Visto: Into Eternity. A film for the Future (2010)   Leave a comment

Into Eternity (Portada)¿Te preocupa el futuro? Piensas a veces en, por ejemplo, quién serás y dónde estarás dentro de 20 o 40 años: si habrás conseguido tus sueños, o tendrás una buena posición económica con la que pasar plácidamente tus últimos días. O, quizás, te preocupe el futuro de tus hijos y del mundo: qué ocurrirá cuando se agote el petróleo, o escasee el agua potable; por el colapso de los recursos y de nuestra civilización. ¿Quién puede decir qué pasará dentro de 50 o 100 años? ¿Nos habremos destruido a nosotros mismos? Quizás, tras las crisis, retrocedamos social y tecnológicamente a un estado más primitivo… ¿o hemos en cambio sido capaces de superarlas, de pasar al fin nuestra adolescencia como especie y emprender con firmeza la senda del progreso y del futuro al fin?

¿Surgirán nuevas formas de organización política? Pensemos en 200 o 500 años… en un lado del espejo, hemos solucionado nuestros problemas energéticos y sociales, vencido al envejecimiento y emprendido la conquista definitiva del Sistema Solar. En el otro, la Tierra no es más que un montón de escoria radioactiva con un puñado de supervivientes degenerados malviviendo en ella… Entre medias, infinitas posibilidades que nadie acertará a predecir: ¿singularidad tecnológica? ¿control mental? ¿catástrofe ecológica? ¿meteorito aniquilador?

Happy poop

El futuro era esto

En resumen, que es realmente difícil predecir el futuro incluso a unas pocas décadas vista. Hace no demasiado tiempo, se daba casi por hecho que para el año 2000 tendríamos coches voladores y una dacha en Marte… en cambio, tenemos Facebook y usamos una fantástica e hiperavanzada computadora personal de comunicación inalámbrica digital de bolsillo (también conocida como teléfono móvil celular) mayormente para mandar iconos de una mierda con ojos: ¿quién lo hubiese podido imaginar? Ni que decir entonces tratar de pensar en dónde estará la humanidad dentro de 1.000 años, o 5.000, o 10.000… para entonces más o menos, Frankenn I estaría siendo coronado emperador y dando comienzo al Imperio Galáctico; o, quizás, se estrene Gran Hermano MDCCLXXVIII.

…¿Y en 100.000 años?

¿Qué será de nosotros dentro de 100.000 años? ¿Existirá algo siquiera a lo que se le pueda llamar “ser humano”? ¿Seríamos capaces de comunicarnos con “ellos”? ¿De empatizar siquiera?

Pensar en todo esto puede parecer un mero pasatiempo intelectual sin mayor utilidad práctica. Y sin embargo resulta que, a día de hoy, hay personas en este planeta que tienen que plantearse este tipo de cuestiones como una parte de su trabajo diario: llevar a cabo un proyecto de construcción destinado a durar hasta 100.000 años, algo que ni siquiera los faraones hubieron soñado. Y tienen buenas razones para ello. Esto es lo que nos cuenta el documental Into Eternity.

En un lugar de Finlandia llamado Olkiluoto se está construyendo el primer repositorio permanente de combustible nuclear gastado del mundo, una instalación subterránea a la que se ha llamado Onkalo situada a 5 kilómetros de uno de los dos complejos nucleares con los que cuenta el país. Básicamente se trata de una serie de galerías subterráneas excavadas en la roca hasta una profundidad de unos 520 metros en las que los finlandeses pretenden almacenar y deshacerse de manera segura del combustible nuclear gastado que generan sus centrales. De hecho, en su Acta de Energía Nuclear declaran que

Nuclear waste generated in connection with or as a result of use of nuclear energy in Finland shall be handled, stored and permanently disposed of in Finland.

Nuclear Energy Act
Section 6 a – Management of nuclear waste generated in Finland

No se puede negar que son una gente bastante responsable y previsora. Lo que está claro es que, de alguna manera, hay que gestionar los residuos generados por la actividad de las centrales nucleares. Estos tienen la molesta costumbre de ser radioactivos y además, lo que es peor, de serlo durante mucho, mucho tiempo. Como ya se puede adivinar por la introducción de este artículo, este es la piedra angular sobre la que se basa la construcción y diseño de Onkalo, el propio documental y, en general, la problemática de la gestión de la “basura” nuclear. Onkalo es un proyecto planificado para durar nada más y nada menos que 100.000 años, tanto como sea necesario para que el combustible gastado almacenado en él deje de ser peligroso.

