Visto: Fail Safe, Sidney Lumet, 1964   1 comment

Fail Safe

Fail Safe (1964) es, en mi opinión, una especie de reverso oscuro de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, mucho más conocida y que en nuestro país alguien tuvo la simpática ocurrencia de titular ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú. Las dos películas se estrenaron el mismo año y tratan la misma temática, la amenaza de una guerra nuclear total, con conclusiones similares pero eso sí, grandes diferencias en la forma de enfocar tan tremendo argumento.

La premisa inicial es también muy parecida en ambas obras: un grupo de bombarderos estratégicos norteamericanos recibe la orden imprevista y errónea de atacar la Unión Soviética con bombas nucleares, lo que de realizarse provocaría una inevitable represalia rusa y correspondiente escalada del conflicto, hasta consumir el planeta entero en un horno atómico. Lo que en Dr. Strangelove… comienza por la locura de un fanático general obsesionado con la amenaza comunista y el pacifismo, en Fail Safe se manifiesta como consecuencia de un fallo de los sistemas informáticos, cada vez más complejos y automáticos, que controlan el Leviatán armamentístico de las dos superpotencias. Donde el magnífico film de Kubrick derrocha sátira y humor negro escena tras escena y personaje a personaje, Fail Safe opta por pintar un cuadro goyesco – solo hay que ver la escena inicial y la crudeza de los títulos de crédito – y reproducir desde el realismo los aspectos más dramáticos y fatalistas, que no son pocos, de la situación. Estrenada en pleno corazón de la Guerra Fría y dos años después de la Crisis de los misiles cubanos, el asunto no podía estar más de actualidad y apuntaba de lleno a la fibra de los espectadores. Muy posiblemente no solo con el prosaico objetivo de llenar las salas (con un desenlace sorprendente, es poco sospechosa de amartelarse con los gustos estándar del público medio), si no también de llamar la atención del mundo y de sus dirigentes sobre la que se nos podía venir encima, en la línea de lo que hiciera The Day After (1986) un par de décadas más tarde.

No esperes ver mucha acción en esta película: la trama se desarrolla casi por completo en una serie de salas cerradas y centros de control, desde donde los protagonistas (militares, asesores civiles y políticos, incluyendo a Henry Fonda como el presidente de los EEUU) siguen los acontecimientos a través de pantallas (festival de tecnología vintage) o de conversaciones telefónicas. Tratando de enmendar a contrarreloj el error que podría comenzar la 3ª Guerra Mundial,  se topan constantemente con los propios protocolos de actuación y sistemas automáticos que fueron diseñados precisamente para hacer frente a la amenaza del enemigo y que ahora, como una telaraña, constriñen y anulan sus intentos cada vez más desesperados de derribar o hacer regresar a los bombarderos errantes. No menos calamitosas son las trabas mentales, impuestas por la distancia ideológica y la desconfianza mutua fomentada por ambos bandos en aras del patriotismo, a la colaboración imprescindible entre rusos y americanos para evitar la catástrofe. Algunos no pueden concebir semejante alianza como otra cosa que no sea traición; otros dudan si lo que ocurre no será todo una astuta trampa orquestada por el enemigo; otros, defienden que es el mejor momento para tomar ventaja y lanzar un ataque por sorpresa total que lo destruya para siempre.

Solo unos pocos personajes lúcidos – el presidente, el general Black, el general Bogan – se dan cuenta de la enormidad de la amenaza y comprenden que han de abandonar inmediatamente toda postura aprendida e inmovilista, toda cortedad de miras realizando, si fuese necesario, los mayores sacrificios imaginables para salvar a la humanidad de su cercana destrucción.

El mensaje del film es meridiano: más tarde o más temprano y por pura estadística, la conclusión intrínseca e inevitable de la lógica demencial de la Guerra Fría – la doctrina MAD – y la multiplicación de factores provocada por el desarrollo continuo de sistemas de armamento más destructivos, más sofisticados y por tanto más complicados e independientes cada vez del control humano, es la aniquilación autoinflingida de nuestra especie. En 1964, ningún minuto era demasiado pronto para comenzar a deshacer ese ominoso destino. ¿Volveremos a enfrentarnos con él en el futuro?

Fail-Safe titles

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Publicado 8 enero, 2014 por bravido en Nuclear, Películas

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