Armas y vehículos delirantes de la Guerra Fría   Leave a comment

En la competición sin cuartel de las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo pasado, nada podía ser dejado al azar. Lo mismo al día siguiente te tenías que partir la cara sobre un tablero de ajedrez, que sobre las ruinas humeantes de Centroeuropa. Había que estar preparado para todo, y uno nunca podía saber qué clase de añagazas se habría inventado el adversario para sacudirnos más rápido y más duro. El caso era estar siempre un paso por delante del enemigo: si éste pone un hombre en órbita, yo envido más y pongo uno en la Luna. Y así.

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Esto ya era de la temporada pasada.

Por supuesto, esta contienda infinita donde con más fiereza se desarrollaba era en el terreno del armamento, y produjo algunos de los ingenios más tremendos y terribles de la historia. ¡Ah!, qué maravillosa época para ser ingeniero malvado o científico loco. Uno solo tenía que acudir a los militares con una idea X, por extravagante que fuese, con el potencial de putear de alguna manera al adversario (lo que usualmente se traducía en unos cuantos cientos de miles de muertos más), para que comenzaran a llover rublos o dólares, laboratorios e instalaciones secretas donde llevar a cabo sus retorcidos sueños. ¿Por qué? Bueno, quizás al enemigo se le había ocurrido primero y ya tenía un X, o cientos, o miles, preparados para ser arrojados contra nosotros; y entonces, también queremos tenerlo. Igual es un truño que falla como una escopeta de feria y cuesta una fortuna de mantener; pero lo queremos igual.

Y si sabemos que no se les ha ocurrido antes y que no lo tienen… ¡mucho mejor! ¡Ventaja táctica! ¡Ventaja estratégica! Lo queremos, aquí tiene usted los fondos que necesita.

Un contexto tal no podía dejar de producir unas cuantos proyectos de armas y vehículos curiosos, extravagantes, inútiles, cómicos, terroríficos, o todas esas cosas a la vez. Muchos no pasaron de las mesas de diseño (lo que hoy llamaríamos powerpointismo); otros llegaron a la fase de prototipo, donde se dieron de bruces con la dura realidad de su propio absurdo o de su megalomanía. Unos pocos llegaron a fabricarse y funcionar pero nunca fueron puestos a prueba en condiciones reales, por suerte, puesto que estaban pensados para un escenario de III Guerra Mundial que por momentos pareció inevitable: cuando solo tienes un martillo (y EEUU y la URSS los tenían por decenas de miles), todo te parece un clavo.

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¡Los teeengo de todos los tamaños señora!

Muchos fueron hijos únicos, en el sentido de que no se llegó a construir más que un solo ejemplar de su clase; y casi todos quedaron huérfanos y olvidados una vez la tensión competitiva que los había hecho posibles (la Guerra Fría), cedió. Unos pocos sobreviven en la leyenda o amenazan con regresar en formas más modernas.

Vamos a ver ahora una selección de ejemplos destacados de cómo la imaginación humana se empeña incansable en encontrar formas nuevas y delirantes de irnos todos a tomar por culo.

La Bomba del Zar

La forma más sencilla de diseñar un arma absurda es tomar algo que ya existe y fabricarlo con unas dimensiones desmesuradas. Este es el concepto que subyace a lo que podríamos denominar técnicamente como “la Bombaka”, es decir, tenemos las bombas termonucleares, pues vamos a hacer una que sobrepase todo lo imaginable. Y así lo hicieron los soviéticos en 1961.

Los rusos tenían ya experiencia en esto de construir cosas a lo grande. Los casos más típicos son la campana del Zar y el cañón del Zar, ambos ejemplares gigantes de sus respectivas categorías, tanto que sus dimensiones colosales llegaban a hacer que fuesen inutilizables en la práctica. De esa costumbre de llamar “del Zar” a los objetos desmesurados le viene su apodo más conocido a la Bombaka, que no es otro que “Bomba del Zar” o Tsar Bomba. Su denominación oficial era en realidad РДС-220 (RDS-220), nombre en clave ИВАН (Ivan).

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Hola, me llamo Iván y estoy mu loco.

Era tan destructiva, que una vez la construyeron se dieron cuenta de que era demasiado peligrosa y modificaron el diseño original para rebajar su potencia a la mitad; no fuera que la liasen demasiado y acabaran contaminando de radiactividad la mitad de la Unión Soviética al probarla. Y siendo la Unión Soviética precisamente quien la construyó, rápidamente llegamos a la conclusión de que tal desenlace no era el deseado.

Igual que ocurría con la campana y el cañón del Zar, tal y como fue concebida no tenía utilidad verdadera: era demasiado grande y pesada y tuvieron que modificar el bombardero que la transportaba especialmente para ella. En el caso de una guerra real, lo más probable es que ese bombardero, cargado con semejante peso, fuera derribado a placer mucho antes de llegar a acercarse a su objetivo.

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Una digestión pesada: la bomba ni siquiera cabe dentro del fuselaje.

La única razón de la existencia de la RDS-220 y para lo que fue construida era hacerla estallar en un test para dar un puñetazo sobre la mesa y decir al mundo: “mirad lo que somos capaces de hacer. ¡Mucho cuidadito de no tocarnos las narices!” Naturalmente, el destinatario de este mensaje con la firma de Nikita Jruschev no era otro que los Estados Unidos, que eran el oponente a batir en el Concurso Mundial de Construcción de Bombas Absurdamente Grandes.

Hasta 1961, año en que la Bombaka estalló, dicho concurso era liderado por los EEUU. Sobre todo desde que en 1954 detonaron su propia Bombaka, que tenía una potencia de nada menos que de 15 megatones, que ya es una animalada. Lo gracioso es que ellos esperaban que fuese de entre unos 4 a 8 megatones, así que podemos decir que se les fue la cosa un poco de las manos.

La potencia de la bomba Tsar fue, en cambio de unos 50-57 megatones de nada (la cifra exacta depende de las fuentes), y el diseño original, antes de que lo capasen, se esperaba que llegase hasta 100, es decir, casi 7 veces más potente que la americana.

Con cifras tan grandes la verdad es que es difícil hacerse a la idea… veamos, en 1965 la Armada estadounidense realizó una serie de tests denominados Sailorhat para estudiar los efectos de la onda de choque de una explosión nuclear en sus barcos. Pero lo hicieron sin utilizar explosivos nucleares, que ya estaban mal vistos por aquel entonces, así que para simular la explosión se limitaron a apilar hasta 500 toneladas de TNT, lo que representaría un mísero medio kilotón. Si te preguntas qué apariencia tiene una pila de explosivo de ese tamaño (yo lo hice), es esta:

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Powered by Minecraft!

Fíjate que en la parte derecha, parcialmente tapado por la pila, hay un hombre, para dar una idea de la escala. El resultado de hacer petar todo esto fue el siguiente (se ve mejor a partir de 00:07):

El cráter que dejó es este:

He buscado en Google Maps el lugar, pero parece que está tapado por una inoportuna nube. Afortunadamente en esta página alguien ya se tomó el trabajo de localizarlo hace años, cuando sí aparecía, y medirlo con la utilidad de medir distancias. Tiene unas dimensiones aproximadas de 76 x 86 metros, que no está nada mal. Allí se pueden ver muchas fotos y en una aparece una persona al borde del cráter, donde se aprecia un poco mejor su escala.

Bueno, pues la explosión de la Bomba Zar fue nada menos que 100.000 veces más potente que eso, si asumimos que estalló con una potencia de 50 Mt. Para hacer una estimación de lo que supondría, vamos a utilizar la herramienta Nuke Map de Alex Wellerstein (si no la conocías, ya tienes juguete nuevo) y situar una explosión de esa potencia sobre el mismo crater de Sailorhat.

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Fuente: Nukemap

Que se puede ver en el propio mapa pinchando en el enlace de la fuente. Vemos que sólo la bola de fuego (círculo amarillo), con un radio de unos 6 kilómetros se come media isla y la engulliría casi entera si se detonase la bomba en su centro… es imposible precisar el tamaño del crater pero podemos dar a la isla de Kahoʻolawe, en Hawaii, por borrada del mapa. La radiación térmica llegaría hasta la cercana isla de Maui con energía suficiente para causar quemaduras de tercer grado a buena parte de sus habitantes. Y si la dirección del viento fuese la correcta, cubriría la isla de Hawaii entera con un manto de cenizas radiactivas.

Dejo como ejercicio al lector el jugar un poco con el Nuke Map y situar el epicentro de la explosión en cualquier ciudad que le resulte familiar de su elección.

Crónica oficial soviética sobre la bomba (imágenes del lanzamiento y detonación a partir de 7:15):

Muchos más detalles en Nuclear Weapon Archive: Big Ivan, The Tsar Bomba (“King of Bombs”).

Un auténtico cabrón: el Proyecto Pluto

La bomba Zar no está nada mal, pero en el fondo su concepto es algo muy sencillo. Vamos a ver ahora algo realmente retorcido. El llamado Proyecto Pluto fue lo más cerca que estuvo el mundo de hacer realidad un arma digna del más loco científico y supervillano salido de la mente alucinada de un guionista de comics de la Marvel.

Veamos cómo podemos resumirlo en pocas palabras… se trata de un misil de crucero que volaría a baja altitud (o SLAM: Supersonic Low Altitude Missile), del tamaño de una locomotora, e impulsado por un motor ramjet alimentado por un reactor nuclear, lo que le haría capaz de funcionar durante semanas a velocidad supersónica. La criatura transportaría varias cabezas termonucleares que podría ir arrojando durante su vuelo allí donde interesara… y esa no sería la única manera en la que podría desatar el caos y la destrucción a su paso. ¡Conozcamos un poco mejor a este gamberrete!

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Esquema del Proyecto Pluto y sus partes. Ilustración de Damon Moran

El diseño de semejante juguetito incorporaría varias tecnologías punteras para la época, comenzando en 1957 por encargo de la fuerza aérea estadounidense.

