Visto: Ven y mira (Иди и смотри), Elem Klimov, 1985   1 comment

Ven y mira: poster original6:7 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. 6:8 Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.

Libro del Apocalipsis, capítulo 6

Esta película podrían haberla titulado directamente Ven y pásalas putas, o Ven, mira y jódete. Así daría una idea más clara al espectador de lo que le espera durante su visionado, que no es solaz de espíritu precisamente: llega a hacerte sentir físicamente enfermo. Para ello no necesita tirar de escenas explícitamente gore ni de una violencia exarcebada. No es que no tenga de eso; es más, es un festival continuo, pero no es del tipo al que estamos acostumbrados en la mayoría del cine más o menos comercial.

Vaya, ¿para qué pasar tan mal rato entonces? Bueno, yo diría que – salvando

Come and See - cartel americano de la película

Come and See – cartel americano de la película

las distancias claro, ya que esto solo es un filme – ver Ven y Mira es algo así como visitar Auswichtz: no es algo agradable, pero es algo que hay que hacer para enfrentarnos a la realidad de las cotas de depravación moral y maldad a las que puede llegar, y ha llegado, el ser humano (o lo que es lo mismo, cada uno de nosotros). No vaya a ser que luego creamos que es imposible que ocurran ciertas cosas. Ven y Mira es una película de guerra, pero de la de verdad, de la que no mola, no de la que sale en películas como Pearl Harbour ni en Band of Brothers, ni siquiera en Salvad al soldado Ryan o La delgada línea roja. Aunque hay muchas películas estadounidenses y europeas con mensaje antibélico habitualmente están mezcladas con un despliegue de medios y escenas de guerra que no renuncian a la épica y, en el fondo, molan. La escena inicial del desembarco en Salvad al soldado Ryan, por ejemplo, transmite bastante bien el caos, el acojone y la carnicería de la batalla, y vaya, no es que den ganas de estar allí. Pero, por debajo de todo eso, la ves en el cine y estás pensando ouuaaaaaaalaaaa que pashoteeeee. Qué decir ya de la escena del ataque al poblado y los helicópteros en Apocalypse Now. Lorooolo-lo-lo-lo-rooolooo y tal.

Lo más parecido a eso que te puede pasar con Ven y Mira es que vomites las palomitas. “El Horror… já.

Esta película soviética se estrenó en 1985 y fue el resultado de un encargo del gobierno de la URSS para conmemorar el 40 aniversario de la victoria en la II Guerra Mundial. Ya solo el hecho de ver una película sobre el tema fuera de la perspectiva occidental y anglosajona a la que estamos, más que acostumbrados, saturados sin darnos cuenta, merece la pena. La importancia del Frente Oriental y los sacrificios allí realizados por el ejército y pueblo soviéticos son difícilmente ignorados por cualquiera que se interese y profundice un poco en la historia de la conflagración mundial. Pero si atendemos de forma exclusiva a la producción cinematográfica sobre el tema que llega habitualmente a los cines, de origen estadounidense en abrumadora mayoría, la imagen que podremos formarnos será, como es lógico, muy limitada y sesgada.

PartisanosOtro punto interesante es que apenas hay espacio para la exaltación de virtudes guerreras o del ejército en general, o de héroe alguno en particular. En primer lugar, los únicos combatientes que aparecen (alemanes aparte, claro está), son partisanos, y no soldados del ejército regular; a pesar de que en la URSS el Ejército Rojo era uno de los pilares básicos del régimen, constantemente glorificado por su sacrificio en la Gran Guerra Patria. Por supuesto hay detalles que presentan a los partisanos bajo un cierto prisma idealizado, y Kosach, su comandante, es quizás el personaje más arquetípico del elenco: el perfecto líder comunista para sus milicianos, duro pero justo, siempre con la expresión grave y resuelta de quien sabe que tiene una importante misión, y una gran responsabilidad – la supervivencia de su patria y de sus hombres – sobre sus espaldas.