Modelo en 3 dimensiones del proyecto Onkalo

Modelo en 3 dimensiones de la red de galerías que formará el repositorio de Onkalo una vez construido en su totalidad

El ciclo del combustible nuclear gastado

Las centrales nucleares usan el isótopo uranio-235 (235U) como combustible mezclado al 3 o 5% con uranio-238. Se prepara en pastillas cilíndricas que se insertan en elementos en forma de barras. Cuando un elemento de combustible se gasta (deja de aportar neutrones para el sostenimiento de la reacción de fisión en cadena), cosa que puede ocurrir en 3 o 4 años, se retira del núcleo y pasa inicialmente a un almacén temporal dentro de la propia central, y que normalmente es una piscina. Efectivamente, el agua es un elemento ideal ya que bloquea la cadena de fisión al ser absorbente de neutrones, aislante de la radiación, abundante y de bajo coste, y a la vez sirve de refrigerante. El combustible gastado sigue generando mucho calor, y hay que dejar que se enfríe y vaya perdiendo algo de su poder radioactivo, antes de plantearse hacer nada más con él. Como mínimo, pasará unos 5 años a remojo en la propia central, que pueden convertirse en varias décadas. Si la piscina se llena y nos quedamos sin sitio, es posible que haya que recurrir a algún tipo de método de almacenamiento seco como ocurrió por ejemplo, en la central de Trillo.

Piscina con combustible gastado en una central nuclear.

Piscina con combustible gastado en una central nuclear.

Una vez los elementos han perdido calor suficiente, hay que plantearse qué hacer con ellos. En su mayor parte, se trata de 238U, que no es excesivamente radioactivo, pero tampoco algo que puedas ir esparciendo alegremente por el campo. Además, viene acompañado de toda una panoplia de otros isótopos más puñeteros que aparecen como producto de las reacciones nucleares, algunos de ellos con unas semividas bastante elevadas lo que garantiza que seguirán dando guerra durante un buen puñado de siglos. Cosas como el Estroncio 90 (90Sr) o el Cesio 137 (137Cs) que ya son bastante radioactivas y tóxicas y con unas semividas de 3 décadas más o menos. Pero la palma se la lleva el Plutonio, que es rabiosamente radioactivo, tóxico, puede arder espontáneamente y en su isótopo 239, sirve para fabricar armas nucleares. Una joya, vaya, que por si fuera poco, tiene una semivida de 24.100 años de nada. Y eso no significa que tras ese tiempo se haya agotado, sino simplemente, que te queda la mitad del plutonio original 🙂

Plutonio, un auténtico motherfucker

Plutonio, un auténtico motherfucker

En definitiva, tienes un paquetito caliente entre las manos y algo debes de hacer con él. Las opciones no son muchas, o bien mandarlo a una instalación de reproceso, para tratar de aprovechar algunos de los materiales como nuevo combustible, o bien colocarlo en algún lugar donde esté a buen recaudo, con medidas de seguridad apropiadas, personal de mantenimiento especializado, etc. donde se quede hasta… bueno, cosa de unas cuantas décadas. A esto se le llama almacén temporal, y España venía alquilando espacio en almacenes franceses e ingleses para enviar allí los desechos producidos en las plantas nacionales. El problema es que el contrato de alquiler terminó en 2011, así que se planeó la construcción de un Almacén Temporal Centralizado (ATC) para almacenar temporalmente los residuos generados en nuestro país. El proyecto está actualmente en curso y situado en Villar de Cañas (Cuenca) y se prevé que esté terminado en 2016.

Esto no es una solución definitiva ni se le acerca : según el dossier de prensa del proyecto “autorizado para un periodo de 60 años, aunque está diseñado para 100“. Eso es un 0,1% del tiempo para el que está previsto el almacén finlandés: no por nada se le llama temporal aunque, desde la perspectiva de los propios residuos, más bien debería llamarse almacén fugaz. Antes o después será necesario construir uno permanente, con unas características más seguras y que le permitan cumplir su función sin necesidad de intervención humana y, por tanto, durante mucho más tiempo.

Sobre esta necesidad, lo cierto es que se dicen cosas bastante divertidas en la documentación oficial publicada por organismos de la industria nuclear española.

En La gestión del combustible gastado de las centrales nucleares del Foro Nuclear se afirma lo siguiente acerca de los repositorios permanentes (las negritas son mias):

La primera opción [de almacenamiento en un repositorio permanente] es necesaria, antes o después, para el combustible gastado o para los residuos de período largo. […] ya existe la tecnología para trasladarlos residuos de vida larga a repositorios, una vez que su carga calorífica ha disminuido y se dispongan, con las barreras tecnológicas adecuadas, en formaciones geológicas profundas. Esta solución, aunque posible técnicamente, no se ha implantado de manera generalizada por varios motivos que aconsejan un período de espera:

• La construcción de los repositorios definitivos requiere largos períodos para la selección de las formaciones geológicas adecuadas, estudios para respaldar las autorizaciones necesarias y la construcción de importantes infraestructuras. Por otra parte, no existe aún una percepción completa por la sociedad de la necesidad de estas instalaciones que permita su aceptación pública.

