Leído: Cántico por Leibowitz (A Canticle for Leibowitz), Walter M. Miller, 1960   1 comment

A Canticle for LeibowitzEn el último par de meses he vuelto a recuperar la sana costumbre de leer algo de ciencia-ficción. Tirar de clásicos es con frecuencia una buena elección, y Cántico por Leibowitz es, sin duda, uno de ellos. Se trata además de ficción post-apocalíptica y eso, para mi, ya es un buen comienzo 🙂

Pero no estamos hablando aquí de un Mad-Max, de una historia de supervivencia de un héroe o de un grupo de protagonistas. Estamos hablando de la capacidad de supervivencia de la especie humana, de si es capaz de aprender de sus errores, o bien está condenada a repetirlos, hasta su aniquilación definitiva. El punto de partida del argumento es que finalmente la humanidad, nuestra sociedad tecnológica contemporánea, en algún momento pulsó el botón que puso en marcha el infierno atómico y la tierra quedó arrasada. Quedaron escasos supervivientes, muchos deformes a consecuencia de la radiación. No hay que olvidar que en el momento de publicación de esta novela, en plena Guerra Fría, semejante escenario era una amenaza muy real y cotidiana para los habitantes de este planeta.

La novela se divide en tres partes diferenciadas, cada una situada 600 años después de la anterior. Sin embargo el lugar de la acción es siempre el mismo, una abadía de la orden Albertiana de San Leibowitz, situada en alguna parte de lo que un día fue Norteamérica. No se llegan a conocer muchos detalles del fundador de la orden, Leibowitz, más allá de que fue un técnico o ingeniero en el siglo XX y uno de los supervivientes de la guerra nuclear que asoló el mundo. Tras esa catástrofe vino una era llamada de Simplificación: la mayoría de los supervivientes se volvieron llenos de ira contra la tecnología que había hecho posible semejante holocausto, y contra las personas que lo hicieron posible: políticos y militares, pero también científicos y técnicos que construyeron sus inmisericordes heraldos en forma de bombas y misiles.

Leibowitz, tratando de que al menos algo del antiguo conocimiento se preservara fundó una orden de contrabandistas del conocimiento, personas que como él arriesgaran su vida para salvar de la quema toda la literatura científica y técnica que fuese posible. Con el tiempo acabó transformándose en una orden religiosa católica, lo que ofrecía una mayor seguridad para custodiar su precioso legado ya que la religión era una de las pocas cosas del viejo mundo que aún se respetaban tras la Simplificación; incluso más que antes. De manera que al comienzo del libro encontramos una civilización sumergida en una especie de neo-edad media, 600 años después de la guerra y que sobrevive a duras penas rodeada de los restos de su predecesora, que se voló a si misma en pedazos. En la abadía, los monjes copian sin descanso los escasos fragmentos de literatura pre-apocalíptica que han logrado reunir – la Memorabilia – y a cuya preservación dedican su vida entera aunque nadie sabe comprenderla; con la infatigable esperanza de que algún día pueda ser descifrada y ayude a la humanidad a salir de su penosa existencia actual.

A lo largo del libro vamos asistiendo pues a la evolución histórica de esta sociedad, a través de la vida en la abadía, que se verá involucrada en los acontecimientos políticos y tecnológicos de cada época. Es fácil establecer algunos paralelismos con nuestra propia historia.

El eje central de la novela es, claro, ¿cómo evitar que toda la historia vuelva a repetirse, incluido su dramático final? ¿es posible o la autodestrucción es intrínseca a la raza humana? Se trata también de una reflexión sobre la espada de doble filo de la ciencia y la tecnología, el poder que otorga tanto para el bienestar y progreso humanos, como para su daño y posible final. El progreso conlleva por tanto una gran responsabilidad moral y es cuando los hombres que crean la tecnología y los que la usan, dimiten de aquella, que la humanidad se encamina hacia el desastre.

¿Cuál es entonces el arnés moral que los hombres han de utilizar para contener y dominar los terribles poderes que la ciencia pone en sus manos? Para el autor la respuesta a esta pregunta parece estar en la religión, concretamente en la católica. Es la Iglesia quien, por un lado, preserva los conocimientos supervivientes de la civilización extinta en preparación del renacimiento de la actual; pero también es la única con la capacidad de guiar a los poderosos y los sabios en su correcto uso, en base a la doctrina de Cristo, que sobrevive a los siglos y las guerras.

Si bien este enfoque puede resultar un tanto extraño dentro de una novela del género y no deja de tener cierto trasfondo apologético, en mi opinión no resulta excesivo ni desvirtúa para nada el desarrollo de la historia. En cambio, bien tratado aporta un elemento muy original e imágenes realmente sugerentes, como la de los monjes copiando sin descanso (y adornando en ocasiones con sus propias miniaturas) ininteligibles tratados de física, electrónica y otras ramas del saber de una era muerta, rescatados del fuego y la ira. En semblanza con lo que se hacía en la Edad Media en muchos monasterios europeos pero, a la vez, introduciendo interesantes diferencias.

Posiblemente este enfoque religioso esté influenciado por la propia experiencia vital del autor. Como se puede leer en su entrada de la Wikipedia, participó en la II Guerra Mundial como tripulante de bombarderos y tomó parte en el famoso bombardeo de la abadía de Monte Cassino, circunstancia que le afectó de forma traumática. Tras la guerra se convirtió al catolicismo.

En cualquier caso, es un placer leerla y no deja de provocar cierto estremecimiento al lector, al pensar lo cerca que estuvimos de que este futuro hipotético, o alguno similar o mucho peor, llegase a ser nuestro presente en la realidad.

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Publicado 22 febrero, 2013 por bravido en Libros, Uncategorized

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