Mas el espacio reservado en la cinta para Kosach y sus partisanos es en realidad bastante reducido. El papel protagonista es para Flyora, un muchacho preadolescente de la Bielorrusia rural en 1943, es decir, de la primera república soviética invadida por los nazis y donde se calcula que un 20% de la población fue asesinada durante la guerra. Pero el verdadero personaje central no es otro que la guerra, un absurdo e inacabable matadero, donde no hay gloria ni nobleza, solo sufrimiento, y muerte.

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Flyora

Flyora no ha perdido aún la inocencia y sueña con unirse a los partisanos y luchar contra el invasor. Conserva aún una visión idealizada de la guerra a pesar de que, como nos enteramos pronto, su padre ya ha caído luchando en ella. Un día encuentra un fusil enterrado, y pronto vendrán los partisanos a reclutarle para desesperación de su madre, quien quedará sola al cuidado de las dos hermanas pequeñas de Flyora.

En el campamento de la guerrilla, en medio de los tupidos bosques de la zona, conocerá a su idolatrado Kosach, y también a Glasha, una chica bonita y pizpireta, un poco mayor y más sofisticada que él pero, en el fondo, también nada más que una niña. Los partisanos abandonan al poco el campamento para hostigar al enemigo, dejando atrás a los desconsolados Flyora y Glasha. Él, porque anhela encontrar su lugar entre los adultos y luchar, ella, porque está enamorada de Kosach. Ambos se encuentran e inician su amistad, pero lo que podría ser el sano inicio de Flyora en la adolescencia se ve pronto truncado por un bombardeo alemán al campamento vacío. Tropas de paracaidistas nazis caen por toda la zona y ambos jóvenes se ven obligados a huir entre el bosque, en dirección a la aldea de Flyora.

Glasha

Glasha

Aquí comienza el peregrinaje del muchacho por los horrores de la guerra. La película refleja, especialmente en su segunda parte, uno de los episodios más terribles de la invasión nazi de la Unión Soviética, que fue la masacre de multitud de aldeas en la Bielorrusia ocupada. Como se nos recuerda en la película, en más de 600 aldeas los nazis asesinaron brutalmente a todos sus habitantes; y perpetraron matanzas similares en muchas otras. El episodio más conocido es el de la Masacre de Khatyn, donde el 22 de marzo de 1943 toda la población de la aldea fue masacrada por el 118.º batallón nazi de la Schutzmannschaft. No confundir, por cierto, con la Masacre de Katyn en Polonia, donde fueron los soviéticos quienes reclamaron entonces su cuota de barbarie e indignidad al asesinar a más de 20.000 polacos entre Abril y Mayo de 1940.

Tras varias peripecias que consisten básicamente en que la gente que está a su alrededor muere de formas diversas, Flyora llega desesperado, aturdido y lleno de odio e incomprensión a una aldea justo a la vez que un Einsatzkommando o grupo móvil de exterminio nazi se dispone a realizar su macabra tarea. Nos vemos arrastrados de repente al corazón del infierno mismo, representado con un verismo espartano pero que no nos ahorra nada, solo artificio, que es casi como si estuviésemos allí. Todas las escenas son sobrecogedoras, aunque no necesariamente por la violencia desatada. Por ejemplo cuando un oficial nazi entra en la casa de una familia donde se ha refugiado nuestro protagonista, atestada hasta los topes de gente temerosa, casi todos ancianos o niños. Tranquilamente, se sienta en la mesa y deja que le sirvan la comida, con manos temblorosas, las mismas personas a las que en breve condenará a una muerte terrible.

SS en la mesa

En el exterior, los bárbaros sacan a la gente de sus casas y la reunen en el centro del pueblo en una festiva orgía de música estridente, gritos y órdenes, alcohol, ladridos, golpes e inhumanidad. Mención especial a la fotografía y a los efectos de sonido, apabullantes, que transmiten de un modo muy eficaz el caos, el horror y la banalidad de lo que vemos en la pantalla, cuando lo que deseamos en realidad es alejarnos de alli, no saber, no mirar.

Pero no. Ven y mira. No podemos evitar ver como los nazis, una vez agrupados todos los aldeanos, los empujan sin contemplaciones (sigue la cacofonía incesante de gritos, risas, lloros, golpes, ruido de motores…) dentro de un granero, encerrándolos a todos en él. Llegamos a sentirnos parte de esa humanidad temblorosa y apiñada, aturdida e inerme ante la crueldad gratuita y banal a la que se ve sometida.

