mar Caspio.

Como su nombre indica el KM era un prototipo y estuvo haciendo vuelos de prueba durante 15 años hasta que se fue al fondo del Mar Caspio en 1980, donde permanence, debido a un error del piloto. Pero antes de eso confirmó la idea de vehículos basados en efecto suelo como válida y provechosa, permitiendo el desarrollo de modelos posteriores para distintas tareas, cada uno con un aspecto más peculiar que el anterior.

Por ejemplo, el A-90 Orlyonok, un ekranoplano más pequeño diseñado para transporte de tropas y vehículo de asalto en playas. Podía llevar unos 200 soldados, 28 toneladas de carga o un par de transportes blindados. Capaz de  volar a ras de superficie como ekranoplano, pero también a 3.000 metros de altura como un avión normal, así como aterrizar y despegar en tierra pues contaba con pequeños trenes de aterrizaje.

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Los planes iniciales preveían construir 120 de estos, más tarde se redujo el número a 30 y al final solo 5 fueron puestos en servicio entre 1977 y 1983.

Otro peculiar ejemplar es el Bartini Beriev VVA-14, este con un aspecto realmente extraño y hasta un poco cómico:

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¡Como echtan uchtedeees!

Este se construyó como arma antisubmarina a principios de la década de los 70, cuando los soviéticos pensaron que debían hacer algo contra los submarinos estadounidenses que portaban misiles nucleares Polaris. Y les salió esto.

Viéndolo parece imposible que pudiese volar, con ese cuerpo tan rechoncho y las alas tan pequeñas. Pero lo hacía y además hasta unos 10 kilómetros de altura y a más de 700 km/h. Luego, también podía descender sobre el agua y aprovechar el efecto suelo, claro, por eso aparece listado aquí. La historia de este curioso aparato fue corta, apenas sí se fabricaron 3 prototipos y el proyecto se estancó tras la muerte de su diseñador (Bartini, que era italiano) en 1974. En su desarrollo se utilizaron tecnologías avanzadas para la época como motores VTOL de despegue y aterrizaje vertical, controles fly-by-wire y sistemas de localización y rastreo de submarinos.

Y vamos a terminar este repaso de los principales ekranoplanos soviéticos con el más alucinante y temible de todos ellos, el Lun, (Лунь), que implementó la visión que tenía la Armada soviética del potencial de estos aparatos. Un arma que debería ser capaz de imponer la superioridad en los mares gracias a su movilidad, capacidad de carga y por supuesto gracias también a los 6 misiles P-270 Moskit guiados que llevaba encaramados en su lomo (misiles que por cierto van impulsados por un motor ramjet como el proyecto Pluto visto anteriormente, aunque no mantenido por un reactor nuclear claro).

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Lun MD-160 repartiendo estopa

La sola visión de uno de estos monstruos, en caso de conflicto, debería haber hecho a los comandantes navales de la OTAN irse por la pata abajo. Nunca lo sabremos no obstante, pues la vida útil de este modelo fue muy corta y nunca fue puesto en acción: un único aparato fue construido en 1987, entró en servicio 2 años después y fue retirado en algún momento de los años 90. Como tantos otros grandes proyectos de la URSS, civiles o militares, al Lun se lo llevó por delante la caída del régimen soviético con la subsiguiente falta de fondos para financiarlo y mantenerlo. Se conserva a día de hoy, varado en la estación naval de Kaspiysk, envejeciendo poco a poco. Se puede ver unas galerías de imágenes muy buenas del estado actual del Lun en el astillero, tomadas un tal Igor113, por ejemplo aquí.

La historia de los ekranoplanos parece una historia fallida o cuando menos, truncada. Quizá lo fuera, y es que muchos opinan que la utilidad real de estos aparatos es discutible: muy vulnerables a condiciones climatológicas adversas y a fallos mecánicos o de pilotaje, hasta donde yo sé nunca fueron probados más allá de mares interiores y calmos como el Caspio o el Mar Negro. ¿Hubieran sido capaces de superar tormentas, de surcar y enseñorear los océanos del mundo ya fuese para fines civiles o militares? De tanto en tanto aparecen noticias acerca de proyectos para resucitar a este tipo de vehículos, pero a día de hoy, lo único que queda de los grandes ekranoplanos soviéticos son unos pocos ejemplares corroyéndose mansos a la intemperie, testigos impasibles de una época acabada en la que se pensaba a lo grande (muchas veces para mal, como hemos comprobado a lo largo de este artículo) y en la que no había idea, por loca que pareciera, que no mereciese ser probada. Por si acaso.

Como en el caso del tren nuclear y otras muchas historias relacionadas con la URSS, la página de referencia en castellano es Rusadas. Un buen punto de entrada sobre este tema es Ekranoplanos: cuando los monstruos marinos deciden surcar los cielos de donde he sacado buena parte de la información. Allí hay enlaces a otros artículos y también a las mencionadas galerías de Igor113 sobre el Lun.

En inglés hay muchísima información… ¡Google es tu amigo!

Perimetr, la mano muerta o el arma del Juicio Final

Vamos a cerrar este repaso a las armas más curiosas y terribles de la Guerra Fría, con algo que está envuelto en un halo de leyenda y que ni siquiera se sabe a ciencia cierta cómo funciona… ni si todavía existe. Posiblemente la creación más terrible de todas las que hemos visto hasta ahora, el arma definitiva, el destructor del mundo, el dispositivo del Juicio Final: Периметр (Perimetr) (suena música ominosa de fondo).

La idea no era nueva, como bien sabe cualquiera que haya visto Dr. Strangelove (Teléfono Rojo: volamos hacia Moscú en su título en España):

DeSadeski: The fools… the mad fools.

Muffley: What’s happened?

DeSadeski: The doomsday machine.

Muffley: The doomsday machine? What is that?

DeSadeski: A device which will destroy all human and animal life on earth.

Dice la historia, o leyenda, de Perimetr que allá por los años 70 y 80 los dirigentes y militares soviéticos sentían a la vez mucho respeto y temor por la tecnología occidental. Percibían que la URSS llevaba tiempo tratando de seguir el infernal ritmo de la carrera armamentística con la lengua fuera y siempre un paso o dos por detrás de los americanos. Las computadoras por ejemplo eran cada vez más una parte más importante de los sistemas de armamento, los hacían más precisos y efectivos año a año, y en ese área los occidentales llevaban sin duda la delantera. Mientras tanto los países del bloque comunista apenas podían hacer otra cosa que robar su tecnología informática para copiarla.

Las dificultades estructurales que habían llevado al estancamiento a la economía soviética durante los 70 y 80 también actuaban en su contra a la hora de mantener la paridad. Por cada nuevo proyecto de los americanos (el transbordador espacial, la Iniciativa de Defensa Estratégica SDI o Guerra de las Galaxias, etc.), por irrealizable que fuese en algún caso, la Unión Soviética tenía la necesidad de contrarrestarlo con sus propios sistema alternativos (Burán, estaciones espaciales Skif…). Esquilmando cada vez más unos recursos que ya se dilapidaban en el complejo militar-industrial en un porcentaje elevadísimo, siempre posponiendo para más adelante la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Y eso no repercutía únicamente en la capacidad de desarrollo de las nuevas armas, sino en el adecuado mantenimiento y puesta a punto de las ya existentes.

Muffley: But this is absolute madness, ambassador. Why should you build such a thing?

DeSadeski: There are those of us who fought against it, but in the end we could not keep up with the expense involved in the arms race, the space race, and the peace race. And at the same time our people grumbled for more nylons and washing machines. Our doomsday scheme cost us just a small fraction of what we’d been spending on defense in a single year. But the deciding factor was when we learned that your country was working along similar lines, and we were afraid of a doomsday gap.

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Evolución del arsenal nuclear de las dos superpotencias.

Este supuesto desequilibrio entre sistemas enemigos cada vez más potentes y precisos y retraso tecnológico y mayor ineficiencia del armamento propio tanto por dificultades de financiación, como por problemas de base como la burocratización excesiva, la corrupción y el autoritarismo, generaba una dinámica que conducía a una acumulación cada vez mayor de dispositivos nucleares en el  arsenal soviético, como se puede apreciar en la gráfica anterior. Por decirlo de manera gruesa, si los misiles soviéticos fallaban mucho y los sistemas defensivos de EEUU eran cada vez más avanzados (aunque fuera solo sobre el papel y en un futuro indeterminado, como el caso de la SDI), la manera más fácil de mantener el mismo número de megatones garantizados en suelo enemigo era sencillamente construir más, muchos más misiles… ¡algunos llegarán!

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En 3 minutos lo tienes en la puerta

Por si fuera poco la llegada al poder de la administración Reagan terminó con la época de la distensión e inauguró una nueva era de frentismo con una política mucho más agresiva hacia el bloque comunista. La percepción de los soviéticos era que la paridad geoestratégica y armamentística que era el pilar fundamental de la doctrina de la disuasión se resquebrajaba y estaba a punto de derrumbarse. En resumen, veían que los americanos tenían tanto los medios tecnológicos como la actitud necesarios para realizar un primer ataque nuclear efectivo contra la URSS, que dejase desarbolada su capacidad de represalia. Sobre todo temían la cada vez mayor precisión de los misiles occidentales, y especialmente la de los SLBM lanzados desde submarinos. Si bien al principio la puntería de este tipo de proyectiles era muy baja, los últimos avances los habían equiparado con los ICBMs, mucho más precisos. Pero mientras estos tardaban unos 30 minutos en llegar a su objetivo, dando cierto margen para detectar y validar el ataque y coordinar la respuesta en consecuencia, aquellos reducían este lapso incluso a unos míseros 3 minutos (¡chúpate esa, Amazon Now!). Y en ese tiempo un Trident D5 te podía meter por el ojete hasta 14 cabezas nucleares en un solo misil.

Esto brindaba la oportunidad a los EEUU de realizar lo que se llama un ataque de decapitación, un ataque sorpresa dirigido específicamente contra las más altas estructuras de mando y control del Ejército Rojo y del gobierno de la Unión. El consiguiente caos y confusión en la cadena de mando haría que la capacidad de respuesta soviética, por muchos misiles que tuviera, quedase en gran parte anulada al no haber nadie con autoridad suficiente para ordenar la represalia. Ésta quedaría reducida a un débil contraataque de iniciativas individuales, fácilmente neutralizado por los cacareados sistemas de defensa antimisiles del enemigo. Quizá perdieran dos o tres ciudades grandes en la jugada… pero siempre hay halcones que pueden decidir que es un precio que merece la penar pagar por ganar la Gran Partida.

Es este estado de cosas el que llevaría a buscar una solución que asegurase una capacidad suficiente de represalia, pasara lo que pasara, y por tanto también de disuasión: el dispositivo del Juicio Final (doomsday machine), un sistema de mano muerta. Que es un nombre tétrico lo que se ajusta muy bien a lo que es su objetivo. Imaginemos que estamos en una habitación cerrada con otro hombre. Ambos nos odiamos a muerte y nos queremos matar pero yo tengo ventaja porque poseo una pistola. Sin embargo él de alguna manera ha conseguido introducir una bomba, que nos mataría a los dos en caso de estallar, y sostiene una mano en vilo, indefinidamente, sobre el detonador. Para mi es muy sencillo acabar con él disparándole, pero si lo hiciera su mano caería sobre el botón y ambos volaríamos en pedazos. ¡La mano muerta! (suena música ominosa de fondo).

Muffley: Then you mean it is possible for them to have built such a thing?
[…]
Strangelove: Mr. President, it is not only possible, it is essential. That is the whole idea of this machine, you know. Deterrence is the art of producing in the mind of the enemy… the fear to attack. And so, because of the automated and irrevocable decision making process which rules out human meddling, the doomsday machine is terrifying. It’s simple to understand. And completely credible, and convincing.

Perimetr se trata entonces de un sistema automatizado capaz de ordenar el lanzamiento de todas las cabezas nucleares soviéticas, si así se requiriese, de forma autónoma y sin apenas necesidad de intervención humana. Una fantasía que parece salida de la cabeza de un escritor de novelas post-apocalípticas – o de un guión de Kubrick – hecha realidad. Hay muchos detalles que se desconocen acerca de Perimetr, entre ellas si sigue funcionando – hay ciertas fuentes rusas que afirman que sí. Durante la mayor parte del tiempo permanecería dormido, activándose sólo en caso de crisis aguda. A grandes rasgos son dos los componentes principales:

  • Una red de sensores y centros de control que serían capaces de detectar si se producen las condiciones necesarias para activar la represalia nuclear automática.
  • Un conjunto de dispositivos de comunicaciones con capacidad de hacer llegar una orden de ataque predeterminada de máxima autoridad a todas las unidades (silos, submarinos, vehículos terrestres etc.) con capacidad nuclear existentes.

Esta segunda parte es sobre la que más datos se conocen con certeza. Distribuidos en localizaciones dispersas y desconocidas, una serie de misiles especiales identificados como 11A15 aguardan en silos reforzados contra ataques nucleares y pulsos electromagnéticos. En sus cabezas no portan explosivos sino potentes radiotransmisores. En caso de un ataque nuclear que cortase los enlaces de comunicación del Estado Mayor con el resto de sus fuerzas, estos misiles actuarían como sistema de comunicaciones de respaldo. Una vez en el aire comenzarían a emitir desde gran altitud los códigos que activarían los lanzamientos de las fuerzas que permaneciesen operativas, ya sean ICBMs en silos o lanzadores móviles, submarinos o bombarderos. Todas las unidades soviéticas con capacidad nuclear estarían equipadas con hardware específico para la recepción de estos comandos y la realización automática o semiautomática de los lanzamientos.

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Misil de comando 15A11 perteneciente al sistema Perimetr.

El gran misterio está en el sistema que controlaría este sistema alternativo de comunicación, y que tendría que decidir si se cumplen las condiciones para su puesta en marcha. A lo largo de las décadas pasadas desde la supuesta activación de Perimetr, en algún momento de mediados de los años 80, informaciones fragmentarias han ido llegando a los medios occidentales en declaraciones y entrevistas de ciertos elementos del estamento militar y científico ruso – alternadas con otras fuentes negando su existencia – pero los detalles no se conocen, y mucho es pura especulación. Según estos datos, una red de sensores se encargarían de medir diversos parámetros como radiación, presión atmosférica, luz o vibraciones sísmicas, con el objeto de detectar la ocurrencia de detonaciones nucleares en suelo propio. Esta sería la primera línea de alerta de Perimetr contra un ataque sorpresa.

Otra parte crucial del conjunto es la que además monitorizaría el estado de las comunicaciones militares de los principales centros de comando de la Unión. Si los sensores ambientales detectan múltiples explosiones nucleares en territorio soviético pero las señales fluyen por las diversas líneas entre los centros neurálgicos del país, se dejaría actuar a la cadena de mando y seguir los protocolos habituales de decisión. Si en cambio no se observase ningún tráfico de comunicaciones y solo hubiera silencio, se asume que el ataque ha neutralizado la capacidad de decisión estratégica del país. Se ha especulado durante mucho tiempo, aunque nunca confirmado, si ciertas emisiones de radio misteriosas con origen en Rusia y captadas a lo largo de los años por radioaficionados de todo el mundo (la más famosa el zumbador o buzzer de la estación UBV-76) formarían parte de este sistema, siendo su presencia o su interrupción unos de los múltiples indicadores controlados por Perimetr para hacerse una idea de la situación.

Muffley: But this is fantastic, Strangelove. How can it be triggered automatically?

Strangelove: Well, it’s remarkably simple to do that. When you merely wish to bury bombs, there is no limit to the size. After that they are connected to a gigantic complex of computers. Now then, a specific and clearly defined set of circumstances, under which the bombs are to be exploded, is programmed into a tape memory bank.

Sólo al cumplirse ambas condiciones (detonaciones nucleares y ausencia de comunicaciones de mando) es cuando el control de todas las fuerzas nucleares sería transferido al corazón de Perimetr, obviando las múltiples capas de cadena de mando que se necesitarían de otro modo. En un bunker ultrasecreto en algún lugar de la vasta Rusia, uno o unos pocos oficiales de servicio tendrían en sus manos la responsabilidad de activar la mortal retribución sobre sus enemigos, y llevarse al resto del mundo al infierno en el camino. Las fuentes de las informaciones sobre Perimetr insisten en que no es un sistema totalmente automático sino que la decisión final depende de una mano humana, a diferencia de la máquina de Dr. Strangelove ¿Qué harías tú en una situación así, aislado en un bunker impenetrable convertido en tu probable tumba, mientras todas las señales a tu alrededor te indican que tu país se ha convertido en una ruina radioactiva?

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¡Esto es todo amigos!

La pregunta no es baladí, incluso si dejamos aparte las consideraciones morales del asunto. Perimetr es un arma tal que si llega el caso de tener que ser utilizada, entonces es que ya ha fracasado de forma estrepitosa. El único propósito de una máquina del Juicio Final es su capacidad de disuasión, evitar de una vez por todas ser atacado, nadie se atrevería a hacerlo ya que no puede dudar de que recibirá una retribución inevitable y terrible. Y si a pesar de todo los hongos nucleares ya decoran los cielos de tu propio país, el mecanismo ha perdido ya todo su sentido y sirve sólo para satisfacer un comprensible pero irracional y salvaje deseo de venganza (hay que decir que en realidad ocurre exactamente lo mismo con el resto de armas nucleares: si tus flamantes misiles y submarinos no han logrado disuadir a tu enemigo, lo único que te queda es evitar que él gane la guerra, pero tú ya has perdido de cualquier manera).

Pero si esto es así, enseguida surge la pregunta: ¿qué sentido tiene el secretismo que la rodea? ¡La gracia del asunto es que todo el mundo sepa que la posees! Tal era el objetivo de la bomba Zar, y por eso mismo se jactaba Nikita Jruschev de fabricar “misiles como salchichas“. En cambio, solo hay filtraciones y ninguna declaración oficial sobre Perimetr. A día de hoy se desconoce si Rusia la mantiene operativa o si no es más que otra reliquia abandonada de la Guerra Fría. Declaraciones recientes de altos oficiales afirman que sí, que sigue ahí proyectando su amenazante sombra sobre el mundo. Pero son afirmaciones vagas, que parecen más bravuconadas destinadas a infundir el miedo y mantener la posición de fuerza de Rusia en el plano geopolítico internacional, que una constatación real y fundamentada en pruebas de su existencia. No es extraño que haya quién no lo vea más que como una mera maniobra de propaganda.

Strangelove: Yes, but the… whole point of the doomsday machine… is lost… if you keep it a secret! Why didn’t you tell the world, eh?

DeSadeski: It was to be announced at the Party Congress on Monday. As you know, the Premier loves surprises.

Se especula con que el motivo de semejante misterio acerca de algo cuya razón de ser es ser público viene dado por la tradición de secretismo y desconfianza de las autoridades rusas: temor a que los occidentales descubran sus puntos débiles y cómo anularlo. Quizá confiaran en que la simple sospecha de su existencia, administrada mediante filtraciones extraoficiales, sería suficiente.

Hay otra sorprendente teoría al respecto, y esta viene de Valery Yarynich, uno de los desarrolladores del sistema que en 2009 en una entrevista concedida a la revista Wired levantó un poco el velo de misterio que rodea a Perimetr. Según Yarynich, el objetivo sería la disuasión sí, pero no para los enemigos de la URSS, sino para evitar que los propios dirigentes y militares soviéticos iniciaran una guerra nuclear llevados por un juicio erróneo, tomado en caliente en un momento de crisis y en medio de informaciones confusas o equivocadas. El escaso tiempo de reacción, medido en minutos, no hacía más que aumentar la presión, favorecer a los halcones y a la toma de decisiones apresuradas y erróneas con consecuencias fatales.

Y es que los sistemas de alerta temprana llevaban al límite la tecnología y las falsas alarmas no eran precisamente algo excepcional. Ni los complicados protocolos de seguridad estaban libres de errores, pues dependían en gran medida de la intervención humana tan propensa a ellos. En más de una y de dos ocasiones habían estado a punto de provocar una guerra nuclear con decenas o centenares de millones de muertos por algo tan prosaico como los reflejos del sol en las nubes, una bandada de gansos, o que alguien introdujo una cinta de entrenamiento en el lugar equivocado. ¡Salve, Stanislav Yevgráfovich Petrov! Tu nombre debería figurar en las plazas de las ciudades de todo el planeta, y tu crédito en sus bares, ilimitado.

Perimetr sería una salvaguarda contra este tipo de errores fatales: en caso de que los sistemas de alerta informaran de un ataque, los dirigentes soviéticos no tenían más que activar Perimetr y sentarse a esperar fumando un puro y apurando nerviosamente una botella de vodka: la responsabilidad de la decisión final dejaría de estar en sus manos. Si finalmente se trataba de una falsa alarma, ¡estupendo! Hemos invertido miles de millones de rublos en unos sistemas de alerta temprana de mierda, pero ¡ey!, al menos estamos vivos. En caso contrario… ¡ya se las apañarán los chicos del bunker, que hagan lo que hagan nosotros ya no estaremos aquí para verlo!

… o quizás para entonces, nos hayamos refugiado con el resto de los elegidos en una profunda mina…

Strangelove: Executes an about face from the big board to face the camera. Mr. President, I would not rule out the chance to preserve a nucleus of human specimens. It would be quite easy… heh heh… rolls forward into the light at the bottom of ah … some of our deeper mineshafts. The radioactivity would never penetrate a mine some thousands of feet deep. And in a matter of weeks, sufficient improvements in dwelling space could easily be provided.
[…]
Muffley: Well I… I would hate to have to decide.. who stays up and.. who goes down.

