¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS? (I) – Preparándose para el post-apocalipsis nuclear   3 comments

¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS? 
¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS? 
¿Qué harías tú? 
¡No sé! 

Polanski y el ardor. Ataque preventivo de la URSS, 1983

Polanski y el Ardor te lo preguntaban a principios de los años 80, cuando todavía quedaba apenas una década para la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Pero ya hacía bastantes años que el gobierno y ciudadanos de los Estados Unidos se habían hecho la misma pregunta – y de una forma mucho más seria.

Muy poca gente piensa hoy que mañana podría despertarse con su mundo convertido en una ruina humeante cubierta de un polvo letal, la civilización arrasada en unas pocas horas. El peligro de una guerra nuclear total parece conjurado o al menos sumamente improbable, como mucho circunscrito a un hipotético conflicto local en el Oriente Medio o el subcontinente Indio. Ciertamente preocupante si nos paramos a pensar en ello, pero, ¿por qué habría que pensar en ello? Hoy los misiles duermen a buen recaudo y no hay riesgo de que salgan de sus silos, salvo quizás para alguna esporádica prueba de vez en cuando para que no cojan demasiado polvo ¿verdad? A pesar del hecho de que seguimos viviendo sentados encima de una cantidad obscena de armas atómicas, nadie parece ya preocuparse demasiado.

Sin embargo, a finales de los 50 y principios de lo 60, con el desarrollo de la bomba termonuclear y de los misiles balísticos intercontinentales (ICBM), el peligro de una hecatombe nuclear comenzaba a golpear con insistencia las conciencias de gobiernos y ciudadanos. Hoy nos puede parecer nada más que el argumento de una película postapocalíptica o la nueva serie de televisión de HBO. En aquel momento, y durante las décadas siguientes que conformaron la llamada Guerra Fría, era una posibilidad muy real y, en ciertos momentos de la historia, hasta un escenario probable: era imperativo que la sociedad civil estuviese preparada para el Día del Juicio, cuando los misiles nucleares comenzasen a llover sobre las ciudades sacrificando millones de víctimas en el altar de la locura humana y haciendo un infierno la existencia de los supervivientes.

Tras la II Guerra Mundial, los gobiernos de las dos superpotencias comienzan a galvanizar a sus ciudadanos en torno a diversas organizaciones de Defensa Civil para que estén preparados para el próximo gran conflicto entre los bloques comunista y capitalista, que se daba por cierto. La experiencia de las guerras mundiales dictaba que los civiles no eran más que otro objetivo a destruir y de tanta importancia estratégica como cualquier otro. Inicialmente, la prioridad es la protección contra los bombardeos aéreos convencionales y los ataques con armas químicas, pero muy pronto entran en la ecuación las armas nucleares y los efectos de la radiactividad resultante.

El fin de una guerra alumbra una nueva era.

Inmediatamente después de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, mucha gente comprendió que la humanidad había cruzado el umbral de una nueva era. El potencial destructivo del nuevo arma trastoca marcos de referencia éticos, religiosos, psicológicos y políticos vigentes hasta ese momento: el poder del átomo ponía en manos del hombre el potencial para su propia aniquilación, con todas las implicaciones prácticas y filosóficas que ello conlleva.

Por supuesto, en un plano más inmediato el invento de la bomba atómica afectaba también al modo en el que se llevaría a cabo una guerra, la siguiente guerra. La experiencia reciente de las conflagraciones mundiales había mostrado sobradamente cómo la moderna tecnología armamentística era capaz de a) llevar la destrucción a distancias cada vez mayores y b) hacerla caer sobre objetivos civiles tanto o más que sobre los militares.  El paradigma de esto eran tanto los bombarderos y sus temidos raids indiscriminados sobre las ciudades de toda Europa, como las V-2 alemanas. Si bien estas últimas fueron mucho menos eficaces y decisivas que los bombardeos en su momento, marcaron el camino a seguir que culminaría en el ICBM menos de dos décadas después.

