¡Cine atómico! Five (Cinco), 1951, Arch Oboler   3 comments

“A story about the day after tomorrow”

Five poster

Después de una larga pausa, vamos a continuar hoy con esta serie de artículos dedicada a esas entrañables películas que se dedican a mostrarnos cómo quedaría el mundo tras una buena sobredosis de uranio y plutonio vía bomba atómica o termonuclear. En esta ocasión vamos a dar un pequeño pero significativo salto atrás en el tiempo para acercarnos a los orígenes del género. Reseñamos en esta tercera entrega de ¡Cine atómico! una película menos conocida que las dos anteriores (On the beach y Panic in the Year Zero!) y no obstante una pequeña joya muy remarcable: Five, escrita, producida y dirigida por Arch Oboler, de quién también hablaremos en esta entrada.

El primer dato a tener en cuenta es el año de su estreno, 1951. Es decir, tan solo 6 años después de Trinity, de Hiroshima y de Nagasaki. Hasta donde yo sé (y así se indica en varias fuentes) es la primera obra cinematográfica que retrata un escenario de fin del mundo provocado por el uso de las armas nucleares. Avanza en primicia pues muchos elementos relevantes para subgénero post-apocalíptico que serán reproducidos, aunque de forma diversa, en filmes posteriores.

El año es importante porque hay que tener en cuenta que por aquel entonces no existían aún ni las bombas de hidrógeno (termonucleares o de fusión), ni misiles con cabeza nuclear, cuyo primer desarrollo operativo aparecería en 1954 con la W-5 y solo para misiles de crucero: los ICBM eran todavía solo cosa de ciencia ficción, si bien no demorarían mucho en aparecer en escena. Estos son los principales elementos cuyo advenimiento hizo muy presente la posibilidad de la destrucción total de la civilización y la extinción de la vida en el planeta tal y como la conocemos.

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Truman & Stalin: en 1951 estos dos aún manejaban el cotarro.

Las bases teóricas de estos dispositivos ya se conocían y de hecho estaban presentes en las mesas de trabajo de ingenieros y científicos de los dos bloques antagónicos surgidos tras la II Guerra Mundial; pero hay que reconocer a Five el mérito de ser pionera en dramatizar las terribles posibilidades de la energía atómica y llevarlas a la gran pantalla, o lo que es lo mismo, al público de masas, mucho antes de que se hicieran obvias para todo el mundo por acontecimientos posteriores ya mencionados en este blog como Castle Bravo o la famosa Crisis de los misiles cubanos. Refleja también el hecho de que esos temores estaban ya presentes, aunque de forma aún difusa y contradictoria, en la sociedad de la época, impactada por la devastación creada en las ciudades japonesas por Little Boy y Fat Man.

Five (“Cinco”, y absténganse de rimas fáciles por favor) es el número de caracteres de la trama. Como ya se encarga de spoilear el propio cartel de la película, son los únicos supervivientes de una tragedia nuclear de origen ambiguo que asola la tierra entera: una mujer y cuatro hombres de personalidades y orígenes muy diferentes que acaban encontrándose en una aislada y peculiar (más sobre eso después) casa campestre… La distinta manera de afrontar la realidad y el futuro de su situación hacen que los conflictos no tardan en aparecer.

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Roseanne

El personaje principal es el de Roseanne, la mujer, a quien al inicio de la historia vemos vagar, desesperada y sola en un mundo lleno de esqueletos mondos y lirondos, en busca de alguna otra persona con vida. Sus pasos la conducen a la casa situada en la cima de la colina, que ella conocía porque pertenecía a un familiar: allí encuentra signos de que alguien la está habitando. Este es Michael, otro superviviente venido desde Nueva York que terminó refugiándose allí. Al principio Roseanne, aún en estado de shock, es incapaz de hablar; pero poco a poco los intentos de acercamiento y las atenciones de Michael conseguirán que ambos vayan intimando poco a poco.