Strangelove: Well, that would not be necessary Mr. President. It could easily be accomplished with a computer. And a computer could be set and programmed to accept factors from youth, health, sexual fertility, intelligence, and a cross section of necessary skills. Of course it would be absolutely vital that our top government and military men be included to foster and impart the required principles of leadership and tradition. Slams down left fist. Right arm rises in stiff Nazi salute. Arrrrr! Restrains right arm with left. Naturally, they would breed prodigiously, eh? There would be much time, and little to do. But ah with the proper breeding techniques and a ratio of say, ten females to each male, I would guess that they could then work their way back to the present gross national product within say, twenty years.
[…]
Turgidson: Doctor, you mentioned the ration of ten women to each man. Now, wouldn’t that necessitate the abandonment of the so called monogamous sexual relationship, I mean, as far as men were concerned?

Strangelove: Regrettably, yes. But it is, you know, a sacrifice required for the future of the human race. I hasten to add that since each man will be required to do prodigious… service along these lines, the women will have to be selected for their sexual characteristics which will have to be of a highly stimulating nature.

DeSadeski: I must confess, you have an astonishingly good idea there, Doctor.

Valery Yarynich moría el 13 de Diciembre de 2012. Durante gran parte de su vida formó parte de las Fuerzas de Misiles Estratégicas Soviéticas. Empezó su carrera en la primera división soviética a cargo de un ICBM. Con 25 años se encontraba en servicio en un centro de comando cuando ocurrió la crisis de los misiles de Cuba. Y ya en los años 80, fue uno de los especialistas que ayudo a poner en funcionamiento Perimetr.

Sin duda conocía bien los sistemas en los que había trabajado durante tantos años: cómo funcionaban, cuáles eran sus objetivos, y cuáles sus peligros y sus puntos débiles. Y no solo eso si no también los de las estructuras de mando y control, de las políticas, doctrinas y estrategias que se cimentaban en dichos sistemas. Por ejemplo, hablando sobre la crisis de los misiles cubanos, dijo lo siguiente:

Si hubiésemos comenzado a cargar el combustible en los cohetes, entonces solo habría dos posibles desenlaces – o lanzar los misiles hacia sus objetivos o, tras la crisis, tirar todos aquellos juguetes super caros al contenedor, como basura. […] Creo que el mundo se salvó en gran parte debido a que los misiles de aquella época eran imperfectos. Se requerían muchas horas de preparación para el lanzamiento. Esta circunstancia ayudó a que Kennedy y Jruschev alcanzasen un acuerdo. Hoy, los cohetes rusos y los Minuteman americanos necesitan sólo un par de minutos.

MCDONALD, Hamish. Australian bases may be in Russian sights – soldierThe Sydney Morning Herald, Sydney, 6 Agosto 2012

Por todo ello tras su retirada del servicio, dedico el resto de su vida al activismo en favor de la reducción armamentística y del aumento de la cooperación y el flujo de información abierta entre países para reducir los niveles de alerta y el riesgo de conflicto nuclear. Como parte de este trabajo, publicó libros y artículos sobre estos aspectos, revelando además detalles sobre los terribles sistemas que él ayudó a crear, como Perimetr, en el convencimiento de que solo una mayor apertura y transparencia entre las superpotencias nucleares podría abrir el camino a la confianza mutua, a un control de armas más efectivo y a un mundo más seguro para todos.

Pocas voces tan autorizadas como la suya para para concienciar al mundo acerca de lo que nos estamos jugando. Sería una locura el no escucharla, ¿verdad?

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Valery Yarynich (fuente)

Para la información sobre Perimetr, me he basado sobre todo en la entrevista que Yarynich concedió en 2009 a Wired: Inside the Apocalyptic Soviet Doomsday Machine. También, en el artículo sobre la Mano Muerta de la Wikipedia en inglés. Sobre la vida de Yarynich encontré detalles en Valery Yarynich, the man who told of the Soviets’ doomsday machine del Washington Post y A Salute to Colonel Valery Yarynich en Pressenza.

Las citas del guión de Dr. Strangelove: or, How I learned to stop worrying and love the bomb están tomadas de Dr. Strangelove: A Continuity Transcript.

Publicado 27 diciembre, 2016 por bravido en Guerra Fría, Historia, Nuclear

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¡Cine atómico! Threads, 1984, Mick Jackson   Leave a comment

En anteriores entradas de ¡Cine atómico!…

  1. On the beach
  2. Panic in the Year Zero!
  3. Five
  4. The Day After

Y hoy presentamos…

threads cover

¡Bienvenidos a una de las películas más deprimentes de la historia! Si eres un trastornado hardcore de lo nuclear, si te gustó The Day After pero te supo a poco, Threads es tu película y te va a encantar tanto como te va a sobrecoger. Si en cambio aquella ya te dejó con mal cuerpo, entonces es mejor que no veas ésta porque vas a flipar. Avisado quedas 🙂

Con un formato de docudrama, fue producida para televisión por la BBC, Nine Network y Western-World Television y emitida por primera vez en Septiembre de 1984 en Reino Unido. El filme dramatiza con la intención de ofrecer una máxima verosimilitud los efectos de una guerra termonuclear total sobre el Reino Unido, ejemplificados en la ciudad de vlcsnap-2016-02-22-21h48m35s479Sheffield (4ª en población del país), y en las consecuencias y desventuras para un pequeño grupo de protagonistas: dos familias (una de clase media, otra de clase obrera), y el jefe ejecutivo encargado de coordinar los servicios de emergencia de la ciudad precisamente en el caso de una guerra nuclear.

Nos damos cuenta con facilidad de que los supuestos generales en los que se basa este filme son calcados a los que ya hemos visto en The Day After, emitida nada más un año antes. Tenemos una primera parte en la que asistimos a escenas normales de la vida de personajes de clase media, vidas que podrían ser la de cualquiera de nosotros. Entremezcladas con ellas, escuchamos noticias acerca de una crisis entre las dos superpotencias que va subiendo de intensidad paulatinamente hasta que ¡blam! alguien pulsa el botón y nubes en forma de hongo pasan a decorar los cielos de medio planeta. Después, vemos como los supervivientes las pasan putas. Fin.

No obstante, el tratamiento y el alcance del guión de Threads es mucho más amplio, inquietante y a mi modo de ver interesante que en el caso del filme norteamericano. Si bien su difusión e impacto público fue incomparablemente menor, profundiza mucho más dramatizando sin concesiones una de las teorías más en boga, y también más polémicas, acerca de las consecuencias a largo plazo de la guerra nuclear para los seres humanos y para el planeta: la del Invierno Nuclear. Como veremos más adelante, esta hipótesis se situó durante los calientes años de la Guerra Fría de la primera mitad de la década de los 80, en el epicentro del debate político acerca del uso y proliferación del  armamento nuclear y, sobre todo, en el de una tensa y disputada polémica acerca de la relación entre la ciencia, la política y la conciencia social.

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Ruth

El punto de partida de la historia es el siguiente: Ruth y Jimmy son una pareja joven y un poco atolondrada de Sheffield que, como tantas otras, deben obtener un poco de intimidad en el asiento trasero un coche aparcado a las afueras de la ciudad. Tanto va el cántaro a la fuente que, ups, que cosas, Ruth se da cuenta un día que se ha quedado embarazada. En vez de, como cualquier juicioso macarrilla de extrarradio haría, salir corriendo y dejar a la chica plantada con el papelón, Jimmy demuestra ser un tipo formal y ambos deciden seguir adelante con el embarazo y casarse. Él es de barrio obrero, ella, de familia bien. Los padres de ambos no lo ven muy claro, pero qué se le va a hacer: ambas familias se reúnen para conocerse y oficializar el asunto. La pareja se muda a un piso destartalado para vivir juntos en amor y compañía. Jimmy, chico responsable él, comienza el proceloso aprendizaje de sentarse con la cabeza por el principio: en el pub pasa a pedir medias pintas en vez de las habituales pintas full equip que trasegaba por norma, mientras su amigo crápula, que se las toma a pares, se ríe de él.

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– “¡Ja ja, eres un jodido calzonazos! – “¡Vete a la mierda, gilipollas!”

En definitiva, escenas de costumbrismo british light que al espectador despistado podrían darle la impresión de estar viendo un trabajo de un Ken Loach en horas bajas. Mientras asistimos a este drama urbano, incidentalmente vamos escuchando informaciones fragmentarias acerca de una invasión soviética en Irán: reportes de la BBC, imágenes borrosas de blindados BMP circulado por carreteras de montaña en un televisor en una esquina de la escena… Y el consiguiente rebote de los EEUU: a que te meto, tú y cuantos más, no tienes huevos, ¿que no? pues te mando a los paracaidistas, pues yo te peto un submarino, pues allá que van mis B-52, por listo, etc. Lo que en The Day After era una crisis  en Alemania que se va de las manos, aquí es un escenario inspirado en la invasión de Afganistán, algo de plena actualidad en aquel momento, pero con petróleo de por medio y por consiguiente, con intervención norteamericana abierta en esta ocasión.

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“Irán” y “Crisis”: ¿qué demonios podría salir mal?

Mientras Ruth y Jimmy buscan piso en Alcobendas, ocurren por vez primera combates directos entre tropas de ambas superpotencias, al principio con armas convencionales, pero no pasa mucho tiempo hasta que alguien – los soviéticos en este caso – utiliza armas nucleares tácticas, que para eso las tenemos y están criando polvo, coño, en respuesta a los bombardeos de una de sus bases. Los norteamericanos deducen entonces, claro, que lo mejor es arrojar una cabeza nuclear sobre la base para terminar el trabajo. Las tensiones entre ambas potencias se extienden por el Golfo Pérsico, Cuba y Centroeuropa: de ahí a que empiecen a llover ojivas termonucleares ya solo hay un paso.

vlcsnap-2015-04-19-21h58m02s125Conforme escala la crisis y pasa de un conflicto diplomático a una guerra abierta, asimismo la trama bélica va teniendo cada vez más presencia en el filme y desplazando o influyendo de forma más directa en la vida de los personajes. Hasta aquí, las semejanzas con The Day After son más que evidentes y Threads no sería más una especia de remake británico de aquella.

Como se dijo al principio, esto es un docudrama, con una intención divulgativa más explícita. Este formato permite a los guionistas combinar la dramatización de los efectos y consecuencias de la guerra en personas y paisajes concretos, con quienes nosotros como espectadores podemos empatizar e interiorizar mejor el mensaje que quiere transmitirnos; con una contextualización más detallada y rigurosa y que además no queda enteramente en manos de los personajes desvirtuando el guión, como ocurría en The Day After. Durante toda la película se intercalan textos explicativos y una voz en off que son los que aportan, de forma desapasionada, distintas informaciones que nos ayudarán a comprender mejor el alcance y contexto de los hechos que estamos viendo en la pantalla. Por ejemplo, información acerca de la ciudad de Sheffield, su población, sus industrias principales, bases y objetivos militares cercanos, etcétera. A medida que la trama evoluciona y se acerca al clímax, nos cuenta acerca las medidas previstas de emergencia (y cómo fallan estrepitosamente ante la magnitud de la catástrofe), sistemas de alerta, organización social, mientras que en la parte final del filme, describe los efectos principales del ataque nuclear, consecuencias a corto y largo plazo en los supervivientes así como en la sociedad, y en definitiva, las penurias de todo tipo y condición que le ocurren a la gente cuando la humanidad – más bien, una pequeña parte de ella – decide repartirse a escote unos 3000 megatones que llevaba sueltos. Todos estos datos se fundamentan en documentación oficial o estimaciones aportadas por estudios y asesores científicos consultados para la realización del documental.

Una vez que estalla la guerra total, Threads llega allá hasta donde The Day After no se atrevía. El objetivo de ambas cintas es el mismo, concienciar al público, pero Threads se libera los límites que, por no espantar en exceso al público familiar, los productores del filme norteamericano se impusieron. Aquí, el guión no da tregua y te maltrata sin ninguna misericordia, casi con cierto deje de sadismo. Comprensible dado el asunto del que se trata, claro, pero no olvidemos tampoco que se trata de una obra destinada a ser emitida en televisión al público en general: podríamos esperar quizá alguna sonrisa postrera, algún amor que nace entre las cenizas, un deje de esperanza en el resurgimiento futuro de la raza humana, aprendida ya por fin de sus errores, finalizando con el rostro de los escasos supervivientes encarando decididamente el futuro y dispuestos a no volver a pasar hambre ni penurias nunca más, cual Scarlett O’Hara a medio metraje de Lo que el viento se llevó.

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No es este el caso: ante nuestra mirada se despliega en crescendo continuo un repertorio interminable de calamidades que los supervivientes han de apurar hasta las heces: la devastación y las lesiones inmediatas provocadas por el estallido y la onda de choque de las bombas; los incendios, la desorientación y el trauma psicológico; la muerte de la mayoría de seres queridos y conocidos; el envenenamiento por radiación; el hambre, los saqueos y asesinatos; la falta de agua y de servicios básicos, de medicinas y de medios sanitarios de todo tipo; la lucha desesperada por la supervivencia; las medidas de emergencia impuestas por la autoridad restante (racionamientos, realojamiento obligatorio, trabajo forzoso a cambio del escaso stock de comida remanente, juicios sumarísimos y campos de concentración para quienes no cumplan con la ley marcial.

Es principalmente en el personaje de Ruth en quien se ejemplifica el calvario que recorrerían los supervivientes de una guerra semejante. De primeras pierde a Jimmy, a quien vemos por última vez tratando de reunirse con ella y no sabemos qué le ocurre después: igual que pasaría en la realidad, que no volveríamos a saber nada del destino de la mayoría de nuestros conocidos. Yo no apostaría el contenido de mi billetera por él. La chica sobrevive al principio junto con sus padres en el sótano de la casa de estos, en condiciones realmente precarias. En un momento en el que salen brevemente al exterior con el motivo de sacar el cadáver de la abuela, Ruth, bastante desorientada a causa del trauma, se escapa y comienza su vagar por los paisajes después de la batalla, salpicados de cadáveres carbonizados y gente desquiciada.

En busca de su Jimmy recala en un hospital hacinado hasta los topes de personas heridas y asustadas. Entre escenas bastante desagradables de pánico y sufrimiento, la simpática voz en off aprovecha para recordarnos que sin electricidad, agua corriente ni suministros tales como medicinas o vendas (agotados enseguida ante la avalancha de víctimas), los doctores apenas pueden hacer nada por ellos. Por si fuera poco, con literalmente millones de cadáveres insepultos (ahora atacan los alegres textos explicativos: “Unburied corpses in UK: estimated 10-20 million“) desperdigados por todo el país y plagas de ratas dando buena cuenta de ellos, enfermedades como el tifus, el cólera o la disentería no tardan en aparecer y cebarse con los supervivientes.

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Vendrán 13 millones de naves…

Mientras tanto, los padres de Ruth han acabado sus días miserablemente asesinados por unos saqueadores en su refugio del sótano. Un perro mordisquea el cadaver de la abuela. Lo que queda de las autoridades recogen a Ruth y es realojada forzosamente junto a muchos otros refugiados en casa de aquellos que aún la conservan, les guste o no a los dueños. Con las ciudades aplanadas a base de megatones, la vivienda es una de tantas cosas que escasean en este nuevo mundo (afortunadamente esto es algo que aquí en España no pasaría, y es que para que luego digan estamos por una vez a la cabeza del mundo en la prevención de una contingencia semejante. Gracias a macroreservas habitacionales diseñadas a tal efecto como Marina D’Or y Seseña, construidas lo más lejos posible de cualquier núcleo urbano mínimamente susceptible de ser alcanzado por un arma nuclear, seremos capaces de realojar con facilidad a todos aquellos que pierdan su vivienda en una eventual guerra nuclear).

Al poco, sin duda estimulada por la “hospitalidad” de su nuevo casero, Ruth huye de nuevo y sale de la ciudad, acompañada del amigo de las pintas de Jimmy a quien encuentra por casualidad. Sobreviviendo en el campo a base de comer todo lo que pillan, los vemos zampándose con fruición el cadáver de una oveja, crudo y sin sal, pero sin duda aliñado en abundancia con Cesio 137 y Estroncio 90. ¡Se acabaron las pintas en el pub para el alegre compañero de francachelas de Jimmy! Será la última vez que lo veamos.

La película en definitiva nos va desgranando las consecuencias principales que la guerra nuclear tendría sobre nuestras sociedades industrializadas. Para entonces ya han pasado varios meses desde el apocalipsis y aquí es donde Threads comienza a descollar del resto de películas del género, al mostrar como sería la existencia a largo plazo en el mundo de la posguerra, en vez de limitarse solo a los efectos más inmediatos durante los primeros días y semanas. Y, como señalé antes, introduce además una consecuencia nueva, que recién se empezaba a vislumbrar por aquel entonces a raíz de varios trabajos científicos publicados en los primeros años 80.

Hasta que el infierno se congele: el Invierno Nuclear.

En 1982 la revista Ambio, de la Real Academia de las Ciencias Sueca, publica un trabajo titulado The Atmosphere after a Nuclear War: Twilight at Noon (La Atmósfera tras una Guerra Nuclear: Crepúsculo al mediodía) que, como su propio nombre indica, versa sobre los posibles efectos en la atmósfera a raíz de un enfrentamiento nuclear a escala global.

Que el uso de estas armas pudiese provocar algún tipo de efecto climático fue algo contemplado y estudiado (y descartado en aquel momento) ya en una fecha tan temprana como 1952, en un trabajo con un título tan cojonudo como Effects of Superweapons Upon the Climate of the World (Efectos de las Superarmas sobre el clima mundial). El foco de atención se puso entonces en la nube de materiales (gas y polvo) levantados por las detonaciones nucleares y sus efectos en la atmósfera, de manera similar a como las erupciones volcánicas pueden causar anomalías en el clima. Pero no fue hasta la llegada del informe Ambio y, sobre todo, del llamado “informe TTAPS” (Nuclear Winter: Global Consequences of Multiple Nuclear Explosions), mucho más conocido por el público, cuando la eventualidad de un cambio climático significativo y global comenzó a ser considerada como algo real y con base científica. Uno de los nombres detrás de TTAPS era el de Carl Sagan, mediático científico y divulgador que hizo de la causa antinuclear su cruzada personal y un defensor incansable de la validez de la hipótesis del Invierno Nuclear. No es de extrañar así que Threads cuente con Sagan entre la lista de asesores científicos que aparece en los créditos finales.

Lo que ambos informes sostenían es que, más que los materiales eyectados por las explosiones nucleares, el factor más importante a tener en cuenta son los cientos o miles de incendios provocados tanto en ciudades como en instalaciones industriales y militares y en amplias zonas boscosas; y el resultado de estos incendios, muchos de ellos transformados en terribles tormentas de fuego sería (caos y destrucción aparte) la liberación a la atmósfera de millones de toneladas de humo, cenizas y hollín, además de sustancias tóxicas varias algunas de las cuales atacarían, ya en plan combo, a la capa de ozono.

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Tormenta de fuego en 3 cómodos pasos. People sucked into flames!

La principal consecuencia sería que todo este humo bloquearía la luz del sol; se calentaría por efecto de ésta y ascendería posiblemente hasta la estratosfera, donde podría permanecer por semanas, meses o incluso años haciendo que las temperaturas de la superficie descendieran hasta varias decenas de grados en las zonas continentales, alterando los fenómenos meteorológicos y reduciendo las precipitaciones. Esto es, un invierno artificial de duración indeterminada y que ocurre sea la estación que sea. Y el problema real no es solo que haga frío, sino que básicamente lo que consigues es cargarte la agricultura y los ecosistemas de medio planeta: no hay forma de cultivar ni conseguir alimento para los supervivientes que queden, que acabarán muriendo de hambre si es que cualquiera de los otros 25.000 efectos chungos de la guerra nuclear no terminan antes con ellos. Bueno, eso y que te quedas sin verano y que cierran todos los chiringuitos playeros.

Unlike most earlier studies […], we find that a global nuclear war could have a major impact on climate – manifested by significant surface darkening over many weeks, subfreezing land temperatures persisting for up to several months, large perturbations in global circulation patterns, and dramatic changes in local weather and precipitation rates – a harsh “nuclear winter” in any season.

Turco R. P., Toon O. B. , Ackerman T. P., Pollack J. B., Sagan C.
Nuclear Winter: Global Consequences of Multiple Nuclear Explosions.
Science. Diciembre 1983, vol. 222, nº 4360, p. 1283-1292.

Durante el resto de los años 80 un buen puñado de otros estudios vendrían a tratar de profundizar y afinar el alcance real de estas predicciones, en muchos casos confirmándolas aunque con una gran variedad de matices.

El día después de El Día Después

Alguien podría decir que tras los terribles efectos devastadores e inmediatos de una guerra nuclear, la hipótesis del Invierno Nuclear es irrelevante en la práctica. De hecho en su momento hubo quienes sostuvieron esta postura. Sin embargo representa un salto cualitativo enorme, ya que dota de una base científica a la profecía de la extinción total de la raza humana (y quizá de la vida entera en el planeta) que anteriormente se había propuesto en forma fantasiosa y superlativa. Como por ejemplo en On the Beach o, de forma más limitada, en Five. Eran los comienzos de la era nuclear y la novedad y desconocimiento acerca de los efectos de las nuevas “superarmas” permitían especular desde la ficción con el exterminio de todos o casi todos los seres humanos. Siendo bastante jodidos de por sí los efectos de las bombas o de la radiación, esos augurios no dejaban de ser meras exageraciones.

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Simulación de invierno nuclear en un escenario de guerra nuclear total entre Rusia y EEUU con el arsenal a niveles de 2012 (fuente).