De manera que el centro de gravedad de la guerra se desplaza cada vez más del campo de batalla tradicional a las ciudades, mucho más vulnerables; las armas nucleares no hacían más que acentuar esta tendencia. Algo nada tranquilizador para la sociedad estadounidense, acostumbrada a que las guerras ocurriesen fuera de su territorio continental, lejos de la “Fortaleza América”. Ahora, cada civil no es más que otro combatiente más y cada casa, la última línea de defensa.

La Defensa Civil: sobrevivir es vencer.

¿Cómo se gana entonces una guerra como ésta, que puede comenzar y terminar en el mismo día y sin que un solo soldado enemigo cruce la frontera? Tratando de preservar lo que un ataque nuclear total trata de destruir: la sociedad civil, el alma de la nación. Aquel país que primero logre mantener y reconstruir su identidad, sus instituciones  y un nivel mínimo de capacidad estructural, podrá considerarse como “vencedor” del conflicto ante las naciones enemigas, que estarán bien completamente aniquiladas, o habrán retrocedido siglos en la historia.

Es fundamental por tanto la instrucción del ciudadano en esa tarea, la de la supervivencia, tanto por su bien como por el bien supremo de su país: solamente sobreviviendo podrá después ayudar en la reconstrucción.

“In the event of attack, the lives of those families which are not hit in the nuclear blast and fire can still be saved if they can be warned to take shelter and if that shelter is available. We owe that kind of insurance to our families and to our country.”

John F. Kennedy, 25 de Julio de 1961. Discurso sobre la Crisis de Berlin.

Durante la Guerra Fría fue la Federal Civil Defense Administration (FCDA) la agencia encargada de preparar al país ante el evento de una guerra nuclear total. Para ello, se distribuirían durante las siguientes décadas cientos de miles de folletos y vídeos informativos, kits de supervivencia y suministros, instrumental de medición radiológica, y todo tipo de material necesario para afrontar la dura existencia en El Día Después. Para el ciudadano americano de la época la bomba atómica pronto pasó a ser parte familiar de su paisaje cotidiano, y saber qué ocurriría, y cómo actuar en el caso de que alguna cayese cerca, el tipo de conocimiento práctico que uno tenía que tener, ya fuese niño o adulto.

La narrativa oficial, diseminada a través de numerosas publicaciones de agencias del Gobierno, es la de que tú y tu familia podéis sobrevivir a la guerra nuclear, si te preparas para ello siguiendo estas instrucciones. La cosa  viene a ser similar a prepararse para un desastre natural tipo tornado, o terremoto. Si tomas precauciones y te preparas por adelantado, es una simple cuestión de aguantar un par de semanas o tres en un refugio, estar atento a las instrucciones radiadas por las autoridades, y salir cuando sea seguro para ayudar a la reconstrucción de la comunidad. Si todos los ciudadanos hacen esto y participan, América habrá sobrevivido y por lo tanto vencido.

Manual de usuario para el Fin del Mundo.

La literatura destinada a preparar a la población civil para la III Guerra Mundial ofrece por tanto una perspectiva muy interesante para entender, en parte, lo que suponía vivir con esa espada de Damocles pendiente sobre la civilización, sobre la nación, y sobre la vida familiar y cotidiana de cada uno. Y sobre todo, para conocer de primera mano el discurso oficial que los gobiernos querían transmitir a los ciudadanos sobre la guerra nuclear.

FALLOUT PROTECTION pampleth cover

La naturaleza devastadora de un conflicto semejante no se podía soslayar. Por ejemplo, en el folleto Fallout Protection: what to know and do about nuclear attack, editado por el Departamento de Defensa en 1961 en plena fiebre de los refugios antinucleares tras en discurso de Kennedy sobre la crisis de Berlin, la introducción se advierte:

In a major attack upon our country, millions of people would be killed. There appears to be no practical program that would avoid large-scaleloss of life.”

