¡Cine atómico! On the beach (La hora final), 1959, Stanley Kramer   4 comments

Abro hoy una serie de artículos dedicada una vez más a una de mis obsesiones personales, que no es otra que la Guerra Fría, las armas nucleares, la posibilidad de extinción total y definitiva de la vida humana y parte de la extranjera, y en fin, asuntos de similar pelaje todos ellos perfectos para sobrellevar el apocalipsis canicular de este verano de 2015 en el que el fin del mundo parece a la vuelta de la esquina, reducido el planeta a un charco de asfalto. No obstante, es apto igualmente para ser guardado en Favoritos para leerlo a la vuelta de Septiembre, o durante el invierno, si así lo desean.

Les propongo en esta ocasión un recorrido a cómo se ha tratado y retratado el escenario de guerra nuclear total en el cine, dando un repaso que si bien no exhaustivo, trata de recoger al menos algunas de las obras más significativas y accesibles al público en general – es decir, las encontrará sin dificultad en su videoclub analógico o digital de referencia. De hecho esta temática la introduje ya de facto en el blog con el artículo dedicado a Fail Safe, solo que en esa ocasión no se me había ocurrido iniciar una serie dedicada al respecto. Recomiendo encarecidamente incorporar dicho artículo a sus lecturas, si acaso el asunto en cuestión apela a sus intereses.

La lista no pretende ser completa ni mucho menos. Por un lado, como es de esperar una temática semejante, que afectó profunda y directamente a las vidas de miles de millones de personas en el planeta durante varias décadas, fue prolíficamente tratada en la cultura popular en todas sus formas, incluyendo por supuesto al cine. Por otro, me limitaré solamente a películas cuya trama verse de manera principal sobre el desarrollo, los efectos y consecuencias para los supervivientes (ya sean individuos, naciones o el mundo entero) de un apocalipsis nuclear provocado por un enfrentamiento directo entre EEUU y la URSS, y respectivos bloques aliados. Es decir, aquellos que tratan de abordar el asunto desde una perspectiva más o menos verosímil, excluyendo por tanto a filmes que tratan escenarios más fantasiosos sobre monstruos mutantes y otros efectos pseudocientíficos de la radioactividad, del tipo de Godzilla, El increíble hombre menguante, o Tarántula.

Si algún lector desea encontrar una lista realmente exhaustiva, no conozco mejor referencia que la lista de cine atómico en la página de CONELRAD, un verdadero paraíso para el amante de la cultura popular americana de la Guerra Fría.

Para cada una de las películas aquí reseñadas, trataré por un lado de resumir su argumento sin desvelar todos los detalles de su desenlace (aunque no prometo nada ni en cuanto a resumir ni en cuanto a desvelar), y por otro de dotar de un cierto contexto histórico, dentro del desarrollo de la Guerra Fría y de la carrera armamentística asociada, a cada obra individual. Ambicioso objetivo digno de un académico y no de un amateur, no cabe duda: no se fíen por sistema de todo lo que lean aquí, como no lo harían de cualquier otra cosa que lean en la Internet. Ditto.

On the Beach (1959)

Sin más dilación comenzamos pues este somero repaso al cine atómico con una película de 1959 que, de todas las de la lista (y uno casi diría que de todas las del género) es la que tiene un reparto de más relumbrón, con Gregory Peck y Ava Gardner como pareja protagonista, además de otros nombres conocidos para papeles secundarios tales como Fred Astaire y Anthony Perkins. Dirigida además por Stanley Kramer, otro peso pesado de Hollywood, el filme adapta una novela homónima de Nevil Shute publicada solo un par de años antes, en 1957.

La trama es la siguiente: después de haya estallado la III Guerra Mundial, enfrentando a los bloques comunista y capitalista, el uso de armas nucleares ha terminado con prácticamente toda la población del Hemisferio Norte. Lo que queda de la Humanidad sobrevive únicamente en Australia, donde la civilización permanece intacta aunque se enfrenta a la escasez de suministros tales como el petróleo (en la novela original, en otras zonas australes del planeta hay también grandes grupos de supervivientes). No obstante, está previsto que en pocos meses la radioactividad resultante llegue también allí, arrastrada por las corrientes atmosféricas y acabando al fin con los últimos restos de la raza humana.

Melbourne, 1959 en una realidad paralela

Melbourne, 1959 en una realidad paralela

La historia transcurre en Melbourne y alrededores y se centra en un grupo de personajes que afrontan cada uno a su manera el hecho de que, al igual que todos los que les rodean, tienen sus días contados aún mientras viven en medio de una relativa normalidad. Algunos, como veremos, recurren a la botella y al cinismo; otros, a la negación. Muchos sencillamente se limitan a continuar con sus vidas mientras esperan que llegue el fin, pero siempre con un trasfondo de angustia creciente.