Michael es un buen tipo al que el holocausto de la raza humana le ha hecho sacar una vena nihilista, cosa que dada las circunstancias se le puede perdonar. El problema surge cuando a él se le despiertan entonces las ganas de intimar un poco más y, vaya, arrimar cebolleta y, ejem, ya que estamos, pues mojar el churro oyes, que joer, somos los dos únicos seres sobre el planeta y que habrá que replobar y eso ¿no? ¡Que llevo semanas solo en esta puta cabaña! ¡¡Que estoy más salido que un mandril a tope de viagra, copón!!

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Michael: más que amor, frenesí

En definitiva que al hombre se le va la sangre de la cabeza e intenta violar a Roseanne, quien se resiste y le hace saber que está embarazada y que lo que quiere es encontrar a su marido, que no le da la gana de andar con tonterías, lo que le baja los humos al Michael y le hace entrar en razón.

Pronto aparecen dos nuevos supervivientes, atraidos hacia la casa por el humo de la chimenea que han divisado a lo lejos. Son Oliver P. Barnstaple y Charlie. Ambos trabajaban en el mismo banco, uno como contable y el otro como vigilante, y se encontraban en la cámara acorazada del mismo cuando sucedió el desastre nuclear. Todos se dan cuenta entonces de que en aquel momento se encontraban en circunstancias peculiares que parecen haberles salvado la vida.

La llegada de estos dos simpáticos personajes da un poco de vidilla a un ambiente que estaba un poco decaído tras el, digamos, desafortunado intento de Michael de aliviar sus instintos más primarios…

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Como mencionaba al principio, esta película es pionera en varios aspectos claves de las películas del género postapocalíptico-nuclear. En primer lugar, por supuesto, por fundar el propio género en sí, es decir, llevar a la pantalla la eventualidad de la aniquilación de la raza humana y del orden social existente por causa de las armas nucleares, y los problemas y retos a los que se enfrentan aquellos que sobreviven. No obstante en este filme no se propone aún a la guerra nuclear entre las potencias mundiales como causa del holocausto, lo que, ya con el contexto de la Guerra Fría firmemente establecido, será la norma habitual en casi todas las obras posteriores .

Aquí parece que se señala aunque no de manera directa a algún tipo de accidente en una prueba nuclear que se va de las manos y acaba extendiendo niveles mortales de radioactividad por todo el planeta. Ya la primera secuencia de la película impacta al público de la época con una gran explosión atómica y una serie de panorámicas de distintas capitales del planeta, acompañadas por una banda sonora de gritos, sirenas, y música ominosa. Las imágenes de la detonación son reales, y corresponden a una de las primeras explosiones nucleares de la historia, concretamente el llamado test Baker, parte de la Operación Crossroads llevada a cabo en el atolón Bikini en el 46. En ella los estadounidenses comenzaron a desarrollar y experimentar en detalle con el potencial de la nueva arma que les había brindado la victoria definitiva sobre el imperio japonés en apenas una semana, y evitado una larga y costosa invasión terrestre. Tras Trinity, Little Boy, Fat Man, y Able (primer test de Crossroads), fue la 5ª detonación atómica, la 2ª tras el fin de la II Guerra Mundial, y la primera submarina. Su potencia fue de 23 kilotones y similar a la de Fat Man.

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Imagen del test Baker sacado de los primeros segundos del filme

No cabe duda por tanto de que Five es pionera y que recoge ya en una fase muy temprana las preocupaciones que esta nueva forma de energía tan destructiva suscitaba. Siendo tan reciente y misteriosa sus efectos y alcance verdadero no eran totalmente comprendidos todavía por científicos y militares, mucho menos por el público en general y, por tanto, se le podían asociar todo tipo de calamidades reales o imaginarias.

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110.000 chinos viven en los árboles y tú no lo sabías.