“There is no escaping the fact that nuclear conflict would leave a tragic world. The areas of blast and fire would be scenes of havoc, devastation, and death. For the part of the country outside the immediate range of the explosions, it would be a time of extraordinary hardship—both for the Nation and for the individual. The effects of fallout radiation would be present in areas not decontaminated. Transportation and communication would be disrupted. The Nation would be prey to strange rumors and fears.

No obstante, inmediatamente se señala que no hay por qué sucumbir a la desesperanza: con una preparación adecuada, si cada familia sigue las instrucciones de la Defensa Civil antes y después del ataque, hay grandes posibilidades de supervivencia tanto para el individuo como para la nación:

But an effective program of civil defense could save the lives of millions who would not otherwise survive. Fallout shelters and related preparations, for example, could greatly reduce the number of casualties.”

But if effective precautions have been taken in advance, it need not be a time of despair.

Lógicamente, se trata de transmitir un mensaje tranquilizador y, en las siguientes secciones del folleto se evita incluir cualquier tipo de imagen perturbadora. Las ilustraciones a dos tintas tienen una estética atractiva y moderna y muestran en todo momento a ciudadanos correctamente vestidos y aseados (camisa y pantalón de sport para ellos, vestido con falda por las rodillas para ellas) construyendo refugios más o menos improvisados en el sótano de su casa, o viviendo en ellos. La guerra nuclear no es excusa para alterar la estampa y costumbres de la típica familia americana. Esto, claro, hace que algunas de esas ilustraciones resulten algo absurdas e inquietantes de un modo particular:

Refugio contra radiación prefabricado

¡Que bien lo pasamos aquí dentro!

Uno no puede dejar de preguntarse cómo luciría realmente una familia tras dos semanas encerrada bajo tierra en un sofocante tubo de metal, mientras el mundo a su alrededor es una ruina radiactiva, sin espacio para ponerse de pie (apenas 1 metro y 21 centímetros de alto) ni para que sus tres ocupantes puedan tumbarse para dormir a la vez. ¡Y en teoría tiene capacidad para una persona más!

The Family Fallout Shelter (1959)

Espíritu DIY

Otras publicaciones de la época ofrecían ejemplos e instrucciones más concretas sobre cómo los ciudadanos previsores podían construir su propio refugio para la protección de sus familias. En The Family Fallout Shelter, de 1959, encontramos información ampliada sobre la construcción de diversos tipos de refugios (en el sótano, en el patio trasero, subterráneos o de superficie, de cemento o metal…), incluyendo planos detallados de proyectos reales, listas de materiales y costes. Puro espíritu hágalo-usted-mismo americano.

Fallout

Ilustrando el concepto de fallout

Todos los manuales de Defensa Civil de la época dedican más o menos espacio a transmitir y explicar a la población los diversos efectos que deben esperar en caso de una detonación nuclear (explosión, fuego,  onda de choque…), y conceptos clave relacionados como Kilotón, Megatón, Zona cero y similares. Aunque se dan consejos sobre cómo tratar de evitar o minimizar los efectos directos de la deflagración, el asunto principal es la supervivencia a los efectos de la radiación  como el propio título indica. La palabra fallout se refiere a los residuos radiactivos generados por la explosión que, mezclados con el polvo y cenizas, se extienden llevados por el viento a lo largo de decenas o cientos de kilómetros y que van descendiendo poco a poco a tierra, posándose sobre propiedades, animales y personas, haciéndolas enfermar (radiation sickness) y posiblemente, morir. De ahí la importancia otorgada a los refugios: para protegerse de los efectos nocivos del fallout y la radioactividad, es recomendable guarecerse en uno lo más rápidamente posible, bien sea uno propio – como los vistos anteriormente -, uno improvisado, o uno comunitario. Durante los años 60 el gobierno americano puso en marcha programas intensivos para la localización y acondicionamiento de lugares adecuados como refugios antinucleares, que proliferaron por las ciudades de todo el país y se identificaban con un símbolo que se haría muy familiar por aquel entonces.