La imagen más comunmente aceptada hasta el momento de las secuelas de un conflicto global entre las superpotencias de la Guerra Fría, desde que a partir las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo XX la carrera armamentística se desarrolló descontroladamente, es más o menos la reflejada en The Day After. Muerte y destrucción en proporciones espantosas sí; pero con un número significativo de supervivientes al fin y al cabo, aunque sea en penosas condiciones. La introducción de la variable del Invierno Nuclear en el escenario, lo que nos dice es que es posible que esos supervivientes no puedan llegar a conseguir nunca los mínimos necesarios (sobre todo en cuanto a la alimentación) para levantar cabeza. Es, en definitiva, la gota que colma el vaso e inclina la balanza hacia el abismo. No sería algo repentino, pero sí un declive gradual e imparable hacia la extinción total. Y no es solo que llegásemos a matarnos a nosotros mismos: podríamos incluso llegar a matar al mundo, si las agresiones masivas a los diversos ecosistemas y las sinergias negativas entre todas ellas, alterasen tanto el complejo tejido de la Naturaleza que lo rompieran definitivamente.

Subfreezing temperatures, low light levels, and high doses of ionizing and ultraviolet radiation extending for many months after a large-scale nuclear war could destroy the biological support systems of civilization, at least in the Northern Hemisphere. Productivity in natural and agricultural ecosystems could be severely restricted for a year or more. Postwar survivors would face starvation as well as freezing conditions in the dark and be exposed to near-lethal doses of radiation. If, as now seems possible, the Southern Hemisphere were affected also, global disruption of the biosphere could ensue. In any event, there would be severe consequences, even in the areas not affected directly, because of the interdependence of the world economy. In either case the extinction of a large fraction of the Earth’s animals, plants, and microorganisms seems possible. The population size of Homo sapiens conceivably could be reduced to prehistoric levels or below, and extinction of the human species itself cannot be excluded.

Ehrlich P.R., Harte J., Harwell M.A., Raven P.H., Sagan C., Woodwell G.M., Berry J., Ayensu E.S., Ehrlich A.H., Eisner T., et al.
Long-term biological consequences of nuclear war.
Science. Diciembre 1983, vol. 222, nº 4360, p. 1293-1300.

Políticamente, esto era una bomba. Recordemos de nuevo el contexto, el mismo que ya reseñé en la entrada sobre The Day After: la época de Reagan, políticas de rearme y de “recuperación” (que nunca llegaron a perder en realidad) de la superioridad estratégica de los EEUU; Guerra de las Galaxias y recrudecimiento extremo del enfrentamiento entre Este y Oeste, comunismo y capitalismo. En Gran Bretaña tenían a Margaret Thatcher por aquel entonces, completamente alineada con los norteamericanos en cuanto a materia de defensa. En la URSS, Konstantín Chernenko había sucedido ya a Andropov, y duraría incluso menos que él. La era Gorbachov y con ella el fin del sistema soviético estaban ya muy cerca; pero nadie aún podía sospecharlo.

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Margaret Tatcher (centro) y Ronald Reagan (dcha.) le leen la cartilla a Konstantín Chernenko (izqda.)

El Invierno Nuclear añadía una importante novedad respecto al escenario de The Day After, y es que los principales estudios sobre el tema sugerían que incluso una guerra nuclear limitada, “quirúrgica”, en la que uno de los bandos consiguiera gracias a esa superioridad desarbolar la capacidad de represalia del enemigo mediante un ataque preventivo, sería capaz desencadenar igualmente el desastre climático y la consiguiente hambruna en todo el planeta. Es decir: una guerra nuclear no se puede ganar, cualquiera que la iniciase sería un suicida, pues sufriría de igual forma los efectos calamitosos del enfriamiento global, por no hablar de que potencialmente causaría el fin de todo aquello que conocemos y amamos: la civilización, la raza humana y los Risketos con chocolate.

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Viñeta que resume los peligros de la doctrina MAD 1) “Si nos atacas, te atacaremos” 2) “(Tenemos que atacar primero antes de que ellos nos ataquen a nosotros)”

Cualquier iniciativa dirigida hacia la proliferación de las armas atómicas era, según estas premisas, nada más que el producto de la locura de un desalmado… Vende tú así a la opinión pública que tu política de rearme es la opción más razonable y necesaria (dentro de la dinámica maniquea que guiaba la Guerra Fría) para preservar la paz, que no era otro que el discurso de Ronald Reagan et al. Por supuesto que el concepto se convirtió inmediatamente es un cartucho más en la munición de las organizaciones a favor del desarme y la distensión, no solo dentro de los Estados Unidos sino también dentro de los países europeos de la OTAN. Lo que a su vez generaba presión en sus gobiernos en contra de medidas tales como el despliegue de los misiles Pershing II o la ya mencionada Iniciativa de Defensa Estratégica o “Star Wars”: dos de los buques insignia de las políticas de defensa de la administración Reagan. Antes que una catástrofe mundial de proporciones bíblicas, el Invierno Nuclear significaba una auténtica debacle de Relaciones Públicas a ojos de los mandatarios estadounidenses.

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Convocatoria de protesta contra las políticas de Reagan. Yeee-haw!

No es de extrañar así que la hipótesis recibiese numerosos ataques desde las filas más conservadoras y partidarias de la escalada de armamento, y también de parte del estamento científico. Y es que contaban con suficientes argumentos para ello ya que todos los estudios que avalaban el Invierno Nuclear adolecían de un punto débil crucial: el número de variables e incertidumbres que intervenían en su caracterización era enorme. Para empezar, la atmósfera terrestre y su dinámica es un sistema terriblemente complejo de modelar incluso para las capacidades computacionales de las que disponemos hoy en día; qué decir entonces para lo que había a mano hace tres décadas. Los modelos que se utilizaron era necesariamente crudos y primitivos. Igualmente el conocimiento sobre la física y comportamiento de las partículas de humo y hollín era muy limitado: cómo se actuarían y se trasladarían en diferentes condiciones y latitudes, a qué altitud ascenderían y por cuanto tiempo antes de volver a tierra, cómo se distribuirían por el globo, cómo se coagularían, cuánta luz solar llegarían a bloquear… ¡cuál sería la cantidad de humo generado! Pues depende de cuánto material combustible, en promedio, estime uno que existe en las ciudades, en las industrias, en las llanuras y en las montañas… Lo cual ya es un parámetro muy difícil de establecer con exactitud, y diferentes autores hacían variar enormemente según el método que eligiesen para calcular las cantidades.

Y no solo entraban en juego ciencias exactas como la Física o la Química: era necesario incorporar a los cálculos el estado de la tecnología y las doctrinas militares existentes, ya que influían en cuestiones tales como ¿cuantas bombas explotarían? ¿A qué altitud, y de qué tipo y potencia? ¿Sobre qué clase de objetivos, Counterforce o Countervalue? ¿De que clase de guerra estamos hablando, una total, o quizás un intercambio limitado (si es que tal cosa es posible)? ¿Cuál es la evolución prevista del armamento, que cada vez es más preciso y con menos megatonaje? Etcétera, etcétera.

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Mapa de los objetivos nucleares de los EEUU en Asia y Europa desde 1956 (fuente). Lo petan.

Demasiados parámetros importantes para los que el rango de valores estaba muy vagamente acotado. Cualquier estudio se veía obligado a hacer un gran número de simplificaciones y asunciones tanto acerca del punto de partida inicial, como de la evolución de los agentes involucrados (incendios, humo, capas atmosféricas, vientos, precipitaciones, influencia oceánica, etc.). Según variasen los valores que uno quisiese escoger, los efectos climáticos de la guerra nuclear oscilarían entre descensos de hasta unos -40º C en amplias zonas del planeta, hasta algo en plan que te pones una rebequita encima y te quedas tan a gustito. ¡Alguno incluso proponía un efecto contrario de calentamiento: el Verano Nuclear! Muchos años de estudios y avances en multitud de disciplinas resultaban imprescindibles antes de poder dar respuestas precisas acerca de los efectos y alcance reales del Invierno Nuclear. No eran pocos por tanto, los que sostenían que no era razonable guiar la política de defensa de acuerdo con una hipótesis tan incierta (los partidarios por supuesto defendían que todas las estimaciones estaban bien fundamentadas y de acuerdo con el estado de la ciencia en el momento). Y es que claro, tampoco se trata de un asunto para el que puedas hacer un test y poner a prueba la teoría a ver qué pasa, vaya…

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Solo para mayores de 30 años.

Hay que añadir además que frente a la beligerancia sin complejos de los EEUU en aquel momento, a la URSS le interesaba políticamente enarbolar la bandera de la paz y alinearse con los florecientes movimientos anti-nucleares, como oposición a los proyectos americanos en las sociedades occidentales – sobre todo, en Europa. Cualquier movimiento o idea contraria a los mismos podía pasar por sospechosa de colaboracionismo con el enemigo, incluso de estar financiada por él. Para los sectores más conservadores era muy fácil el atacar y descartar los argumentos a favor del desarme como meras fabricaciones de los soviéticos; y tachar a quienes los defendían de poco menos que agentes comunistas al servicio de la KGB, ya fuese de manera consciente o no intencionada.

Los rusos tomaron interés en el asunto del Invierno Nuclear y presentaron sus propios estudios y modelos informáticos que lo avalaban como cierto, pero su carencia de recursos informáticos equiparables a los occidentales hacía que fuesen más bien a remolque sin aportar auténticas novedades. Hay indicios de que a altos niveles de la política y el ejército se tomaban el tema bastante en serio, pero esto no implica que se opusiera ninguna resistencia real a la imparable inercia del desarrollo de los sistemas militares soviéticos. A todo el mundo le preocupaba muchísimo que llegara a ocurrir un holocausto nuclear, pero ya si eso que se desarmen primero los otros, que para eso son los malos, y luego nosotros ya lo vamos viendo sobre la marcha.

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Soldados germano-occidentales manifestándose en contra del despliegue de los Pershing II, o haciendo de extras en un capítulo de Deutschland 83.

Por si fuera poco, muchos pusieron en duda la objetividad de algunos de los principales científicos que avalaban la teoría, acusándoles (y aquí el principal blanco de las críticas era Carl Sagan por su gran exposición mediática y bajar sin remilgos a la arena del debate público y social) de retorcer los datos y escoger los peores escenarios posibles en sus estimaciones para asegurarse unos resultados que confirmasen la ocurrencia del cambio climático, apoyando así a la causa pacifista ¿Deben los científicos involucrarse y apoyar públicamente causas políticas en base a sus convicciones personales? ¿No afectará eso a la manera en la que realizan sus investigaciones y a los resultados que obtienen? No pocos científicos opinan que la mejor forma de hacer su trabajo implica una rigurosa abstención de mezclarse con los asuntos de actualidad. Desde su publicación el informe TTAPS estuvo bajo la acusación de ser un estudio poco riguroso y manipulado, ya fuese de forma consciente o inconsciente, para ajustarse a las ideas previas de sus autores, favorables al desarme nuclear y por tanto enfrentadas con las políticas de los Estados Unidos en boga en ese momento.

En cualquier caso, la hipótesis del Invierno Nuclear acabó al fin disolviéndose como un azucarillo cuando el fin de la Unión Soviética ahuyentó el fantasma de una guerra mundial que parecía inminente apenas unos pocos años atrás.

Una idea ¿obsoleta?

Nuclear-WinterHasta donde yo sé Threads es la primera película que representó, y con bastante detalle, cómo sería el mundo bajo el Invierno Nuclear (aparte de ella, solo me viene a la mente The Road – La Carretera – estrenada en 2009). Su objetivo claro y propagandístico, en el buen sentido de la palabra, era el de remover la conciencia de la opinión pública de los años 80 acerca lo que estaba en juego al dejar que se desarrollara una carrera armamentística fuera de todo control como producto del enfrentamiento entre los bloques socialista y capitalista por una cuestión estratégica y de poder político. Poca broma desde luego, y de ahí la crudeza absoluta, sin concesión alguna, del filme.

¿Qué puede aportarnos entonces a día de hoy ver una obra tan abrumadoramente deprimente cuando parece que ya superamos finalmente aquella prueba con éxito? ¿El simple morbo de asomarnos por un momento a aquel precipicio al borde del cual se tambaleó el mundo durante unas pocas décadas? ¿El atractivo del what if, de las Historias alternativas? En parte, sí, desde luego 🙂

Tras el fin de la Guerra Fría decidimos olvidarnos de esos miles de armas atómicas que siguen apilándose en los arsenales, esperando pacientemente a que vuelva su momento. Algo comprensible en cierto modo tras el alivio de ver que, en un tira y afloja al que durante mucho tiempo jugaron los EEUU, la URSS y sus respectivos aliados, la tensión que estaba a punto de romper la cuerda cede de repente cuando uno de los equipos cae y se retira del juego, derrotado. No obstante, es imperativo tener presente que siguen ahí, que el potencial destructivo capaz de desencadenar los efectos mostrados en el filme continúa  existiendo.

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Con unas 110 bombas la puedes liar parda.

El club de países que poseen armamento nuclear ha ido aumentando poco a poco desde los tiempos más crudos de la Guerra Fría; algunos de estos países se encuentran en zonas de alto riesgo, como es el caso de India y Pakistán. Ambos poseen capacidad nuclear y un conflicto fronterizo enquistado desde hace décadas. Una guerra entre ambos produciría sin duda un altísimo número de víctimas directas; y, aunque la hipótesis del Invierno Nuclear ha quedado como obsoleta y algo desacreditada, no se puede descartar definitivamente y hay estudios recientes que plantean que el efecto de enfriamiento podría aún producirse a escala global incluso a partir de un intercambio regional entre ambos países. Por ende, aunque su alcance se limitase a esa región del planeta, no olvidemos que estamos hablando del subcontinente indio, partes de Oriente Medio,  China y del sudeste asiático: una de las partes más pobladas del planeta vaya, una zona en la que una disrupción severa del clima local puede causar incontables millones de muertes por falta de alimento.

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¡Aihó, aihó!

Quizás el mensaje que Threads pretende transmitir ya no sea tan de rabiosa actualidad como cuando fue filmada y emitida. Otros tipos de crisis, de carácter económico, ecológico y de acceso a los recursos, parecen ser las nuevas amenazas directas al statu quo y a la civilización que conocemos. Pero no hay que olvidar que sean cuales sean las crisis futuras que sacudan al mundo, el hecho de que se desarrollen en medio de grandes arsenales nucleares no es para nada tranquilizador y agrava de forma muy aguda los posibles desenlaces de cualquiera de ellas. A no ser que hagamos algo cuanto antes, la guerra nuclear y sus consecuencias tales como el Invierno Nuclear, no son algo del pasado en contra de lo que la mayoría de nosotros pueda pensar hoy en día: son algo que nos aguarda en el futuro.

Y no otra cosa es al fin y al cabo el tema fundamental de esta película: el futuro. Un aspecto dantesco que Threads no se olvida de arrojarnos a la cara, quizá el más terrible de todos: el destino de las generaciones venideras. Recordaremos que Ruth estaba embarazada en el momento en el que alguien decidió que sería una gran idea arrojar bombas nucleares por cientos. En un momento de la película la vemos dar a luz, sola, a una niña en una granja abandonada. Muchos niños nacerán muertos o perecerán en los primeros meses de vida. No es así es el caso de la hija de Ruth, a la que consigue sacar adelante con grandes dificultades, hasta fallecer al fin, devastada y ciega, cuando su hija tiene 10 años.

A través de la hija de Ruth asistimos a como la humanidad desciende los últimos peldaños de la escalera de la barbarie y la degradación. Crecidos y adaptados en un entorno en el que la única norma es la supervivencia, solo unos pocos recibirán unas migajas de educación formal, en remedos de escuelas donde se mezclan menores de todas las edades (muchos de ellos huérfanos) y con apenas unos restos deteriorados de material educativo rescatados del desastre. Hablan un idioma gutural y simplificado en extremo, adaptado al medio que les rodea y reducido a los conceptos más básicos (comida, refugio) que dominan sus interacciones con los demás. Forzosamente embrutecidos, la cultura tal y como la concebimos no tiene ningún sentido para esta primera generación del nuevo mundo: no conocen otra cosa que las ruinas, la escasez y la violencia. La inmensa mayoría de los conocimientos científicos, técnicos y culturales acumulados a lo largo de la historia de la humanidad se perderán con ellos.

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No future

Esta es la coda final, la última estación del calvario de la raza humana y sobre lo que realmente este filme nos quiere advertir, hasta que quede grabado a fuego en el cerebro de los espectadores.

En 1984, la Guerra Fría y la carrera armamentística entre Este y Oeste llevaba ya casi 40 años en marcha. Una competencia frenética por diseñar armas más potentes, más rápidas, más precisas había hecho que los EEUU, URSS y respectivos aliados acumulasen para la década de los 80 una cantidad obscena de poder destructivo en sus manos capaz de mandar el planeta entero al garete. Muchas veces. Miles de ICBMs, misiles de corto y medio alcance, cabezas múltiples de reentrada independiente (MIRVs), proyectiles de artillería con cabeza nuclear,  bombas y misiles de hasta varios megatones montados en bombarderos estratégicos, en submarinos con misiles nucleares, en lanzadores móviles dispersados por todo el territorio e incluso en trenes… Avances tecnológicos sobre avances tecnológicos refinados una y otra vez en una carrera sin fin por matar más, mejor y antes que el adversario.

Crecimiento del arsenal nuclear de EEUU y URSS a lo largo de la Guerra Fría (tomado del documental On the 8th Day, emitido conjuntamente con Threads)

Evolución del arsenal nuclear de EEUU y URSS a lo largo de la Guerra Fría, tomada del documental On the 8th Day, emitido conjuntamente con Threads. Pueden consultarse datos más actualizados en Nuclear Notebook.

Si tan solo una parte de ese potencial destructivo se pusiera en marcha provocaría una catástrofe humanitaria y ecológica a nivel global. La cantidad de cenizas y radiación esparcida sería tal que afectaría al planeta entero, y no solamente a aquellas zonas que sufriesen el impacto directo de las bombas. Aquí no se está hablando solamente de una especie de reedición de la II Guerra Mundial corregida y aumentada. Con todo lo terrible que esa guerra fue, las naciones más afectadas recuperaron, mal que bien, unas sociedades funcionales al cabo de unos pocos años, en gran parte gracias a la ayuda de otras naciones que no resultaron destruidas. En un intercambio termonuclear total se daría un salto de varios órdenes de magnitud en el nivel de la catástrofe. No son solo los cientos millones de víctimas: incluso aunque la Humanidad no fuese totalmente aniquilada y extinguida (algo al alcance del poder nuclear total acumulado), todas las culturas que conocemos se perderían para siempre jamás en el olvido. El Homo Sapiens Sapiens sufriría un retroceso tal en todos los aspectos, que tardaría siglos en recuperarse – si es que lo consiguiese alguna vez. Si finalmente lo lograra, sería sin duda de una forma diferente a lo que sabemos, y toda la historia, arte y ciencia anteriores a la guerra termonuclear serían borrados casi por completo, sobreviviendo apenas como leyenda en el testimonio de las escasas obras de nuestra época que lograsen perdurar a la guerra y a la barbarie posterior. El daño potencial de la carrera armamentística llevada a cabo por las dos superpotencias, afectaría a toda la Humanidad y sería irreversible.

Precisamente porque somos una civilización mucho más compleja que todas las anteriores, somos al mismo tiempo mucho más vulnerables a este escenario de catástrofe. Como una copa del más fino cristal frente a un tosco cuenco de barro, nuestras sociedades son mucho más fáciles de romper en mil pedazos, y por tanto, mucho más difíciles de recomponer. Tanto nosotros de forma individual como cada una de nuestras instituciones, dependemos para nuestra supervivencia de una tupida red de millones de hilos (threads en inglés) invisibles que nos conectan a todos y que abarca a todo el planeta, y no solo a nuestros vecinos más inmediatos. En las modernas sociedades hipertecnificadas y urbanas, ¿quiénes de nosotros sabríamos fabricar por nuestros propios medios cualquiera de las herramientas que usamos habitualmente, incluso aquellas imprescindibles para la subsistencia? ¿Cuánta gente de cercanos y remotos lugares ha sido necesaria para fabricar y hacernos llegar cualquiera de ellas? ¿Cómo conseguiríamos los alimentos y el cobijo adecuados, sin una sociedad que nos provea? ¿Y por añadidura criar y dar ese sustento a nuestros hijos?

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Nuestra civilización, compleja y frágil como una tela de araña

La rotura, aún temporal, de unos pocos de esos hilos básicos, digamos el suministro energético (ya sea electricidad, gas, combustible…), o el agua corriente, o la distribución de alimentos, o los servicios sanitarios… sería capaz de ponernos en serios aprietos; aunque nos recuperaríamos gracias a la fuerza conjunta del resto de nodos de la red. ¿Qué no ocurriría entonces si repartimos 3.000 megatones o más por la mayoría de los centros estratégicos, no solo militares sino también productivos, del planeta y los volamos todos a la vez? Súmale a todo esto efectos a medio y largo plazo de las armas nucleares tales como pulsos electromagnéticos (inutilizando muchos de los equipos eléctricos), el Invierno Nuclear (poniendo aún más difíciles las cosas a los supervivientes) y la radioactividad (minando la salud y la capacidad reproductiva de todos los seres vivos). ¡Bingo!  A lo mejor resulta que Threads se está quedando corto. No podemos ni debemos permitir que algo semejante ocurra por un mísero error, o por un juego de poder entre naciones y – nos situamos ahora en las coordenadas temporales en las que se realizó el filme – lo cierto es que estuviste a poco más de un chasquido de dedos de que esto que estás viendo, llegase a ser tu jodida realidad a día de hoy.

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En tu 1997 alternativo, nunca se estrenó Titanic.

The only way to eliminate the possibility of climatic catastrophe is to eliminate the nuclear weapons.

Robock A., Toon O.B.
Local Nuclear War, Global Suffering.
Scientific American. Enero 2010, vol. 302, nº 1, p. 74-81.

¡Cine atómico! The Day After (El Día Después), 1983, Nicholas Meyer   1 comment

En la anterior entrega de ¡Cine atómico! dimos un salto atrás en el tiempo hasta retrotraernos a los orígenes del género. Hoy vamos a saltar de nuevo pero esta vez hacia adelante, 3 décadas después para dar un buen repaso a la que probablemente sea la película más conocida para el público en general sobre la guerra nuclear a gran escala y sus efectos posteriores: The Day After, o El Día Después en su título en castellano.