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Flyora consigue escapar y eventualmente se reune de nuevo con los partisanos al final de la película. No obstante, no es difícil imaginar, y sí de borrar de la retina, el destino del granero y de todas las personas en él encerradas. El mismo destino que sufrieron millones de personas a lo largo de toda Bielorrusia, en la URSS y en Europa, a manos de una ideología criminal. Una vez realizada la tarea, la caravana de la muerte parte de la aldea en llamas y prosigue su macabra y festiva peregrinación, en busca de nuevas atrocidades que realizar.

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vlcsnap-2015-07-07-18h28m04s164Como dije al principio opino que es una película que hay que ver; y también que aunque muy dura, es especialmente interesante para ser mostrada a jóvenes de instituto, especialmente en aquellas edades en las que por desgracia algunos juguetean con ideologías de corte fascista o nazi sin entender muy bien lo que significan ni lo que realmente promulgan. Es un filme violento claro, pero a la vez no contiene un gramo de violencia efectista ni superflua y, por eso mismo es muy eficaz en el mensaje que quiere transmitir. Completamente ajena al concepto de “entretenimiento” o “espectáculo” que permea gran parte del cine bélico, incluyendo en muchas ocasiones a aquel con mensaje pacifista, es una autética bofetada a la conciencia sin contemplación alguna y, áspera como el barro seco en la suela de una bota, no deja espacio ni siquiera al desahogo lacrimógeno que provoca, por ejemplo, La Lista de Schindler.

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Esa misma aspereza no lo pone fácil para llegar a un público joven, ni al general, con esta película. También lo complica su larga duración, y algunos defectos como las forzadas escenas cuando Glasha y Flyora se encuentran y que desentonan con el resto de la cinta. No obstante es una de las descripciones más crudas, reales y desmitificadoras que conozco de lo que es la guerra, y suministrado a tiempo, quizá un antídoto contra coqueteos con ideologías que hacen exaltación de la violencia y del racismo.

Difícil no quedar al menos un poco transformado tras ver esta película; a no ser que tenga uno un corazón de estaño puro.

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Publicado 8 julio, 2015 por bravido en Uncategorized

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Una respuesta a “Visto: Ven y mira (Иди и смотри), Elem Klimov, 1985

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  1. Muchas gracias. Gracias a esta entrada de tu blog, me he animado a ver esta película.
    La primera mitad me ha costado digerirla por culpa de los dos niños. La gran mayoría de veces, o no lo entiendo o es un poco paranoia. Si no fuera por ello, con lo demás, estaría aceptable esta primera mitad.
    Afortunadamente, me salvó la segunda parte de la película. Aunque es la que tiene la parte más explícita del horror. No es morbo, es la puesta en escena, los planos captando todo el despliegue, la trama que no para, no te deja salirte de la película, te deja pegado.
    Me gustaron tomas de cierta extensión, centradas en el movimiento puntual de algo/alguien, como la del partisano corriendo por los monticulos con el cubo hasta que le disparan en el pie, el rodaje hasta la aldea del sidecar que exhibe el muerto o el furgón de propaganda en movimiento hasta que se detiene.
    El sonido es muy bueno, la oscuridad que transmite. Es lo que se salva de la paranoia de los dos niños juntos. El sonido de la mosca cojonera y cansina también añade intensidad.
    Siendo rodada en la época que fue, tenía que acabar como tenía que acabar, la Perestroika no había empezado aún. Pero me gusta el final, quizás un poco repetitivo y cansino el niño disparando al cuadro tantas veces, intercalando con imágenes históricas reales, que, no nos vamos a engañar, un niño de una aldea bielorrusa en aquella época, no disponía de esa información gráfica que los espectadores del film sí que tienen. El odio lo podrían haber expresado de otra manera, pero supongo que por presiones de la censura y del aniversario de la Victoria de la Gran Guerra Patriótica, tenía que aparecer en la película la figura del dictador sanguinario.
    El envejecimiento del protagonista, sublime.
    Me ha gustado, sí señor. Muchas gracias por descubrirnos esta película 😉

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