Señal de refugio antinuclear

Señal de refugio antinuclear

Los refugios, fuesen del tipo que fuesen, debían estar provistos de una serie de suministros de primera necesidad (comida, agua, artículos de higiene y primeros auxilios, de monitorización radiológica etc.), ya que sería necesario permanecer cierto tiempo viviendo en él, hasta que el fallout se aposente y los niveles de radiación disminuyan a niveles seguros – unas dos semanas aproximadamente según este manual. Un ciudadano disciplinado debería permanecer atento a las indicaciones de las autoridades, transmitidas por radio (importante tener, por tanto, un receptor como parte del equipamiento del refugio), que le harían saber el momento adecuado para salir de su encierro. Comenzaba entonces el proceso de reconstrucción que, con la guía de los expertos de la Defensa Civil (y uno diría que bajo ley marcial y estricta supervisión del ejército, al que no se menciona en ningún momento) permitirá salir victoriosa a la nación del terrible trance y que, si atendemos a la ilustración, parece cosa de limpiar un poco las calles y plazas, y arreando.

Limpiando la radiactividad residual

Aquí no ha pasado nada

Como decíamos, se trata de transmitir una imagen de tranquilidad, esperanza, y de que todo está bajo control.

La radiactividad no está tan mal.

Es interesante la comparación entre este folleto y otros similares pero de años anteriores. Un precursor del manual de 1961 sería Survival under atomic attack (subtitulado The official U.S. government booklet) y que data de 1950, esto es, el año después de que la Unión Soviética sorprendiese al mundo al llevar a cabo su primera prueba nuclear РДС-1 o Первая молния (Primer Rayo), conocida en Occidente como  Joe-I, y realizada cinco años antes de lo que los servicios de inteligencia capitalistas estimaban posible.

Una de las primeras frases de este folleto es Atom-splitting is just another way of causing an explosion. Esto ya nos da una sugerencia acerca del tono general del texto, en el que una de las ideas principales es que la bomba atómica es simplemente un explosivo más, muy potente quizás, pero que no debe ser tratado de manera especial en cuanto a la cuestión de la supervivencia. Por tanto, la preparación no es muy diferente a la de un bombardeo convencional (si bien extremadamente potente) como los de la II Guerra Mundial en Europa. Los ciudadanos no deben prestar oídos a los “mitos” que circulan sobre la bomba A y ante todo, acerca de la radiactividad. De hecho, uno de sus capítulos se titula Kill the Myths y en general, el libreto dedica una buena parte de su contenido a minimizar los riesgos y efectos de la radiactividad, con frases como:

Radiactivity is not new and misteryous.

We all have also breathed and eaten very small amounts of  radioactive materials without even knowing it.

We know more about radioactivity than we do about colds.

It’s easy to understand how radioactivity works if we think of how sunlight behaves […] You have to stay in its hotrays for a some time before you get a burn […] In the same way, the harm that can come to you from radioactivity will depend on the power of the rays an particles that strike you […]”

Radioactivity is not the bomb’s greatest threat.

Aunque estas frases no dejan de ser ciertas en su mayor parte, y en determinadas secciones del texto se entra más en detalle acerca de los efectos adversos de la radiación, se aprecia una sospechosa insistencia en rebajar su peligrosidad y desviar el foco de atención sobre ella. Esto prbablemente se deba a varios motivos, algunos menos obvios que otros:

  • Un intento de rebajar la histeria y paranoia en la que se sumió la sociedad americana tras conocer que la URSS tenía la bomba, en los albores de la Guerra Fría. El carácter mítico de la bomba A, nacido de las cenizas de Hiroshima y Nagasaki, como fuerza fundamental de la naturaleza otorgada por Dios (It is a harnessing of the basic power of the universe, según las conocidas palabras de Harry S. Truman), iniciadora de una nueva era y decisora de guerras, podía ser contraproducente ahora que  ya no solo era poseída por los EEUU y podía ser utilizada contra ellos. Por tanto, se intenta desmitificar la bomba y sus propiedades más novedosas publicitándola como algo mucho más prosaico, no tan diferente de otras armas convencionales ya conocidas.
  • Un conocimiento aún deficiente del comportamiento, difusión y efectos en la salud a largo plazo de la radiactividad resultante tras la deflagración (que aún no se conocía como fallout, si no como lingering radiation o radiación persistente). Apenas habían pasado 5 años de la primera explosión atómica en la prueba Trinity. También, la potencia de las bombas era más reducida y la bomba H aún estaba por llegar, aunque ya era conocida conceptualmente y de hecho, se la menciona de pasada en el folleto.
  • Como se afirma en el libro The Dragon’s Tail: Americans Face the Atomic Age de Robert A. Jacobs, existía un interés directo del gobierno y ejército norteamericanos por minimizar los peligros de la radiactividad ante la opinión pública: los años 50 entran de lleno en la época de las pruebas nucleares atmosféricas y muy pronto (a partir de 1951) muchas de ellas se realizarían en el Test Site del desierto de Nevada, esto es, en pleno territorio continental de los Estados Unidos (¡y serían televisadas!).

¿Qué sucedió entonces en el periodo que media entre el folleto de 1950, y los del 59 y 61, para que cambiase tan drásticamente el punto de vista sobre la peligrosidad de la radiación?

Ocurrieron varias cosas: ocurrió la bomba H (de hidrógeno o termonuclear), ocurrió el ICBM, y ocurrió Castle Bravo.

Carthago delenda est

We do not want a war. We do not know whether there will be a war. But we know that forces hostile to us possess weapons that could destroy us if we were unready. These weapons create a new threat – radioactive fallout that can spread death anywhere.

The Family Fallout Shelter, 1959

Los artefactos termonucleares aparecieron apenas 7 años despues de Hiroshima aumentando el poder destructivo de la bomba A, que ya era descomunal, en varios órdenes de magnitud con capacidades de decenas de megatones y sin límite máximo teórico. Producen igualmente residuos radiactivos que pueden ser dispersados a mayor distancia debido a su gran potencia, especialmente si detonan cerca del suelo (los radionúclidos se mezclan con el polvo y las cenizas resultantes y así se dispersan mucho más).

En cuanto al ICBM (InterContinental Ballistic Missile, o Misil Balístico Intercontinental), hizo su aparición a mediados de los 50 y esta vez fueron los soviéticos quienes se adelantaron con su R-7 Semyorka. Los misiles intercontinentales cambiaron el paradigma de la guerra nuclear. Previamente a este tipo de misiles la amenaza de ataque atómico se basaba en aviones bombarderos de largo alcance, que podrían ser detectados con cierta antelación (dando tiempo a organizar las medidas defensivas y alertar a la población) y derribados antes de alcanzar el continente. Quizás unos pocos lograsen atravesar las defensas y lanzar su carga mortal sobre algunas ciudades y objetivos; pero el daño sería relativamente contenido. En aquella época la URSS no contaba con capacidad de amenazar a los EEUU con misiles de alcance corto o medio (un hecho que llevaría más tarde a Jruschev a pensar en Cuba como una base ideal pare este tipo de armamento, con las consecuencias ya conocidas), ni presumiblemente con una capacidad de bombardeo tal como para un ataque nuclear de envergadura. Aún así, la paranoia anticomunista en los comienzos de la Guerra Fría alimentó el mito (sin fundamento alguno) del bomber gap, según el cual los Estados Unidos estaban muy por detrás de la URSS en cuanto a tamaño y capacidades de sus fuerzas aéreas.