La primera de ellas sería el motor ramjet, un tipo de motor jet en el que el aire es introducido en una tobera y comprimido por la propia velocidad de la nave cuando esta es suficientemente alta. Se simplifica mucho el diseño al eliminar la necesidad de partes móviles como el compresor y la turbina que sí usan los motores turbojet convencionales, pero solo comienza a funcionar a velocidades supersónicas. Para alcanzarlas hay que contar por tanto con medios auxiliares que proporcionen el empuje inicial, por ejemplo unos boosters o cohetes aceleradores de combustible sólido (partes señaladas con el número 31 en la figura anterior).

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Prototipo funcional de ramjet nuclear Tory IIC-AF

Otro elemento necesario para este tipo de motores es el de algo que caliente este aire comprimido y que será después expulsado por la tobera trasera, proporcionando el empuje. Normalmente esto se conseguiría a base de quemar fuel, pero las mentes preclaras detrás del proyecto Pluto pensaron que, para qué, si total le podemos incrustar un reactor nuclear al diseño que le dará una autonomía mucho mayor, como para dar unas 4 vueltas alrededor de la Tierra. Mejor que sobre que no que falte ¿no?, y además así está tó flama vaya. No olvidemos que esto se estaba diseñando a caballo entre los años 50 y los 60, una época en la que la energía atómica partía la pana y nos prometía una era dorada de energía barata, segura e ilimitada, capaz tanto de llevarnos a las estrellas como de proporcionar horas de entretenimiento sin fin gracias a los juguetes radioactivos.

¿He oído segura? Bueno, sí, por aquel entonces se consideraba muy segura, siempre que se adoptasen las medidas necesarias: blindaje suficiente para evitar que la radiación de los reactores escapase al exterior, por ejemplo. Pero, ¡uf!, el blindaje pesa y abulta, qué coñazo y claro, aquí estamos hablando de meter un reactor nuclear dentro del motor que impulsa a un misil: necesitamos uno que sea mucho más ligero y pequeño que cualquiera otro existente hasta el momento… y eso es algo que en gran parte se consigue tirando por la borda todo aquello que tenga que ver con la idea de seguridad.

De manera que lo que expulsaría el motor ramjet nuclear de nuestro flamante misil de crucero, cargado de bombas termonucleares no lo olvidemos, sería una mezcla de aire caliente cargado de partículas radioactivas y material fisionable, dejando un reguero de contaminación nuclear letal allí por donde pasara. Todo esto mientras vuela a velocidad supersónica a baja altitud, durante semanas enteras, sobre las cabezas de atónitos ciudadanos soviéticos (pues obviamente el destino de semejante engendro no era otro que la URSS) que verían aterrados como, de tanto en tanto, soltaba un pepino nuclear, ¡pop! sobre una u otra ciudad o instalación militar comunista. Bueno, eso si no morían directamente por causa de la onda de choque producida por el vuelo supersónico del misil, algo que los diseñadores calculaban que podría suceder, en plan bonus kill.

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Voy, caminando por la vida, sin pausa pero sin prisas… ¡pop!

Cuando, después de semanas dando vueltas a velocidad supersónica por el territorio de la Union Soviética soltando regalitos termonucleares como un Santa Claus demente, sembrando la muerte de cualquiera de las formas disponibles en su catálogo, el reactor comenzara a agotarse, se podía estrellar el misil allí donde causase un mayor regocijo. El combustible nuclear remanente se encargaría de contaminar el lugar durante una buena temporada.

Como vemos el Proyecto Pluto ofrecía una interesante variedad de formas chungas de morir, y como decía al principio es digno de la mente criminal más sádica salida de las páginas de un comic o de una película de ficción de serie B. ¿Porqué oh porqué no hemos visto nunca entonces funcionar  una de estas maravillas del mal? En fin, hay una multitud de aspectos prácticos que hicieron que la creación de un prototipo viable de este proyecto nunca llegase a realizarse. Sí que se probaron en tierra un par de prototipos del motor en el desierto de Nevada, y con bastante éxito lo que confirmaba la viabilidad inicial del proyecto. Pero claro, pruebas más elaboradas de un ejemplar funcional del sistema causarían ciertos problemillas al esparcir residuos radioactivos sin ton ni son en las inmediaciones de Las Vegas o Los Angeles.

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¡Al loro que hay maqueta! (fuente: Fantastic Plastic)

Las complicaciones técnicas eran considerables (guiado y detección de obstáculos automáticos, desarrollo de nuevos materiales resistentes a las altas temperaturas, etc. etc.) y las políticas ya ni te cuento. Es de suponer que aquellos países intermedios en la ruta del misil hacia su objetivo final no estarían muy felices de ver a sus ciudadanos irradiados por el aliento fatal que el SLAM expulsaba por su tobera, por mucho que el espectáculo de verlo pasar, ramjet nuclear rugiendo a toda potencia, fuese algo memorable. Tampoco el desarrollo de un arma tan hija de puta era la mejor manera de presentarse como el defensor del bien y la libertad ante de la opinión pública.

Así que finalmente alguien en el Pentágono entró en sus cabales, vio que la cosa era jodidamente insana, y canceló el proyecto en 1964 argumentando que era demasiado “provocativo”. Pero también influyó (y quién demonios sabe que fue más determinante en realidad) que mientras tanto la aparición y mejora constante de los ICBM hizo que éstos se convirtieran en un medio más barato, sencillo y efectivo de depositar cabezas nucleares en la puerta misma de tu enemigo. No todo el esfuerzo fue en vano, muchas de las tecnologías desarrolladas fueron reaprovechadas más adelante para otras formas de matar más y mejor. Pero el Proyecto Pluto como tal dejó de tener sentido, si es que alguna vez lo tuvo.

Y sin embargo, lo que hubiese molado…

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Visto así, es bonico.

Podéis encontrar información con mucho detalle en inglés en Project Pluto. También en The Flying Crowbar: The Insane Doomsday Weapon America Almost Built y en la página de Vought, una de las compañías que participaron en su desarrollo.

БЖРК, missiles on rails

Esto, la verdad, donde mejor está contado es en el magnífico artículo de Rusadas El tren de la Muerte, que es donde hallé por primera vez a este curioso sistema de lanzamiento nuclear y de donde he sacado la mayor parte de la información. Podéis leer sobre ello allí, pero no podía dejar de incluir esto en un artículo sobre armas locas de la Guerra Fría.

Bombarderos, cañones, silos subterráneos, camiones, barcos, submarinos, torpedos, bazookas, minas terrestres. Mochilas e incluso maletines… muchos son los medios de transporte y entrega de cabezas nucleares diseñados durante las largas décadas de la Guerra Fría.

Alguien, en algún oscuro buró de alguna apartada ciudad secreta de la Unión Soviética, debió pensar “¡Maldita sea! ¡No es suficiente! Aquí me falta algo… veamos… ¡Ah sí! ¡El tren! ¡Demonios, no tenemos nada que vaya sobre raíles!“. Y así nació el proyecto БЖРК, Боевой железнодорожный ракетный комплекс o Sistema Ferroviario de Misiles de Combate. No se puede negar que es un nombre con mucho punch, caramba.

El БЖРК (BZhRK en alfabeto latino) comenzó a operar a partir de 1987, y para 1991 constaba de 12 convoyes de trenes, cargados con 3 misiles ICBM RT-23 “Molodets” (РТ-23 УТТХ «Молодец», denominación OTAN SS-24 “Scalpel”) cada uno de ellos. Estos convoyes se distribuían en 3 áreas estratégicas situadas en diferentes partes de la URSS, así que tenemos un total de 36 misiles de este tipo montados en trenes. Si consideramos que cada RT-23 transportaba 10 ojivas MIRV termonucleares de 550 kilotones de potencia cada una, una rápida multiplicación nos da que tenemos una potencia total de unos 198 megatones (unos 16,5 por tren) de nada dando vueltas rutinariamente por la red ferroviaria soviética de la época. Suficiente para arrasar a más de un país hasta los cimientos.

Como hemos dicho cada convoy incluía 3 vagones modificados para albergar un tubo lanzador eréctil cargado con un RT-23 cada uno. Estos tubos son similares a los más habituales montados sobre camiones , y la mayor parte del tiempo permanecían replegados y ocultos dentro del vagón, diseñados para parecer externamente un inocente vagón refrigerado de transporte de mercancías cualquiera. Pero dentro…

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¡Sorpresa! No eran arenques congelados

En caso de que se desatara la III Guerra Mundial, ocurrirían varias cosas que harían que la verdadera personalidad del tren asomase detrás de su inofensivo aspecto de convoy de mercancías. Lo primero de todo es desplegar unos apoyos laterales mediante un sistema hidráulico para estabilizar el vagón. Estamos hablando de que se va a lanzar un misil nuclear que pesa unas 100 toneladas, con lo cual nos interesa tener la plataforma lo más segura posible no sea que se mueva o vuelque y la liemos parda… De hecho, solamente con estos apoyos no es suficiente. Cuando el lanzador con el misil se encuentre en posición vertical, todo el peso del conjunto se apoyará en los ejes traseros: demasiado para un único vagón, así que los diseñadores idearon un sistema para repartirlo entre el resto de unidades del convoy, como se ve en la siguiente imagen:

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Sistema de distribución del peso entre los vagones, en la parte central inferior de la imagen.

Vale, una vez estabilizado todo el conjunto, ya podríamos erguir el misil, lanzarlo, y desatar el infierno a una distancia de hasta 11.000 kilómetros en otro continente… pero se nos olvida un pequeño detalle, y es que encima de todo tren suele haber una catenaria, y no nos interesa para nada romper a las bravas unos cables por los que pasa una corriente de varios miles de voltios justo encima de un misil nuclear. Así que una vez más, los constructores del БЖРК le dieron al magín e idearon un sistema hidráulico retráctil que alzaba unos mástiles para apartar a un lado la catenaria sin romperla, dejando el paso libre y seguro para erigir el lanzador:

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Si no le importa echarse un momentito a un lado…

Ahora sí que ahora ya está todo listo para mandar un recadito a los malditos imperialistas. Los RT-23 eran misiles de lanzamiento en frío. Esto significa que la eyección inicial del cohete la realiza un mecanismo externo al mismo, usualmente gracias a un generador de gas a presión que expulsa el misil del tubo lanzador. Los motores del misil solo se encienden entonces, una vez está en el aire.