[…]

En este otro documento disponible en la página de Nuclenor, y que trata del mismo tema, se puede leer (negritas mías, una vez más):

En la actualidad, la decisión definitiva con respecto a la gestión del combustible gastado no está tomada, pero sí controlada. Falta el necesario consenso social y ello también impulsa a que la decisión técnica opte por una situación de espera ante las perspectivas de hallar soluciones decisivas en el campo de la transmutación. Sin embargo, no debe olvidarse que existen tecnologías y conocimientos para enterrar de forma segura ese combustible gastado, mientras en contraposición a lo anterior, otro problema de gravosa actualidad como la solución al rápido calentamiento terrestre por el efecto invernadero ni está resuelto, ni acordado, ni controlado.

Con respecto a la gestión final, hay un consenso internacional sobre la viabilidad técnica de los almacenes geológicos profundos (AGP), existiendo a este respecto un alto grado de desarrollo en muchos países, aunque los procesos de implantación están siendo más lentos de lo previsto, fundamentalmente por problemas de aceptación pública y por el hecho de existir soluciones temporales satisfactorias.

En ambos documentos podemos entrever unas líneas de argumentación muy similares, a saber:

  • La solución definitiva es enterrar los residuos muy profundamente en zonas geológicas estables que impidan el filtrado al medio ambiente y mantengan la radioactividad aislada durante mucho tiempo.
  • Ya existe la teconología necesaria para solucionar de forma definitiva el problema, pero no se hace por culpa de la gente, que es idiota y pone el grito en el cielo por cualquier fruslería, y somos muy sensibles a lo que diga la opinión pública. De hecho, en las tertulias de Telecinco y en las barras de los bares no se oye hablar de otra cosa: ¿es conveniente o no la construcción de un repositorio geológico profundo de residuos radioactivos de alta actividad?
  • La decisión no está tomada pero está controlada (¿¿??): si no lo hemos hecho ya es por lo dicho en el punto anterior, no porque estemos buscando a ver a quién le colamos la factura. Nosotros de momento, con los almacenes temporales vamos tirando y… mañana ya lo pagará otro.
  • El calentamiento global es muchísimo peor, deberían centrase en ello de forma exclusiva  y dejar de pensar en la energía nuclear, que ya la gestionamos nosotros si eso.

No cabe duda de que el tema nuclear genera un intenso debate y que existen posiciones de un alarmismo exagerado y un tanto irreflexivas: la energía nuclear está ahí, y también tiene sus ventajas que hay que poner en la balanza. Pero eso ni debería impedir su debate público, ni quita que también exista una posición extrema y opuesta, garantista en exceso sobre la seguridad de la energía nuclear, y que es la de la propia industria nuclear, por razones obvias. Esta postura oficial el día antes de Fukushima era la misma que la del día antes de Chernóbil, y es que la posibilidad de un accidente grave es extremadamente remota, la tecnología está probadísima, las medidas de seguridad son redundantes e infalibles, etc. etc.

Y lo que en mi opinión es ya de una soberana dureza facial es argumentar que no se construye un repositorio permanente en este país por culpa de la sociedad, que no está preparada todavía. Más teniendo en cuenta que cuando el alquiler de los almacenes en el Francia y Reino Unido estaba por expirar, se tomó la decisión de construir el ATC tan tranquilamente, sin tanta delicadeza para con la percepción del problema por la sociedad, lo que me lleva a pensar que quizás los motivos son otros, principalmente el coste y quién paga la factura (más bien, el cómo la cuelan sin hacer mucho ruido porque pagar ya sabemos quién acabará pagando). Sí, hubo oposición al ATC por parte de movimientos ecologistas, y cierta polémica mediática… ¿y? Es lo que tiene vivir en una sociedad abierta, pero vamos, que así y todo ahí está el proyecto en construcción en Villar de Cañas. ¿O es que la sociedad ya estaba “preparada para un ATC”, que es mucho más inseguro, pero no para un repositorio permanente? Como dicen los ingleses, bullshit!.

En el 6º Sexto Plan General de Residuos Radiactivos del gobierno español de hecho se contempla la posibilidad de un repositorio permanente (también llamado Almacenamiento Geológico Profundo o AGP) en la planificación a largo plazo, con una fechas de de inicio estimadas de 2025 (fase de diseño) y 2040 (construcción):

Programa general de gestión combustible gastado y residuos radiactivos.

Programa general de gestión combustible gastado y residuos radiactivos del 6º PGRR.

No obstante, leyendo en Plan en más detalle se llega a la conclusión que no es más que una declaración de intenciones aún muy abstracta e inmadura, sobre la que se han realizado estudios de forma esporádica desde 1985 pero sin un proyecto real ni una determinación clara de impulsar y llevarlo a cabo. De momento aún ni siquiera tenemos el ATC pero cuando esté listo (2016 si todo va bien) y pensando mal por eso de acertar, proporcionará a políticos e industria al menos sus buenos 60 años de procrastinación sobre cómo lidiar de forma definitiva con los residuos nucleares, a la espera de que con un poco de suerte alguien desarrolle una nueva tecnología que nos resuelva el problema mágicamente.