El bomber gap en un artículo de la revista Life de 1956

El bomber gap en un artículo de la revista Life de 1956. Curtis LeMay como artista invitado.

El sentimiento de inferioridad frente a los rusos se disparó con el advenimiento del ICBM, cuya demostración más clara de su poderío misilístico fue el lanzamiento del Sputnik el 4 de Octubre de 1957. George E. Reedy, asesor del entonces líder de la mayoría demócrata en el Senado Lyndon B. Johnson, sintetizaba el sentir americano con estas palabras:

El hecho es que ya no podemos considerar que los rusos están por detrás de nosotros en cuanto a tecnología. Les tomó cuatro años ponerse al día con la bomba atómica y nueve meses hacer lo propio con la bomba de hidrógeno. Ahora somos nosotros los que intentamos alcanzar a su satélite“.

A nadie se le escapaba que donde iba un satélite perfectamente podía colocarse una cabeza nuclear que dejar caer sobre Norteamérica. Había nacido el missile gap, que demostró ser un mito igual de falso que el anterior (los americanos rápidamente superaron de forma amplia a la URSS en este terreno al menos durante un par de décadas), pero tanto o más efectivo psicológica y políticamente: ¿qué mejor argumento para aumentar el gasto militar año tras año?

En realidad, esos primeros misiles intercontinentales eran de una más que dudosa efectividad en caso de un conflicto real: tremendamente costosos de mantener, dependían de complejas infraestructuras de control repartidas por grandes distancias y su puesta a punto para la acción era tediosamente lenta. Pero no tardarían en perfeccionarse cada vez más en ambos bandos, y en cualquier caso ya permitían entrever un escenario de guerra totalmente distinto. Ya no se trataba de un puñado de bombas atómicas, a bordo de pesados y vulnerables bombarderos, sobre unas pocas ciudades desafortunadas. Ahora se trataba de decenas, cientos de artefactos termonucleares llegando a todos los rincones del país en menos de una hora, demasiado veloces como para ser derribados ni detectados a  tiempo de preparar defensa efectiva alguna. La acción combinada de tantas explosiones juntas crearía una enorme cantidad de fallout con el potencial de cubrir el país entero durante semanas. Los refugios antiradiación se hacían cada vez más necesarios, en cada estado, cada pueblo y ciudad, en cada casa. Así, en el manual de 1959 –  The Family Fallout Shelter –podemos ver unas ilustraciones como éstas, muy significativas del cambio de paradigma acerca de los resultados y peligros de la guerra nuclear:

Extensión de la nube radiactiva 1 hora después de un ataque masivo.

Extensión de la nube radiactiva 1 hora después de un ataque masivo.

Extensión de la nube radiactiva 24 horas más tarde. Las costa este lo tiene crudo.

Extensión de la nube radiactiva 24 horas más tarde.

Por último, Castle Bravo vino a hacer añicos la “versión oficial” y tranquilizadora que sobre los efectos de la radioactividad se había querido transmitir por parte de las autoridades estadounidenses durante la primera década de la era nuclear. La auténtica naturaleza y el daño para los seres humanos de la dispersión radioactiva provocada por las explosiones nucleares fue expuesta ante la población mundial. Esto supuso el principio del fin de las pruebas atmosféricas, aunque no de forma inmediata o total – de hecho, la última prueba de este tipo fue realizada por China en ¡1980!

Castle Bravo fue la primera prueba norteamericana de un dispositivo termonuclear de combustible seco. Versiones anteriores utilizaban deuterio líquido, y para mantenerlo en ese estado se precisaba de un enorme y pesado equipamiento criogénico: interesante para probar que el concepto de bomba de fusión funciona, pero imposible de montar en un avión o cohete. En Castle Bravo se pone a prueba un nuevo diseño con deuterio de litio y un tamaño mucho más reducido que sí es viable para ser utilizado en la práctica.