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Lanzamiento de un RT-23, justo antes de encender sus motores.

Antes de llegar hasta ahí, eso sin embargo, los ingenieros tuvieron que enfrentarse a otro problema de diseño particular y para el que, una vez más, aplicaron una solución realmente original. Uno de las principales motivos para montar un sistema de lanzamiento de misiles balísticos en un tren es la de mantenerlo oculto y a salvo de un posible primer ataque enemigo de tipo counterforce, es decir, dirigido a inutilizar la capacidad propia de contraataque y represalia. Escondidos en la inmensa red ferroviaria de la URSS, entre miles de otros convoyes normales de mercancías y pasajeros, los trenes БЖРК pasarían desapercibidos al constante escrutinio que los satélites norteamericanos realizaban sobre las fuerzas soviéticas.

Otros sistemas de lanzamiento serían más fáciles de localizar y destruir por parte de los americanos si decidieran lanzar un ataque por sorpresa. Los silos son duros de matar, pero tienen ubicaciones fijas y fáciles de conocer. Los misiles autotransportados tipo Topol-M, aunque móviles, también son detectables: suelen operar en zonas aisladas donde destacan del entorno visualmente y por sus emisiones de calor y electromagnéticas, y su radio de acción es limitado. Están los submarinos nucleares claro… más elusivos, pero que no obstante, operaban alejados del territorio propio y que podían estar controlados y localizados por el enemigo gracias a SOSUS (SOund SUrveillance System), la red de puestos de escucha submarinos que los occidentales tendieron en amplias zonas del Atlántico y Pacífico justo con ese objetivo.

Los trenes en cambio, en teoría serían muy difíciles de encontrar. Podrían moverse en medio de zonas industriales o residenciales, cerca de estaciones, terminales y otros grandes enclaves ferroviarios, indistinguibles entre otros muchos convoyes. Su autonomía es mayor que la de los camiones, capaces de recorrer unos mil kilómetros en un solo día y de operar de manera autónoma hasta 28 días. Los americanos tendrían muy complicado neutralizarlos y, en caso de que planeasen llevar a cabo un first strike, se arriesgarían a dejar intacta una parte importante de la capacidad de represalia soviética. Así, el БЖРК no era un arma ofensiva sino un elemento más de la estrategia de disuasión.

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¿Dónde está la bolita?

Como hemos dicho, los componentes de los que constaban (que incluían tres locomotoras diésel DM62, puestos de comando y control de lanzamiento, tanques de combustible, suministros, maquinaria hidráulica, comunicaciones, alojamiento de tropa y comedor etc.) se “disfrazaban” para que luciesen idénticos a coches de pasajeros y de transporte de mercancías diversas. En su conjunto, el convoy debía aparecer como uno más a ojos de cualquier mirada indiscreta, especialmente en las fotos por satélite. Para lograr esto, los vagones debían tener las mismas medidas estándar que el resto, pero ¡ay!, los misiles RT-23 resultaban ser un poco demasiado largos para caber enteros dentro del tubo lanzador que va dentro del coche…  Los diseñadores solucionaron esto con dos ingeniosos mecanismos: por un lado, las toberas de la 2ª y 3ª etapas eran extensibles, reduciendo así la longitud del cohete. En segundo lugar, lograron hacer que la punta superior del cono del misil fuese retráctil. Compuesta de una serie de anillos concéntricos de acero, al ser lanzado el misil se extendía mediante un sistema pirotécnico similar al de los airbags.

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Detalle del sistema de cono retráctil del RT-23, replegado.

La punta cónica es necesaria para que el misil posea la aerodinámica suficiente para operar a las altas velocidades que alcanza un ICBM. Con este original sistema, consiguieron meter todo el conjunto en un vagón de las dimensiones habituales. Si hubiese sido más grande, los servicios secretos occidentales hubiesen podido localizarlos analizando con detenimiento las fotografías de los satélites espía.

El siguiente vídeo, que recomiendo ver completo, nos muestra los entresijos de estos mortíferos trenes. Podemos apreciar muchos de los detalles mencionados anteriormente, incluyendo los estabilizadores hidráulicos (min 2:23), mástil para la catenaria (min 2:10), erección (1:30) y lanzamiento (mins 2:00 y 3:00) del misil, y los citados sistemas de toberas (0:50) y punta extensibles (1:05). Y no solo eso, además a partir de 4:20 nos muestra unas impresionantes imágenes de un test realizado para comprobar la resistencia del tren a un ataque, a base de detonar nada menos que unas 1.000 toneladas de TNT en las inmediaciones del tren como imitación de una explosión nuclear cercana (un Sailorhat á la soviet vaya). Solo por ver como estalla semejante pila de TNT ya merece la pena.

El invento también tenía sus problemas y detractores, no obstante. Aparte de las múltiples dificultades y retrasos en el desarrollo (se aprobó en 1969, y no fue hasta 1987 que los primeros trenes fueron operativos), sus particulares características hacían que no pudiese operar exactamente como un tren normal, abriendo la puerta a su detección. El principal problema era el peso del conjunto, mucho mayor del habitual en otro tipo de convoyes. Por esta razón, las vías de tren tuvieron que ser reforzadas en un área de unos 1.500 kilómetros de radio alrededor de las bases donde estacionaban, y debían ser mantenidas y reparadas con frecuencia. Todo esto suponía un alto coste añadido al de un sistema que ya de por sí engullía millones de rublos del presupuesto como si fuesen kvas. No solo eso, los vagones que contenían los misiles llevaban 8 ejes en lugar de los 4 habituales. Tanto los ejes del coche como las vías debían soportar el peso del misil en posición vertical, como el empuje generado por su lanzamiento.

Este detalle hacía que un observador atento pudiese darse cuenta que algo olía a chamusquina en ese convoy que parecía transportar nada más que pasajeros, correo  y pescado congelado. Pero el principal problema eran las locomotoras: como hemos dicho, para contar con la potencia suficiente un БЖРК contaba 3 de ellas, lo cual no era en absoluto lo usual – y esto se podría distinguir en las fotografías aéreas. Así, se intentaban disimular mediante redes de camuflaje o cambiándolas de lugar dentro del convoy.

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Tren nuclear circulando, se aprecian las 3 locomotoras DM62 en cabeza.

El alto coste de mantenimiento hizo que tras la caída de la URSS a finales de 1991 (precisamente se han cumplido 25 años hace poco) los trenes fueran estacionados en sus bases, el rublo es el rublo y no estaban las cosas para muchas alegrías financieras en esos momentos. No dejaban de ser peligrosos allí, ya que convenientemente los hangares donde se guardaban tenían techos abatibles de manera que aún era posible lanzar los misiles estando en esa situación si llegaba el caso.

Finalmente, fue la aplicación del tratado START-I (Strategic Arms Reduction Treaty, Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) la que acabó con estos trenes nucleares. 10 fueron desmantelados y otros 2 se mantienen en exhibición, desmilitarizados.

Este podría ser el fin de la historia de los trenes nucleares… Pero no es así. Recientemente Rusia ha recuperado la idea de contar con ICBMs sobre raíles en su arsenal con el proyecto Barguzin, que sería básicamente una versión moderna de la misma idea. Cargaría con misiles de nueva generación RS-24 Yars y el conjunto sería más ligero y efectivo, solucionando los problemas descritos para la versión anterior. Una búsqueda rápida en Google nos da cientos de resultados al respecto y parece que se han realizado pruebas muy recientemente (Noviembre de 2016) y se espera que esté operativo entre 2018 y 2020. ¡Todo un fantasma de la Guerra Fría que regresa del desguace!

Y a mi, que todo esto de un tren cargado de misiles nucleares me da para un guión cojonudo de película de James Bond…

Como comentaba al principio, la mayor parte de la información la he sacado de El tren de la Muerte, en Rusadas. También de este artículo en ruso, Боевой железнодорожный ракетный комплекс (сокращённо БЖРК), sobre todo fotos y también algún que otro dato jugoso Google Translator mediante. En inglés, aquí y aquí se ofrecen también más detalles interesantes sobre el sistema.

El bazooka atómico: Davy Crockett

Si encargasen a Disney o a la Warner Bros. el diseño de una bomba nuclear, seguramente harían algo como esto:

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Solo le falta que ponga “ACME” en el lateral.

Esto, que parece una bomba salida de una tienda de artículos de coña, es un proyectil M-338 con una cabeza nuclear Mk-54 en su interior. Hasta el día de hoy, el dispositivo nuclear más pequeño que han fabricado los Estados Unidos. En la siguiente foto podemos apreciar lo realmente pequeña que era la jodía.

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Mira, y si tocas en este botón de aquí…” DABOOOM!! (Wikimedia commons)

Vale, para ser un dispositivo nuclear, con ese tamaño da para poco más que un petardo con una potencia explosiva de entre 10 y 20 tones (0,01 o 0,02 kilotones). Pero es que eso significa que equivale a unas 10 o 20 toneladas de TNT en un artefacto que pesa apenas 25 kilogramos… no deja de ser una buena forma de entender el salto cualitativo que las armas nucleares suponen respecto a los explosivos convencionales en cuanto a destrucción. Por ejemplo, la famosa bomba GBU-43/B MOAB de la que tanto se habló durante la 2ª guerra de Irak, pega un petardazo de unos 11 tones, comparable al de una Mk-54… pero claro, pesa algo más de 10 toneladas y tiene que ser lanzada desde la compuerta trasera de un avión de transporte Hércules. Con ese mismo peso tienes hasta 412 ejemplares de este pequeño cabrón.