Onkalo y alternativas

Y así es como llegamos a Onkalo y retomamos el documental. En Finlandia ya han decidido pasar a la acción y llevar a cabo la construcción de su solución definitiva en forma de Almacén Geológico Profundo, repositorio permanente, o como se quiera llamar. Son pioneros en este campo y es el primero en su especie al menos para uso civil. En Nuevo México, los Estados Unidos disponen ya de una instalación de este tipo (Planta Piloto para el Aislamiento de Residuos o WIPP) destinado a recoger los residuos procedentes de uso militar – donde por cierto, ocurrió un accidente hace cosa de un año (5 de Febrero de 2014).

Como se ha comentado, lo que define a una solución de estas características es que debe cumplir su función de forma segura y eficiente durante un periodo de tiempo que va más allá de de lo que podemos imaginar. Hasta que los residuos pierdan toda o la mayor parte de su  radioactividad debido a que han ido transmutado en elementos más estables. Para ello, es necesario enterrarlos profundamente en galerías excavadas en zonas geológicamente estáticas y cuya composición incluya materiales que impidan fugas o filtraciones al exterior. Una vez se haya agotado el espacio en el repositorio, se procede a tapar las galerías, cerrarlo y dejar que cumpla su función pacientemente a lo largo de cientos de siglos sin que a partir de ese momento necesite de intervención humana alguna ni de suministro de energía. En el caso de Onkalo, se espera llegar a esta fase en 2100. Para entonces, habrá alcanzado el máximo de su capacidad. Entonces, se sellará completamente el complejo rellenando los túneles de nuevo.

Bidones de material radioactivo en el océano

¡Hola!

¿Qué es lo que lleva hasta un proyecto tan ambicioso en sus objetivos como este? Bien, como se explica en la primera mitad del documental y se ha comentado anteriormente, las soluciones actuales no sirven para tratar un producto que puede contaminar durante miles de años. Evidentemente, desperdigar estos residuos por el medio ambiente no parece la mejor opción – aunque no otra cosa es lo que se hacía cuando se arrojaban miles de barriles con residuos radiactivos a la Fosa Atlántica, no ha mucho tiempo, entre 1967 y 1983. Desde entonces, se han ido desperdigando debido a las corrientes y descomponiéndose lentamente, sin que  esté muy claro cuál es su estado actual. ¡Y lo que les queda por delante!

Los repositorios existentes actualmente, como las piscinas, almacenes ATI (Temporales Individuales) en seco como el de Trillo, plantas de reproceso y ATCs como el mencionado antes, todos ellos precisan como se ha dicho ser atendidos por personal especializado, operados, reparados, controlados y supervisados, de forma continua. Son costosos y poco fiables a medio plazo, porque ¿qué contrato de mantenimiento garantiza que dentro de 100 o 200, o 500 años seguirá habiendo alguien que se ocupe de esas tareas? Guerras, catástrofes, crisis económicas de todo tipo ocurrirán con total certeza que terminarán con cualquier empresa humana que podamos poner en funcionamiento hoy. Todo el mundo, gobiernos, industria y expertos son conscientes de que son soluciones pasajeras a la espera de voluntad, dinero y/o tecnologías suficientes para acometer la siguiente fase.

Lo ideal sería alcanzar el sueño de los alquimistas y descubrir técnicas para la transmutación segura de los deshechos, esto es, acelerar su cadena de desintegración por diversos medios hasta que lleguen a isótopos estables (no radiactivos) sin tener que esperar al proceso natural – quizás incluso aprovechando el proceso para generar más energía. Sobre tales tecnologías existen proyectos de investigación; pero no están disponibles a corto plazo y en definitiva, puede que nunca lo estén: es una apuesta incierta.

Errr... nope

Errr… nope

A veces se menciona, y se hace en el documental, la posilidad de enviar los residuos al Sol, ya que, ¿acaso no es otra cosa que una gigantesca reacción termonuclear continua? No hay duda de que puede hacerse cargo de toda la basura que generemos a lo largo de la Historia sin inmutarse. Sería perfecto si no fuera porque se estima que existen entre 200.000 y 300.000 toneladas de residuos de alta actividad en todo el mundo y que aumentan cada año. El vector más potente en servicio hoy, el Delta IV Heavy de United Launch Alliance, solo es capaz de poner algo menos de 14 toneladas en órbita geoestacionaria. Aún dando como buena esa capacidad para lanzamientos a nuestra estrella (la cifra, con seguridad, sería menor), se precisarían entre 14.000 y 20.000 lanzamientos (¡más del doble de los lanzamientos orbitales y más allá de órbita realizados por la humanidad hasta ahora!) para deshacernos del stock de residuos existente a día de hoy… a un coste de unos aproximadamente 350 millones de euros por cada uno. Y no es solo el dinero y el número de lanzamientos: podemos decir con seguridad que un porcentaje de ellos, aunque pequeño, fallará esparciendo por la atmósfera sus cenizas radioactivas. No es que no sea algo que no hayamos hecho antes tampoco, en cientos y cientos de pruebas atmosféricas de armamentos nucleares… pero mejor no seguir por ese camino ¿no?