La principal línea argumental sigue el complicado romance entre el Capitán Towers (Gregory Peck), comandante del Sawfish, el último submarino nuclear norteamericano en servicio, y Moira Davidson (Ava Gardner), una bella mujer residente en Melbourne que ante el destino fatal que aguarda al ser humano, opta sin complejo alguno en darse a la botella y agarrase unos pedos de campeonato día sí y día también, mientras el cuerpo aguante.

Mujer de bandera a babor

Mujer de bandera a babor

Ambos se conocen cuando el capitán Dwight Towers llega con su submarino a Australia (recordemos, último reducto de la civilización en el filme) tras un largo vagar en el que solo han encontrado ruina, radioactividad y desolación. La Armada Australiana envía al joven teniente Peter Holmes (Anthony Perkins) como oficial de enlace con el buque americano, al que pronto le será encomendada una doble misión. Por un lado algunos científicos sostienen que los niveles de radiación podrían estar decayendo más rápido de lo previsto y disiparse quizás antes de alcanzar tierras australianas. Si esto fuese así, los niveles presentes en el Ártico deberían ser más reducidos que los del Hemisferio Norte, y es la principal misión del Sawfish ir hasta allí y comprobarlo.

En segundo lugar, se ha detectado una incomprensible transmisión Morse proveniente de la zona de San Diego, en Estados Unidos. Será tarea también de capitán Towers y de su tripulación acercarse por allí en busca de posibles supervivientes, lo que de ser cierto abriría la esperanza a que otros grupos de personas permaneciesen con vida en otros puntos del planeta.

Mientras se realizan los preparativos del largo periplo, el oficial Holmes introduce al capitán en su círculo social. Como se ha dicho, ante la inminente amenaza la gente trata de aprovechar el tiempo que le queda de la mejor manera que se les ocurre, y ésta parece limitarse a hacer básicamente lo mismo que antes de la llegada del apocalipsis: ir a la playa, hacer carreras de barquitos,  organizar fiestas de cóctel y pajarita, y mamarse. Quizá con mayor frecuencia e intensidad que antes, sí: pero no, nada de las orgías desenfrenadas, la anarquía y la vorágine drogo-nihilista que a buen seguro cualquier lector cabal tiene planeadas para el caso de encontrarse algún día en una tesitura semejante.

¡Esto es lo que hay!

¡Esto es lo que hay!

En fin, estamos hablando del cine mainstream de los 50 con grandes figuras de Hollywood en el reparto: tampoco vamos a pedir peras al olmo. El personaje de Moira Davidson interpretado de forma deliciosa por Ava Gardner ya tiene bastante chicha para los estándares de la época, en cuanto que es una mujer que muestra y demuestra – solo a través de los diálogos, eh – sin ningún complejo su liberalidad en cuanto al sexo, el consumo de alcohol, y en definitiva, en hacer lo que le sale de la brenca.

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Peter organiza una fiesta y encomienda a su amiga Moira que haga de acompañante del apuesto y recién llegado capitán Towers. Este es un trabajo más delicado de lo que pueda parecer al principio: en un contexto como el descrito en la película – el resto del mundo ha perecido en una guerra nuclear, y nosotros haremos lo propio entre terribles sufrimientos de aquí a unos pocos meses – cualquier reunión de más de dos personas es una bomba de relojería y a no pasar mucho tiempo alguien mencionará de una u otra forma el hecho de que a todos los presentes les queda entre dos Telediarios y un Informe Semanal. Un tema capaz sin duda de hacer saltar por los aires cualquier fiesta con más fuerza que una canción de Álex Ubago, pero es que además Dwight dejó en su tierra natal mujer y dos hijos, de los que no habrá quedado ni para rellenar un sobre de Peta-Zetas: todo el mundo teme que rompa en lloros y lamentos en cualquier momento y les joda el guateque que es lo que de verdad les importa. Pero el tío se toma sus cubatas pim pam pim pam sin que se le mueva un cabello ni descomponga el ademán y eso, claro, hace inevitable que una dama australiana (tierra de insignes bebedores, no lo olvidemos) caiga rendida a sus pies.

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Mphffjjjrl guapo!

Bueno, en realidad es la donosura y caballerosidad del marino americano lo que conquista a Moira, que está más acostumbrada a hombres de usar y tirar. Y lo cierto es que a Dwight también le hace tilín la australiana y tontean cosa mala los dos, más que encantados de haberse conocido. Sin embargo el fantasma de Sharon, la mujer del capitán, planea constantemente sobre la pareja impidiéndoles consumar de forma efectiva su crepuscular romance. En su fuero interno Dwight no termina de aceptar el hecho de que su familia haya, con toda seguridad, perecido en la guerra mientras que él aún siendo militar ha sobrevivido. Sigue por tanto considerándose un hombre casado, como caballero que es. O hipócrita, según se mire, porque no deja de ponerse más contento que en el día de paga cada vez que las curvas de mujer resabiada de Moira asoman por la vecindad.