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Emitida por vez primera el 20 de Noviembre de 1983 por la cadena norteamericana ABC, causó un tremendo impacto en la sociedad de ese país y fue vista por una cifra record de 100 millones de personas, lo que la convierte aún hoy en el telefilme más visto de la historia. La trama se divide en dos partes muy diferencias, separadas entre sí por el propio ataque nuclear que, como se supone que sería en la realidad, es muy breve.

En la primera parte se nos introduce en la vida cotidiana de una serie de protagonistas residentes en la ciudad de Kansas y alrededores: un doctor que trabaja en un hospital de la ciudad, algunos profesores y alumnos de la universidad, familias de granjeros que viven en las proximidades de silos de misiles, y personal militar destinado en uno de esos mismos silos. El tono de esta primera mitad, especialmente al inicio, es bastante ligero y un poco ñoño, comenzando por los propios títulos iniciales y la música que los acompaña: intrascendentes riñas entre hermanas, una pareja joven y rebelde a punto de casarse, un matrimonio de mediana edad – el del doctor – que ve como sus hijos ya crecidos se van de casa, la vida en una de esas granjas con la bandera de las barras y estrellas presidiendo la entrada… estampas del American Way of Life ochentero, personajes planos y previsibles, pelo cardado y ese cutre-look propio de las películas producidas para la televisión. Si haciendo zapping de manera casual aterrizases en algún momento de la primera media hora de la película, la cosa no pintaría nada bien y lo más seguro es que no pasaran muchos segundos antes de que cambiases de canal.

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Apoteosis Redneck

No obstante la primera escena de la película, antes de pasar a que nos cuenten La Casa de la Pradera, no es nada de eso sino que se desarrolla a bordo de un avión Boeing EC-135C Looking Glass del Mando Aéreo Estratégico de los Estados Unidos (SAC, Strategic Air Command), uno de esos que los norteamericanos mantuvieron volando de forma constante durante 29 años de la Guerra Fría para asegurarse al menos un centro de mando y control operativo en caso de que cayesen los pepinos soviets sin mediar previo aviso. Por el momento, nada más que la simple rutina de uno de tantos de aquellos vuelos, si bien ya nos da una pista de por dónde van a ir los tiros.

Y no solo eso, desde los primeros minutos tras los títulos de inicio nos daremos cuenta que acompañando a todas esas triviales peripecias de clase media, hay un fondo casi continuo de emisiones radiofónicas y televisivas que hablan acerca de una tensión creciente entre tropas de la OTAN y soviéticas a lo largo de la frontera entre las dos Alemanias. Parece ser que por motivos que no se especifican, a los soviéticos les ha dado de repente por acumular un montón de tropas en la Alemania Oriental, presumiblemente para amedrentar a los americanos y forzarles a retirarse de la parte Occidental (pista: no lo hacen). Más tarde llegan informes de rebeliones entre las tropas de la RDA, a lo que los soviéticos responden bloqueando todos los accesos al Berlín Occidental, dejándolo aislado. Recordemos aquí que Berlín Oeste no era otra cosa que un enclave de la República Federal Alemana dentro del territorio de la RDA y por tanto, completamente rodeado por ésta. De ahí que fuese posible el cercarla con un muro.

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It’s a long way.

Todas estas informaciones llegan de forma fragmentaria a través de noticieros de radio y televisión mientras vemos a los protagonistas vivir sus vidas en el apacible Medio Oeste americano. Los movimientos de los rusos allá por Centroeuropa provocan la previsible cascada de reacciones diplomáticas y acusaciones mutuas entre las dos superpotencias. EEUU finalmente lanza un ultimátum para que las fuerzas del Pacto de Varsovia levanten el bloqueo antes de una fecha dada; si no lo hacen, será considerado un acto de guerra. Los comunistas se pasan el ultimátum por el forro de su gabán de invierno, y ya la tenemos liada: tropas de la OTAN entran en Alemania Oriental tratando de forzar un acceso al Berlín Occidental, y sufren cuantiosas pérdidas en el intento.

El filme recrea como punto de partida de la guerra nuclear total uno de los escenarios más temidos y estudiados durante la Guerra Fría, la invasión de Europa Occidental por parte del Pacto de Varsovia, epicentro Berlín. A estas alturas, lo que comienza siendo el runrún de fondo habitual de las noticias de política internacional, de forma gradual va tomando un papel más relevante en la vida diaria de los protagonistas de la trama, y a introducirse en sus conversaciones, y miedos. El doctor Oakes recuerda junto a su mujer cómo vivieron la Crisis de los Misiles cubanos cuando eran aún una joven pareja; quieren creer que la crisis actual se resolverá igual que entonces, también en paz al final; pero la inquietud no se disuelve del todo: ¿y si esta vez…? Jim Dahlberg, granjero y padre de familia (a quien los fans de Doctor en Alaska habrán reconocido al momento 😉 ), comienza a preocuparse y a pensar en algo más que en la inminente boda de su hija. En la universidad todo el mundo habla y opina sobre la situación internacional mientras siguen la evolución de la crisis al minuto en sus receptores de radio portátiles.

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¡Ding dong ding! Vuelo con destino Moscú a punto de efectuar su salida en pista 3.

Y no evoluciona demasiado bien la cosa, no. Dos cazas MiG-25/Foxbat alcanzan una escuela y un hospital mientras bombardean un depósito de municiones de la OTAN, lo que le hace a uno cuestionarse si es peor la puntería de los soviéticos o la salud mental del responsable del plan de ordenamiento urbano berlinés de la época. Llegan rumores de que Moscú está siendo evacuada; en Kansas, los más avispados lo pillan a la primera y van tomando las de Villadiego. Asistimos a las primeras escenas de pánico en las que la gente hace acopio desesperado de víveres y equipamiento en los supermercados. Las carreteras se colapsan cuando miles de familias huyen de la ciudad. El granjero Dahlberg prepara un refugio improvisado en el sótano de su casa.

Llegan rumores sin confirmar de que por vez primera, armas nucleares han sido utilizadas en Frankfurt y Wiesbaden, lo que sugiere que el bloque comunista envida más y ha comenzado la invasión de Europa Occidental. Poco después las noticias informan de que efectivamente, han llegado hasta el Rin, donde la OTAN pinta la raya y hace uso de 3 proyectiles nucleares tácticos en un intento de detener el avance soviético. En una escalada de libro, a continuación los rusos le cascan un pepinazo atómico al cuartel general de la OTAN en Bruselas, y más tarde nos enteramos de que destruyen un par de bases del Sistema de Alerta Temprana (BMEWS, Ballistic Missile Early Warning System) en Reino Unido y en los Estados Unidos, por lo que pueda pasar. La guerra nuclear abierta pues, ya ha comenzado.

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Mascletá

Los protagonistas, entre el pánico y la incredulidad, tratan de reunirse con sus seres queridos. Las explosiones termonucleares no tardarán en llegar, cambiando su vida de forma irreversible y para siempre. El ataque en sí no dura más que unos pocos minutos de metraje, y no tardaría mucho más que eso en la realidad. Mientras todo el mundo huye o se refugia, llega la primera bomba que estalla a cientos de kilómetros de altitud sobre Kansas. Su objetivo, generar un pulso electromagnético (EMP, Electro Magnetic Pulse) que fría literalmente los circuitos eléctricos en varios kilómetros a la redonda, causando el máximo caos posible en las comunicaciones y el suministro de energía, que quedan interrumpidos. Los vehículos también se ven afectados y miles de personas quedan varadas en las autopistas mientras intentaban salir de las ciudades, esperando inermes la llegada de las siguientes bombas que, estas sí, estarán destinadas a causar la máxima destrucción posible.

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Caloret

Cuando todo termina, los supervivientes se ven trasladados repentinamente a un mundo que, en unas pocas horas, se ha convertido en algo por completo diferente al que conocían. Rodeados de fuego y ruinas, gente herida, enferma y desorientada trata de buscar ayuda o simplemente se sumen en la desesperación. Vemos al doctor Oakes regresar al hospital donde trabajaba, que ha sobrevivido al ataque y donde miles de personas lo saturan en búsqueda de refugio y atención médica. El personal médico, sobrepasado, trata de hacer lo que puede hasta el borde del agotamiento. Durante los días y semanas posteriores se irán diezmando, al igual que el resto de la población, a causa de la radioactividad que lo invade todo.

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Efectos especiales tope gama

La familia Dalhberg se enfrenta a un futuro incierto encerrados en el sótano de su casa sin tener una idea clara de qué ocurre en el exterior, algo que la hija mayor acabará por no ser capaz de soportar. El hijo pequeño ha quedado ciego por causa del resplandor repentino de las explosiones termonucleares. Finalmente deberán abandonar el refugio para llevar a sus hijos enfermos al hospital. Billy McCoy, técnico militar destinado a uno de los silos de Minuteman III en la zona de Kansas, llega a su puesto una vez que los misiles están en vuelo, lanzados ya por el personal de guardia. Sabe perfectamente que los silos son uno de los objetivos principales de las bombas enemigas y que no tiene ya ningún sentido permanecer allí. Así que deserta y huye, tratando de llegar hasta su mujer; pero la caída de los misiles soviéticos le coge a mitad de camino. Sobrevive refugiándose en el trailer de un camión abandonado. En los días posteriores vagará por la región asolada hasta recalar en uno de los improvisados campos donde miles de refugiados se hacinan en penosas condiciones. Terminará sus días apilado en una fosa común, junto a los cadáveres de cientos de otros supervivientes que poco a poco van sucumbiendo a la radiación, las heridas, o a la falta de servicios sanitarios y médicos básicos.

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En definitiva, la segunda hora de la película es el auténtico “día después”: a través de las peregrinaciones de sus protagonistas, mostró a los norteamericanos (y por extensión al resto del planeta) lo que sería el estado previsible de su sociedad y su nación tras la guerra nuclear de una forma mucho más cruda de lo que se había hecho nunca antes. Decenas de millones de muertos. Los servicios básicos, comunicaciones, sanidad, electricidad, agua potable, comida, completamente devastados. Los intentos de distribución de alimentos a los refugiados se saldan con disturbios y saqueos por la turba desesperada y hambrienta. Con la ley marcial en marcha, los restos del ejército se encargan de administrar sumaria justicia a los saqueadores, fusilados en las cunetas. Los supervivientes al ataque están condenados a padecer no solo las fatales consecuencias de la radioactividad y de la completa ruptura de la sociedad civil, sino también el trauma de unas vidas y esperanzas truncadas para siempre por la locura de políticos y militares. El otrora próspero e idílico American Way of Life yace ahora moribundo y estéril bajo una capa de cenizas radioactivas. Solo semanas después del ataque (el marco temporal exacto no se hace explícito en el filme) se dejan ver ciertos indicios de reorganización incipientes del gobierno y de la nación: el discurso radiofónico del presidente; consejeros de agricultura que tratan de convencer a los granjeros de que retiren la capa superficial de suelo y vuelvan a cultivar;  militares manteniendo el orden…

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¿Tiés un sigarriyo, pisha?

En mi opinión, The Day After no cierra completamente la puerta a la supervivencia de los EEUU como nación tras la guerra, pero en cualquier caso, su mensaje es claro y demoledor: podemos perder todo lo que tenemos y amamos (seres queridos, bienestar, propiedades, sociedad, leyes, país) en apenas unos minutos gracias a las armas nucleares; la vida de los que quedasen después sería, sencillamente, un infierno. Sin necesidad de declararlo de modo explícito, el mensaje que transmite al espectador es pacifista: tras asistir a las trágicas consecuencias que las armas atómicas dejan tras de sí, es difícil argumentar que la solución es construir más de dichas armas.

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¡Zutto o muette!

En el lugar y el momento en que fue estrenada la película, esta idea iba en rumbo directo de colisión con la política de defensa que estaba llevando a cabo el gobierno norteamericano conservador de Ronald Reagan. No es casualidad que el filme no señale que bando es el que “pulsa el botón” primero y libera las armas termonucleares estratégicas, es decir, quién es el responsable de provocar el fin de la civilización. En el punto álgido de la cinta, vemos de nuevo al avión que hace de centro del Mando Aéreo estratégico, donde se recibe la orden en clave del presidente de lanzar un ataque nuclear total contra la URSS. De manera casi simultánea, se muestra también como llegan informes sobre una salva de misiles dirigiéndose a 10 objetivos 10 dentro del territorio de los Estados Unidos. Esta ambigüedad no es trivial y forma parte del mensaje y del intenso debate público que rodeó al estreno de la película, antes y después de su emisión.

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¡Mozo, trae la botella de Larios acá!

De aquella las relaciones entre las dos superpotencias estaban en uno de sus peores momentos. Los soviéticos llevaban 3 años empantanados con la invasión de Afganistán, y más o menos el mismo tiempo Reagan como inquilino en el Despacho Oval. Su administración finiquitó la política previa de distensión con los soviéticos, desarrollada principalmente durante la era Nixon. Decidida a no contemporizar con un régimen que consideraba fundamentalmente malvado, apostó con decisión por una política de rearme y por recuperar la superioridad nuclear estratégica en Europa. En el Kremlin se cumplía un año de la muerte de Leonid Brézhnev y su sucesor Yuri Andrópov, a quien no le quedaban ya más que de 3 o 4 meses de vida, luchaba sin mucho éxito por superar el anquilosamiento de un sistema en declive que, con la lengua fuera, trataba de seguir el ritmo de los americanos sin haber conseguido realizar las promesas de prosperidad que parecían estar al alcance de la mano durante la era Jrushchov, hacía ya más de dos décadas.

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Cartel propagandístico contra el despliegue de los Pershing II en Europa.

The Day After se emite el 20 de Noviembre de 1983, escasas semanas antes de que comience el anunciado despliegue en Europa Occidental de los polémicos misiles de alcance medio Pershing II, la respuesta de la OTAN a los SS-20/RDS-10 soviéticos. En todo el mundo el
movimiento antinuclear se había movilizado para protestar contra este despliegue, considerándolo una provocación que no hacía más que echar leña al fuego que estaba calentando la Guerra Fría cada vez más, un fuego que podría llegar a las fatales consecuencias que se muestran en la película. Muchos sospechaban o temían que la política de rearme de Reagan ocultaba unas intenciones agresivas, que su objetivo no declarado no era sino conseguir una superioridad tal que diese a los EEUU la ventaja necesaria para derrotar al enemigo con un primer ataque relámpago, dejándolo sin posibilidad de respuesta. Entre los que así pensaban se contaban los mandatarios soviéticos, bastante acojonados con el aventurerismo cowboy de un presidente que, in God we trust, se ciscaba en el preciado equilibrio y reconocimiento geopolítico que tanto trabajo les había costado conseguir al fin para la URSS en los años de la distensión. Quienes apoyaban la línea de acción del gobierno conservador de Reagan eran más bien de la opinión de que si vis pacem, para bellum, es decir, la mejor manera de prevenir la guerra nuclear es asegurarse de que la capacidad atómica propia sea mayor que la de tu adversario. Y como este enemigo es inherentemente malvado (el “Imperio del Mal”, en las famosas palabras de Ronald Reagan), podemos estar seguros de que nos atacará en cuanto le demos la mínima ventaja y oportunidad de hacerlo. O, de nuevo en palabras de Reagan: “we maintain the peace through our strength; weakness only invites aggression“. El Ronald desde luego te lo dejaba clarinete.

Por supuesto, el problemilla con este razonamiento es que ya solo es necesario un pequeño salto lógico más para concluir que en tal estado de cosas, lo mejor que podemos hacer, Curtis LeMay style, es prepararnos cuanto antes para atacar nosotros primero, y entonces hacerlo. Por si no estuviese el ambiente ya enrarecido de por si, pocos días antes del estreno habían concluido los ejercicios militares Able Archer 83 de la OTAN, una simulación de escalada bélica hasta llegar un nivel de DEFCON 1 tan detallada que, de hecho, estuvo a punto de hacer realidad el escenario de guerra nuclear que pretendía representar. Hubiese sido una ironía de proporciones épicas: realizado precisamente en una época en que los soviéticos temían un ataque sorpresa en cualquier momento, puso a sus dirigentes al borde del infarto quienes, ayudados por un fallo tremendo de sus servicios de inteligencia, creyeron estar asistiendo a los preparativos auténticos de dicho ataque… y, por tanto, les faltó muy muy poco para decidir que, ya total, mejor adelantarse ¿no? En opinión de algunos esta fue la ocasión en la que el mundo estuvo más cerca de su destrucción total, más incluso que durante la mucho más famosa Crisis de los Misiles cubanos de 1962.

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Pershing II (izqda.) versus SS-20 (dcha.). Ninguno de los dos era bueno para tu salud.

Con semejante contexto no es de extrañar que The Day After se situara en el epicentro del debate acerca de las armas nucleares y por extension, de la política exterior del gobierno de Reagan, tanto antes como después de su estreno en televisión. Quienes defendían el rearme norteamericano la criticaron duramente al considerar que era de todo menos neutral, apoyando en efecto las posturas de las organizaciones a favor de la no proliferación nuclear.

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Andropov mirando El Día Después

Desde luego, estos grupos utilizaron el filme sin dudarlo para promover sus tesis, aprovechando el fuerte impacto psicológico que producía la película al mostrar las consecuencias de la catástrofe. Por ejemplo, compraron tiempo de televisión para emitir anuncios en favor del desarme producidos especialmente para ser emitidos durante la película. Al otro lado de la tribuna, los militares, comentaristas y organizaciones conservadoras de todo el país clamaban contra lo que consideraron no otra cosa que una herramienta de adoctrinación y propaganda creada por hippies, pacifistas, izquierdosos y gente de mal vivir en general, llamando al boicot contra los espónsores de la cinta. Estos sectores presionaron para que en el guión se señalase explícitamente a la Unión Soviética como la culpable del desastre nuclear, como la primera en pulsar el botón que desata a los ICBM, y ser así ellos quienes pudieran aprovechar la película como herramienta de propaganda para sus tesis, como Yisus Craist manda. Por fortuna los creadores resistieron estas presiones y mantuvieron intacto el mensaje original, la intención de señalar la responsabilidad de la escalada armamentística como algo global y no solo de una de las partes. Tanto es así que la película fue llevada por la propia cadena a Moscú, antes de su estreno, para ser proyectada en presencia de oficiales y miembros del gobierno soviético. Unos años más tarde y perestroika de por medio sería emitida también para el público en la televisión estatal.

La Administración Reagan no pudo permanecer ajena a la polvareda levantada por la película, tanto antes como después de la emisión. En boca de un portavoz, lamentaba que tal y como se contaba la historia, pudiera dar la impresión al público de que “al Gobierno no le preocupa y que es desdeñoso con sus necesidades“. Hubo incluso quejas acerca de que la voz del presidente, que escuchamos dando un poco inspirado mensaje a su pueblo a través de la radio, se parecía demasiado a la de Reagan; fue sustituida por una voz más neutra en posteriores emisiones. Numerosos oficiales del Gobiernos acudieron invitados a todo tipo de debates televisivos y radiofónicos organizados con motivo del estreno para defender la política americana en materia de armamento, incluyendo al Secretario de Estado George P. Shultz. Otros manejadores de cotarro de la politica exterior de anteriores gobiernos de EEUU que participaron también en los debates fueron Henry Kissinger y Robert McNamara, frente a científicos y divulgadores de la talla de Carl Sagan, lo que nos puede dar una idea del alcance social que tuvo la película.

Mientras en público se esforzaba en minimizar la importancia del filme, catalogándolo como “… una película de horror […] que no ha tenido ningún impacto duradero“, en privado el propio Ronald Reagan admitía lo contrario en este extracto de su diario hecho público en su autobiografía An American Life:

Columbus Day. In the morning at Camp D. I ran the tape of the movie ABC is running Nov. 20. It’s called The Day After in which Lawrence, Kansas is wiped out in a nuclear war with Russia. It is powerfully done, all $7 million worth. It’s very effective and left me greatly depressed. So far they haven’t sold any of the 25 ads scheduled and I can see why… My own reaction: we have to do all we can to have a deterrent and to see there is never a nuclear war.

Reagan, An American Life, p. 585

Lo que traducido al español dice más o menos…

Día de Colón [12 de Octubre, Día de la Hispanidad o Día de la Raza]. Por la mañana en Camp D[avid] visioné la cinta de la película que [la cadena] ABC emitirá el 20 de Noviembre. Se llama El Día Después en la que [la ciudad de] Lawrence, Kansas es aniquilada en una guerra nuclear con Rusia. Muy bien hecha, valen la pena los 7 millones $ que ha costado. Es muy eficaz y me dejó tremendamente deprimido. Hasta el momento no han vendido ninguno de los 25 espacios para anuncios programados y puedo entender el motivo… Mi propia reacción: tenemos que hacer todo lo posible para poseer capacidad de disuasión y no ver nunca una guerra nuclear.

220px-Sdilogo.svgVaya, que más que otra cosa le reafirmó en su idea de que la mejor manera de evitar una guerra nuclear no era otra que acumular más armas nucleares e impulsar su Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, Strategic Defense Initiative), conocida popularmente como Guerra de las Galaxias. Y no obstante parece que a más largo plazo, le influyó también a la hora buscar acuerdos de reducción de armamento con la Unión Soviética ayudado, eso sí, de la buena sintonía y disposición del sucesor de Andropov y Chernenko, Mijail Gorbachov.