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Cara de estar pensando “yo no toco esto ni con un palo” (Fuente: Nuclear Secrecy)

El proyectil M-388 en cambio, estaba pensado para ser montado y lanzado con un curioso sistema portátil de rifle sin retroceso (recoiless gun), más parecido a un bazooka o un mortero que a un rifle (ver foto superior), que podía ser transportado, armado y disparado por una pequeña unidad de infantería de 5 hombres o sobre un jeep. Es decir, un arma táctica pensada para su uso en el campo de batalla, en combate cercano con tropas de infantería y mecanizadas del enemigo. El curioso nombre que dieron a este sistema es Davy Crockett, quien fue un héroe del folklore americano, soldado y politico que murió durante el asalto mejicano a El Álamo.

En 1961, cuando el Davy Crockett comenzó a ser desplegado, contar con bombas nucleares portátiles preparadas en el campo de batalla parecía una buena idea como medio de frenar un supuesto avance soviético a Europa Occidental, o de Corea del Norte sobre su vecino meridional. No dejaba de tener ciertos problemillas no obstante, y ciertamente había algo entre cómico y grotesco en su forma de operación.

Aquí tenemos a un grupo de 5 valerosos soldados portando un Davy Crockett a sus espaldas en prácticos y cómodos port-a-packs (así los llamaban). El fortachón del medio es quién transporta la cabeza nuclear, mientras que el que está a su derecha, que carga con el lanzador, se pregunta que porqué no le habrá tocado a él llevar una radio (que tienen toda la pinta de ser unas AN/PRC-10 como las que ya hemos visto por aquí).

De repente…

  • – ¡Oh! ¡Soldado, dígame que es eso que levanta tanto polvo allá a lo lejos!
  • – ¡Que me llevan los demonios sargento, parece un batallón de infantería soviético apoyado por tanques T-62 que avanza a toda mecha hacia nosotros!
  • – No hay problema, caballeros, ¡monten el Davy Crockett y enseñemos una lección a esos jodidos comunistas que no podrán olvidar!
  • – ¡Señor sí señor! (uf, ya estaba harto de cargar con este dichoso trasto).

Una vez colocado el trípode y el tubo lanzador sobre él, se introduce en el cañón un cilindro que contiene el propelente, puesto que el proyectil no tiene forma de impulsarse a si mismo. Mientras tanto, los ruskies se siguen acercando…

  • – ¡Dígame a qué distancia se encuentran esos malditos rojos, soldado!
  • – ¡A unos 3 kilómetros mi sargento!
  • – ¿Llegamos?
  • – ¡Llegamos mi sargento! Afortunadamente el cañón de nuestro Davy Crockett es un M29 con alcance de hasta 4 kilómetros, y no un modelo M28 de los que solo llegan a 2…
  • – ¡Estupendo soldado! A ver, muévalo así un poquito más hacia la derecha…

Vale, una vez todas las piezas del lanzador están montadas en su sitio sería hora de encasquetar la cabeza nuclear en el extremo del tubo. Será el cartucho propulsor el que la lance en trayectoria balística. Pero antes de eso…

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What the fuck!? (Fuente: Nuclear Secrecy)

  • – ¡Aaaatención! ¡Monten la cabeza nuclear en el cañón! ¡Ar!
  • – Ehhh perdone mi sargento, primero tenemos que poner el temporizador…
  • – ¿El temporizador? ¡Pero qué me está usted contando soldado! ¿¡Esto que es, una bomba nuclear o un jodido reloj de cocina!?
  • – Pues es que verá, sargento, el caso es que dice el manual que antes de dispararlo hay que poner marcar en el temporizador un intervalo de seguridad… para que no explote el bicho antes de tiempo…
  • – ¡Jodidos ingenieros sabelotodos! Me gustaría ver aquí a esos malditos batas blancas… En fin soldado, ponga el tiempo de cocción… digoooo el temporizador, no sé, a 35 segundos, y que sea lo que Dios quiera. ¡Y por la gloria de mi madre, asegúrese de que no lo pone a menos de 5 segundos que la liamos parda!
Kitchen egg timer

Tecnología de grado militar en tu cocina

Sí amigos, efectivamente el proyectil nuclear tenía un temporizador no muy diferente de ese en forma de huevo que tienes en la cocina. El temporizador ayudaba a controlar el momento en el que la bomba explotaría, pero no se trataba de algo tan simple como que estallase al llegar a cero. En realidad, eso dependía de la altitud. El proyectil M-388 tenía una especie de interruptor donde se podía seleccionar la altura a la que estallaría: High o Low (Alta o Baja). La altura concreta de cada configuración estaba predeterminada de fábrica y los soldados que operaban el Davy Crockett no podían cambiarla. Y para utilizarla en modo Low era necesario solicitar un permiso especial, imagino que porque al estallar a baja altura produciría una cantidad mucho mayor de polvo radiactivo y de fallout.

En su trayectoria balística, el proyectil pasaría por su altura de detonación 2 veces… una al subir y otra al bajar. En la parte trasera del proyectil había una antena que funcionaba como un radar primitivo que le permitía “sentir” o localizar dónde estaba el suelo. El temporizador era una medida adicional de seguridad, de forma que la bomba solamente explotaba cuando se cumplían las siguientes condiciones:

  1. El temporizador había llegado ya a 0. Importante notar que solo comenzaba a funcionar al disparar el proyectil.
  2. La antena ya no recibía el eco del suelo: esto significaría que el proyectil se encontraba en la fase descendente de su trayectoria.
  3. Se alcanzaba la altura definida para la detonación correspondiente a la configuración High o Low elegida.

Por tanto el objetivo del temporizador no era otro que evitar la detonación prematura del dispositivo, cuando aún se hallaba en fase ascendente y si por algún motivo la antena trasera no era capaz de determinar correctamente la posición del suelo, debido a una orografía particular del terreno, fallo o cualquier otro motivo.

No dejaba de ser un método un poco crudo de asegurarse que no estallaba demasiado cerca de quien lo lanzaba. Todos los cálculos relativos a cuánto tiempo poner y el ángulo de elevación en el que había que colocar el lanzador venían resueltos ya en el manual de instrucciones, en tablas donde el operador buscaba los valores adecuados en función de la distancia al objetivo. Y esta distancia se medía gracias a munición trazadora específica utilizada a ese efecto.

Una vez establecida la altura High o Low y el temporizador al valor que corresponda, ya podemos colocar el proyectil en su lugar…

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No hay forma digna de cargar un Davy Crockett

Pues nada, una vez listo y apuntado según especifican las tablas del manual, ya solo hay que dispararlo. Mejor nos apartamos un poco del tubo no sea que nos chamusque las cejas…

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¡Fuego!

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  • – ¡Chupáos esa, comunistas de mierda! ¡Yeeee-haw!
  • – ¡Mi sargento mi sargento!
  • – ¡Demonios soldado, espérese un poco! Estoy tratando de ver si les hemos atizado bien… no hay manera de ver nada con todo ese jodido polvo y humo…
  • – Pero es que mi sargento, el viento…
  • – ¡Que viento ni que niño muerto! ¿Ha comenzado la III Guerra Mundial y usted me quiere hablar del tiempo? ¿Se ha vuelto usted loco, soldado?
  • – ¡No mi sargento! Es que resulta que hemos disparado contra el viento… y estamos justo en el camino de la nube radiactiva causada por la explosión… ¿ve como ya viene hacia aquí?
  • – ¡Y por qué diantres no me ha dicho esto antes soldado! ¡Retiradaaaaa!

Los Davy Crockett estuvieron en activo hasta 1969 en diversas partes del Asia, el Pacifico y en Alemania Occidental. Se llegaron a construir 2.100 cabezas nucleares para su uso en este sistema, con lo que podemos decir que esta arma fue bastante exitosa en cuanto a su aplicación y despliegue – evidentemente no en cuanto a su uso real ya que nunca entró en combate, claro. De haber sido así es muy posible que su efectividad resultara limitada por sus dos principales defectos.

Uno, una preocupante falta de precisión, según los informes realizados al respecto en su momento. Cabe preguntarse cómo de grave sería la cosa si estamos hablando de un pepino semejante, que tampoco importará mucho si le das 100 metros más acá o mas allá, vaya. El caso es que según las pruebas realizadas, el mayor efecto del proyectil sería su alto poder de contaminación radiactiva, con dosis fatales en un radio de unos 400 metros. Lo que nos lleva al segundo problema.

Dos, que teniendo en cuenta su escaso alcance (de 2 a 4 kilómetros) y al ser utilizado de forma táctica en zona de combates, en medio de una presencia significativa de tropas aliadas, había bastantes posibilidades de que la contaminación radiactiva provocada por la explosión ¡acabara siendo llevada por el viento hacia unidades de tu propio bando!

Por ende, el desarrollo continuo de nuevas armas y las estrategias y tácticas asociadas a ellas, el Davy Crockett dejó de tener un lugar en los planes de guerra occidentales. En el vídeo podéis ver imágenes y explicaciones acerca de su funcionamiento así como metraje tomado en diversas pruebas. La mayor parte de la información e imágenes las he sacado del artículo King of the Wild Frontier del blog Nuclear Secrecy. Si os apañáis con el inglés os recomiendo su lectura y sobre todo, el prestar atención a los comentarios donde varias personas que sirvieron en destacamentos Davy Crockett en su época aportan detalles muy jugosos y de primera mano acerca de su operativa. Y es que no todo el mundo puede decir que ha tenido entre sus manos un bazooka atómico.

Los Autos Locos: vehículos extravagantes

La presión de la dinámica de la Guerra Fría por estar preparado para cualquier eventualidad y dominar cada rincón del planeta produjo no solo armas demenciales, sino también todo tipo de vehículos (terrestres, marinos o aéreos) de lo más variopinto y extravagante. Vamos a ver algunos ejemplos dignos de participar en cualquiera de las carreras de los Autos Locos.

El Objeto 279 (ОБЪЕКТ 279)

Tras este misterioso nombre se esconde un proyecto soviético de 1957 para desarrollar un tanque super pesado capaz de operar en las condiciones más difíciles, e incluso de soportar sin despeinarse la onda de choque de una explosión atómica.