Gregory Peck en posición de firmes

Ni tan mal, ¿eh jodío?

Este conflicto se refleja en una de las escenas más impactantes de la película, donde tras una regata ambos corretean y pelean tiernamente sobre la arena de la playa cual quinceañeros en salsa de hormonas, ante la mirada divertida de Peter y su grupo de amigos (comentario genial: “es como ver una película francesa”).

Luego, van al pan

Luego, van al pan

Pero en el momento álgido del jolgorio pubescente ¡ay! fatídico lapsus: Dwight confunde el nombre de Moira por el de Sharon delante de todo el mundo. El inesperado momento de vergüenza ajena es de una intensidad tal que traspasa la pantalla, te sacude con fuerza, y te obliga a que, contrito, desvíes la vista para evitar seguir presenciando una escena tan embarazosa.

Ups...

Ups…

A pesar del romance interruptus entre Dwight y Moira que hace las delicias de Peter y sus amigos, el asuntillo de la radioactividad y la extinción no deja de estar presente y permea la vida cotidiana de todos los protagonistas. A Peter, el oficial australiano, se le ordena embarcar en el submarino americano y colaborar en la incierta misión que ha sido asignada a la nave. Peter es un hombre joven casado con una hermosa mujer, y ambos tienen una hija recién nacida. El viaje durará varios meses y es posible que no pueda regresar a tiempo de volver a verlos, o que el fatal destino llegue a Australia antes de lo previsto. Así que Peter busca entre sus contactos alguien que le pueda conseguir unas píldoras que el gobierno guarda para distribuir entre la población más adelante, cuando llegue el momento. Estas píldoras proporcionan el alivio de una muerte dulce evitando los terribles padecimientos del envenenamiento radioactivo. Peter tiene la ingrata tarea de convencer a su joven esposa de que, si él no regresa a tiempo, ha de suministrar la píldora al bebé y a ella misma…

Tú te tomas esto, y se ven las cosas de otra manera...

Me han dicho que si te tomas esto, se ve todo de otra manera…

Weeee!

Weeee!

Y así parten al fin, dejando atrás a sus seres queridos, sin saber si la pequeña parte del mundo que aún sobrevive estará allí para recibirles a su incierto regreso. En definitiva: el tiempo corre y se agota para todos. Es la hora de atar todos los cabos sueltos, resolver cuentas pendientes, hacer balance y atreverse a cumplir con todo aquello que uno desea, pues los días están contados. Algo que, en realidad, se aplica en la vida cotidiana de cada uno de nosotros y de lo que Dwigth se dará cuenta de ello durante el largo periplo en el submarino. ¿Estará a tiempo aún? ¿Lo estamos cada uno de nosotros, antes de que nuestro particular y personal Apocalipsis nos alcance al fin?

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En el filme apenas se menciona nada acerca de los motivos de la guerra nuclear que produce el trasfondo sobre el que se desarrolla la acción. Tampoco se dice nada sobre quién es el responsable y esta ambigüedad en cuanto a quién apretó el botón primero, veremos cómo se repite intencionadamente en prácticamente todas las demás películas de la lista, aunque no de la misma forma en todas ellas. Rodada en una fase temprana pero ya plenamente desarrollada de la Guerra Fría, la cuestión de la guerra nuclear no era algo que se pudiese tratar a la ligera, como si de una historia de ficción sobre un apocalipsis zombie o invasión extraterrestre se tratase. Era un peligro muy real y muy presente para el público en su vida diaria.

En el momento de su estreno, las bombas termonucleares de fusión (bomba de hidrógeno o bomba H) ya existían y proliferaban en progresión exponencial en el arsenal de los dos bloques enfrentados en la Guerra Fría. On the beach aparece así poco después de ese punto de inflexión, de ese desplazamiento de la perspectiva respecto a las armas nucleares del que hablábamos en una entrada anterior del blog muy relacionada con estos temas y que recomiendo leer para profundizar un poco en el contexto. Durante los primeros 15 años aproximadamente de la era atómica y por diversos motivos, la imagen que se intenta transmitir al público acerca del uso de este tipo de armas es que es poco más que una extensión de la guerra convencional. Por supuesto y desde una fase muy temprana (¿he oído Oppenheimer?) muchos eran ya conscientes de que se había dado un salto cualitativo tremendo en cuanto al potencial de destrucción para el que no había marcha atrás; mas el discurso oficial insistía en el hecho de que una preparación adecuada por parte de la sociedad civil lograría que la nación resurgiese triunfante de una guerra atómica tras un medio plazo de caos y convalecencia, y unos pocos milloncejos de muertos de nada. En un tipo de conflicto en el que el ejército convencional tenía poco que decir, al menos en lo que al territorio norteamericano se refería, la carga de la victoria recaía precisamente en los civiles: en la medida en que fuesen capaces de sobrevivir en condiciones a las semanas y meses posteriores al ataque, así se preservarían y recuperarían los valores y el American way of life cuanto antes.