Entre los mitos sobre las armas nucleares se contaban cosas como la posibilidad de que una sola explosión nuclear destruyese el planeta entero, que incendiase la atmósfera, o que sacase a la Tierra de su órbita, extremo este último que llegó incluso a utilizarse como argumento de una película de 1961, The Day the Earth Caught Fire. En ésta, pruebas nucleares simultáneas de EEUU y la URSS alteran el ángulo del eje de rotación terrestre emojiA y mueven  el planeta entero a una órbita más cercana al Sol emojiC, provocando un sindiós meteorológico que ríete tú del CO2 y del cambio climático. La solución obvia es, como no podía ser de otra manera, hacer petar otras tantas bombas atómicas en sitios cuidadosamente elegidos y así colocar a la Tierra de vuelta al lugar del sistema solar que le corresponde emojiB. Pura ciencia en la pantalla oigan.

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¡Pudo haber sido así!

En Five no se menciona ninguna de estas catástrofes, pero sí un efecto global de envenenamiento radioactivo que se extiende por todo el planeta como resultado de las pruebas nucleares y acaba con prácticamente toda la población, salvo con los protagonistas. Sin duda una exageración en cuanto al potencial de una única explosión nuclear, pero desde luego mucho menos delirante que argumentos como los mencionados más arriba. En cualquier caso, es una expresión de los temores y la incertidumbre ante la capacidad mortífera de la nueva arma, con el mérito añadido de aplicar un enfoque más cercano a la ciencia que a la ficción, dentro de lo que cabe. No está de más recordar que muchas otras películas del género, algunas de ellas muy posteriores, han optado sin ningún complejo por el recurso facilón y palomitero de las mutaciones y los insectos gigantes: véase por ejemplo Them! (1954) o el festival cutre-bizarro de Damnation Alley (¡con George Peppard! Sí, ese), que ya nos sitúa en 1977 nada menos, que un poco más y sale Gorbachov de extra.

Otro tema fundacional que aparece en Five es el de la reconstrucción de la raza humana tras la catástrofe. Este asunto presenta dos vertientes, la primera de ellas la del hecho básico de la procreación: en un mundo con escasez de personas y de opciones de ocio, follar sin condón ya no es una temeridad si no un deber ineludible, hay que repoblar el planeta sí o sí. Desde luego, no vas a encontrar una excusa mejor y si ni por esas pillas lo tuyo ya no tiene remedio. En un contexto así una mujer joven y capaz de procrear se convertirá para muchos en poco más que un recurso escaso y codiciado: fíjate ahora de nuevo en el cartel y en cómo asoman, por detrás de las letras gigantes del título, cuatro amenazantes siluetas masculinas acechando a una mujer que huye.

Por otro lado, la nada trivial cuestión de cómo construir una nueva sociedad sobre las cenizas de la anterior a partir de un núcleo muy reducido de seres humanos. Esta es sin duda una de las derivadas especulativas más interesantes del género postapocalíptico en todas sus formas. ¿Cuáles serán los fundamentos de esa sociedad? ¿Será igualitaria o retrocederemos a un estado primitivo basado en la dominación, la superstición y la fuerza bruta? ¿Aprenderá el ser humano la lección tras haber estado a punto de aniquilarse, y aprovechará para crear un mundo mejor, más justo, o repetirá sin fin los mismos errores? ¿Qué credos y formas de pensar serán las que guíen a la humanidad tras la catástrofe?

No es desde luego nada que no se haya contado en muchas otras ocasiones. Aunque posterior a esta película, merece la pena mencionar aquí a la que sea probablemente una de las obras de ficción recientes que más haya explorado este asunto, la novela Cántico por Leibowitz, ya reseñada en este blog; pero podemos ir mucho más allá y retrotraernos hasta la historia bíblica de Noé, y sus antecedentes más antiguos aún. En la segunda mitad del siglo XX la guerra nuclear es el diluvio moderno, y Five no pierde la oportunidad de así recogerlo.

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Portada de La Razón tras declararse la independencia de Cataluña.