Diseñado para moverse por todo tipo de terrenos difíciles como zonas pantanosas, arboladas, nevadas, barrizales, e incluso podría superar muchos de los típicos obstáculos artificiales para tanques utilizados en la época. Si la disputa por el dominio de Europa llegaba a desencadenarse al fin entre los bloques comunista y capitalista, como parecía probable en cualquier momento de las décadas de los 50 y 60, poder llegar con potencia de fuego cuanto antes, sin importar las condiciones del terreno y en medio de un yermo radioactivo suponía una ventaja clave que los soviéticos tenían en mente a la hora de realizar este proyecto. Para ello contaba con características avanzadas como protección NBQ, calefacción y refrigeración del habitáculo de la tripulación (algo bastante inusual para la época), sistemas de visión nocturna y de guiado automático. Pero para llegar donde otro tipo de tanques no llegaban contaba con dos características principales y que lo convertían un vehículo único en su clase: el diseño redondeado de su chasis que le da una peculiar apariencia como de tortuga o anfibio, y sus 4 orugas en lugar de las 2 habituales. He aquí el aspecto del Objeto 279:

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Ese oscuro objeto 279 del deseo

Gracias a estos dos elementos obtenía sus habilidades primarias de ser capaz de moverse por terrenos vedados a otros tanques, y (supuestamente) de soportar la onda de choque de una explosión nuclear sin volcar. Las 4 orugas le proporcionaban mayor estabilidad, potencia y tracción, además de distribuir el elevado peso de todo el conjunto más uniformemente. Las formas curvas de su chasis ayudaban a desviar la fuerza del impacto, y también proporcionaban protección contra impactos de proyectiles HEAT (High Explosive Anti-Tank), así como su grosor, que alcanzaba nada menos que 30 centímetros en algunas zonas.

Y sin embargo ¡oh! nunca tuvimos la fortuna de ver a este coloso mecánico recorriendo, por cientos y a toda mecha, las humeantes ruinas radioactivas de Centroeuropa arrasando todo a su paso. La III Guerra Mundial nunca estalló (por ahora), pero además el desarrollo de nuestro simpático Objeto 279 fue cancelado antes de entrar en producción, quedando nada más un solo prototipo reducido a pieza de museo.

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Jubilación anticipada en el museo de tanques de Kubinka.

¡Pobre Objeto 279! La culpa fue de Nikita Jruschev, que decidió que este tipo de tanques tan pesados eran ya obsoletos y que el futuro pertenecía a tanques que disparasen misiles guiados. En fin. Y así terminó la historia de este tanque que parecía diseñado a propósito para un videojuego… oh wait!

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El Objeto 279 librando su última y única batalla en Metal Gear Solid 3

Información en inglés en Object 279 (Obyekt 279) Super Heavy Tank (1957), y algo más en ruso con galería de fotos en «Объект 279» ОПЫТНЫЙ ТЯЖЕЛЫЙ ТАНК

Amigos inseparables: ZIL-29061 y ZIL-49061

La mejor forma de presentar a nuestra siguiente pareja de vehículos extravagantes es mediante el siguiente vídeo:

Mi primera reacción al verlo por primera vez fue what… the… fuck! La segunda fue la de entregar la mitad de mis órganos vitales a la primera persona que pudiese conseguirme uno. La oferta sigue en pie.

Porqué no vamos hoy todos montados en uno como este es algo que no me termina de entrar en la cabeza. Propulsión a tornillo: yo digo sí. Gracias a ese ingenioso diseño locomotriz es posible atravesar casi cualquier tipo de terreno imaginable: agua, nieve, arena, zonas pantanosas, barrizales en los que sucumbirían manadas de elefantes, placas de hielo puro, bosques… bosques pantanosos… todo obstáculo natural quedaba superado, y toda flora y fauna local aplastada, bajo el poder de sus dos inmisericordes tornillos. Поехали!

Hay que decir que este tipo de propulsión era muy anterior al ZIL-29061. En los Estados Unidos ya habían experimentado con este tipo de vehículos tan pronto como en 1868 para trabajos agrícolas, y en 1920 para desplazarse por terreno nevado (ojo que el vehículo que aparece en el vídeo enlazado, llamado Armstead Snow Motor también es para tenerlo en el garaje y sacarlo para ir a comprar el pan).

Aún así el ZIL-29061 mola más aún por varios motivos. El primero está claro, y es que es soviet. Los diseños soviets tienen ese je ne sais quoi que los hace diferentes y mucho más chanantes que los demás, y si no entendieras eso no habrías llegado hasta esta página.

La segunda es que cuando el ZIL-29061 no estaba dando vueltas por ahí rompiéndolo todo, iba montado encima de esto:

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Esto es un ZIL-49061 Blue bird (ЗИЛ-49061 Синяя Птица) de carga

Que, vaya, ya de por sí tiene una pinta rara, mezcla de una barca de las del estanque del Retiro con un camión de los del París-Dakar, y de ser capaz de moverse por sitios bastante jodidos (ni que decir tiene que es anfibio y que sus ejes delantero y trasero giran de forma independiente) sin necesidad de ninguna ayuda ni de llevar un ZIL-29061 en el lomo de esta guisa:

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Pues sí, estos dos vehículos que ya por separado parten bastante la pana, resulta que además trabajaban en tandem.

¿Y para que demonios servía esta extraña pareja? Bien, al contrario que lo habitual estos vehículos no eran militares. Es posible que el ZIL-49061, el grandote, te resulte familiar, ya que siguen en activo hoy en día. Si te interesa la exploración espacial y lees noticias e informaciones al respecto, es fácil los hayas visto alguna vez en vídeos y fotos como estas:

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¿Un botellón en la tundra? Se aprecian 4 Blue birds, dos en la parte superior y otros dos a la derecha del palote luminoso.

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Ahora vemos tres de ellos desde arriba dirigirse hacia una explosión, ¿pero no decíamos que no eran militares?

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Ahora la cosa ya está más clara… una cápsula Soyuz churruscada por la reentrada yace en la nieve de lado. Al fondo a la derecha, un par de ZIL-4906 de transporte de pasajeros.

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¡Me lo llevo!

Así que ahora ya está claro: estos vehículos se crearon, en 1975, para formar parte principal de los equipos de rescate de las tripulaciones de las cápsulas Soyuz cuando estas regresan a tierra. El ZIL-49061 es la versión de carga, la que lleva la grúa, y actúa junto con su gemelo ZIL-4906 que en vez de grúa en la parte trasera incorpora un habitáculo acondicionado para transportar pasajeros. En las operaciones de rescate van acompañados de unos 8 o 10 helicópteros Mil Mi-8 y un numero variable de otros vehículos terrestres.

¡Un momento! ¿Y que pasa entonces con nuestro tornillopropulsado amigo? Bien, el caso es que las Soyuz aterrizan habitualmente en las despejadas estepas Kazajas, donde los Blue Bird son suficientes. Pero en caso de alguna emergencia o problema durante el descenso, una cápsula podría llegar a desviarse cientos de kilómetros y tocar tierra en alguna zona apartada y de difícil acceso incluso para los duros ZIL-4906… sería ahí donde entraría en acción el pequeño pero matón ZIL-29061, capaz de llegar donde nadie más es capaz, como ya hemos visto en el vídeo anterior.

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En muchas páginas se llama a este vehículo indistintamente ZIL-2906 y ZIL-29061. La confusión viene porque el ZIL-29061 es la versión mejorada de un vehículo anterior, muy similar y creado con el mismo propósito, que es el denominado ZIL-2906, pero que adolecía de falta de potencia y estabilidad (y de una cabina cerrada para soportar mejor el pelete de la estepa vaya).

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Este es el ZIL-2906

El siguiente vídeo es un poco largo pero recomiendo verlo entero a los interesados en el tema, ya que describe el funcionamiento y proceso de una operación completa de rescate de una Soyuz con un equipo formado por estos vehículos: como se comunican entre sí, con los aviones de control y reconocimiento y con la propia cápsula para localizarla; descarga del ZIL-29061 desde un Blue Bird de carga, cómo funciona la propulsión a tornillo, se muestra como operan en distintos terrenos a ambas versiones del pequeño vehículo, y finalmente una simulación de recuperación de una cápsula Soyuz. En definitiva muy interesante y aporta muchos detalles. Todo en perfecto ruso eso sí.

Aquí otro vídeo, más corto y este centrado en las habilidades de los hermanos mayores, los ZIL-4906 Blue Bird:

Luego ya buscando en internet información sobre ellos he encontrado fotografías de otros vehículos soviéticos raros y que usan el mismo tipo de propulsión, así que parece que en algún momento se exploró el uso de este sistema con prototipos para funciones diversas en terrenos difíciles.

Lo que no he encontrado es nada sobre el destino de los pequeños ZIL-29061, si siguen en activo o se pudren en almacén abandonado como tristemente hacen tantas otras maravillas técnicas de la extinta Unión Soviética (y no quiero acordarme del Burán porque me llevan los demonios). Tampoco he visto ninguna referencia a que se utilizasen en ninguna operación real de rescate donde no pudiesen llegar los helicópteros o los camiones, así que es posible que simplemente se abandonasen por falta de uso… quién sabe si un día no llegaremos a ver uno, por sorpresa, en caso de que una de esas Soyuz que vuelven de la ISS se desvía de su curso previsto y acaba aterrizando en un bosque alejado o en medio de un pantano.

En cualquier caso: es poco probable que lleguemos a ver uno, mucho menos en persona. Pero atención, frikis, porque existe una manera de poseer uno de estos maravillosos vehículos y llevártelo a tu casa:

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Bueno, sí, son unas miniaturas de plástico, pero menos da una piedra ¿no? Hay una compañía rusa, DIP, que fabrica miniaturas de vehículos de alta calidad y como veis uno de los cientos de modelos que tienen es un conjunto ZIL-49061/ZIL29061… tienen también la versión de pasajeros y hasta una cápsula Soyuz en miniatura. No son ni baratos ni fáciles de encontrar, aviso, pero os dejo con un enlace a una galería de fotos que muestra lo que se puede llegar a hacer con una miniatura de estas:

Шнекороторный снегоболотоход ЗиЛ-29061 (DiP Models). Фото

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¡Es casi tan real como los de verdad!