La polémica que rodeó a la cinta no se limitó solo a la política, también hubo preocupación por el impacto que el tremendo escenario apocalíptico mostrado en la segunda mitad, que no daba precisamente para muchas alegrías, causara en los espectadores y sobre todo, en los niños. ¿Pero es que nadie va a pensar en los niños? Bonito futuro les anunciaba a los chavales de los años 80, a ver cómo les obligabas después a que hicieran los deberes. Asociaciones pediátricas y de psicología consideraron necesario publicar recomendaciones al respecto, sobre todo, no dejar bajo ningún concepto que los menores de edad la viesen sin compañía adulta. En las escuelas se organizaron debates y visionados conjuntos entre hijos, padres y profesores, preocupados por el miedo y el daño psicológico que The Day After pudiese infligir a sus tiernas y vulnerables mentes.

Como obra cinematográfica en sí, The Day After deja quizá bastante que desear. En su intención aleccionadora, los personajes y el guión pecan de ser demasiado planos, al estar destinados a poco más que representar ciertos arquetipos de norteamericano medio: el militar, el granjero juicioso, el buen doctor… aunque hay ciertas excepciones que nos revelan su lado más humano, como cuando la mujer del granjero, desesperada, se empeña en dejar las camas hechas antes de bajar al refugio del sótano, cuando los misiles hacen ya la ruta Washington-Moscú y vicecersa; o la reacción de su hija Denise, la chica cuya boda se ve, ejem, cancelada por culpa de la guerra nuclear, tras pasar unos cuantos días metida en ese refugio. Tampoco los diálogos han pasado a la historia del Séptimo Arte. De forma similar a lo que ocurre con los personajes, en muchas ocasiones no tienen otra función que la de explicar al espectador “qué-está-pasando”. La producción y la fotografía resultan un tanto cutres y desfasadas incluso para el medio y la época. A veces ciertas escenas resultan cómicas de una forma involuntaria, como cuando Klein, un universitario que acaba metido en el refugio de los Dahlberg, encuentra a Denise en una cancha de baloncesto llena de refugiados y enfermos y trata de consolarla de su aspecto levantando su gorra de baseball para mostrarle su propia calva, ya que ambos están afectados por el envenenamiento radioactivo.

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Otro “pero” que se le puede poner es que el paisaje post-ataque – tanto en los decorados y atrezzo como en los efectos sobre las personas y en la sociedad – es un poco light, sobre todo visto con nuestros ojos contemporáneos, más que acostumbrados ya a la violencia más gore sin apenas filtro y a la espectacularidad de los efectos digitales. Ya cuando se realizó los propios artífices de la cinta eran conscientes de esto, pero es que se contuvieron un poco en la recreación de las secuelas y horrores termoucleares para no asustar en exceso a los pobres ciudadanos y evitar que la cena acabase yendo por el desagüe. No hay que olvidar que fue filmada para la televisión y para llegar a una audiencia lo más amplia posible. Es por ello que al final del metraje introdujeron un mensaje avisando de que, ojo, en la realidad sería todo mucho peor.

Y, no obstante, de alguna manera esa falta de sofisticación que permea toda la película (personajes, diálogos, producción) le da también una cualidad que es su principal virtud. Quizás The Day After haya envejecido regular; pero sigue siendo la película más entretenida y asequible, y sobre todo cercana para el público, acerca de una guerra nuclear total. Ese disfraz de telefilme inofensivo fue el vehículo con el que logró introducirse en las casas de millones de espectadores para contarles una historia que, en los años 80 y con el contexto que he tratado de describir en este artículo, ya nadie quería pagar por ver en el cine.

Si la comparamos con las demás historias que hemos visto en entregas anteriores de ¡Cine atómico!Five y On the beach apuntan más alto, tienen aspiraciones intelectuales y unos planteamientos que hunden sus raíces en la ciencia-ficción. En Panic in the Year Zero los protagonistas pertenecen a una supuesta familia típica de clase media de la época, mas el caracter acartonado y  apenas veladamente propagandístico de su guión hace que resulte demasiado difícil conectar con ellos.

The Day After en cambio, aún estando ambientada en el corazón de los EEUU no deja de presentarnos unas familias y una sociedad con las que podemos identificarnos, no muy alejadas de nuestra propia experiencia ni de esa tranquila banalidad rutinaria de los quehaceres y problemas cotidianos, que damos por descontada y cuyo valor solo reconocemos una vez la hemos perdido. Puede que la vida  de sus protagonistas resulte insulsa y poco atractiva… no son héroes imponiéndose a la adversidad como Harry Baldwin en Panic in the Year Zero; ni personalidades complicadas y únicas como Moira Davidson en On the beach. Pero son gente común y corriente, haciendo cosas parecidas a las que hacemos la mayoría de nosotros casi todo el tiempo. La mayor cercanía temporal también ayuda desde luego, pero sobre todo, que no parece que solo te esté hablando del futuro de la Humanidad, así en abstracto y en mayúsculas: te está hablando de tu futuro.

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Es la primera que narra el proceso que desemboca en la guerra nuclear, el antes y no solo el después, a pesar de su título. Y lo hace integrándolo como una parte relevante dentro de la historia, no reducida a un simple prólogo (Panic…, Five). Dramatiza en ella un escenario de crisis gradual no muy distinto de cualquiera de las periódicas tensiones que atravesaban las complejas relaciones entre las dos superpotencias en su continuo forcejeo geoestratégico, solo que esta vez llega un paso más allá. Entrevera así con habilidad dos elementos reconocibles de inmediato por los espectadores de la época, es decir, la cotidianeidad de su vida familiar sobre el continuo telón de fondo mediático de los peligrosos vaivenes de la política internacional en la era de la Guerra Fría. Con ello consiguió esa verosimilitud y conexión con el público que buscaba para maximizar el impacto del mensaje que quería transmitir.

Para valorarla adecuadamente es fundamental ser consciente del contexto histórico en el que fue estrenada, de cómo mal que bien muestra un escenario mucho menos especulativo y por tanto mucho más real que en películas de épocas anteriores, que estuvo muy cerca de hacerse realidad, y que hubiese trastocado de manera radical y dramática nuestro propio presente y futuro. Por ejemplo: no habría Facebook ni Whatsapp, ni programas de televisión en los que salen ninis… oh wait!

Para mí, lo más logrado y estremecedor es la parte que precede inmediatamente a la llegada de las bombas en sí, cuando la crisis ha escalado hasta un punto en el que parece no haber ya marcha atrás y comienza a cundir el pánico; pero aún contenido y mezclado con una incredulidad y una tensión palpable en la esperanza de que, finalmente, todo se resuelva para bien y alguien cuerdo devuelva los jinetes del Apocalipsis a su guarida en el último minuto. Es entonces cuando, aún a caballo entre el caos incipiente y la vida cotidiana (mientras, por ejemplo, miles de espectadores asisten a un partido de fútbol americano), asoman apuñalando el cielo las blancas estelas de decenas de misiles intercontinentales al dejar atrás para siempre los silos salpicados por toda la región, y ya todos enmudecen en el conocimiento de que algo terrible e irreparable acaba de suceder. La campana del Destino ha sonado al fin y apenas quedan solo unos últimos minutos, suspendidos fuera del tiempo y de la Historia, para que caiga inmisericorde sobre sus cabezas; pero todavía nadie sabe exactamente cómo será lo que viene después.

Cuando haces pop,ya no hay stop

Cuando haces pop, ya no hay stop

Publicado 17 febrero, 2016 por bravido en Cine atómico, Guerra Fría, Historia, Nuclear, Películas

¡Cine atómico! Five (Cinco), 1951, Arch Oboler   3 comments

“A story about the day after tomorrow”

Five poster

Después de una larga pausa, vamos a continuar hoy con esta serie de artículos dedicada a esas entrañables películas que se dedican a mostrarnos cómo quedaría el mundo tras una buena sobredosis de uranio y plutonio vía bomba atómica o termonuclear. En esta ocasión vamos a dar un pequeño pero significativo salto atrás en el tiempo para acercarnos a los orígenes del género. Reseñamos en esta tercera entrega de ¡Cine atómico! una película menos conocida que las dos anteriores (On the beach y Panic in the Year Zero!) y no obstante una pequeña joya muy remarcable: Five, escrita, producida y dirigida por Arch Oboler, de quién también hablaremos en esta entrada.

El primer dato a tener en cuenta es el año de su estreno, 1951. Es decir, tan solo 6 años después de Trinity, de Hiroshima y de Nagasaki. Hasta donde yo sé (y así se indica en varias fuentes) es la primera obra cinematográfica que retrata un escenario de fin del mundo provocado por el uso de las armas nucleares. Avanza en primicia pues muchos elementos relevantes para subgénero post-apocalíptico que serán reproducidos, aunque de forma diversa, en filmes posteriores.

El año es importante porque hay que tener en cuenta que por aquel entonces no existían aún ni las bombas de hidrógeno (termonucleares o de fusión), ni misiles con cabeza nuclear, cuyo primer desarrollo operativo aparecería en 1954 con la W-5 y solo para misiles de crucero: los ICBM eran todavía solo cosa de ciencia ficción, si bien no demorarían mucho en aparecer en escena. Estos son los principales elementos cuyo advenimiento hizo muy presente la posibilidad de la destrucción total de la civilización y la extinción de la vida en el planeta tal y como la conocemos.

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Truman & Stalin: en 1951 estos dos aún manejaban el cotarro.

Las bases teóricas de estos dispositivos ya se conocían y de hecho estaban presentes en las mesas de trabajo de ingenieros y científicos de los dos bloques antagónicos surgidos tras la II Guerra Mundial; pero hay que reconocer a Five el mérito de ser pionera en dramatizar las terribles posibilidades de la energía atómica y llevarlas a la gran pantalla, o lo que es lo mismo, al público de masas, mucho antes de que se hicieran obvias para todo el mundo por acontecimientos posteriores ya mencionados en este blog como Castle Bravo o la famosa Crisis de los misiles cubanos. Refleja también el hecho de que esos temores estaban ya presentes, aunque de forma aún difusa y contradictoria, en la sociedad de la época, impactada por la devastación creada en las ciudades japonesas por Little Boy y Fat Man.

Five (“Cinco”, y absténganse de rimas fáciles por favor) es el número de caracteres de la trama. Como ya se encarga de spoilear el propio cartel de la película, son los únicos supervivientes de una tragedia nuclear de origen ambiguo que asola la tierra entera: una mujer y cuatro hombres de personalidades y orígenes muy diferentes que acaban encontrándose en una aislada y peculiar (más sobre eso después) casa campestre… La distinta manera de afrontar la realidad y el futuro de su situación hacen que los conflictos no tardan en aparecer.

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Roseanne

El personaje principal es el de Roseanne, la mujer, a quien al inicio de la historia vemos vagar, desesperada y sola en un mundo lleno de esqueletos mondos y lirondos, en busca de alguna otra persona con vida. Sus pasos la conducen a la casa situada en la cima de la colina, que ella conocía porque pertenecía a un familiar: allí encuentra signos de que alguien la está habitando. Este es Michael, otro superviviente venido desde Nueva York que terminó refugiándose allí. Al principio Roseanne, aún en estado de shock, es incapaz de hablar; pero poco a poco los intentos de acercamiento y las atenciones de Michael conseguirán que ambos vayan intimando poco a poco.

Michael es un buen tipo al que el holocausto de la raza humana le ha hecho sacar una vena nihilista, cosa que dada las circunstancias se le puede perdonar. El problema surge cuando a él se le despiertan entonces las ganas de intimar un poco más y, vaya, arrimar cebolleta y, ejem, ya que estamos, pues mojar el churro oyes, que joer, somos los dos únicos seres sobre el planeta y que habrá que replobar y eso ¿no? ¡Que llevo semanas solo en esta puta cabaña! ¡¡Que estoy más salido que un mandril a tope de viagra, copón!!

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Michael: más que amor, frenesí

En definitiva que al hombre se le va la sangre de la cabeza e intenta violar a Roseanne, quien se resiste y le hace saber que está embarazada y que lo que quiere es encontrar a su marido, que no le da la gana de andar con tonterías, lo que le baja los humos al Michael y le hace entrar en razón.

Pronto aparecen dos nuevos supervivientes, atraidos hacia la casa por el humo de la chimenea que han divisado a lo lejos. Son Oliver P. Barnstaple y Charlie. Ambos trabajaban en el mismo banco, uno como contable y el otro como vigilante, y se encontraban en la cámara acorazada del mismo cuando sucedió el desastre nuclear. Todos se dan cuenta entonces de que en aquel momento se encontraban en circunstancias peculiares que parecen haberles salvado la vida.

La llegada de estos dos simpáticos personajes da un poco de vidilla a un ambiente que estaba un poco decaído tras el, digamos, desafortunado intento de Michael de aliviar sus instintos más primarios…

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Como mencionaba al principio, esta película es pionera en varios aspectos claves de las películas del género postapocalíptico-nuclear. En primer lugar, por supuesto, por fundar el propio género en sí, es decir, llevar a la pantalla la eventualidad de la aniquilación de la raza humana y del orden social existente por causa de las armas nucleares, y los problemas y retos a los que se enfrentan aquellos que sobreviven. No obstante en este filme no se propone aún a la guerra nuclear entre las potencias mundiales como causa del holocausto, lo que, ya con el contexto de la Guerra Fría firmemente establecido, será la norma habitual en casi todas las obras posteriores .

Aquí parece que se señala aunque no de manera directa a algún tipo de accidente en una prueba nuclear que se va de las manos y acaba extendiendo niveles mortales de radioactividad por todo el planeta. Ya la primera secuencia de la película impacta al público de la época con una gran explosión atómica y una serie de panorámicas de distintas capitales del planeta, acompañadas por una banda sonora de gritos, sirenas, y música ominosa. Las imágenes de la detonación son reales, y corresponden a una de las primeras explosiones nucleares de la historia, concretamente el llamado test Baker, parte de la Operación Crossroads llevada a cabo en el atolón Bikini en el 46. En ella los estadounidenses comenzaron a desarrollar y experimentar en detalle con el potencial de la nueva arma que les había brindado la victoria definitiva sobre el imperio japonés en apenas una semana, y evitado una larga y costosa invasión terrestre. Tras Trinity, Little Boy, Fat Man, y Able (primer test de Crossroads), fue la 5ª detonación atómica, la 2ª tras el fin de la II Guerra Mundial, y la primera submarina. Su potencia fue de 23 kilotones y similar a la de Fat Man.

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Imagen del test Baker sacado de los primeros segundos del filme

No cabe duda por tanto de que Five es pionera y que recoge ya en una fase muy temprana las preocupaciones que esta nueva forma de energía tan destructiva suscitaba. Siendo tan reciente y misteriosa sus efectos y alcance verdadero no eran totalmente comprendidos todavía por científicos y militares, mucho menos por el público en general y, por tanto, se le podían asociar todo tipo de calamidades reales o imaginarias.

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110.000 chinos viven en los árboles y tú no lo sabías.

Entre los mitos sobre las armas nucleares se contaban cosas como la posibilidad de que una sola explosión nuclear destruyese el planeta entero, que incendiase la atmósfera, o que sacase a la Tierra de su órbita, extremo este último que llegó incluso a utilizarse como argumento de una película de 1961, The Day the Earth Caught Fire. En ésta, pruebas nucleares simultáneas de EEUU y la URSS alteran el ángulo del eje de rotación terrestre emojiA y mueven  el planeta entero a una órbita más cercana al Sol emojiC, provocando un sindiós meteorológico que ríete tú del CO2 y del cambio climático. La solución obvia es, como no podía ser de otra manera, hacer petar otras tantas bombas atómicas en sitios cuidadosamente elegidos y así colocar a la Tierra de vuelta al lugar del sistema solar que le corresponde emojiB. Pura ciencia en la pantalla oigan.

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¡Pudo haber sido así!

En Five no se menciona ninguna de estas catástrofes, pero sí un efecto global de envenenamiento radioactivo que se extiende por todo el planeta como resultado de las pruebas nucleares y acaba con prácticamente toda la población, salvo con los protagonistas. Sin duda una exageración en cuanto al potencial de una única explosión nuclear, pero desde luego mucho menos delirante que argumentos como los mencionados más arriba. En cualquier caso, es una expresión de los temores y la incertidumbre ante la capacidad mortífera de la nueva arma, con el mérito añadido de aplicar un enfoque más cercano a la ciencia que a la ficción, dentro de lo que cabe. No está de más recordar que muchas otras películas del género, algunas de ellas muy posteriores, han optado sin ningún complejo por el recurso facilón y palomitero de las mutaciones y los insectos gigantes: véase por ejemplo Them! (1954) o el festival cutre-bizarro de Damnation Alley (¡con George Peppard! Sí, ese), que ya nos sitúa en 1977 nada menos, que un poco más y sale Gorbachov de extra.

Otro tema fundacional que aparece en Five es el de la reconstrucción de la raza humana tras la catástrofe. Este asunto presenta dos vertientes, la primera de ellas la del hecho básico de la procreación: en un mundo con escasez de personas y de opciones de ocio, follar sin condón ya no es una temeridad si no un deber ineludible, hay que repoblar el planeta sí o sí. Desde luego, no vas a encontrar una excusa mejor y si ni por esas pillas lo tuyo ya no tiene remedio. En un contexto así una mujer joven y capaz de procrear se convertirá para muchos en poco más que un recurso escaso y codiciado: fíjate ahora de nuevo en el cartel y en cómo asoman, por detrás de las letras gigantes del título, cuatro amenazantes siluetas masculinas acechando a una mujer que huye.

Por otro lado, la nada trivial cuestión de cómo construir una nueva sociedad sobre las cenizas de la anterior a partir de un núcleo muy reducido de seres humanos. Esta es sin duda una de las derivadas especulativas más interesantes del género postapocalíptico en todas sus formas. ¿Cuáles serán los fundamentos de esa sociedad? ¿Será igualitaria o retrocederemos a un estado primitivo basado en la dominación, la superstición y la fuerza bruta? ¿Aprenderá el ser humano la lección tras haber estado a punto de aniquilarse, y aprovechará para crear un mundo mejor, más justo, o repetirá sin fin los mismos errores? ¿Qué credos y formas de pensar serán las que guíen a la humanidad tras la catástrofe?

No es desde luego nada que no se haya contado en muchas otras ocasiones. Aunque posterior a esta película, merece la pena mencionar aquí a la que sea probablemente una de las obras de ficción recientes que más haya explorado este asunto, la novela Cántico por Leibowitz, ya reseñada en este blog; pero podemos ir mucho más allá y retrotraernos hasta la historia bíblica de Noé, y sus antecedentes más antiguos aún. En la segunda mitad del siglo XX la guerra nuclear es el diluvio moderno, y Five no pierde la oportunidad de así recogerlo.

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Portada de La Razón tras declararse la independencia de Cataluña.

Es la llegada del quinto personaje de la trama, Eric, la que da pié al filme para plantear estas importantes cuestiones a la audiencia. Habíamos dejado a nuestros protagonistas en el momento en el que se encontraban con dos nuevos supervivientes, Oliver y Charlie. El primero es un anciano un tanto chapado a la antigua, que como consecuencia del shock por la terrible catástrofe ha perdido un poco la chaveta y cree que está de vacaciones. Charlie es un industrioso y afable afroamericano que enseguida hace buenas migas con Michael y entre ambos comienzan la tarea de procurarse unos mínimos medios de subsistencia a largo plazo, comenzando por el restablecimiento de la agricultura.

A base de curro duro a la solana las cosas mejoran poco a poco a pesar de las dificultades y de la debilidad de Oliver, que se encuentra cada vez más enfermo por el envenenamiento radioactivo. Un día en el que parece recuperarse insiste en ir a la costa a ver el mar, que es la ilusión de su vida ya que nunca lo había visto. Y allá se dirigen todos de excursión.

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La mirada de los mil metros

Mientras están en la playa ven a lo lejos un cuerpo que flota en el mar. Acuden a socorrerlo y rescatan a un hombre medio ahogado. Se trata de otro superviviente, Eric, que se encontraba haciendo alpinismo en el Himalaya cuando todo pasó. Al regresar y encontrar que no quedaba ni el tato, tras un largo periplo, acaba tomado un aeroplano en busca algún resto de civilización, hasta agotar el combustible y caer al océano.

Mientras les cuenta su historia, muere el pobre y debilitado Oliver habiendo al menos cumplido su sueño de ver el mar. En fin, las gallinas que salen por las que entran y Eric pasa a ser el nuevo miembro del grupo. Pero con él pronto terminará la tranquilidad y el buen rollo, y comenzarán los problemas.

Enseguida descubrimos que el tipo es un vago y un egoísta de cuidao, que pretende aprovechar la situación para erigirse en líder único del grupo imponiendo su voluntad mediante la fuerza y el engaño. La posesión de la única mujer del grupo es, claro, una de sus prioridades y trata de ganársela jugando con el deseo de Roseanne de encontrar a su marido. Resulta además ser un racista de tomo y lomo lo que le enfrenta con Charlie que, recordemos, es negro. Estas dos fuentes de tensión, la racial y la procreativa, serán llevadas al extremo 8 años más tarde en el guión de la tremendamente pretenciosa y fallida (IMHOThe World, the Flesh and the Devil. Dos hombres, uno negro y otro blanco, compiten por las atenciones del tercer superviviente, una mujer, en las calles desiertas y sin embargo intactas de un Nueva York post-atómico.

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Charlie

Eric concentra en sí los errores y enfermedades morales del viejo mundo: el racismo, el machismo, la codicia, la violencia, el individualismo egoísta y la sed de poder. Sus ideas extremistas, el acento extranjero del que se dota al personaje y su peculiar circunstancia cuando sobrevino la catástrofe (escalando en el Himalaya, ¿de qué me suena?) son pistas que relacionan a Eric con los nazis, de tan infausto y reciente (allá por 1951) recuerdo; y su ideología como representación máxima del mal y la corrupción que anida en el ser humano, y que lucha por someterle de nuevo y ser su dueño, también en este nuevo mundo que nace de las cenizas del anterior.