Es la llegada del quinto personaje de la trama, Eric, la que da pié al filme para plantear estas importantes cuestiones a la audiencia. Habíamos dejado a nuestros protagonistas en el momento en el que se encontraban con dos nuevos supervivientes, Oliver y Charlie. El primero es un anciano un tanto chapado a la antigua, que como consecuencia del shock por la terrible catástrofe ha perdido un poco la chaveta y cree que está de vacaciones. Charlie es un industrioso y afable afroamericano que enseguida hace buenas migas con Michael y entre ambos comienzan la tarea de procurarse unos mínimos medios de subsistencia a largo plazo, comenzando por el restablecimiento de la agricultura.

A base de curro duro a la solana las cosas mejoran poco a poco a pesar de las dificultades y de la debilidad de Oliver, que se encuentra cada vez más enfermo por el envenenamiento radioactivo. Un día en el que parece recuperarse insiste en ir a la costa a ver el mar, que es la ilusión de su vida ya que nunca lo había visto. Y allá se dirigen todos de excursión.

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La mirada de los mil metros

Mientras están en la playa ven a lo lejos un cuerpo que flota en el mar. Acuden a socorrerlo y rescatan a un hombre medio ahogado. Se trata de otro superviviente, Eric, que se encontraba haciendo alpinismo en el Himalaya cuando todo pasó. Al regresar y encontrar que no quedaba ni el tato, tras un largo periplo, acaba tomado un aeroplano en busca algún resto de civilización, hasta agotar el combustible y caer al océano.

Mientras les cuenta su historia, muere el pobre y debilitado Oliver habiendo al menos cumplido su sueño de ver el mar. En fin, las gallinas que salen por las que entran y Eric pasa a ser el nuevo miembro del grupo. Pero con él pronto terminará la tranquilidad y el buen rollo, y comenzarán los problemas.

Enseguida descubrimos que el tipo es un vago y un egoísta de cuidao, que pretende aprovechar la situación para erigirse en líder único del grupo imponiendo su voluntad mediante la fuerza y el engaño. La posesión de la única mujer del grupo es, claro, una de sus prioridades y trata de ganársela jugando con el deseo de Roseanne de encontrar a su marido. Resulta además ser un racista de tomo y lomo lo que le enfrenta con Charlie que, recordemos, es negro. Estas dos fuentes de tensión, la racial y la procreativa, serán llevadas al extremo 8 años más tarde en el guión de la tremendamente pretenciosa y fallida (IMHOThe World, the Flesh and the Devil. Dos hombres, uno negro y otro blanco, compiten por las atenciones del tercer superviviente, una mujer, en las calles desiertas y sin embargo intactas de un Nueva York post-atómico.

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Charlie

Eric concentra en sí los errores y enfermedades morales del viejo mundo: el racismo, el machismo, la codicia, la violencia, el individualismo egoísta y la sed de poder. Sus ideas extremistas, el acento extranjero del que se dota al personaje y su peculiar circunstancia cuando sobrevino la catástrofe (escalando en el Himalaya, ¿de qué me suena?) son pistas que relacionan a Eric con los nazis, de tan infausto y reciente (allá por 1951) recuerdo; y su ideología como representación máxima del mal y la corrupción que anida en el ser humano, y que lucha por someterle de nuevo y ser su dueño, también en este nuevo mundo que nace de las cenizas del anterior.

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“Madelman” Eric

Es evidente la intención alegórica y aleccionadora por parte de Mr. Oboler, el autor de la película. El mismo final, con Michael y Roseanne como unos Adán y Eva v2.0 y cita de la Biblia sobreimpresa de regalo, funda otra venerable tradición del género, la de “el nuevo comienzo”. A grandes rasgos podríamos decir que existen dos tendencias principales, en lo que a su conclusión se refiere, a las que se adscriben los filmes de este pelaje:

  • A new beginning!”: los supervivientes más virtuosos, tras muchas vicisitudes entre las que suele contarse la restauración del suministro eléctrico, logran establecerse y prosperar y ser la semilla de un nuevo y mejor comienzo para la raza humana, que ha sido purificada. Los supervivientes malos acaban palmando o, en caso contrario, se reconducen hacia la virtud. Una ley no escrita obliga a que en el cierre de la película se muestre un mensaje sobreimpreso que diga algo como “A new beginning!” o similar, en letras bien grandes, por si el espectador es medio lerdo y no se ha dado cuen. Ejemplos: Five, Panic in the Year Zero!, The World, the Flesh and the Devil.
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¡A new beginning, copón!