Ni de coña

Te parece una buena idea, pero no lo es

De acuerdo, el Sol está muy lejos y es muy difícil llevar nuestra basura hasta allí pero… ¿qué tal si probamos con los volcanes entonces? Como si del Anillo Único se tratase, arrojamos todas esas toneladas de residuos a la lava ¡y nos olvidamos del problema! Parece una idea cojonuda, sí, pero por desgracia esta a priori magnífica solución tampoco sirve. El calor de la lava de un volcán no es suficiente para desintegrar los radionúclidos, es decir, el material sigue siendo igual de peligroso. Lo que es peor, eso no quiere decir que no pueda arder en parte, con lo cuál se liberarían gases radioactivos a la atmósfera. Lo que no arda ni siquiera se hundiría hasta el fondo, y acabaría siendo devuelto y dispersado por un área extensa por el simple flujo de la lava, que ahora sería radiactiva, por no hablar ya de las propias erupciones volcánicas. Vamos, ¡que es una idea desastrosa!

El problema del futuro

El enterramiento profundo y estable es la opción más segura y realista disponible hoy. El resto son inciertas, costosas, o poco fiables. Aún así, al tener que cumplir su función durante una escala de tiempo tan inimaginable, las certezas que ofrece son escasas también. La principal tarea de los diseñadores de Onkalo, que es sobre lo que gira la mayor parte de Into Eternity, es tratar de asegurar al máximo de nuestras capacidades posible el éxito del almacén previendo todas las posibles eventualidades y aportado soluciones para prevenirlas.

Algunas son más obvias que otras. Por ejemplo el contruir el complejo en zonas que no vayan a verse – dentro de nuestra capacidad de previsión – afectadas por fenómenos geológicos que sean capaces de romper el sellado del material y provocar filtraciones o, incluso, devolverlo a la superficie. Todos estamos de acuerdo en que no queremos almacenar los residuos en zonas históricamente propensas a fenómenos de vulcanismo, terremotos, erosión, etc.

Sin embargo lo que es más complejo, quizás no técnicamente pero sí a nivel conceptual, es lidiar con nuestros descendientes y con lo que podrán pensar y querer hacer con el repositorio en cualquier momento de su vida útil. Nosotros mismos, como especie, somos el mayor riesgo para la seguridad de estos almacenes. Queremos avisar a la gente del futuro de lo que hemos dejado allí, y de su peligro; pero nunca antes nadie ha intentado comunicarse de una manera concienzuda y sistemática con seres de 100.000 años en el futuro. Bueno… digamos que casi nunca 😉

Para hacernos una idea de la vastedad del periodo de tiempo semejante, y de los cambios que pueden durante el mismo, debemos echar un vistazo hacia atrás, al pasado de nuestra especie. La pirámide de Giza tiene aproximadamente unos 4.500 años de antiguedad o lo que es lo mismo, un mero 4,5% del periodo total que debe durar Onkalo. Hace 10.500 años (10,5%) estábamos comenzando a domesticar animales, y unos 36.000 años atrás (36%) todavía nos disputábamos la tierra con los Neanderthales. En la mitad de ese periodo, 50.000 años atrás, fue cuando empezamos a espabilar de veras según algunas teorías. En definitiva, para que el fin de su misión coincidiese con nuestros días, Onkalo hubiese tenido que ser construido allá por el tiempo en el que se estima que estábamos cogiéndole el tranquillo a eso de hacer puntas de flecha a base de piedras.

timeline

Línea del tiempo. La historia humana desde la época de las pirámides hasta hoy, se comprende entre la 1ª y 3ª líneas en la parte izquierda.

Piensa en las certezas o teorías que podría pergeñar de aquella, una mañana del Paleolítico cualquiera, un Neandertal inquisitivo pensando acerca de cómo sería el mundo de dentro de 100.000 años y que cosas ocurrirían en todo ese tiempo, mientras se afanaba en sacarle filo a una piedra. Bien, ocurrieron muchas cosas sí, y entre ellas ¡la extinción de su propia raza!.

Imaginemos ahora nosotros, como hizo nuestro Neandertal, a los hombres y mujeres del lejano futuro. Quizás nos extingamos durante ese plazo, tal y como pasó con su especie: es una posibilidad real, y ni siquiera remota. En tal caso eso representará sin duda un problema menos para la supervivencia del repositorio 🙂 Pero pensemos en cambio que, en el curso de esa interminable línea del tiempo, el repositorio y su función son olvidados en algún momento, perdidos en la Historia; y después un día es reencontrado pero ya nadie sabe lo que es. Si suponemos que nos hemos desarrollado como una civilización más avanzada (tecnológica, social, psicológicamente) quizá seamos (sean) capaces de reinterpretarlo correctamente.