A partir de que las armas termonucleares aparecen en escena (subiendo en muy pocos años un nuevo escalón cualitativo respecto a las bombas de fisión tipo Hiroshima y Nagasaki), se optimizan, la lían parda como en Castle Bravo (1954, cuatro años antes del estreno), y comienzan a acumularse en cada vez mayores cantidades, este relato oficial primigenio deriva cada vez menos creíble y más obsoleto. La perspectiva se traslada paulatinamente desde el escenario de guerra-chunga-pero-ganable al de Holocausto-radioactivo-de-padre-y-muy-señor-mio-y-exterminio-con-doble-tirabuzón-de-la-raza-humana, que vemos ya descrito en On the beach y que será descrito de forma cada vez más detallada, en todo su escabroso esplendor,  en los próximos filmes reseñados en esta lista.

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Ante una capacidad armamentística creciente y desbocada y la perspectiva de catástrofe mundial que ésta genera, cada vez más activistas, científicos, pensadores, personalidades públicas y en general ciudadanos de toda índole abogan por una ruptura de la dialéctica del enfrentamiento entre bloques para buscar una salida consensuada a esa espiral perversa en la que cualquier motivo trivial (fallo técnico o humano, escalada de tensión incontrolada, iniciativa individual dentro de la cadena de mando…) puede desencadenar el paso que lleve a la humanidad más allá del punto de no retorno. La alternativa pasa por tanto por aunar voluntades hacia un desarme multilateral, más que por señalar culpables en uno u otro lado dentro de un contexto de lucha de poderes ideológicos y geopolíticos con armas nucleares bajo la manga, que es lo que define a la Guerra Fría.

Como parte integrante de una sociedad global sobre la que pende esta espada de Damocles atómica, los artistas (escritores, cineastas y demás) no son ajenos a estas preocupaciones, y así se ve reflejado en la novela en la que se basa On the beach, en la propia película, y en el resto de filmes reseñados en esta serie. Señalar con el dedo a uno de los dos bandos como responsable único de la situación y del estallido de la guerra nuclear total solo conseguiría, en primer lugar trabajar a favor y no en contra de la perpetuación de la dinámica del enfrentamiento, y en segundo reducir a la obra en cuestión a un mero instrumento de propaganda.

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Para finalizar, On the beach es una película digna de ver por muchas razones, de los que solo uno es la temática nuclear que la ha llevado a ser incluida en este blog. Buen cine clásico, una historia de amor en tiempos revueltos, un elenco de tramas y actores de lujo no solo principales sino también secundarios, y un trasfondo universal que, si se quiere, puede uno aplicar a su visión de su lugar en el mundo. Elija su motivo y disfrute de ella.

Nos vemos en las próximas entradas de esta serie.

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Publicado 14 julio, 2015 por bravido en Guerra Fría, Nuclear, Películas

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4 Respuestas a “¡Cine atómico! On the beach (La hora final), 1959, Stanley Kramer

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  1. Pingback: ¡Cine atómico! Five (Cinco), 1951, Arch Oboler | La cachimba

  2. Excelente, que manera de reír. ¿tienes FB para seguirte?
    Leyéndote me acordé de una peli que puede dar mucho juego “Fail Safe” traducida como “Punto Límite” de Sidney Lumet, 1964.
    Felicitaciones y sigue adelante!

    • ¡Gracias Andrés, me alegra mucho que te haya gustado! Tengo a medio cocinar todavía algunas entradas más de esta serie, bastante potentes, aunque por falta de tiempo publico con cuentagotas.

      “Fail Safe” me encantó y de hecho le hice una reseña (más breve) en este mismo blog hace un tiempo:
      https://lacachimba.wordpress.com/2014/01/08/visto-fail-safe-sidney-lumet-1964/

      En 2000 creo hicieron un remake con George Clooney entre otros; no aportaba gran cosa, pero es curiosa. También me recuerda un poco a otra película curiosa de este género aunque no tan buena, que es “By dawn’s early light” (“Misiles al amanecer” creo), de 1990, con Rebecca de Mornay a los mandos de un B-52 y que posiblemente sea la última película de este tipo antes de que cayese la URSS y nos olvidásemos todos del peligro de la guerra nuclear.

      ¡Saludos!

  3. Pingback: ¡Cine atómico! Threads, 1984, Mick Jackson | La cachimba

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