Hay bastante información sobre estos vehículos en internet, aunque a veces se confunden las denominaciones 2906 y 29061, y 4906 y 49061. En inglés tenéis algunas características técnicas de los Blue Bird en Trucks Planet y Old Russian Cars, con sus correspondientes galerías de fotos. En español hicieron un articulo sobre ellos en Gizmodo: Estos son los extraños camiones rusos que transportan a los astronautas cosmonautas.

En ruso, pues hay bastantes cositas y fotografías, dejo aquí dos enlaces a una página donde detallan bastante las características y diferencias entre el ZIL-2906 y el ZIL-29061.

Ekranoplano, el Monstruo del Mar Caspio

Este pájaro es posiblemente más conocido que el resto de vehículos de la lista. Su fantástico aspecto y características han capturado el interés de Occidente desde hace tiempo y existen ya muchos artículos sobre él en internet. No podía dejar de estar en esta lista sin embargo.

El ekranoplano es un tipo peculiar de avión, aunque técnicamente se consideran una clase diferente de vehículos, que se aprovecha de algo llamado “efecto suelo” para volar a muy baja altura, casi llegando a rozar la superficie. Es por ello que se utilizaba para moverse principalmente sobre el agua, ya que cualquier irregularidad del terreno o perturbación del vuelo acabaría con él desparramado en cachitos por un área de muchos metros cuadrados.

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¡Corred insensatos! (Ekranoplano clase Lun)

Esta combinación de barco y avión (pero sin llegar a ser un hidroavión sino algo distinto) presentaba algunas características muy sugerentes para los militares. Por un lado, una enorme capacidad de transporte:la sustentación extra conseguida al aprovechar el efecto suelo permitía una capacidad de carga un 50% superior que la de una aeronave del mismo tamaño, consumiendo menos combustible (si te extraña esto viendo tanto motor, es porque la mayor parte de ellos solo se utilizaba para el arranque y despegue). A la vez podía desplazarse a altas velocidades de hasta 500 km/h, a una altura de entre 5 y 10 metros sobre la superficie. Mucho más difícil de interceptar que un barco, prácticamente invisible al radar y, al menos mientras estaba en movimiento, invulnerable a los torpedos y a otro tipo de armas diseñadas para neutralizar objetivos más lentos.

Estas ventajas tácticas hicieron salivar a los altos mandos de la Armada soviética que los encargaron a puñaos, aunque después las previsiones se rebajaron mucho ya que podemos imaginar que no era precisamente barato construirlos y mantenerlos. Pero se llegaron a fabricar unos cuantos y en diferentes modelos.

El primero y más grande, el KM, se construyó en 1966, medía 92 metros de longitud por 36,7 de envergadura y soportaba un peso máximo al despegue de 544 toneladas: hasta que llegó al Antonov An-255 Mriya, la aeronave más grande jamás construida. Si el peso en vacío eran unas 240 toneladas, eso significa que la capacidad de carga teórica sería de 304 toneladas… seguro que sería menos en la práctica pero para hacernos una idea, equivale a unos 15 Hercules C-130 llevando 20 tn cada uno. Todo un monstruo vaya, y eso mismo pensaron los americanos cuando comenzaron a ver aparecer a este extraño artilugio en sus fotografías de satélite, surcando el Mar Caspio a toda mecha propulsado por sus impresionantes turbinas:

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El KM peinando el Mar Caspio.

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No se puede negar que tenía un aspecto impresionante.

En las fotografías se veían letras KM en el fuselaje del aparato. Su significado era Корабль-макет (Korabl Maket, o Nave Prototipo) pero claro, eso los americanos no lo sabían y las aprovecharon para apodarlo Kaspian Monster, y así es como se le suele llamar: el Monstruo del Mar Caspio.

Como su nombre indica el KM era un prototipo y estuvo haciendo vuelos de prueba durante 15 años hasta que se fue al fondo del Mar Caspio en 1980, donde permanence, debido a un error del piloto. Pero antes de eso confirmó la idea de vehículos basados en efecto suelo como válida y provechosa, permitiendo el desarrollo de modelos posteriores para distintas tareas, cada uno con un aspecto más peculiar que el anterior.

Por ejemplo, el A-90 Orlyonok, un ekranoplano más pequeño diseñado para transporte de tropas y vehículo de asalto en playas. Podía llevar unos 200 soldados, 28 toneladas de carga o un par de transportes blindados. Capaz de  volar a ras de superficie como ekranoplano, pero también a 3.000 metros de altura como un avión normal, así como aterrizar y despegar en tierra pues contaba con pequeños trenes de aterrizaje.

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Los planes iniciales preveían construir 120 de estos, más tarde se redujo el número a 30 y al final solo 5 fueron puestos en servicio entre 1977 y 1983.

Otro peculiar ejemplar es el Bartini Beriev VVA-14, este con un aspecto realmente extraño y hasta un poco cómico:

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¡Como echtan uchtedeees!

Este se construyó como arma antisubmarina a principios de la década de los 70, cuando los soviéticos pensaron que debían hacer algo contra los submarinos estadounidenses que portaban misiles nucleares Polaris. Y les salió esto.

Viéndolo parece imposible que pudiese volar, con ese cuerpo tan rechoncho y las alas tan pequeñas. Pero lo hacía y además hasta unos 10 kilómetros de altura y a más de 700 km/h. Luego, también podía descender sobre el agua y aprovechar el efecto suelo, claro, por eso aparece listado aquí. La historia de este curioso aparato fue corta, apenas sí se fabricaron 3 prototipos y el proyecto se estancó tras la muerte de su diseñador (Bartini, que era italiano) en 1974. En su desarrollo se utilizaron tecnologías avanzadas para la época como motores VTOL de despegue y aterrizaje vertical, controles fly-by-wire y sistemas de localización y rastreo de submarinos.

Y vamos a terminar este repaso de los principales ekranoplanos soviéticos con el más alucinante y temible de todos ellos, el Lun, (Лунь), que implementó la visión que tenía la Armada soviética del potencial de estos aparatos. Un arma que debería ser capaz de imponer la superioridad en los mares gracias a su movilidad, capacidad de carga y por supuesto gracias también a los 6 misiles P-270 Moskit guiados que llevaba encaramados en su lomo (misiles que por cierto van impulsados por un motor ramjet como el proyecto Pluto visto anteriormente, aunque no mantenido por un reactor nuclear claro).

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Lun MD-160 repartiendo estopa

La sola visión de uno de estos monstruos, en caso de conflicto, debería haber hecho a los comandantes navales de la OTAN irse por la pata abajo. Nunca lo sabremos no obstante, pues la vida útil de este modelo fue muy corta y nunca fue puesto en acción: un único aparato fue construido en 1987, entró en servicio 2 años después y fue retirado en algún momento de los años 90. Como tantos otros grandes proyectos de la URSS, civiles o militares, al Lun se lo llevó por delante la caída del régimen soviético con la subsiguiente falta de fondos para financiarlo y mantenerlo. Se conserva a día de hoy, varado en la estación naval de Kaspiysk, envejeciendo poco a poco. Se puede ver unas galerías de imágenes muy buenas del estado actual del Lun en el astillero, tomadas un tal Igor113, por ejemplo aquí.

La historia de los ekranoplanos parece una historia fallida o cuando menos, truncada. Quizá lo fuera, y es que muchos opinan que la utilidad real de estos aparatos es discutible: muy vulnerables a condiciones climatológicas adversas y a fallos mecánicos o de pilotaje, hasta donde yo sé nunca fueron probados más allá de mares interiores y calmos como el Caspio o el Mar Negro. ¿Hubieran sido capaces de superar tormentas, de surcar y enseñorear los océanos del mundo ya fuese para fines civiles o militares? De tanto en tanto aparecen noticias acerca de proyectos para resucitar a este tipo de vehículos, pero a día de hoy, lo único que queda de los grandes ekranoplanos soviéticos son unos pocos ejemplares corroyéndose mansos a la intemperie, testigos impasibles de una época acabada en la que se pensaba a lo grande (muchas veces para mal, como hemos comprobado a lo largo de este artículo) y en la que no había idea, por loca que pareciera, que no mereciese ser probada. Por si acaso.

Como en el caso del tren nuclear y otras muchas historias relacionadas con la URSS, la página de referencia en castellano es Rusadas. Un buen punto de entrada sobre este tema es Ekranoplanos: cuando los monstruos marinos deciden surcar los cielos de donde he sacado buena parte de la información. Allí hay enlaces a otros artículos y también a las mencionadas galerías de Igor113 sobre el Lun.

En inglés hay muchísima información… ¡Google es tu amigo!

Perimetr, la mano muerta o el arma del Juicio Final

Vamos a cerrar este repaso a las armas más curiosas y terribles de la Guerra Fría, con algo que está envuelto en un halo de leyenda y que ni siquiera se sabe a ciencia cierta cómo funciona… ni si todavía existe. Posiblemente la creación más terrible de todas las que hemos visto hasta ahora, el arma definitiva, el destructor del mundo, el dispositivo del Juicio Final: Периметр (Perimetr) (suena música ominosa de fondo).

La idea no era nueva, como bien sabe cualquiera que haya visto Dr. Strangelove (Teléfono Rojo: volamos hacia Moscú en su título en España):

DeSadeski: The fools… the mad fools.

Muffley: What’s happened?

DeSadeski: The doomsday machine.

Muffley: The doomsday machine? What is that?

DeSadeski: A device which will destroy all human and animal life on earth.