  • “A tomar por culo!”: los supervivientes, virtuosos o facinerosos por igual, cascan todos uno tras otro tras pasarlas cada vez más putas. Si no palman todos, llevan una vida cada vez más mierdosa y degenerada y lo acabarán haciendo en un futuro próximo tras los títulos de crédito. La Humanidad tal y como la conocemos se va por el retrete por andar haciendo experimentos con la gaseosa. Ejemplos: On the beach, The day after, Testament, Threads

Así pues Eric representa el afán destructor y vil del ser humano que es lo que le ha llevado a su penosa situación, es decir, a ser reducido a 5 supervivientes que viven en una cabaña modernista en medio de la campiña del suroeste americano. Que, curiosamente, no es otra que la casa del propio Arch Oboler, recordemos, director, guionista y productor de Five. ¿Qué mejor manera de reducir el ya de por si escaso presupuesto con el que contó para el rodaje en su momento, que utilizar su propia vivienda como localización casi única del drama?

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La cabaña de Five

Sin duda, la cuenta corriente de Oboler debió vivir tiempos mejores, ya que dicha vivienda fue diseñada nada más y nada menos que por Frank Lloyd Wrigth, afamado arquitecto estadounidense que diseñó entre muchas otros, edificios célebres como el museo Guggenheim de Nueva York o la residencia Kaufmann (más conocida como la Casa de la Cascada). El nombre de la casa sería Eaglefeather (Pluma de Águila) pero nunca llegó a realizarse en su totalidad tal y como estaba planeada. Los vaivenes financieros, y también de interés por parte del propio Oboler, hicieron que el ambicioso proyecto original nunca fuese completado, aunque llegó a ser utilizado como residencia familiar. Lo que los protagonistas de Five utilizan como refugio se corresponde con un anexo que sería el estudio reservado para Eleanor, la esposa de Arch.

El medio en el que más éxito conocería Oboler sería en la radio, donde durante los años 30 y 40 crearía una serie de programas a caballo entre el horror y lo fantástico, con un caracter bastante oscuro y violento para los estándares de la época. Uno de estos seriales se llamaba Lights Out y en él se relataban extravagantes historias como The Dark, sobre una maligna niebla que volvía a la gente del revés… como un guante, de dentro a fuera. O Chicken heart, en la que un corazón de pollo mantenido vivo en una placa de Petri (¿?), comienza a crecer descontroladamente hasta que termina cubriendo la Tierra entera:

Su habilidad para crear una atmósfera opresiva y terrorífica a partir de elementos aparentemente triviales o absurdos dejaría su huella en nada menos que Stephen King. Y, bueno, parece que también le pasó a Bill Cosby, pero vaya, aquí ya me cuesta más seguir la marca de esta influencia en su trabajo posterior, la verdad.

En paralelo a esta actividad, Oboler seguía con atención y preocupación el auge del fascismo en Europa, tratando de introducir mensajes contrarios a este movimiento en sus shows radiofónicos, algo que la política de la cadena en la que trabajaba no permitía por aquel entonces. Eso sí, una vez los Estados Unidos entraron en la guerra mundial tras Pearl Harbour las obras anti-fascistas de Oboler pasaron a ser objeto de demanda y produjo varios seriales de propaganda durante la guerra. No solo radio, obras de teatro y novelas tampoco fueron ajenas a un personaje inquieto como él, que gustaba experimentar con todos los medios de comunicación disponibles para llegar al público. Siendo, por ejemplo, pionero en el uso del 3D en el cine.