En un sentido militar estricto la prueba fue un éxito: el diseño demostró funcionar. Sobradamente de hecho, ya que produjo una explosión de 15 Megatones cuando se había estimado un máximo de 6… podríamos decir que se les fue un poco de las manos, algo que no deja de ser preocupante teniendo en cuenta de lo que estamos hablando. Y no fue lo único que se salió del guión: Castle Bravo es el mayor desastre radiológico de la historia de EEUU, con un resultado de pérdida de vidas humanas, contaminación duradera de zonas habitadas, y toda una deblacle de relaciones públicas, algo en principio menos importante pero que sí tuvo una gran influencia, como se ha dicho, en la percepción por parte de la opinión pública del tremendo riesgo que para el planeta entero suponía la proliferación de este tipo de armas.

El test se realizó en el atolón Bikini, parte del sitio de pruebas del Pacífico (Pacific Proving Grounds) en las Islas Marshall. Al tratarse de una detonación en superficie, arrojó a la atmósfera gran cantidad de residuos que llegaron a contaminar grave y duraderamente una serie de islas habitadas situadas a más de 150 kilómetros de la zona cero en la dirección del viento. La peor parte sin embargo se la llevaron los 23 marineros japoneses a bordo del pesquero Daigo Fukuryū Maru (第五福竜丸, Dragón Afortunado 5) que faenaban a unas 70 millas al Este del atolón, una zona considerada segura. Los desafortunados pescadores fueron testigos de la tremenda explosión. Unas horas después la nube radioactiva les alcanzó y se vieron envueltos por un fino polvo letal, compuesto mayoritariamente de coral pulverizado por la explosión mezclado con los productos tóxicos de la bomba, que cubría todas las superficies expuestas del barco, y a ellos mismos (uno de ellos llegó a probar el sabor de este polvillo – por favor, no intenten lo mismo en casa). A su regreso a Japón fueron llevados a Tokio e ingresados con síntomas de síndrome radioactivo agudo: quemaduras, nauseas, dolores de cabeza, sangrado de encías y otras consecuencias típicas. Varios meses después, el 23 de Septiembre, fallecía a causa de los efectos de la explosión el operador de radio del barco,  Aikichi Kuboyama, con 40 años de edad. El pescado de la zona, explotada por Japón, quedó a su vez contaminado. Los nipones tenían, una vez más, poderosas razones para no estar contentos con los juguetes nucleares de los EEUU.

Castle Bravo provocó por tanto un incidente internacional y descorrió el velo que cubría, en parte por desconocimiento, en parte por intereses militares, la verdadera naturaleza y peligros de la radioactividad y de la carrera armamentística nuclear en su conjunto. Como si de una moderna maldición de Cartago global se tratase, la posibilidad de que todo rastro de vida y civilización fuese borrado de la superficie del planeta, cubierto por una capa de ceniza atómica como quedó yerma y cubierta de sal la ciudad fenicia tras la conquista romana, se descubría como terriblemente real ante el mundo.

Castle_Bravo_007

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PRINCIPALES REFERENCIAS Y DOCUMENTACIÓN:

– Jacobs, Robert A. The Dragon’s Tail: Americans Face the Atomic Age. Massachusetts: Univ of Massachusetts Press, 2010.
– United States. Office of Civil and Defense Mobilization. The Family Fallout Shelter. Washington: Office of Civil and Defense Mobilization, 1959.  (PDF, ePUB, otros).
– United States. Office of Civil Defense. Fallout protection: what to know and do about nuclear attack. Washington: U.S. Govt. Print. Off., 1961. (PDF, ePUB, otros).
– Boston Mass. Civil Defense Dept. Survival under atomic attack. Boston: Mass. Civil Defense Dept., 1951. (PDF, ePUB, otros).
– Wellerstein, Alex.
Castle Bravo revisited. Nuclear Secrecy, 2013.

Otras fuentes disponibles en los enlaces presentes a lo largo de todo el texto.

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