Dice la historia, o leyenda, de Perimetr que allá por los años 70 y 80 los dirigentes y militares soviéticos sentían a la vez mucho respeto y temor por la tecnología occidental. Percibían que la URSS llevaba tiempo tratando de seguir el infernal ritmo de la carrera armamentística con la lengua fuera y siempre un paso o dos por detrás de los americanos. Las computadoras por ejemplo eran cada vez más una parte más importante de los sistemas de armamento, los hacían más precisos y efectivos año a año, y en ese área los occidentales llevaban sin duda la delantera. Mientras tanto los países del bloque comunista apenas podían hacer otra cosa que robar su tecnología informática para copiarla.

Las dificultades estructurales que habían llevado al estancamiento a la economía soviética durante los 70 y 80 también actuaban en su contra a la hora de mantener la paridad. Por cada nuevo proyecto de los americanos (el transbordador espacial, la Iniciativa de Defensa Estratégica SDI o Guerra de las Galaxias, etc.), por irrealizable que fuese en algún caso, la Unión Soviética tenía la necesidad de contrarrestarlo con sus propios sistema alternativos (Burán, estaciones espaciales Skif…). Esquilmando cada vez más unos recursos que ya se dilapidaban en el complejo militar-industrial en un porcentaje elevadísimo, siempre posponiendo para más adelante la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Y eso no repercutía únicamente en la capacidad de desarrollo de las nuevas armas, sino en el adecuado mantenimiento y puesta a punto de las ya existentes.

Muffley: But this is absolute madness, ambassador. Why should you build such a thing?

DeSadeski: There are those of us who fought against it, but in the end we could not keep up with the expense involved in the arms race, the space race, and the peace race. And at the same time our people grumbled for more nylons and washing machines. Our doomsday scheme cost us just a small fraction of what we’d been spending on defense in a single year. But the deciding factor was when we learned that your country was working along similar lines, and we were afraid of a doomsday gap.

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Evolución del arsenal nuclear de las dos superpotencias.

Este supuesto desequilibrio entre sistemas enemigos cada vez más potentes y precisos y retraso tecnológico y mayor ineficiencia del armamento propio tanto por dificultades de financiación, como por problemas de base como la burocratización excesiva, la corrupción y el autoritarismo, generaba una dinámica que conducía a una acumulación cada vez mayor de dispositivos nucleares en el  arsenal soviético, como se puede apreciar en la gráfica anterior. Por decirlo de manera gruesa, si los misiles soviéticos fallaban mucho y los sistemas defensivos de EEUU eran cada vez más avanzados (aunque fuera solo sobre el papel y en un futuro indeterminado, como el caso de la SDI), la manera más fácil de mantener el mismo número de megatones garantizados en suelo enemigo era sencillamente construir más, muchos más misiles… ¡algunos llegarán!

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En 3 minutos lo tienes en la puerta

Por si fuera poco la llegada al poder de la administración Reagan terminó con la época de la distensión e inauguró una nueva era de frentismo con una política mucho más agresiva hacia el bloque comunista. La percepción de los soviéticos era que la paridad geoestratégica y armamentística que era el pilar fundamental de la doctrina de la disuasión se resquebrajaba y estaba a punto de derrumbarse. En resumen, veían que los americanos tenían tanto los medios tecnológicos como la actitud necesarios para realizar un primer ataque nuclear efectivo contra la URSS, que dejase desarbolada su capacidad de represalia. Sobre todo temían la cada vez mayor precisión de los misiles occidentales, y especialmente la de los SLBM lanzados desde submarinos. Si bien al principio la puntería de este tipo de proyectiles era muy baja, los últimos avances los habían equiparado con los ICBMs, mucho más precisos. Pero mientras estos tardaban unos 30 minutos en llegar a su objetivo, dando cierto margen para detectar y validar el ataque y coordinar la respuesta en consecuencia, aquellos reducían este lapso incluso a unos míseros 3 minutos (¡chúpate esa, Amazon Now!). Y en ese tiempo un Trident D5 te podía meter por el ojete hasta 14 cabezas nucleares en un solo misil.

Esto brindaba la oportunidad a los EEUU de realizar lo que se llama un ataque de decapitación, un ataque sorpresa dirigido específicamente contra las más altas estructuras de mando y control del Ejército Rojo y del gobierno de la Unión. El consiguiente caos y confusión en la cadena de mando haría que la capacidad de respuesta soviética, por muchos misiles que tuviera, quedase en gran parte anulada al no haber nadie con autoridad suficiente para ordenar la represalia. Ésta quedaría reducida a un débil contraataque de iniciativas individuales, fácilmente neutralizado por los cacareados sistemas de defensa antimisiles del enemigo. Quizá perdieran dos o tres ciudades grandes en la jugada… pero siempre hay halcones que pueden decidir que es un precio que merece la penar pagar por ganar la Gran Partida.

Es este estado de cosas el que llevaría a buscar una solución que asegurase una capacidad suficiente de represalia, pasara lo que pasara, y por tanto también de disuasión: el dispositivo del Juicio Final (doomsday machine), un sistema de mano muerta. Que es un nombre tétrico lo que se ajusta muy bien a lo que es su objetivo. Imaginemos que estamos en una habitación cerrada con otro hombre. Ambos nos odiamos a muerte y nos queremos matar pero yo tengo ventaja porque poseo una pistola. Sin embargo él de alguna manera ha conseguido introducir una bomba, que nos mataría a los dos en caso de estallar, y sostiene una mano en vilo, indefinidamente, sobre el detonador. Para mi es muy sencillo acabar con él disparándole, pero si lo hiciera su mano caería sobre el botón y ambos volaríamos en pedazos. ¡La mano muerta! (suena música ominosa de fondo).

Muffley: Then you mean it is possible for them to have built such a thing?
[…]
Strangelove: Mr. President, it is not only possible, it is essential. That is the whole idea of this machine, you know. Deterrence is the art of producing in the mind of the enemy… the fear to attack. And so, because of the automated and irrevocable decision making process which rules out human meddling, the doomsday machine is terrifying. It’s simple to understand. And completely credible, and convincing.

Perimetr se trata entonces de un sistema automatizado capaz de ordenar el lanzamiento de todas las cabezas nucleares soviéticas, si así se requiriese, de forma autónoma y sin apenas necesidad de intervención humana. Una fantasía que parece salida de la cabeza de un escritor de novelas post-apocalípticas – o de un guión de Kubrick – hecha realidad. Hay muchos detalles que se desconocen acerca de Perimetr, entre ellas si sigue funcionando – hay ciertas fuentes rusas que afirman que sí. Durante la mayor parte del tiempo permanecería dormido, activándose sólo en caso de crisis aguda. A grandes rasgos son dos los componentes principales:

  • Una red de sensores y centros de control que serían capaces de detectar si se producen las condiciones necesarias para activar la represalia nuclear automática.
  • Un conjunto de dispositivos de comunicaciones con capacidad de hacer llegar una orden de ataque predeterminada de máxima autoridad a todas las unidades (silos, submarinos, vehículos terrestres etc.) con capacidad nuclear existentes.

Esta segunda parte es sobre la que más datos se conocen con certeza. Distribuidos en localizaciones dispersas y desconocidas, una serie de misiles especiales identificados como 11A15 aguardan en silos reforzados contra ataques nucleares y pulsos electromagnéticos. En sus cabezas no portan explosivos sino potentes radiotransmisores. En caso de un ataque nuclear que cortase los enlaces de comunicación del Estado Mayor con el resto de sus fuerzas, estos misiles actuarían como sistema de comunicaciones de respaldo. Una vez en el aire comenzarían a emitir desde gran altitud los códigos que activarían los lanzamientos de las fuerzas que permaneciesen operativas, ya sean ICBMs en silos o lanzadores móviles, submarinos o bombarderos. Todas las unidades soviéticas con capacidad nuclear estarían equipadas con hardware específico para la recepción de estos comandos y la realización automática o semiautomática de los lanzamientos.

15a11

Misil de comando 15A11 perteneciente al sistema Perimetr.

El gran misterio está en el sistema que controlaría este sistema alternativo de comunicación, y que tendría que decidir si se cumplen las condiciones para su puesta en marcha. A lo largo de las décadas pasadas desde la supuesta activación de Perimetr, en algún momento de mediados de los años 80, informaciones fragmentarias han ido llegando a los medios occidentales en declaraciones y entrevistas de ciertos elementos del estamento militar y científico ruso – alternadas con otras fuentes negando su existencia – pero los detalles no se conocen, y mucho es pura especulación. Según estos datos, una red de sensores se encargarían de medir diversos parámetros como radiación, presión atmosférica, luz o vibraciones sísmicas, con el objeto de detectar la ocurrencia de detonaciones nucleares en suelo propio. Esta sería la primera línea de alerta de Perimetr contra un ataque sorpresa.

Otra parte crucial del conjunto es la que además monitorizaría el estado de las comunicaciones militares de los principales centros de comando de la Unión. Si los sensores ambientales detectan múltiples explosiones nucleares en territorio soviético pero las señales fluyen por las diversas líneas entre los centros neurálgicos del país, se dejaría actuar a la cadena de mando y seguir los protocolos habituales de decisión. Si en cambio no se observase ningún tráfico de comunicaciones y solo hubiera silencio, se asume que el ataque ha neutralizado la capacidad de decisión estratégica del país. Se ha especulado durante mucho tiempo, aunque nunca confirmado, si ciertas emisiones de radio misteriosas con origen en Rusia y captadas a lo largo de los años por radioaficionados de todo el mundo (la más famosa el zumbador o buzzer de la estación UBV-76) formarían parte de este sistema, siendo su presencia o su interrupción unos de los múltiples indicadores controlados por Perimetr para hacerse una idea de la situación.

Muffley: But this is fantastic, Strangelove. How can it be triggered automatically?

Strangelove: Well, it’s remarkably simple to do that. When you merely wish to bury bombs, there is no limit to the size. After that they are connected to a gigantic complex of computers. Now then, a specific and clearly defined set of circumstances, under which the bombs are to be exploded, is programmed into a tape memory bank.