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“Madelman” Eric

Es evidente la intención alegórica y aleccionadora por parte de Mr. Oboler, el autor de la película. El mismo final, con Michael y Roseanne como unos Adán y Eva v2.0 y cita de la Biblia sobreimpresa de regalo, funda otra venerable tradición del género, la de “el nuevo comienzo”. A grandes rasgos podríamos decir que existen dos tendencias principales, en lo que a su conclusión se refiere, a las que se adscriben los filmes de este pelaje:

  • A new beginning!”: los supervivientes más virtuosos, tras muchas vicisitudes entre las que suele contarse la restauración del suministro eléctrico, logran establecerse y prosperar y ser la semilla de un nuevo y mejor comienzo para la raza humana, que ha sido purificada. Los supervivientes malos acaban palmando o, en caso contrario, se reconducen hacia la virtud. Una ley no escrita obliga a que en el cierre de la película se muestre un mensaje sobreimpreso que diga algo como “A new beginning!” o similar, en letras bien grandes, por si el espectador es medio lerdo y no se ha dado cuen. Ejemplos: Five, Panic in the Year Zero!, The World, the Flesh and the Devil.
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¡A new beginning, copón!

  • “A tomar por culo!”: los supervivientes, virtuosos o facinerosos por igual, cascan todos uno tras otro tras pasarlas cada vez más putas. Si no palman todos, llevan una vida cada vez más mierdosa y degenerada y lo acabarán haciendo en un futuro próximo tras los títulos de crédito. La Humanidad tal y como la conocemos se va por el retrete por andar haciendo experimentos con la gaseosa. Ejemplos: On the beach, The day after, Testament, Threads

Así pues Eric representa el afán destructor y vil del ser humano que es lo que le ha llevado a su penosa situación, es decir, a ser reducido a 5 supervivientes que viven en una cabaña modernista en medio de la campiña del suroeste americano. Que, curiosamente, no es otra que la casa del propio Arch Oboler, recordemos, director, guionista y productor de Five. ¿Qué mejor manera de reducir el ya de por si escaso presupuesto con el que contó para el rodaje en su momento, que utilizar su propia vivienda como localización casi única del drama?

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La cabaña de Five

Sin duda, la cuenta corriente de Oboler debió vivir tiempos mejores, ya que dicha vivienda fue diseñada nada más y nada menos que por Frank Lloyd Wrigth, afamado arquitecto estadounidense que diseñó entre muchas otros, edificios célebres como el museo Guggenheim de Nueva York o la residencia Kaufmann (más conocida como la Casa de la Cascada). El nombre de la casa sería Eaglefeather (Pluma de Águila) pero nunca llegó a realizarse en su totalidad tal y como estaba planeada. Los vaivenes financieros, y también de interés por parte del propio Oboler, hicieron que el ambicioso proyecto original nunca fuese completado, aunque llegó a ser utilizado como residencia familiar. Lo que los protagonistas de Five utilizan como refugio se corresponde con un anexo que sería el estudio reservado para Eleanor, la esposa de Arch.

El medio en el que más éxito conocería Oboler sería en la radio, donde durante los años 30 y 40 crearía una serie de programas a caballo entre el horror y lo fantástico, con un caracter bastante oscuro y violento para los estándares de la época. Uno de estos seriales se llamaba Lights Out y en él se relataban extravagantes historias como The Dark, sobre una maligna niebla que volvía a la gente del revés… como un guante, de dentro a fuera. O Chicken heart, en la que un corazón de pollo mantenido vivo en una placa de Petri (¿?), comienza a crecer descontroladamente hasta que termina cubriendo la Tierra entera:

Su habilidad para crear una atmósfera opresiva y terrorífica a partir de elementos aparentemente triviales o absurdos dejaría su huella en nada menos que Stephen King. Y, bueno, parece que también le pasó a Bill Cosby, pero vaya, aquí ya me cuesta más seguir la marca de esta influencia en su trabajo posterior, la verdad.

En paralelo a esta actividad, Oboler seguía con atención y preocupación el auge del fascismo en Europa, tratando de introducir mensajes contrarios a este movimiento en sus shows radiofónicos, algo que la política de la cadena en la que trabajaba no permitía por aquel entonces. Eso sí, una vez los Estados Unidos entraron en la guerra mundial tras Pearl Harbour las obras anti-fascistas de Oboler pasaron a ser objeto de demanda y produjo varios seriales de propaganda durante la guerra. No solo radio, obras de teatro y novelas tampoco fueron ajenas a un personaje inquieto como él, que gustaba experimentar con todos los medios de comunicación disponibles para llegar al público. Siendo, por ejemplo, pionero en el uso del 3D en el cine.

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Arch Oboler y una señorita, metiendo miedo a niños y mayores de los años 40

Fue el impacto provocado en el público por alguna de estas obras radiofónicas, su cuidada realización así como su originalidad, lo que le acercó al mundo de Hollywood y de la televisión. Le valió también alguna comparación con Orson Welles y, aunque no brilló allí tanto como éste, tras un comienzo escribiendo guiones para otros dio el salto a la realización de sus propias películas. Su éxito fue irregular mas parece ser que su producción fue una influencia significativa para artistas posteriores tales como François Truffaut o Rod Serling, quien fuera creador de la mítica serie de ciencia-ficción The Twilight Zone, más conocida por estos lares como Dimensión desconocida. Ninonino ninonino ninonino…

Y, en todo caso, a nosotros nos ha traído hasta este perdido rincón de la internet con motivo de una de sus películas. En ella creo que se pueden ver trazas de los principales aspectos de su biografía creativa: la afición por lo fantástico, lo macabro y la ciencia-ficción especulativa; más la preocupación por el fascismo y las ideologías retrógradas y violentas. El tono general para la época es sorprendentemente oscuro, cuando la sociedad de la postguerra demandaba más bien mensajes optimistas y el lado positivo del futuro, tras el terror del pasado reciente.

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Dame Buick y llámame tonto

 

Mi opinión es que la apuesta de Five es ambiciosa y muy interesante, y desde luego es un imprescindible ya solo por su caracter histórico. No cabe duda de que cuenta con varios defectos que la alejan de ser una obra redonda. La intención filosófica y alegórica es restregada sin piedad ni descanso en la cara del espectador, los diálogos abundan – no esperen grandes escenas de acción aquí – pero no están del todo a la altura, al igual que los actores, correctos pero sin más. La coincidencia de que se encuentren todos en el mismo sitio, incluido Eric que se cae rodando desde el Himalaya hasta escasos metros de donde se encuentran los demás en la otra punta del mundo, bueno, vaya, aceptamos barco como condición necesaria para poner las bases de la historia que Oboler realmente nos quiere contar. Y ya metemos en el lote lo de que la radiación afecta en modo random a unos sí y a otros no. Vale. Todo por el mensaje.

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Hay que ver lo bien que huele tu champú, cariño.

De haber dispuesto de más medios, mejores actores y con una manita de pintura al guión, creo que Five podría haberse convertido sin mucha dificultad en todo un clásico que rivalizase con, por ejemplo, On the beach. No ha llegado a ser así, pero igual que defectos tiene también varios méritos, siendo uno de ellos precisamente el no haber caído en todo lo contrario, es decir, en la sima de la cutrez y la serie B. La premisa de base es suficientemente interesante como para disfrutar viéndola, y la atmósfera dramática de algunas escenas desde luego está muy bien conseguida. Es una película moderna en muchos aspectos y en general ha envejecido con dignidad. Además, ser la pionera del género no se lo quita nadie, con el bonus de hacerlo con una aproximación seria y con cierto fundamento de las posibles consecuencias de la proliferación de las armas nucleares, y los problemas de supervivencia tanto físicos como psicológicos posteriores.

Si eres un fan del cine apocalíptico, de la ciencia-ficción o del cine de los 50, anda, ya estás corriendo a por ella, so pena de que te rebajen unos 10.000 frikipuntos si sale en una conversación y resulta que aún no la has visto. Avisado quedas.

Publicado 27 enero, 2016 por bravido en Guerra Fría, Nuclear, Películas

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NSPU 1PN34 (НСПУ 1ПН34) night vision rifle scope   Leave a comment

I’m republishing this old post in English, thanks to the outstanding help of my friend Mary Jo Barber, who kindly translated it for me. She is a professional translator, so she can deal with all kind of texts from Spanish to English, even the freakiest ones as you can see 🙂 So if you need anything properly translated, don’t doubt it, you have the link above to contact her. Thanks a lot (again) Mary Jo!!

> Original post in Spanish <

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Early August 1914.

The Great War between the European powers, announced for a decade (by some with glee, by others with horror), has finally broken out. The fearful German war machine, with its characteristic precision and discipline, is on the march.

Following plans laid down for some time, the formidable German right flank is trampling the fields of Belgium on its way to France, violating the neutrality of the young kingdom in the name of military necessity, and pushing a hesitant England definitively into the conflict.

As they advance through Belgium with blood and fire, a terrible memory of the former Franco-Prussian war obsesses German soldiers, strikes fear in their hearts and leads them to commit and justify disproportionate atrocities against the civil population: the franc-tireur.

Towns are burnt to the ground, civilians and even priests are shot indiscriminately, all with the aim of castigating the civil population and preventing farmers from defending their lands or indignant civilians filled with righteous anger and patriotism from taking aim at the invader from windows and crannies.

Captura de un Franc-Tireur , por Carl Johann Lasch (fuente: Wikipedia)

Capture of a Franc-Tireur, by Carl Johann Lasch

With the typical mentality of a tottering ancient regime, playing out its terrible final act right at that moment, the Kaiser’s armies are ready and willing to stand against and fight the regular armies of the other European  states. However, they hate the idea of coming up against guerrilla fighters, citizens belonging to no army, wearing no uniforms and having no training, acting on their own account and capable of delivering death without honour, off the battlefield, out of the blue.

Although the concept of the franc-tireur has evolved down through the years along with developments in technology, it always evokes the image of a lone shooter taking on a bigger enemy. It originally meant “free shooter”, referring to a fighter who is not a soldier, a civilian who spontaneously takes up arms to fight a stronger, better-organised invader. Logically, this involves the use of guerrilla techniques and surprise, things for which the German war mentality was not prepared, and so the existence (or mere possibility) of francs-tireurs filled the Germans with equal measures of dread and indignation.

Nowadays the term ‘sniper’ has acquired a more professional meaning, as modern armies have incorporated elite sniper corps, because of the advantages they offer in a range of combat environments, their potential now amplified by improved weapons and optics. Films and videogames have also popularised the concept of the sniper.

NSPU 1PN34

There is one essential element in the equipment of any professional sniper: his gun. This is usually fitted with telescopic sights to bring the target as close as possible, allowing the sniper to remain far away and under cover.

If the sniper fought with one of the Warsaw Pact armies during the second half of the Cold War, he probably used a Soviet-made NSPU 1PN34 scope like this one:

Kit NSPU 1PN34 completo.

The NSPU (HСПУ. Ночной Стрелковый Прицел Унифицированный – Unified Rifle Night Vision Scope) is also, as its name indicates, a night vision sight, offering added stealth and coverage factors.

 

This scope, with Generation 1 passive tubes and x3.4 augmentation, was manufactured and used from the end of the 1970s to the early 1990s. At the time, it was a huge improvement over former models used by the Red Army, which were Generation 0 and therefore “active”. As I mentioned in a previous entry, Gen 1 scopes required infrared illuminators in order to be effective, which, in addition to adding weight and volume, presented serious problems with regard to remaining undetected. If your enemy also has infrared-sensitive equipment, the initial advantage of your new night vision scope turns against you as you become somewhat of a walking Christmas tree 🙂

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Spetsnaz with telescopic sights and serious faces. The second is using a 1PN34.

Nowadays these scopes are totally outdated, although for collectors they are magnificent relics of the Iron Curtain era. They can even be used for hunting or airsoft, if you are not too fussy. If they were good enough for the Spetznaz, they are probably good enough for you 🙂 They are relatively easy to find, even in complete kit form with carrying case and accessories, like in the photo. Apparently a batch of them was sold by the USSR to East Germany, from where they were sent to Finland along with an order of tanks, finally ending up as military surplus on the internet.

Even so, many remained active up to the 90s and beyond and it is quite possible that some are still in use somewhere around the world.

Francotiradores Ccbanos con el fusil de precisión Alejandro

Cuban snipers carrying Alejandro precision rifles fitted with IPN34 scopes.

The scope is quite big, due partly to the fact that, in order to be more effective in low lighting conditions, it has a three-stage image intensifier, each stage picking up on and augmenting the previous one. Consequently, there is a marked fisheye effect around the edges of the image, although this is quite easy to get used to.

Conceived to be used with the most common single-person firearms used by Soviet infantry, the NSPU IPN34 uses a standard fixture allowing it to be attached to different kinds of rifles, machine guns and even portable rocket launchers. Thus, one of the accessories included in the kit is a collection of ballistic cams to be used with different weapons: AKM, PK, RPK, RPG-7 and, of course, the Russian precision rifle par excellence: the SVD Dragunov.

Ballistic cams

Ballistic cams for the RPG-7 (РПГ-7), AKM (АКМ), RPK (РПК) and SVD (СВД)

The ballistic cams are used to adjust the height of the grid to the characteristics of each weapon and ammunition type. The grid pattern is very characteristic and was conceived to allow shooters to calculate the distance to target on the basis of apparent size and how it fits between the grid lines. The manual that comes with the scope sets out the correspondence between distance, size and grid lines, and even gives a practical table with examples.

Tabla de cálculo de distancias del manual

Table for calculating distances included with the manual

After calculating the distance, the shooter must then adjust the height of the scope to compensate for gravity, because even bullets don’t travel in straight lines but, like any other object that doesn’t escape velocity, follow a ballistic path. To do this, the shooter rotates a drum-shaped control on the front of the scope, and this is where the ballistic cam for the weapon and ammunition type being used is attached.  This part is marked with a series of notches, each corresponding to a range of distance, so the shooter just has to rotate the control until it clicks into the corresponding notch and the grid is moved up or down depending on the circumstances.

A similar control allows the shooter to move the grid left or right to compensate for wind or any other circumstances that might cause lateral shift.

Mirando a través del NSPU 1PN34

Looking though the NSPU 1PN34. The photo is taken in daylight, with the diaphragm on and isn’t great quality (the scope is actually much brighter). It is taken with the scope on its side, but it gives a good idea of the fish-eye effect and the appearance of the grid.

The grid itself is printed onto a small transparent disc covered in opaque paint in such a way that only the template is left unpainted. A small LED bulb on one side of the disc projects the grid lines which are picked up by a complex system of lenses and prisms and superimposed on the image seen through the scope. A rotating control regulates the intensity of the grid (or, in other words, the LED that projects it), and is also used to switch it on or off.

A common defect of the 1PN34s that you can find on the Internet is that the grid is incomplete. This is due to dirt or too much glue or paint on the disc and, fortunately, can be fixed very easily 🙂 You don’t need any special equipment, as the scope comes with a very handy multitool for maintenance.

Desmontando el LED

Using the multitool to remove the LED

Pieza del zócalo del LED desmontada.

LED casing dismantled

Disco de la retícula en su posición.

Grid in position

Disco de la retícula y anilla de sujeción.

Grid and retainer disc

First of all remove the LED light (the lower part sticks out of the telescope adjustment section and is easily recognisable). The multitool has a round hole just for this purpose, fitting onto the bulb and rotating it to remove it.

The part from which we have removed the LED has four screws, which must now be removed. The part comes loose, although it remains attached by the power cable. On one side there is a ring with two screws. This ring secures another disc which is the grid itself. The ring has a pair of oblong holes which line up with two similar holes on the grid disc: it’s important to remember exactly how they line up so that when we reassemble they are in exactly the same place (see photo). When we take off these last two screws the two circular pieces are loosened and can be removed. Now we just have to clean the grid carefully with a damp Q-Tip to remove any remaining adhesive or dirt that could distort the pattern.

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The grid up close

After cleaning it’s just a matter of putting everything back in place (being very careful with the position of the two discs; I used a pair of toothpicks to hold the pieces and line them up) and checking whether the grid is properly visible.

Having three intensifiers in series, in addition to causing a fisheye effect, also means that the scope is very light sensitive and we have to be very careful to avoid burning it. The first precaution is to always keep the daytime use diaphragm on and closed. This is a kind of cover that goes over the front lens, with a tinted glass as a filter and a diaphragm to regulate the amount of light that enters. This means that the scope can also be used in daylight.

In a well-lit urban area this diaphragm should be used even at night. Otherwise a protective mechanism based on a photoresistor that limits the voltage that the electoral unit sends to the amplifying tubes comes into operation, partially or totally wiping the image, and preventing the tubes from being overexposed and burned. From experience I know that this protective mechanism works, at least in my unit. Just as well! Once a twice I forgot to check that the diaphragm was completely closed when I turned the device on in daylight…

In artificially-lit environments is not possible to check the real level of night vision offered by the IPN34, either because the diaphragm is in place or because the photoresistor is activated. Being a Gen 1 appliance, it is also quite sensitive to flashes, and the after-image remains for several seconds.

The full kit comes with the following elements:

  • Carrying case
  • NSPU IPN34
  • carrier bag
  • three wet-cell nickel cadmium 2НКБН-1.5 batteries
  • diaphragm for daytime use
  • red filter for increased contrast
  • capsule containing four ballistic cams plus a fifth one mounted on the scope
  • multitool
  • four replacement LED lamps on a stand
  • spare desiccant cartridge plus another one inserted in the unit
  • NSPU IPN34 use and maintenance manual
  • Battery user maintenance manual

A copy of the manual, in English, with diagrams and pictures, is given at the end of this post.

On the whole, this is a fantastic collector’s item and is also fully functional, providing you have a weapon to which it can be attached. Moreover, units from the famous Finnish lot (many references I found in forums and websites refer to units from this batch) come with an adapter so it can be used with two standard AA batteries instead of messing around with the original wet cell batteries. This is a non-invasive mod and can be done quite easily, by simply removing a pair of screws. However, if you prefer the original experience, the electrolyte is the same one used in the Soviet radios of the time and which I have explained how to make in another post 🙂

Legendary snipers

And what could a good shooter do with a piece of kit like this? Okay, let’s take a look of some of those who have gone down in history, including some from the 19th-century, who had no assistance other than their own good aim!

Thomas Plunkett

The oldest reference I can find to a famous long-distance shot goes back to January 1809, during the Spanish War of Independence.

The British Army under General Moore was retreating towards La Coruña from Leon, pursued by the French led by Marshal Soult, while Napoleon waited in nearby Astorga.

During the pursuit, in addition to episodes of looting, drunkenness and lack of discipline among the demoralised English soldiers, there was a series of clashes with the French vanguard. One of these took place on 3rd January in Cacabelos, a village in the El Bierzo region of León.

Moore had decided to try to stop Napoleon’s forces at the bridge over the river Cúa. The regiments led by General Auguste-Marie-François Colbert made a first attempt to cross the bridge, but were pushed back by heavy fire from the English. The charge was led by the general himself and it was now when Henry Paget, Duke of Uxbridge, bet the 95th Fusiliers the contents of his purse if they could hit Colbert. Out stepped Thomas Plunkett, an Irish soldier. He lay down on his back in the Creedmore position and squeezed off his shot, hitting the enemy general in the head from a distance of 150 to 200 yards (130 to 550 m), depending on whose version you believe. In any case, a very respectable distance for the time and the type of weapon used.

Next, to prove that it was skill and not just luck, he fired off a second shot, hitting the general’s aide-de-camp, who had rushed to help him. Other witnesses maintained that it was another shooter from the same company who fired off the second shot at the same time Plunkett fired his.

Plunkett y la muerte del general Colbert

In spite of successfully turning back the French for the rest of the day, General Moore took the controversial decision to continue to withdraw, allowing Napoleon’s troops to cross the river. Moore didn’t get very far however, and was killed in La Coruña as he attempted to reach the port.

The story is wreathed in controversy, as no first-hand accounts are available and details regarding the position of Plunkett, his target, the distance etc. are either vague or vary from one person to another. In any case, true or not, Plunkett’s exploit earned him great fame and his story has come down to our times.

Local history, however, has it that Colbert was actually hit by a Cacabelos man perched in a tree…

Simo Häyhä

The war in Afghanistan wasn’t the only dead-end that the Soviets got into with a high cost in troops, material and morale. Long before the Soviet Vietnam, the Russians had already had a precedent in the Winter War against Finland, which began on 30 November 1939 when Stalin decided that it was time the Finns joined the great Communist family. According to the history books, the USSR won the war but, as one red Army general said later, “We won 57,000 km2 of territory, just enough to bury our dead”. The Red Army suffered a total of 320,000 casualties, compared to 70,000 on the Finnish side.

The Soviet Union had the overwhelming advantage in terms of human and material resources, but in spite of that, could not conquer more than 10% of the country. One of the causes of the debacle was the Stalinist purges, which had decimated the number of officers and notably reduced the army’s efficiency.

Simo Häyhä

Seems like a nice guy!

Another factor is that the USSR was facing a proud, combative people, resolutely defending their independence against the aggression of a bigger enemy with the spirit of the original francs-tireurs. One of those who best personified this spirit was Simo Häyhä.

For good or bad, this man holds the absolute record of sniper kills of all times. Over a period of barely three months, he had 542 confirmed kills (other sources say 505), often over distances far greater than 360 m. Additionally, it seems he had a previous tally of 200 kills when fighting as part of a squad.

We should add here that Simo refused to use scoped sights, as they could steam up or increase his bulk or reflect light, revealing his position to the enemy. He used a Mosin-Nagant M28 or M28/30 and a Suomi KP31, using no more than a standard rifle scope to aim.

With a record like this, it’s no wonder the Soviets called him White Death and sent more and more men out to hunt him down, all of whom Simo eliminated mercilessly. They even tried artillery strikes, but by the time the bombs landed Simo was no longer to be found (on one occasion he escaped by the skin of his teeth, taking a lump of shrapnel in his back as a souvenir).