Pero una cultura “avanzada”, en el largo plazo, no significa necesariamente que sea heredera directa de la nuestra ni que haya seguido una línea recta desde la situación actual de la ciencia y tecnología. Sus motivaciones y su visión del mundo, completamente diferentes. Podrían ver nuestros restos, desde la lejanía, con ojos parecidos a con los que hoy miramos nosotros muchos restos y culturas del pasado y les asignarían simplemente una función mágica, religiosa, ritual, creyendo comprender. Un templo, un monumento funerario… y llevados por la curiosidad, comenzaran a desenterrar. Tal vez entendieran demasiado tarde la verdad de lo que allí se aloja.

Así eres tú para alguien del futuro

Así eres tú para alguien del futuro

Si en cambio pensamos ahora en que la humanidad ha sufrido un retroceso (desde nuestro punto de vista) cultural y técnico a un estado más primitivo, es más fácil suponer que la energía nuclear y sus peligros hayan sido olvidados o transformados en leyenda difusa y cualquier advertencia al respecto, ininteligible. No obstante, sí pueden tener la noción de que algo valioso se oculta allí, ya que tan protegido y, como han hecho los profanadores de tumbas durante toda la Historia, arriesgarse a revelar sus secretos.

¿Cómo hablarías tú a esas personas, ya sean más avanzadas o primitivas que nosotros, a través del abismo de los siglos? ¿Cómo les harías entender que no deben entrar, que no deben perturbar lo que allí hay, que no es algo valioso y sí peligroso, sin excitar su curiosidad?

En Into Eternity los diseñadores de Onkalo nos hablan de las posibles estrategias para conseguir que nuestros descendientes no interrumpan de ninguna manera el reposo de lo que allí se hallará almacenado. Este es un punto central del documental, como admite el propio director Michael Madsen, por las implicaciones y cuestiones que nos obliga a plantearnos sobre nosotros mismo como raza, nuestra civilización y nuestro futuro, y que ya se han venido desgranando a lo largo de este artículo.

Qué dará mejor resultado, ¿dejar que Onkalo y lo que allí hay, borrando todos sus rastros, caiga en el olvido? ¿O mantenerlo vivo en la memoria de los hombres, y confiar que generación tras generación, alguien tomará el relevo de recordar y traducir a sus contemporáneos el peligro de lo que allí se almacena? Ambas opciones se enfrentan al mismo problema recurrente, el tiempo, el periodo de tiempo que en comparación con la experiencia humana, equivale en la práctica a la eternidad. Como hemos comentado antes no se puede en absoluto descartar que, tras haber sido olvidado, se redescubra el repositorio en cualquier momento. Pero tampoco se puede garantizar que el conocimiento y sobre todo el mensaje que se quiere transmitir (“no entréis aquí”) no se desvirtúe en su paso por la cadena de generaciones, o no se entienda en el futuro; o que, de hecho, no llegue a producir el efecto contrario. Quienes construyeron las pirámides lo hicieron con la intención de evitar que nadie llegase a entrar allí… deseo que saqueadores y arqueólogos han insistido en no respetar.

En Finlandia han optado por promulgar una ley que transmite a cada generación ese conocimiento y responsabilidad de mantener seguro e inviolado el repositorio, en vez de olvidarse de él. Además, será necesario señalizar el lugar adecuadamente, por si cualquier transeunte despistado pasa por allí en los próximos 100.000 años. Ahora bien, esto no es tan sencillo como parece. Echemos por ejemplo un vistazo al siguiente símbolo:

Símbolo de radiación

¿Ein?

Nos resulta muy familiar, ¿verdad? Sin embargo, si nos abstraemos del hecho de que ya lo conocemos previamente y sabemos de su significado, no es difícil darse cuenta de que no hay apenas nada intuitivo en él. ¿Qué demonios tiene que ver esa especie de trébol estilizado con la radiación? ¿De qué manera señala a cualquiera que lo vea por primera vez, que se trata de algo peligroso? La combinación de colores elegida no es casual (instintivamente sabemos que debemos alejarnos de los animales que portan dichos colores), pero es a todas luces una indicación muy insuficiente y que no nos aclara nada acerca de la naturaleza de ese peligro. Estudios han demostrado que por ejemplo en países como Brasil, Kenia o India solamente un 6% de la población reconoce y comprende el clásico símbolo que representa la radioactividad.