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Arch Oboler y una señorita, metiendo miedo a niños y mayores de los años 40

Fue el impacto provocado en el público por alguna de estas obras radiofónicas, su cuidada realización así como su originalidad, lo que le acercó al mundo de Hollywood y de la televisión. Le valió también alguna comparación con Orson Welles y, aunque no brilló allí tanto como éste, tras un comienzo escribiendo guiones para otros dio el salto a la realización de sus propias películas. Su éxito fue irregular mas parece ser que su producción fue una influencia significativa para artistas posteriores tales como François Truffaut o Rod Serling, quien fuera creador de la mítica serie de ciencia-ficción The Twilight Zone, más conocida por estos lares como Dimensión desconocida. Ninonino ninonino ninonino…

Y, en todo caso, a nosotros nos ha traído hasta este perdido rincón de la internet con motivo de una de sus películas. En ella creo que se pueden ver trazas de los principales aspectos de su biografía creativa: la afición por lo fantástico, lo macabro y la ciencia-ficción especulativa; más la preocupación por el fascismo y las ideologías retrógradas y violentas. El tono general para la época es sorprendentemente oscuro, cuando la sociedad de la postguerra demandaba más bien mensajes optimistas y el lado positivo del futuro, tras el terror del pasado reciente.

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Dame Buick y llámame tonto

 

Mi opinión es que la apuesta de Five es ambiciosa y muy interesante, y desde luego es un imprescindible ya solo por su caracter histórico. No cabe duda de que cuenta con varios defectos que la alejan de ser una obra redonda. La intención filosófica y alegórica es restregada sin piedad ni descanso en la cara del espectador, los diálogos abundan – no esperen grandes escenas de acción aquí – pero no están del todo a la altura, al igual que los actores, correctos pero sin más. La coincidencia de que se encuentren todos en el mismo sitio, incluido Eric que se cae rodando desde el Himalaya hasta escasos metros de donde se encuentran los demás en la otra punta del mundo, bueno, vaya, aceptamos barco como condición necesaria para poner las bases de la historia que Oboler realmente nos quiere contar. Y ya metemos en el lote lo de que la radiación afecta en modo random a unos sí y a otros no. Vale. Todo por el mensaje.

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Hay que ver lo bien que huele tu champú, cariño.

De haber dispuesto de más medios, mejores actores y con una manita de pintura al guión, creo que Five podría haberse convertido sin mucha dificultad en todo un clásico que rivalizase con, por ejemplo, On the beach. No ha llegado a ser así, pero igual que defectos tiene también varios méritos, siendo uno de ellos precisamente el no haber caído en todo lo contrario, es decir, en la sima de la cutrez y la serie B. La premisa de base es suficientemente interesante como para disfrutar viéndola, y la atmósfera dramática de algunas escenas desde luego está muy bien conseguida. Es una película moderna en muchos aspectos y en general ha envejecido con dignidad. Además, ser la pionera del género no se lo quita nadie, con el bonus de hacerlo con una aproximación seria y con cierto fundamento de las posibles consecuencias de la proliferación de las armas nucleares, y los problemas de supervivencia tanto físicos como psicológicos posteriores.

Si eres un fan del cine apocalíptico, de la ciencia-ficción o del cine de los 50, anda, ya estás corriendo a por ella, so pena de que te rebajen unos 10.000 frikipuntos si sale en una conversación y resulta que aún no la has visto. Avisado quedas.

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Publicado 27 enero, 2016 por bravido en Guerra Fría, Nuclear, Películas

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3 Respuestas a “¡Cine atómico! Five (Cinco), 1951, Arch Oboler

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  1. Muy buen artículo! Muchas gracias!

  2. Pingback: ¡Cine atómico! Threads, 1984, Mick Jackson | La cachimba

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