Sólo al cumplirse ambas condiciones (detonaciones nucleares y ausencia de comunicaciones de mando) es cuando el control de todas las fuerzas nucleares sería transferido al corazón de Perimetr, obviando las múltiples capas de cadena de mando que se necesitarían de otro modo. En un bunker ultrasecreto en algún lugar de la vasta Rusia, uno o unos pocos oficiales de servicio tendrían en sus manos la responsabilidad de activar la mortal retribución sobre sus enemigos, y llevarse al resto del mundo al infierno en el camino. Las fuentes de las informaciones sobre Perimetr insisten en que no es un sistema totalmente automático sino que la decisión final depende de una mano humana, a diferencia de la máquina de Dr. Strangelove ¿Qué harías tú en una situación así, aislado en un bunker impenetrable convertido en tu probable tumba, mientras todas las señales a tu alrededor te indican que tu país se ha convertido en una ruina radioactiva?

09696889

¡Esto es todo amigos!

La pregunta no es baladí, incluso si dejamos aparte las consideraciones morales del asunto. Perimetr es un arma tal que si llega el caso de tener que ser utilizada, entonces es que ya ha fracasado de forma estrepitosa. El único propósito de una máquina del Juicio Final es su capacidad de disuasión, evitar de una vez por todas ser atacado, nadie se atrevería a hacerlo ya que no puede dudar de que recibirá una retribución inevitable y terrible. Y si a pesar de todo los hongos nucleares ya decoran los cielos de tu propio país, el mecanismo ha perdido ya todo su sentido y sirve sólo para satisfacer un comprensible pero irracional y salvaje deseo de venganza (hay que decir que en realidad ocurre exactamente lo mismo con el resto de armas nucleares: si tus flamantes misiles y submarinos no han logrado disuadir a tu enemigo, lo único que te queda es evitar que él gane la guerra, pero tú ya has perdido de cualquier manera).

Pero si esto es así, enseguida surge la pregunta: ¿qué sentido tiene el secretismo que la rodea? ¡La gracia del asunto es que todo el mundo sepa que la posees! Tal era el objetivo de la bomba Zar, y por eso mismo se jactaba Nikita Jruschev de fabricar “misiles como salchichas“. En cambio, solo hay filtraciones y ninguna declaración oficial sobre Perimetr. A día de hoy se desconoce si Rusia la mantiene operativa o si no es más que otra reliquia abandonada de la Guerra Fría. Declaraciones recientes de altos oficiales afirman que sí, que sigue ahí proyectando su amenazante sombra sobre el mundo. Pero son afirmaciones vagas, que parecen más bravuconadas destinadas a infundir el miedo y mantener la posición de fuerza de Rusia en el plano geopolítico internacional, que una constatación real y fundamentada en pruebas de su existencia. No es extraño que haya quién no lo vea más que como una mera maniobra de propaganda.

Strangelove: Yes, but the… whole point of the doomsday machine… is lost… if you keep it a secret! Why didn’t you tell the world, eh?

DeSadeski: It was to be announced at the Party Congress on Monday. As you know, the Premier loves surprises.

Se especula con que el motivo de semejante misterio acerca de algo cuya razón de ser es ser público viene dado por la tradición de secretismo y desconfianza de las autoridades rusas: temor a que los occidentales descubran sus puntos débiles y cómo anularlo. Quizá confiaran en que la simple sospecha de su existencia, administrada mediante filtraciones extraoficiales, sería suficiente.

Hay otra sorprendente teoría al respecto, y esta viene de Valery Yarynich, uno de los desarrolladores del sistema que en 2009 en una entrevista concedida a la revista Wired levantó un poco el velo de misterio que rodea a Perimetr. Según Yarynich, el objetivo sería la disuasión sí, pero no para los enemigos de la URSS, sino para evitar que los propios dirigentes y militares soviéticos iniciaran una guerra nuclear llevados por un juicio erróneo, tomado en caliente en un momento de crisis y en medio de informaciones confusas o equivocadas. El escaso tiempo de reacción, medido en minutos, no hacía más que aumentar la presión, favorecer a los halcones y a la toma de decisiones apresuradas y erróneas con consecuencias fatales.

Y es que los sistemas de alerta temprana llevaban al límite la tecnología y las falsas alarmas no eran precisamente algo excepcional. Ni los complicados protocolos de seguridad estaban libres de errores, pues dependían en gran medida de la intervención humana tan propensa a ellos. En más de una y de dos ocasiones habían estado a punto de provocar una guerra nuclear con decenas o centenares de millones de muertos por algo tan prosaico como los reflejos del sol en las nubes, una bandada de gansos, o que alguien introdujo una cinta de entrenamiento en el lugar equivocado. ¡Salve, Stanislav Yevgráfovich Petrov! Tu nombre debería figurar en las plazas de las ciudades de todo el planeta, y tu crédito en sus bares, ilimitado.

Perimetr sería una salvaguarda contra este tipo de errores fatales: en caso de que los sistemas de alerta informaran de un ataque, los dirigentes soviéticos no tenían más que activar Perimetr y sentarse a esperar fumando un puro y apurando nerviosamente una botella de vodka: la responsabilidad de la decisión final dejaría de estar en sus manos. Si finalmente se trataba de una falsa alarma, ¡estupendo! Hemos invertido miles de millones de rublos en unos sistemas de alerta temprana de mierda, pero ¡ey!, al menos estamos vivos. En caso contrario… ¡ya se las apañarán los chicos del bunker, que hagan lo que hagan nosotros ya no estaremos aquí para verlo!

… o quizás para entonces, nos hayamos refugiado con el resto de los elegidos en una profunda mina…

Strangelove: Executes an about face from the big board to face the camera. Mr. President, I would not rule out the chance to preserve a nucleus of human specimens. It would be quite easy… heh heh… rolls forward into the light at the bottom of ah … some of our deeper mineshafts. The radioactivity would never penetrate a mine some thousands of feet deep. And in a matter of weeks, sufficient improvements in dwelling space could easily be provided.
[…]
Muffley: Well I… I would hate to have to decide.. who stays up and.. who goes down.

Strangelove: Well, that would not be necessary Mr. President. It could easily be accomplished with a computer. And a computer could be set and programmed to accept factors from youth, health, sexual fertility, intelligence, and a cross section of necessary skills. Of course it would be absolutely vital that our top government and military men be included to foster and impart the required principles of leadership and tradition. Slams down left fist. Right arm rises in stiff Nazi salute. Arrrrr! Restrains right arm with left. Naturally, they would breed prodigiously, eh? There would be much time, and little to do. But ah with the proper breeding techniques and a ratio of say, ten females to each male, I would guess that they could then work their way back to the present gross national product within say, twenty years.
[…]
Turgidson: Doctor, you mentioned the ration of ten women to each man. Now, wouldn’t that necessitate the abandonment of the so called monogamous sexual relationship, I mean, as far as men were concerned?

Strangelove: Regrettably, yes. But it is, you know, a sacrifice required for the future of the human race. I hasten to add that since each man will be required to do prodigious… service along these lines, the women will have to be selected for their sexual characteristics which will have to be of a highly stimulating nature.

DeSadeski: I must confess, you have an astonishingly good idea there, Doctor.

Valery Yarynich moría el 13 de Diciembre de 2012. Durante gran parte de su vida formó parte de las Fuerzas de Misiles Estratégicas Soviéticas. Empezó su carrera en la primera división soviética a cargo de un ICBM. Con 25 años se encontraba en servicio en un centro de comando cuando ocurrió la crisis de los misiles de Cuba. Y ya en los años 80, fue uno de los especialistas que ayudo a poner en funcionamiento Perimetr.

Sin duda conocía bien los sistemas en los que había trabajado durante tantos años: cómo funcionaban, cuáles eran sus objetivos, y cuáles sus peligros y sus puntos débiles. Y no solo eso si no también los de las estructuras de mando y control, de las políticas, doctrinas y estrategias que se cimentaban en dichos sistemas. Por ejemplo, hablando sobre la crisis de los misiles cubanos, dijo lo siguiente:

Si hubiésemos comenzado a cargar el combustible en los cohetes, entonces solo habría dos posibles desenlaces – o lanzar los misiles hacia sus objetivos o, tras la crisis, tirar todos aquellos juguetes super caros al contenedor, como basura. […] Creo que el mundo se salvó en gran parte debido a que los misiles de aquella época eran imperfectos. Se requerían muchas horas de preparación para el lanzamiento. Esta circunstancia ayudó a que Kennedy y Jruschev alcanzasen un acuerdo. Hoy, los cohetes rusos y los Minuteman americanos necesitan sólo un par de minutos.

MCDONALD, Hamish. Australian bases may be in Russian sights – soldierThe Sydney Morning Herald, Sydney, 6 Agosto 2012

Por todo ello tras su retirada del servicio, dedico el resto de su vida al activismo en favor de la reducción armamentística y del aumento de la cooperación y el flujo de información abierta entre países para reducir los niveles de alerta y el riesgo de conflicto nuclear. Como parte de este trabajo, publicó libros y artículos sobre estos aspectos, revelando además detalles sobre los terribles sistemas que él ayudó a crear, como Perimetr, en el convencimiento de que solo una mayor apertura y transparencia entre las superpotencias nucleares podría abrir el camino a la confianza mutua, a un control de armas más efectivo y a un mundo más seguro para todos.

Pocas voces tan autorizadas como la suya para para concienciar al mundo acerca de lo que nos estamos jugando. Sería una locura el no escucharla, ¿verdad?

Yarynich.jpg

Valery Yarynich (fuente)

Para la información sobre Perimetr, me he basado sobre todo en la entrevista que Yarynich concedió en 2009 a Wired: Inside the Apocalyptic Soviet Doomsday Machine. También, en el artículo sobre la Mano Muerta de la Wikipedia en inglés. Sobre la vida de Yarynich encontré detalles en Valery Yarynich, the man who told of the Soviets’ doomsday machine del Washington Post y A Salute to Colonel Valery Yarynich en Pressenza.

Las citas del guión de Dr. Strangelove: or, How I learned to stop worrying and love the bomb están tomadas de Dr. Strangelove: A Continuity Transcript.

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Publicado 27 diciembre, 2016 por bravido en Guerra Fría, Historia, Nuclear

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