Key to his skill and lethality were his in-depth knowledge of the terrain, extensive experience in the use of firearms (acquired both during his military service and as a hunter) and a series of tactics that made him practically invisible to the enemy; when in position he would stuff a fistful of snow into his mouth, so his position would not be revealed by the vapour from his breath.

And of course, he was fighting with the determination of one defending his country from unjust aggression.

Simo Häyhä

Now what?

These characteristics may also be applied in general to his comrades and countrymen and women during the war, as the differences between the two sides was immense. The region where Simo was active remained in Finnish hands throughout the war, in what became known as the miracle of Kollaa; on one occasion 32 Finnish soldiers held back some 4000 Russians.

In March 1940, Häyhä was hit with an explosive bullet which, in the words of his comrades, “blew half his head off”. However, even that couldn’t finish him off. He awoke from a coma 11 days afterwards, right on the day the peace was signed. He had lost part of his jaw and his left cheek, but lived to 96 years of age, enjoying the peaceful death that he himself had denied to so many who had had the bad fortune to cross his path.

Vasily Zaytsev

If we take Simo Häyhä off the World War II sniper kill ranking, on the pretext that he fought in a different, though related, theatre, the the next 10 on the list are all USSR marksmen. First up is Ivan Sidorenko, with 500 kills (numbers and names may vary according to which source you consult). This deadly top 10 all boast figures of 400 to 500 kills, which, apart from adding up to a chilling total, can be explained by the enormity and brutality of the conflict.

However, you will probably not have heard any of these names until you reach numbers 11 and 12 on the list: Erwin König and Vasily Zaytsev. If you have heard of them, it’s probably because you’ve seen the film Enemy at the Gates, which dramatized the particular duel between these two elite snipers during what was possibly the toughest battle of the most terrible war in history: Stalingrad, where, as a German infantryman wrote to his family, “Animals flee this burning hell of the city… the hardest stones do not last for long. Only men endure.”

The episode has all the necessary ingredients to go down in history and legend (and be made into a film). However, many aspects of the story are debatable and it is quite possible that König never even existed, and that the duel was created by the Soviet propaganda machine to keep troop morale up.

In any case, at least one of the protagonists did actually exist.

zaytsev

Not a looker, but probably best not to say it to his face. Or from 800 metres away

Vasily Zaitsev was born in 1915 in Chelyabinsk Oblast, on the border with Kazakhstan, in the southern Urals. Like many famous shooters, he learned to use firearms at a young age, hunting for deer and wolves and acquiring skills that stood him in great stead years later.

Like many of his contemporaries, he seems to have been afflicted by the Chinese curse “May you live in interesting times”. He was born just a few years before the Soviet Union came into being, he fought for his country in the Great Patriotic War, and he died just 10 days before the Soviet Union fell in 1991.

When World War II broke out Zaitsev was a Navy clerk, posted close to Vladivostok. When Hitler decided to tear up the Ribbentrop-Molotov Pact and commence the Russian campaign that would his final downfall, Zaitsev and many of his colleagues signed up to go to the front to hold the Germans back.

He was sent to Stalingrad, where the sides were locked in an interminable battle. The Germans need to break the Soviet resistance, while the Russians needed to hold on to lives and resources at any cost. From a historical standpoint, it is easy to emphasise the importance of this battle to the course of the war, but, from the very first moment, all the participants, from Hitler and Stalin to the last foot soldier in the trenches, knew that, one way or another, the outcome would decide the course of history.

Lucha en las calles de Stalingrado

Fighting in the streets of Stalingrad

This is the scenario that awaited Zaitsev on 22 September 1942, after receiving infantry training and changing his Navy blue for the khaki of a Land Army sergeant. At first he fought alongside the other soldiers, until his commanding officer soon noticed his rifle skills. He once pointed out a German solider in a window 800 metres away. Zaitsev zeroed in with his standard Mosin-Nagant and killed him. Two colleagues who rushed to his aid suffered the same fate.

Snipers were highly regarded in the Red Army, as a single man could eliminate many high-payoff enemy personnel targets, picking off officers or the occupants of machine-gun nests and other difficult positions. This gave them a heroic air and the ‘sniper movement’ attracted more volunteers than it could use.

A good aim, stalking skills and a familiarity with weapons, all qualities that a good hunter, and sniper, must possess, were sufficient to be assigned to sniper duties. So it was with our hero, whose feats and tactics became famous, passed from mouth to mouth and reported with relish by the Soviet press.

Zaitsev, whose name means “hare” in Russian, was put in charge of training young snipers, in what was laughingly known as the “sniper school”, although this seems basically to have consisted of giving two-day courses to the walking wounded. In any case, his students, known as “the leverets”, developed a strong esprit de corps and elite snipers were highly competitive, each trying to outdo their colleagues’ kill rates.

Prisionero alemán

German POW

It is at this point that our story shades into myth and the famous duel crops up. It all began when a captured German prisoner admitted that the Nazis were becoming increasingly unnerved by the efficiency of Stalingrad’s Russian snipers, whose high casualty rate was torpedoing troop morale. To remedy the situation, the story goes, they had sent their best sniper, Major König, from Berlin, to “hunt the daddy hare”, in what can only be a reference to Zaisev.

Shortly afterwards, two of Zaitsev’s colleagues were hit. They were both experienced marksmen, so the Russians came to the conclusion that the famous German special envoy had arrived and commenced operations. Zaitsev and his spotter Nikolai Kulikov trekked over to the area where their opponent had been seen, and thus a four-day war of wits and nerves was declared.

On the first day the two Russians scanned the zone. They studied each street, each house and smouldering ruin and wreck that could provide cover for a sniper. In the evening, König tried a typical sniper’s ruse, raising a helmet on a pole. The Hare and his colleague were not so easily fooled: the helmet wobbled unconvincingly and they refused to take the bait.

The second day passed slowly, both parties exercising immense patience. The Russians combed the area with binoculars, noticing a sheet of metal on the ground that would make an ideal sniper hideout. Now it was their turn to try to coax their opponent out. They tried the same ruse, this time using a glove instead of a helmet. König took the bait and fired off a shot. Zaitsev, however, didn’t catch sight of him, so they move carefully to another position.

Day three was a day of manoeuvring and moving about, trying to get their enemy to reveal his position. For much of the day they remained hidden, idle, as it was a bright day and the shooters could be betrayed by sunlight glancing off their scopes. However, as evening fell, the conditions favoured them and, on day four, they glimpsed a reflection coming from the metal sheet. Could it be the Nazi sniper?

Kulikov carefully raised his helmet. König fired off a shot. Kulikov stood up, cried out and dropped to the ground, pretending to have been hit. That’s all Zaitsev needed: the German took the bait and stuck his head out to see his kill. It was the last thing he ever did: Zaitsev killed him with a bullet between the eyes.

That evening, the Soviets swept the zone with mortar fire and went down to where König’s body lay. Zaitsev, later wounded and named a Hero of the Soviet Union, took his opponent’s rifle scope as a souvenir. Today it is kept on show at the Armed Forces Museum in Moscow.

Carlos Hathcock

If you are wondering why Carlos Hathcock features on all the top sniper lists, here’s a testimony to his effectiveness: the Viet Cong placed a record bounty of $30,000 on his head. A tidy sum, particularly in Vietnam in the 60s, when rewards put on US snipers by the NVA typically ranged from $8 to $2000.

This kind of reputation has to be earned, and the reasons the Viet Cong wanted to see Hathcock dead are the same ones that made him a legend among his own, the Elvis Presley of the US snipers.

In one now legendary episode, Hathcock and his spotter went after a North Vietnamese sniper who was causing many casualties among the American troops and who had, as they believed, had been sent specifically to finish off Hathcock. As they scanned the territory they saw a flash of light in the bushes: the sun reflecting off the enemy’s scope. Hathcock fixed his crosshairs on the spot and squeezed off a legendary shot. The bullet traversed the distance between the two men, went through the enemy’s scope and hit him in the eye, killing him instantly. A shot in a million that, as Hathcock meditated later, could only have been feasible if both snipers were zeroing in on each other at exactly the same time; Hathcock just happened to fire first.

The daring and lethal Hathcock is said to have volunteered for every possible mission, no matter how dangerous. During his two 13-month tours of duty in Vietnam, he stepped forward so often that his commanding officer once had to restrict him to quarters to make him rest. However, courage and a good aim are not enough to guarantee success in missions behind enemy lines, often alone. Unless they are combined with nerves of steel and immense powers of concentration, they can be a ticket home in a body bag.

In one of his best-known exploits, Hathcock crawled on his belly over 1000 metres of enemy territory to shoot a high-ranking NVA officer; he had not been informed of the details of the mission until after he had accepted it. This may not sound like much, but it took him four days and three nights without sleep and, after hitting his target, he had to exit quickly, pursued by furious enemy patrols. On another occasion, a Viet Cong soldier almost trod on his face as he lay concealed. Only camouflage and cold blood prevented him from ending his days right there or being taken a prisoner of the NVA. Another time he was almost bitten by a poisonous bamboo viper. Once again, he had the presence of mind to avoid moving and giving up his position.

Hathcock never matched the record of confirmed kills in Vietnam. His tally was 93, while Charles ‘Chuck’ Mawhinney held first place in the macabre ranking, with 103. However, his bravery and his exploits made him a legend, even among his enemies, who called him Long Trang, or White Feather, for the feather he liked to wear in his bush cap. When the NVA sent a platoon of snipers to hunt him down, many Marines in the same area donned white feathers in their hats to deceive the enemy, making themselves targets in order to confuse the counter-snipers.

Carlos Hathcock

Pow, pow!

This detail alone gives us an idea of the importance of his figure.

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RESOURCES

  • NSPU 1PN34 –  Technical description and Service manual in english, OCR – PDF | Word

Publicado 18 diciembre, 2015 por bravido en Cold War, Collecting, Militaria

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R-109M (Р-109м) Soviet Field Radio   1 comment

I’m republishing this old post in English, thanks to the outstanding help of my friend Mary Jo Barber, who kindly translated it for me. She is a professional translator, so she can deal with all kind of texts from Spanish to English, even the freakiest ones as you can see 🙂 So if you need anything properly translated, don’t doubt it, you have the link above to contact her. Thanks a lot Mary Jo!!

> Original post in Spanish <

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ID plate

R-109M de Aleksandrov Radio Works

Nowadays, we have become accustomed to wireless communication: Wi-Fi at home and at the office and portable personal radios, in the form of mobile phones, in our pockets. Imagine now that nice smartphone you got for Christmas suddenly growing to the size of a small rucksack, weighing 14 kilos and sprouting a 150 cm long antenna; now it makes the mythical Motorola DynaTAC 8000X look like the latest-generation iPhone. Your new “mobile” is now the R-109M and it’s not from Apple or HTC, but from the Aleksandrov Radio Works. It was made throughout the 70s in a place called Voronezh in a country called the Soviet Union. Thousands of Russian soldiers suffered having to carry it on their backs, along with the rest of their kit.

R-109M front view

Welcome to the past!

Comparing it with one of today’s mobile phones is not altogether accurate, but it gives an idea of how communications and miniaturisation have advanced over the past 40-50 years. The R-109M is a Soviet field radio, or transceiver (portmanteau of transmitter-receiver), conceived for military communications between companies or battalions. It uses simplex mode frequency modulation (FM) (in other words, it cannot transmit and receive simultaneously), with an output power of 1 watt, and works as an independent communication unit – in other words, it does not need a network of base stations and fixed antenna to work, as mobile phones do.

A better comparison would be with walkie-talkies or ham radio. As it happens, we will see below whether we it can be used to communicate with modern radios.

The R-109M is one of a family of field radios, having the R-105M and R-108M as siblings. The only difference between the three is the range of frequencies covered by each model, each being assigned to a different type of military unit. Apart from that, they look identical.

  • R-105M: 36.0 – 46.1 MHz, used by infantry units
  • R-108M: 28.0 – 36.5 MHz, used by artillery units
  • R-109M: 21.5 – 28.5 MHz, used by anti-air units.

In appearance, they are rough and primitive, even for their times. Like many other appliances manufactured in the Soviet Union, they now look retrofuturistic or even steampunk. It’s no surprise that they look outdated, as the original design dates back to WWII, when the Russians used captured German radios as the basis for their own models back in the 1950s. Over the years the technology improved, first with the “D” series (metallic casing and notably larger) in the 1960s, up to the “M” series, the latest and most advanced of these radios, in the 1970s. This one uses vacuum micro-tubes and even transistors in some of its parts, so reducing its size with regard to earlier models.

The voltmeter indicates the charge in the batteries

The voltmeter indicates the charge in the batteries

The radio itself is a type of Bakelite briefcase with a pair of clasps at either end and lots of fittings and connectors. After opening the clasps, on one side we find the instrument panel and, on the other, the battery compartment. The front panel is as analogue as it gets, with a nice array of dials, switches, knobs and buttons. At top left there is a voltmeter, which gauges the level of the battery by measuring the volts supplied: beneath a certain level the radio does not work properly and the batteries need to be recharged or replaced. To carry on the mobile phone analogy, this is the equivalent to the icon that says how much battery you have left.

The rest of the components are used to operate the radio in a range of configurations, antenna type, etc. Of particular note are the frequency controls – a central dial that can be turned to select the frequency, and the dial viewer, an odd circular rubber protuberance to the left of the wheel. A magnifying lens shows the dial and the frequency marks in miniature. I imagine that this system was a very accurate way of selecting the frequency, as operation is totally manual.

The dial viewer

The dial viewer

The radio operator spoke either through a earphone and microphone set or using a very cool telephone handset, the kind that makes you want to order a good air strike as soon as you pick it up 🙂 They both have the same type of pin that can be plugged into either the front or the top of the radio, where there is also a connector so that the radio can be used when closed, for example when being carried on the operator’s back. On the top there is also a connection for the different types of antenna.

R-109M and UM-2 amplifier ready for inspection

R-109M and UM-2 amplifier ready for inspection

Testing, 1, 2, 3

When I first got interested in these Soviet radios, I was specifically on the lookout for the R-109M for one reason: its frequency spectrum covers the range used by Citizen Band radios. The idea was to find out whether it would be possible to communicate with modern radio stations and find a practical use for it, beyond just collecting. I know little about the world of radio, but I do know that modern radios use modulation techniques with names like Single-Side Band (SSB) and similar, which may not be compatible with this dinosaur.

Fortunately, there is a massive community of radio aficionados out there, with a long and solid history dating back to the early days of the discovery and use of electromagnetic waves. Internet is obviously a great ally, offering abundant information and the most specific details about even the rarest and oldest sets.

Logically, the first thing to do is to check whether it at least switches on when it is connected to a power supply. If not, it’s going to be quite a challenge to listen or speak to anyone. The R-109M, conceived for the battlefield, has no type of AC plug and works using 2NKP-20U2 (2НКП-20У2) or 2NKP-24M (2НКП-24М) nickel-cadmium wet-cell batteries. Making this type of battery work is a challenge and I’ll give details below. Right now I’ll just say that initially I was at least able to use them for long enough to conduct the first tests.

Battery 2НКП-20У2

2НКП-20У2 nickel cadmium battery 2.4 v 20 Ah

I was able to verify that, with the right voltage (approximately 4.2 to 5.5 V), the radio switches on and static can be heard through the earphones. Now we can try to tune into a station. However, this isn’t going to be easy inside a building in a big city, and probably won’t be successful. Apart from that, since mobile phones became widespread, very few people use CB radio anymore. I picked up some commercial radio stations very faintly, so faintly as to barely be able to identify them. I imagine that this is due to some kind of “reflection” or something, because, although this radio uses FM, the range of frequencies it covers is very different to the ranges used by commercial radio stations.

Luckily, I got a loan of a modern CB set. The Yaesu FT-747GX, produced in the 1990s, is quite a powerful radio with an output of 100W (25W in AM). With the right kind of aerial, it can be used to communicate with people right around the world (and before TDT, to create interferences with your neighbours’ TV sets). It covers the frequencies reserved for CB and many more. In comparison, the miserable 1W output of the R-109M makes it look like a poor relation, but whatever; apart from the age difference, they were conceived for quite different circumstances.

In any case, it is more than sufficient for our purpose: to test communications between the Soviet radio and a modern set and find out whether we could use the old R-109M like a CB set… but a really cool one 😀 For the moment, we will be happy if it transmits from one room to another.

Well then, the test was positive … though incomplete. It turns out that while the older set works in FM, the newer one has multiple transmission and modulation modes … except FM. This means we would need to add an extra module, which can be found on eBay and the like for about €100. A bit over our budget.

Even so, we managed to establish contact using amplitude modulation (AM) on the Yaesu. As I am a total beginner in these matters, I didn’t even know that this was possible, or why, but it works. Obviously, as we used different modulation modes, the quality was hardly optimal and we have yet to see over what distance we could maintain communication. But it is possible to communicate and, most importantly, we verified that our Soviet comrade is in good health and is not just a lump of plastic and metal to be put on a shelf.

What’s more, this circumstance throws up a new possibility – if the FM module is too expensive, could I not build one myself? A very interesting project, but one for another day 😀

Charging the batteries

Now that we know almost for certain that the radio works (though we still need to test it with another FM set), wouldn’t it be great to take it out into the countryside to listen in to other stations or try to communicate over greater distances? The transmitter power is quite low, 1 watt. With the Kulikow 1.5m omnidirectional antenna, this should give us a range of 6-8 kilometres. Almost any affordable walkie-talkie is twice as powerful and fits in the palm of your hand. Fortunately, I also have a 1968 “portable” UM-2 (УМ-2) amplifier, for use together with this family of radios. Apart from that, there are different types of antennae that can be connected, and with the 40 metre (!) dipole directional antenna that also comes in the pack, we are ready to try something a bit more ambitious 😀

Checking the batteries

Checking the batteries

The real problem is with the batteries. Obviously, they are not the type of battery we are used to seeing nowadays. Neither is it an easy task to mod the set to make it work with ordinary batteries, like we did with the DP-5V. This set uses wet cell batteries of a size and voltage and with connections totally unlike anything we might have lying around the house. What is more, of the several batteries that came with the set, the most modern is from 1987 and the oldest … from 1968! We all know that the battery is normally the first element to start failing in phones and other modern appliances – would it even be possible to use the original batteries, more than 25 years old?

Wet cell batteries have to be filed with an electrolyte, a solution of chemical elements in distilled water which, in conjunction with the metal plates, allow electricity to accumulate (for this reason, they are also known as accumulators). When they arrived, the batteries were totally dry and empty, and looked like they had been that way for some time. In any case, shipping them full would be dangerous (and quite possibly illegal): the electrolyte is highly corrosive and any leak could cause serious damage. Wet-cell batteries are not hermetically sealed, but have openings through which to top up the electrolyte when it is lost or spent. The only fastening is a set of screws and rubber seals.

The radio came along with a ZU-3 (ЗУ-3) charger, supposedly the right type for the batteries included in the pack. Even when they were dry, I could see that a small residual voltage remained, giving a glimmer of hope that they could be recovered. I then tried to connect them to the charger empty; after a few hours, the multimeter was up to approximately 2.4 volts, the nominal voltage for the accumulators. I even performed a first switching on test, which was positive. Logically, however, after a few minutes the charge dropped drastically and I couldn’t use them any longer.

ЗУ-3 Charger

ЗУ-3 Charger. Some contraption.

As I mentioned already, you can find almost anything on the internet, particularly for a hobby that has been on the go as long as amateur radio. With such a vast subject matter, we can find sub-groups specialised in antique radios, military radios and both. As it happens, I found a document that gives the exact formula for the electrolyte for my batteries on the website of the Vintage and Military Amateur Radio Society. As if made to order 😀

204gr KOH + 20gr LiOH + 750ml H2O

The document in question gives details on how to make up the solution, precautions to be taken, instructions on constructing a circuit to make a radio like this work using a PC power supply, and even on how to make your own charger. What more could you want? I acquired potassium hydroxide and the lithium hydroxide, followed the instructions to make a litre of electrolyte, filled the batteries very carefully (using goggles, a face mask and gloves, in a clear, well-ventilated space), and left the accumulators to charge for approximately 8 hours.

Apart from the protective equipment, I also used a measuring cup to measure the volume of water, a 1g precision digital scale, a sturdy plastic bottle, with cap, to hold and store the liquid, a plastic spoon to handle the chemicals, a small funnel and a stainless steel pot and stirrer. Most of these things I had around the house, and those I didn’t I got from a nearby hardware store. It’s probably not as accurate as proper laboratory equipment, but that is hardly necessary and, in any case, I am trying to keep expenses down… it’s probably best to have a good measuring cup, as the typical kitchen kind, with marks for rice, water, sugar, etc., is not really ideal.

Materials

Nothing illegal going on here. Honest.

I got the chemicals from a specialised drugstore. Potassium hydroxide or caustic potash is cheap and quite easy to obtain, being used to make soap among other things. Lithium hydroxide, however, is neither cheap nor easily obtainable and I had to order it. However, it is not strictly necessary – it helps to improve performance, but can just as easily be left out. Once we have all the materials and equipment together, the idea now is to obtain a solution with a density of 1.16 g/ml. According to the instructions, we get this by adding 204 g caustic potash to 750 ml distilled water; if we are using lithium hydroxide add 20 g and, lastly, add water to bring it up to one litre. The chemicals should always be added to the water, not the other way around, and little by little. Otherwise, the reaction may be violent and splash everywhere, and we don’t what that to happen. The potassium hydroxide, particularly, should be added in tiny amounts and stirred carefully. The water and the container will heat up with the effect of the chemical reaction, and may even burn. Obviously, avoid inhaling the fumes and coming into contact with the liquid (especially on the mucous membranes), as they are toxic (this is why we use gloves, masks, goggles and protective clothing). Don’t even dream of drinking it!