De manera que a partir de, principalmente, la problemática de la energía nuclear, surge una rama de la señalética que se ocupa de estudiar la comunicación multigeneracional, es decir, cómo transmitir información al futuro de la forma más fiable posible, entendiendo que el lenguaje, la cultura, la forma de pensar y los códigos compartidos que hoy damos por sentados no serán necesariamente de utilidad en el medio y largo plazo. Es necesario repensar y rediseñar los medios a través de los cuales queremos transmitir nuestro mensaje al futuro distante:

716px-Logo_iso_radiation.svg

Mejor así…


...o así

…o así…


... o así

… o así

Está claro ahora que pensar en cómo serán nuestros descendientes dentro de miles de años y especular acerca de los posibles desarrollos de la cultura y la civilización es algo más que un simple pasatiempo. La estética de los dibujos anteriores puede resultar cutre e incluso jocosa, pero la idea es buscar mensajes y formas sencillas, inmediatamente identificables para cualquiera, un mínimo común denominador comunicativo que esperamos siga siendo efectivo incluso a través de los grandes cambios que sobrevendrán a la raza humana (¡atención al uso de El Grito de Edvard Munch en la tercera imagen!). No cabe duda de que es algo de total interés y aplicación en proyecto actuales como el WIPP de Nuevo México mencionado previamente, Onkalo, y otros similares que se irán construyendo en las próximas décadas. Tanto, de hecho, como para crear grupos de trabajo con nombres tan fardones como Human Interference Task Force, y financiar diversos estudios para encontrar maneras efectivas de comunicar a las generaciones futuras que deben mantenerse alejados de lo que hay o habrá enterrado en los almacenes de residuos radiactivos.

Las propuestas en dichos estudios no se limitan al diseño de símbolos y carteles, si no que van más allá y subrayan la necesidad de convertir a la propia instalación en un mensaje que transmita de modo inequívoco una sensación de daño, incomodidad y rechazo; así como evitar por todos los medios la idea de que sea un lugar donde se guarde algo valioso, se honre a algo o a alguien (como sería el caso de una tumba, por ejemplo), o donde merezca la pena establecerse o – sobre todo – excavar. Todo ha de ser cuidadosamente planeado, desde los materiales utilizados (han de ser duraderos pero al mismo tiempo de escaso valor) hasta la forma de utilizarlos (no se recomiendan formas rectas ni las simetrías; hay que procurar que los elementos de construcción tengan formas que dificulten su reaprovechamiento para otras tareas en el futuro, etc.). Crear paisajes de pesadilla que refuercen el mensaje recogido en el resto de elementos (textos, señales y símbolos) apelando al instinto, más que a la comunicación verbal; a las tripas, más que al cerebro. Algunas de estas propuestas son realmente turbadoras y fantásticas al mismo tiempo, y personalmente me encantaría que algún día se llevasen a la práctica:

forbid02

forbid01

spikes02

landscape_of_thorns

menace01

menace02

spikes04

spikes03

Y aún así no es posible asegurar que todas estas medidas puedan ser suficientes. Una vez más, los diseñadores de este tipo de instalaciones se enfrentan con el Everest del futuro a largo plazo, y a pesar de sus esfuerzos, nadie puede asegurar que los signos que hoy pueden parecernos universales, sean comprendidos por culturas lejanas y futuras – quizá puedan reconocer las figuras, pero no las acciones que intentan expresar, o confundirlas con otras. Y, la manipulación del paisaje en las formas propuestas previamente, ¿podría no terminar haciendo otra cosa que estimular la curiosidad de exploradores y aventureros?

El semiótico americano Thomas A. Sebeok fue uno de los estudiosos que por encargo del gobierno estadounidense, analizó este problema y realizó un informe del que presenta numerosos extractos en el capítulo 13 de su obra I think I am a Verb, titulado Pandora’s Box in Aftertimes. En dicho informe, Sebeok plantea si (en palabras de Umberto Eco, quien lo referencia en la conclusión del capítulo 7 de La búsqueda de la lengua perfecta):

La única solución sería instituir una especie de casta sacerdotal, formada por científicos nucleares, antropólogos, lingüistas y psicólogos, que se perpetuara a través de los siglos por cooptación y mantuviera viva la conciencia del peligro, creando mitos, leyendas y supersticiones. Con el tiempo, estos se verían obligados a transmitir algo cuyo conocimiento exacto habrían perdido, de modo que en el futuro, incluso en una sociedad humana que hubiera regresado al estado de barbarie, pudieran sobrevivir oscuramente tabúes imprecisos, pero eficaces.

Eco, Umberto (1999). La lengua perfecta de las imágenes. En La búsqueda de la lengua perfecta (p. 152). Barcelona: Crítica

El último vestigio de nuestra civilización

En las próximas décadas se irán construyendo más y más depósitos como Onkalo en otras partes del mundo. Muy posiblemente serán las obras de nuestra civilización que más perduren, una vez todo lo demás desaparezca: están diseñadas para ello. Ese podría ser nuestro legado al futuro, una colección de paisajes de pesadilla construidos sobre almacenes conteniendo cientos de toneladas de sustancias venenosas. ¿Cómo lo interpretarán las generaciones venideras? ¿Lograremos transmitir el conocimiento de su función y propósito? ¿Se perderá, o quizás se irá transformando poco a poco en una leyenda, en un mito del futuro? La respuesta es que no se puede saber, y los diseñadores y constructores de una obra semejante solo pueden poner lo mejor de su parte para intentarlo.