Basically, it’s about taking normal precautions and being careful, but there is no need to be scared either. It’s not going to explode or suffocate us with fumes … just wear a mask and keep your nose out of the mixture. Don’t sniff the chemicals or pick them up in your hands – no playing around, in other words. I would recommend not doing this in the kitchen or anywhere else full of appliances, and using stable, flat-based containers – not to be used afterwards for cooking or other chores! I wouldn’t even vouch for their safety after washing them well.

This stage of the process is practically the same as making soap. For more details and handy tips, google for cold process soap making.

So now, the electrolyte is ready. Very carefully and using the funnel, pour the liquid little by little through the corresponding opening. Each battery has two, as they are really two 1.2V cells, soldered together and connected in series. The liquid should fully cover the internal plates that you can see through the hole, but not reach right to the top. I would recommend letting the liquid soak in well before beginning to charge the batteries, and leaving the caps off. This is important! Because of the electrochemical process, the liquid often expands and spills over. If the cap is left on, the pressure can cause it to leak out through the seals around the terminals and the battery can be ruined. For this same reason, it is also a good idea to place the battery in a hard plastic container, so that the table and other elements are not damaged if there is a leak. If the tops of the internal plates are exposed after a leak, add more to cover them again.

In spite of the time and money invested in making the electrolyte, the results were not very encouraging at first. I did get the R-109M to work for a while longer, but only for 45 minutes to an hour… enough to try to pick up a signal or test it with another CB radio and to check its capacity, but no more. Not enough to take it out into the country or try long distance communications. After this time, the voltmeter needle plunged to below the 4.5 volt mark and the quality of the reception was immediately affected, to the extent that not even background static could be heard. In optimal conditions, these batteries can last from 12 to 17 hours.

A bit of a disappointment. Had I mixed the electrolyte correctly? More than once a few drops had splashed out onto the table, or I came into contact with it when I cleaned up spills without gloves… and it wasn’t half as corrosive as I expected (mind you, I’m not saying it’s not dangerous or you shouldn’t be careful… it’s still toxic, after all), so maybe the solution was too weak. Or was the problem with the charger? The output shown on the ammeter when I charged the batteries was much lower than recommended for these batteries (4 amperes over 6 hours). After much searching, I eventually found a copy of the original ZU-3 manual in DjVu format and, with patience and Google translator, I discovered that this charger was originally conceived for other kinds of batteries, quite unlike those used in the R-109M.

Or maybe I can’t simply expect 30- or 40-year-old batteries to work at even a fraction of their original yield…

The charger had me quite cheesed off. I even left the batteries charging for two full days, with no improvement. I suppose that if I knew more about these things I would have realised immediately, but the only way to check was to find the right kind of charger, or to build one myself using the instructions from the document I found on the internet.

Charging the batteries with a regulated power source

Now we’re talking!

The solution came thanks to the Yaesu FT-747 set that I had borrowed … or actually from its power supply, a massive heavy thing, bigger than the radio itself, but with one important characteristic – it can be regulated, meaning that the output voltage and amperes can be adjusted. Great! I left the batteries charging at 4 amperes over eight hours, and it works! For my first test, the radio stayed on (not transmitting for the moment, just receiving) for 10 straight hours, and the voltmeter needle remained well in the operative region afterwards.

So now I’m ready to use my old communist radio all around the world… who knows what strange contacts I might make! It’s a matter of getting out there and finding out 😀 Meanwhile, after so much talk about radios, I’ll say goodbye with this:

Enjoy!

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USEFUL RESOURCES

Publicado 9 septiembre, 2015 por bravido en Cold War, Collecting, Militaria

¡Cine atómico! Panic in the Year Zero (Pánico infinito), 1962, Ray Milland   2 comments

Panic in Year Zero

– Look, sweetheart, two and two doesn’t make four anymore. At the moment, it adds up to exactly nothing. For the next few weeks survival’s going to have to be on an individual basis. At the moment, we have to have food…a way to protect it, and a way to get more when it’s gone.
– What do you want to do? Write off the rest of the world?
– When civilization gets civilized again, I’ll rejoin […]
We’re fighting for our lives, Ann. The main highways are completely choked. They’re spreading out on all the other roads. Every footpath will be crawling with men saying: “No matter what, I’m going to live.” That’s what I’m saying, too. My family must survive.

Parece como si los productores de Panic in the Year Zero! se hubiesen propuesto hacer una película que respondiese precisamente a la pregunta que da título a otro de los artículos de este blog: ¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS? ¡Diantres!, bien podría ser lo que hace su protagonista, Harry Baldwin, dechado de sentido común y sólidos valores norteamericanos: tonto el último, buscar cuanto antes aprovisionamiento de supervivencia y armas, buscar cobijo para mí y para mi familia en algún lugar alejado del resto del mundo, y defenderlo a tiros si es preciso de facinerosos y saqueadores varios a la espera de que las autoridades restablezcan la ley y el orden, con ayuda de Dios.

Harry Baldwin soñando con su día de pesca.

Harry Baldwin soñando con su día de pesca.

Los Baldwin, representantes de una familia estadounidense de clase media cualquiera de los años 60, se van de excursión de pesca. Salen con su automóvil y su caravana bien temprano para aprovechar bien el día, para desesperación de sus dos hijos adolescentes, Rick y Karen. Poco pueden sospechar acerca de lo que se avecina. Mientras están en ruta y ya alejados de la ciudad de Los Ángeles – y aún no llevamos ni 5 minutos de película, no se puede decir que los guionistas pierdan el tiempo – un par de grandes destellos que iluminan todo el paisaje les sorprenden. ¡Quieto parao! Algo ocurre. Los Baldwin se detienen en la cuneta y miran preocupados a su alrededor…

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¡Ay cordeeeera! ¡Que si te agarro te mido el loooomo!


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ZRAP!


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Pues, ¿no me acaban de joder el día de pesca los comunistas estos de mierda…?

Estrenada en plena era Kennedy en Julio de 1962, mientras los norteamericanos disfrutaban con las palomitas y las peripecias de los Baldwin en la América post-nuclear, los soviéticos se afanaban en trasladar de tapadillo cohetes de alcance medio, ojivas termonucleares, bombarderos y otras fruslerías por el estilo a Cuba, apenas a 200 kilómetros de territorio de los Estados Unidos, en un intento de equilibrar la balanza ofensiva (pista: los EEUU tenían ya misiles instalados en Turquía, es decir, a tiro de piedra de la URSS). La película se adelantó por unos pocos meses a la Crisis de los Misiles Cubanos, quizá para desolación de los productores que sin duda hubieran hecho buen uso de un poco de promoción extra. Aunque como veremos después, creo que eso habría podido resultar contraproducente para una película como esta.

Tradicional sitio de mislies cubano

Tradicional sitio de misiles cubano

Aún así, no faltaban motivos de preocupación para quien quisiera tenerlos. Solo un año antes Nikita Khrushchev subía las apuestas al detonar la URSS su Tsar Bomba, un artefacto termonuclear con una potencia de nada menos que 50 megatones: a día de hoy la mayor explosión causada por el hombre. Y pudo haber sido peor si no fuese porque los soviéticos tuvieron la delicadeza de modificar el diseño inicial, que era de 100 megatones de nada, al darse cuenta de que corrían el riesgo de repartir ingentes cantidades de radioactividad por todo el norte de su propio país. Curiosamente por este cambio en el diseño, la bomba que podría haber reducido a ciudades como Nueva York o Washington a poco más que una caja de mondadientes, fue también la más “limpia” en relación con su potencia.

Detonación de la Tsar Bomba

Detonación de la Tsar Bomba

Los ICBMs, esos magníficos (tecnológicamente hablando) y terribles leviatanes capaces de llevar muerte y destrucción  a la puerta de tu casa como si de un lechero maligno se tratase, habían ya asomado la patita pocos años antes, con el R-7 Semyorka, una de sus versiones elevando al Sputnik sobre las cabezas de un asombrado planeta. Su despliegue como arma intercontinental había comenzado apenas dos años antes, en 1960. Estamos ya por tanto en los albores de la época de la doctrina MAD (Mutually Assured Destruction) o Destrucción Mutua Asegurada

R-7 Semyorka. Feo pero resultón.

R-7 Semyorka. Feo pero resultón.

Es por esto que, retomando el filme, no resulta tan extraño que nada más ver los destellos tanto Harry como su mujer  Ann piensen enseguida en las bombas nucleares. Las explosiones nucleares no eran algo desconocido para cualquier norteamericano en los años 50. El gobierno preparaba a la población para la era atómica con multitud de material escrito y audiovisual, aunque aún con un sesgo muy marcado como ya veíamos en un artículo anterior del blog. Todavía se realizaban pruebas nucleares en territorio continental de los Estados Unidos a tan solo 100 kilómetros de Las Vegas, en el Nevada Test Site; ¡algunas incluso serían televisadas! El famoso cortometraje Duck and Cover, donde una simpática tortuga de dibujos animados llamada Bert aleccionaba a los niños de toda Norteamérica sobre cómo debían actuar en caso de un ataque nuclear, se había estrenado nada menos que 10 años antes de Panic in the Year Zero!: en él se describe cómo la primera señal de una explosión atómica es un fuerte y súbito resplandor.

Ann opina que quizás se trate de pruebas realizadas en el desierto de Nevada, no muy lejos de Las Vegas. Pero el resplandor no proviene de esa dirección. Preocupados, deciden dar la vuelta en dirección a Los Ángeles y parar de camino para tratar de llamar a la madre de Ann. Cuando encuentran una cabina telefónica descubren que las comunicaciones han sido interrumpidas. Igualmente, la radio del coche no recibe señal ninguna de las emisoras de la zona. Es entonces cuando ven a lo lejos un enorme hongo atómico, situado directamente encima de la gran ciudad… sus temores se confirman, la guerra nuclear ha comenzado.

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Continúan su camino de vuelta, pero antes deben parar en una gasolinera para repostar. Es ahí donde los Baldwin asisten al primer indicio de lo que está a punto de suceder. El tipo que está delante de ellos les confirma que ha habido una gran explosión en Los Ángeles: ha salido pitando de allí, y no ha tenido tiempo de llevar nada consigo, ni siquiera dinero. Cuando el encargado le reclama el pago de la gasolina, el hombre, desesperado, le golpea y escapa a todo gas.

¡Ridiela!

¡Que pague Rita que a mi me da la risa! ¡Chúpate esa!

Harry es un tipo despierto y comprende enseguida que se enfrentan a un escenario de supervivencia pura y dura. Volver a Los Ángeles no tiene sentido: las carreteras están llenas de coches que huyen de la ciudad a toda mecha, y en más de una ocasión están a punto de pasarles por encima. Cuando paran en una cafetería para un último intento de contacto con la madre de Ann, comprueban como los precios ya comienzan a dispararse, ante el flujo continuo de fugitivos. Los suministros básicos pronto escasearán y serán motivo de disputa entre los supervivientes.

Rápidamente toma una decisión: deben huir, huir al campo y refugiarse lejos de todo y de todos. A partir de ahora, se trata de una lucha feroz por la supervivencia hasta que las autoridades recuperen el control y el orden y la civilización vuelva a establecerse. Retoman por tanto la ruta hacia el destino inicial de su excursión de pesca, una zona en las montañas que puede servirles de refugio.

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Me lo llevo todo, que estoy mu loco. ¡Maldito facineroso!

En el camino deben detenerse a acaparar provisiones: como salieron muy pronto, es todavía temprano y confían en que apartados de las carreteras principales puedan encontrar pueblos donde todavía no se hayan enterado de lo ocurrido. Así es, y en una pequeña población encuentran donde comprar víveres, herramientas y armas, y no sospechan todavía la que se viene encima. Sin embargo, no tienen dinero suficiente para todo… enfrentado al dilema de la supervivencia, Harry lo tiene cristalino y no duda ni un segundo que es hora de dejarse de remilgos burgueses, y toma por la fuerza todo aquello que necesita para garantizar una mínimas posibilidades de futuro para él y su familia. Más adelante hará lo propio en una gasolinera, donde sacude al encargado que hacía su agosto particular multiplicando los precios aprovechando la circunstancia de que unas cuantas bombas nucleares han caído en las proximidades.

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¡Toma del frasco carrasco! ¡Facineroso!

A partir de ahí, el filme nos muestra cómo la familia consigue llegar hasta las montañas, se refugia en una cueva y prepara un campamento donde con disciplina cuasi militar se preparan para pasar las próximas semanas o meses hasta que la normalidad se restablezca.

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¡ja ja ja! ¡JA JA JA! ¡Te vamos a de robá y te vamos a de matá!

En el camino deberán batirse el cobre a base de tiros con un grupo de jóvenes facinerosos que aprovechan el caos para dedicarse a la vida licenciosa, robar, asesinar y a molestar a jovencitas como la hija de Harry, cosa que terminarán pagando cara.

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¿Estudias o trabajas?

Mención aparte merece el papel reservado para las mujeres en un guión alegremente machista. El control de la situación y la decisión de lo que hay que hacer en cada momento recae de forma natural y sin discusión alguna en el sensato y decidido pater familias, secundado en todo momento por el hijo varón, rendido de admiración por él. Las mujeres son poco más un bulto que gime y protesta sin darse cuenta de la gravedad de la situación (solo los hombres la comprenden al momento) y al que hay que proteger y trasladar de un lado a otro encerrado en la caravana. Ann, la esposa de Harry, aporta aún cierto contrapunto de humanidad y sensibilidad al papel de duro que su marido se ve obligado a ejercer, pero a base de lloros y escenas, como no podía ser de otro modo.

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¿Porqué eres tan capullo, cariño?

Karen, la hija, sin embargo no tiene otro papel en la historia que el ser atacada por la banda de macarras y desatar así la justa ira y venganza de los Baldwin macho.

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¡Comed plomo malditos facinerosos!

Durante el resto del metraje, se limita a ser una adolescente tontaina y mohína a la que parece que todo este asunto de la guerra le resulta tan molesto como si la hubiesen castigado un mes sin salir.

Panic in the Year Zero! no tienen intención alguna de enredarse en disquisiciones políticas ni filosóficas acerca la locura de la carrera armamentística ni del horror radioactivo de un posible Holocausto nuclear. Con medios escasos pero efectivos, se centra en cambio en mostrarnos una consecuencia común a cualquier guerra convencional, y que quizá sea el mayor peligro para los supervivientes: el desmoronamiento del orden social, legal, y sobre todo moral, saca a la luz lo peor de cada uno de nosotros y pone de relieve lo frágil que es esa pátina de civilización que engrasa nuestras sociedades y nuestras relaciones con los demás en tiempos de paz. La ley de la selva se impone con inusitada rapidez y cada uno se encuentra librado a sus propios medios y en competencia directa con el resto de sus congéneres. ¡Homo homini lupus! Cuanto antes se dé cuenta uno mismo de esta situación, y acapare los medios de subsistencia necesarios – comida, agua, energía, refugio, ¡armas! – más posibilidades de salir bien librado del trance. Si para ello hay que pasar por encima de alguien, se pasa y listo.

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Yeehaw!


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¡Rock’n’roll!

Sin embargo no es que el mensaje que Panic in the Year Zero! quiera transmitir, consista en arrojar por la borda la moral y los valores de la gente de bien, sustituyéndolos sin más por el sálvese quien pueda. Todo lo contrario: si bien el objetivo inmediato es la autopreservación, es preciso no perder en el camino la humanidad ni los valores para contribuir a la reconstrucción de la civilización y el orden social, cosa que ocurrirá sin duda antes o después. Y es algo que el protagonista nos recuerda explícitamente en varios momentos de la película, especialmente cuando ve que su hijo empieza a cogerle el gustillo a eso de vivir como en el Salvaje Oeste.

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Alégrame el día, ¡facineroso!

Panic in the Year Zero presenta un fuerte contraste con On the beach, la película sobre la que hablamos en la entrada anterior de esta serie. Para empezar, en cuanto a la factura del filme: la primera es un producto que roza con la serie B, mientras que en On the beach tenemos nombres como Ava Gardner y Gregory Peck, entre otros. Aún así, hay que mencionar que Panic… está dirigida y protagonizada por Ray Milland, actor y director galés quien fue ganador del Óscar al Mejor Actor de 1945, si bien en 1962 sus días de gloria ya habían pasado. En cuanto al guión en sí, se encuadra también dentro de ese periodo de cambio de perspectiva global respecto a las armas nucleares allí mencionado, pero aún siendo Panic… posterior, se sitúa en el lado opuesto a On the beach en el  debate. Su desarrollo asume más bien la que era la narrativa oficial durante la etapa más temprana de la era atómica, antes de la llegada de las bombas termonucleares y los misiles intercontinentales a gran escala: la radioactividad no es tan peligrosa, las bombas nucleares no son más que bombas, el país puede sobrevivir y ganar una guerra nuclear. Recordemos en cambio que en On the beach, el final inevitable no era otro que el de la total extinción de la raza humana.

Panic in the Year Zero trata entonces de aprovechar el tirón de un posible enfrentamiento a gran escala entre las dos superpotencias (un tema muy de actualidad casi en cualquier momento de la segunda mitad del siglo pasado) sin salirse ni un milímetro de esa narrativa oficial ya en decadencia, representando quizá uno de los últimos coletazos del discurso original que las autoridades querían vender a la población en los albores de la era atómica. En mi opinión, de haberse retrasado su estreno unos pocos meses es probable que el shock de la crisis de los misiles de Cuba hubiese dejado su trama bastante desfasada y como perteneciente a una época ya superada. Tras haber rozado el mundo la realidad de un intercambio termonuclear total muy de cerca, las peripecias de supervivencia campestre de los Baldwin resultan, cuando menos, un tanto ingenuas; aunque es cierto eso sí que la premisa base de que uno de los mayores peligros para la supervivencia individual son, precisamente, el resto de supervivientes, sigue siendo válida y continúa estando de actualidad como demuestra por ejemplo una serie televisiva tan en boga como The Walking Dead.

El subtexto de la película es también ciertamente oficialista: un tufo de moralina y maniqueísmo planea sobre todo el metraje. Si bien no se menciona explícitamente, se da por entendido que la responsabilidad de la agresión recae en el otro bando, es decir, en la URSS. La distinción entre personajes virtuosos y corruptos es muy clara. Los justos sobreviven y formarán el germen de la reconstrucción triunfante de la nación victoriosa. El mensaje al espectador es claro y directo: llegado el caso, América espera que actúes como Harry Baldwin. Él es la sólida encarnación de los valores propios de la época y el lugar, requeridos por la nación en una hora semejante de necesidad, como por ejemplo, el individualismo, la sensatez pedestre y poco dada a elucubraciones filosóficas y ese conjunto de saberes prácticos propios del colono de frontera, manejo de armas incluido of course, y del clásico self-made man (hombre hecho a sí mismo) americano, capaz de adaptarse y prosperar bajo cualquier circunstancia. El bueno de Harry, duro en la adversidad pero justo de corazón, reparte estopa al tendero y al de la gasolina para tomar las armas y el combustible que necesita y que no puede pagar; pero deja todo el dinero que le queda, y promete saldar la deuda en cuanto sea posible. Su máximo anhelo es protegerse a él y a los suyos hasta que regresen la ley, el orden y los perritos calientes. Sin embargo, su insistencia en tratar a su familia como si fueran idiotas, explicando una y otra vez lo difícil de la situación y lo imperativo de hacer lo que sea para sobrevivir, así como su forma un tanto dictatorial de tomar todas las decisiones y su escasa empatía, consiguen que Harry acabe resultando un personaje más bien antipático y estomagante.

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– Teneis que comprender que nos enfrentamos a… – Maldita sea papá ¿¡otra vez!?

Desde esta perspectiva no resulta ya tan extraño que, a pesar de haber escuchado en la radio que las principales ciudades del planeta están en ruinas y con un conteo de muertos que asciende sin duda a decenas de millones de personas, Harry ni por un segundo se detiene a reflexionar que qué coño habrá pasado para que la Humanidad haya decidido de repente jugar al intercambio masivo de pepinos; ni mucho menos, claro, de si no habría que cambiar algo del funcionamiento habitual de las cosas para que algo así no volviera a suceder jamás. Como por ejemplo, a los gobiernos y autoridades mundiales que permitieron que ocurriera semejante desastre, y cuya primera medida para afrontar la grave situación parece ser la de iniciar una nueva cuenta de los años a partir de ese momento: ¡bravo!

De ahí viene el título de la película, ya que el primer año de ese calendario y en el que se desarrolla la acción, es designado como el Año Cero en el que da comienzo una nueva época. Y es aquí donde en opinión de un servidor, la película traiciona en cierto modo a lo que prometen su título y su llamativo cartel (con sensacionales frases como “El día-A… ¡cuando la civilización llega a su fin!” o “¡¡Donde termina la ciencia-ficción y comienzan los hechos!!“), ya que esas son prácticamente las únicas concesiones que el guión hace a esa idea de que una nueva y muy diferente era comenzaría para la Humanidad en caso de una guerra nuclear. Cosas como la radioactividad, las víctimas o cómo cambiaría la sociedad nacida de esa nueva época, se mencionan muy de pasada: la trama podría haberse adaptado sin dificultad a una invasión extraterrestre, catástrofe natural de grandes proporciones u otra circunstancia cualquiera que sirviese como excusa para el curso de supervivencia acelerado de los Baldwin. Lo que en On the beach es el fin irreversible y total de la civilización y la raza humana, aquí no es más que una situación temporal de suspensión de la ley y el orden, tras la que llegará el renacimiento. Sin embargo, ese “nuevo comienzo” que se cita en la última escena parece reducirse a poco más que los Estados Unidos ganan la guerra (como se nos informa en el filme a través de una emisión radiofónica) y que pasado cierto tiempo todo volverá a ser como antes pero incluso mejor, ya que no habrá rival que amenace la natural hegemonía norteamericana.

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Pues parece que ha quedado buena tarde…

Publicado 23 julio, 2015 por bravido en Guerra Fría, Nuclear, Películas

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