Lo que no es su tarea responder, aunque sin duda se lo habrán planteado alguna vez, es: si este será nuestro legado, ¿qué dice eso de nosotros y de nuestra civilización de la que estamos tan orgullosos?

A base de explorar todas las posibilidades y contigencias que deben afrontar los diseñadores de Onkalo para cumplir su objetivo de durar 100.000 años, el documental nos arroja continuamente a la cara la realidad del mayor problema de la energía nuclear, que no es otro que la dilatadísima vida de sus residuos como elementos contaminantes, así como la dificultad de su tratamiento, lo que hace imposible garantizar al 100% su seguridad. Onkalo es el intento más serio por ahora de conseguirlo, pero como hemos visto, no esta libre de incertidumbres y en cierto modo no deja de ser un “darle una patada para adelante” al problema. Qué decir entonces del resto de soluciones que se aplican actualmente, desde los repositorios temporales, costosos de mantener y llenos de incertidumbre a medio plazo, hasta el expeditivo método de arrojar bidones con residuos radioactivos al mar, y que arréen los que vengan después con las consecuencias.

En el documental se menciona de pasada también otro de los potenciales problemas de la energía nuclear, este de índole práctica y mucho más discutible, y que aparece en ocasiones en los debates sobre este asunto. Se trata de el hecho de que el uranio no deja de ser un recurso finito, esto es, se agotará en algún momento del futuro y dejará de estar disponible para su uso o su extracción devengará tan costosa que dejará de ser rentable. Estaría pues sujeto al mismo ciclo que el petróleo, digamos que descubrimiento – explotación intensiva y abaratamiento – dependencia – pico de explotación – declive y encarecimiento – agotamiento.

Igual que ocurre con el petróleo, puede decirse que hay dos corrientes de pensamiento: una pesimista que preconiza un peak uranium próximo o incluso ya superado, y otra optimista – y más realista en este caso, en mi opinión – que sostiene que con estimaciones conservadoras acerca de las reservas de uranio fácilmente extraíble, aún tenemos carrete para tirar cosa de un par de siglos; y eso sin contar con variables como nuevos métodos de explotación y reciclado de combustible gastado, uso de Torio como combustible, repunte de las prospecciones, acceso al uranio de los océanos etc. que podrían ampliar ese márgen en cientos e incluso miles de años. En resumen, el recorrido de progreso tecnológico tanto en formas de explotación como de extracción no parece tan agotado como en el caso del petróleo, en el que la sostenibilidad (en términos estrictos de negocio y coste/beneficio, no de ecología) a medio plazo de las nuevas técnicas del tipo del fracking y shale oil está aún en entredicho.

Pero no se puede olvidar que cuanto más tiempo hagamos uso de la energía nuclear de fisión, más residuos seguiremos generando, cada tonelada de ellos con sus cientos o miles de años de vida radioactiva contaminante y costosa de gestionar. Es decir, es una huída contínua hacia delante, un legado envenenado que continúa aumentando año a año y que arroja su sombra a lo largo de eones, sobre generaciones futuras que se cuentan por miles. Creo que esto, independientemente de la postura pro o anti-nuclear, “pragmática” o “idealista” (nótense aquí las comillas) de cada uno, es algo que no se puede soslayar en cualquier debate sobre el tema.

Y es que hay que tener en cuenta que, actualmente, Onkalo es la forma más avanzada de almacenamiento de residuos nucleares de alto nivel… y ni siquiera alberga todavía un solo kilogramo de material radioactivo. Es solo un proyecto en construcción, con unos plazos que vete tú a saber lo que pasa para entonces y, por ahora, es único en su especie – al menos para uso civil. Como se dice en un momento del documental, harían falta cientos de repositorios como este por todo el mundo para recoger y almacenar de una forma mínimamente racional el stock de combustible gastado ya existente. A día de hoy, lo que tenemos en las manos son esos repositorios temporales, caros de operar y mantener, absolutamente no fiables en relación a las escalas de tiempo de las que estamos tratando.

En mi opinión, el acierto del documental es hacer muy patente toda esta compleja perspectiva que, en la miopía habitual del día a día, muchos se niegan a considerar. Y además hacerlo principalmente a través de la descripción de un proyecto, Onkalo, concreto y localizado en el tiempo; de las razones por las que los finlandeses se han planteado un proyecto semejante, y los desafíos de diseño a los que se enfrenta para ser capaz de cumplir su función durante tantísimo tiempo. Al poner la lupa sobre Onkalo, la verdadera dimensión global de la cuestión de los residuos nucleares, y por ende de la energía nuclear, se nos revela de manera natural y necesaria.

Buh!

Buh!

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Publicado 3 marzo, 2015 por bravido en Uncategorized

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